Ante todo, los personajes de Harry Potter, le pertenecen a J. yo solo juego con ellos, y me dedico a hacerles la vida un poco más difícil de lo que ella ya se lo hizo. Y también a recuperar personajes que para mí jamás debieron morir.
Este fic participaba en el reto "En el filo de la oscuridad" de la página del Facebook HARMONY(HARRY Y HERMIONE)
Sexto año 1º Parte:
Debía admitir que jamás se había planteado nada como aquello, pero después de pensarlo bien, creyó que sería adecuado acceder a la petición que Albus Dumbledore le había hecho por carta.
Se había pasado el verano entero en casa de sus tíos, negándose a marcharse a casa de los Weasley o de Sirius. Tenía mucho en lo que pensar y planear para que todo fuese adecuadamente bien.
Faltaba poco para el comienzo del sexto año, y tres días antes había recibido aquella carta.
Era extraño, pero Dumbledore le explicaba, que Fudge, ya no era el primer ministro, algo que comprendía perfectamente, y que el nuevo ministro le pedía una audiencia.
Jamás habría aceptado algo así, sino fuera porque creía que Scrimgeour podía serle una pieza muy útil en su nuevo juego.
—¿Estás listo muchacho?
Miró al anciano a su lado con indiferencia, y asintió. Dumbledore dio tres toques en la puerta y desde dentro escuchó que decían:
—Adelante.
Dumbledore abrió y ambos se encontraron con Scrimgeour sentado en su silla ante su escritorio, escribiendo algo. Ni se molestó en levantar la vista para fijarse en ellos.
—Señor ministro, Fudge pregunta que cuánto más piensa tardar.
No supo de dónde provenía esa voz, hasta que Scrimgeour miró al cuadro tras de él:
—¿Ya hizo su cometido ese inepto?
Dumbledore frunció el ceño pero no dijo una sola palabra, sin embargo supo enseguida que no le gustó que hablara así de Fudge, pese a que el enano se lo merecía por inútil.
Más no debía olvidar esa moralidad tan absurda que Dumbledore había adquirido. Moralidad que ni volviendo a vivir conseguiría comprender.
—Ya terminó con sus explicaciones.
—Perfecto. Entonces trasmite este mensaje: Para el primer ministro de los muggles. Solicito reunión. Urgente. Le ruego que responda cuanto antes. Rufus Scrimgeour, nuevo ministro de Magia.
Dejó de observar el cuadro y los miró a ambos:
—Como veis me habéis pillado en un momento algo complicado. Me hubiese encantado conocerte con más tiempo muchacho.
—Tenemos todo el tiempo del mundo.
—Ahora tengo una reunión importante, si no os importa venir en otro…
Rio cortando la frase del tipo ante él y se cruzó de brazos:
—Aclaremos algo. Usted fue quien quiso esta reunión, es usted el interesado ¿y no solo me hizo venir hasta aquí, sino que encima ahora me dice que no me atenderá?
Vuelva a pensárselo primer ministro Rufus, no creo que quiera escuchar mi respuesta si pide una segunda oportunidad.
No juegue conmigo, no soy un jugador paciente.
Sintió la mirada de Dumbledore sobre él en el acto, y se sintió fuerte al ver la mirada de Scrimgeour, quién pasó de observar a Dumbledore a observarlo a él:
—Que pase, que pase.
Escuchó que decía el cuadro, pero Scrimgeour seguía mirándolo fijamente:
—Bien, veo que Fudge se confundió bastante al hablarme de ti muchacho. Tal vez querríais acompañarme a hablar con el primer Ministro muggle.
Ofreció levantándose de su asiento y señalando la chimenea:
—Sería algo interesante.
Aportó Dumbledore adelantándose unos pasos a él. Scrimgeour ofreció los polvos flu a este que no dudo en coger un puñado y luego ofrecerle a él unos pocos.
—Si no les importa, iré yo primero.
Scrimgeour desapareció por la chimenea y Dumbledore lo siguió, no tardó en imitar la acción de ambos. Sintiéndose a la vez excitado y con cierta incertidumbre sobre lo que podía suceder.
Cuando salió de la chimenea disparado, Dumbledore fue quien lo ayudó a sostenerse.
Se encontró con la mirada sorprendida de Fudge y de otro tipo que reconoció como el primer ministro muggle, sus apariciones en la televisión habían sido frecuentes en ese verano.
—Mucho gusto. Mi nombre es Rufus Scrimgeour, nuevo ministro de magia, lamento la compañía adicional, pero reunirme con ellos era casi tan importante como presentarme ante usted para que me conociera. Espero que Fudge ya le haya puesto al corriente de todo lo sucedido hasta el momento.
El tipo asintió sin dejar de mirar a Dumbledore y a él de reojo. Fudge se acercó a Dumbledore, era evidente su enfado:
—¿Por qué accediste a su petición y a mí ni siquiera te dignaste a contestarme?
—De momento este tipo no me ha tachado de loco.
Inquirió cortante contestando por Dumbledore, quien no pudo evitar formar una pequeña sonrisa en sus labios. De sobra sabía que estaba siendo objeto de la vigilancia de Dumbledore, pero no le importaba en lo más mínimo.
—Si no le importa, preferiría que esa puerta siguiese abierta y sin pestillo.
—Pero yo prefiero intimidad y que nadie nos interrumpa. También que no nos vean.
Scrimgeour se desenvolvió en el lugar como si fuese su casa e hizo lo que le vino en gana, ante la disgustada mirada del primer ministro.
—Tenemos que hablar sobre su seguridad…
Comenzó a decir Scrimgeour quien fue interrumpido por el primer ministro inquiriendo que en ese asunto estaba todo perfecto.
Él rio divertido por la situación, al ver que Scrimgeour manejaba al primer ministro como a un títere y que este no podía hacer nada, consiguiendo llamar la atención de los presentes:
—¿Quién demonios es este crío y qué pinta en una reunión como esta?
Interrumpió el ministro furioso. Fudge se dispuso a tomar la palabra pero Scrimgeour se le adelantó, sujetándolo del brazo y obligándolo a ponerse ante el primer ministro:
—Este muchacho puede significar la diferencia entre su vida o su muerte primer ministro, así que le aconsejo que le tenga un poco de respeto.
Todos se quedaron callados, hasta que Fudge se adelantó y presentó:
—Este chico es Harry Potter, ya le hablé de él en una ocasión, ¿sí recuerda?, cuando le conté la historia del que no debe ser nombrado y de Sirius Black.
El primer ministro asintió y tragó saliva antes de retomar la palabra:
—Pero es solo un crío, ¿qué se supone que puede este chico contra ese poderoso mago?
Se instauró un silencio incómodo en toda la estancia, Scrimgeour lo soltó e inquirió a su vez:
—Eso es precisamente lo que esperaba averiguar en nuestro primer encuentro. ¿Qué tanto podría utilizar a este chico y en qué sentido?
¿Eres algo más que una cara bonita para seguir?
Todos lo observaron con interés, incluido Dumbledore. Enseguida se percató de que aquello había sido una encerrona preparada. Había caído en una nueva manipulación de Dumbledore y lo supo al mirar al anciano a esos odiosos y profundos lagos azules.
Le devolvió la mirada, sintiéndose furioso, ¿en qué momento ese anciano se había percatado de que se estaba escapando de su control?
¿Qué le hacía creer que lo volvería a tener como una marioneta?
—Soy lo que yo quiera ser Rufus. Si alguien va a ser utilizado aquí, ese será usted, es posible que quizás quiera mantener a ese desecho de Dumbledore y al inservible de Fudge también a mano por si las moscas.
Pero sin duda puede estar seguro de que no seré marioneta del ministerio ni de nadie.
Se giró para encarar al primer ministro muggle:
—Le aconsejo que haga todo lo que Kingsley Shacklebolt le pida, es un activo muy preciado para la Orden del fénix y por desgracia, usted es aún necesario para evitar que Voldemort haga estragos en el mundo muggle.
Seamos sinceros y pongamos las cartas sobre la mesa, usted no es importante en lo más mínimo para mis planes, sin embargo, la gente estúpida de esta ciudad ha depositado su confianza en usted.
Un consejo, sea una marioneta útil para nosotros, aguante el chaparrón por todas las cosas que han sucedido hasta ahora en el mundo muggle y que son culpa de Voldemort y manténgase seguro. No nos conviene que caiga en manos de Voldemort, eso nos granjearía muchas molestias innecesarias.
Rufus; —llamó la atención de Scrimgeour: —hablará con Kingsley y se asegurara de que la familia, al completo, del señor ministro, esté protegida y segura.
Se giró a mirar a Scrimgeour e inquirió: —Y cuándo digo toda, es toda, no solo la más cercana. Le aconsejo que haga una lista para que eso sea así. No queremos que ninguno de los desgraciados de su familia sirva como excusa para que nos traicione.
Se dispuso a marcharse de allí, pero antes prefirió dejar en claro un último punto:
—No sea estúpido y siga mi consejo primer ministro, porque si no es así, quizás decida que antes de que lo maneje el otro lado, lo haga yo.
Todos se quedaron en silencio sorprendidos y cuando se adentró en la chimenea se encontró con dos pares de ojos que lo miraban asustados. El primer ministro muggle y Fudge estaban totalmente acojonados. Mientras que los otros dos integrantes del despacho lo miraban con interés y cierto grado de admiración.
En la mirada de Scrimgeour todavía se podía adivinar su deseo de manipularlo, lo que lo enfureció, Dumbledore por su parte no ocultaba su deseo de mantenerlo bajo su yugo, algo que intentaría evitar a como diera lugar.
En cuanto reapareció en el despacho del ministro se dirigió fuera, quería largarse cuanto antes de allí. No obstante, no había caminado ni tres pasos fuera del despacho, cuando Dumbledore lo llamó:
—Espera muchacho, aún no terminamos, hay alguien a quien quiero que conozcas.
—¿Acaso se ha vuelto un maldito relaciones públicas? Déjeme tranquilo.
—Será solo un momento, después podrás ir a casa de los Weasley sin…
—No pienso ir a casa de ningún Weasley.
No pudo controlarse y su voz salió destilando odio y cuando lo miró, Dumbledore seguramente percibió su repulsión ante esa idea.
Cuando se percató de su error, también comprendió que le había dado una pieza a Dumbledore.
—Pues a casa de tus tíos.
Terció, sin darle importancia a su pronto, pero sabía muy bien que ese desliz había sido registrado.
Después de la visita insufrible para convencer a Slughorn y del regreso a casa de los Dursley, decidí ir solo, con la capa de invisibilidad, al callejón Diagon y comprar todo lo preciso para ese año en Hogwarts.
No recibí carta alguna de Hermione en ese tiempo, mi mejor amiga aún seguía decidida a no notarme e ignorar lo que para mí ahora era evidente.
Mi única compañía en esas vacaciones fueron Luna, Sirius y sus cartas. El despreciable de Weasley me había escrito, pero no había leído ni dado importancia a ninguna de esas misivas.
En pocas palabras, mi verano había sido tan despreciable como en años anteriores.
Si yo hubiese sabido lo que sucedería, quizás, hubiese tenido un poco más de sentido común, hubiese dejado a un lado mi desprecio y hubiese jugado mi carta de otra forma. Sin embargo y pensándolo ahora fríamente, sabía muy bien que no lo hubiese hecho, que me habría negado a mí mismo ese remanso de paz y tranquilidad.
Esa pequeña luz que me daría paso a descubrir que mi mundo podía ser diferente si de verdad lo hubiese intentado.
La llegada a Hogwarts fue exactamente como la recordaba, exceptuando el incidente con Malfoy. Ese rubio solo tuvo un contacto conmigo en el pasillo, en el que me informaba de que la pelizorra estaba muy a punto para él.
Me entretuve y pasé un buen rato con Luna en uno de los camerinos del tren e ingresé a Hogwarts.
Snape cogió la clase de Defensa contra las artes oscuras y yo decidí que no terminaría con el ED. Eran una herramienta necesaria y explotable, no pensaba soltarla tan fácilmente.
Incluso en mis ansias de poder conseguí hacer de tripas corazón e inmiscuirme aún más con Slughorn y su grupito de eminencias. Le di lo que deseaba, un muchacho ambicioso, con miras a un futuro prometedor y cargado de poder.
Zabini, se convirtió en un paladín para mí, una pieza que hasta ese momento no había valorado en mi juego, pero que supuso un acercamiento a Malfoy inesperado.
Como pasó anteriormente la putita Weasley estaba presente en la reunión. Mi cambio la sorprendió bastante. No pude evitar preguntarme si la muy perra ya se había hecho con alguna poción en la tienda de sus hermanos.
Sin embargo, no hay muchas cosas de gran relevancia en lo dedicado al año anterior. Sexto año fue muy parecido a mi sexto anterior exceptuando mi relación con Hermione, mis progresos y mis terribles fracasos.
Hubo una pequeña variante que me hizo gracia y que decidí permitir para mi regocijo.
Las clases particulares de Dumbledore se volvieron mucho más interesantes en su esencia, pues Dumbledore intentó en esos momentos juntos, internarse en mi mente, descubrir algún atisbo de lo que me había cambiado.
Lo más irritante fue aguantar a la zorra de la Weasley y sus intentos de acercarse a mí. Me sorprendió bastante verla de novia de Dean, no esperaba que se resistiera a Malfoy, pensé que nunca lo haría. ¿No había sido por él por el que me había manipulado en un principio?
No pretendía comprender la mente de esa arpía, sin embargo sí que me hizo pensar en su extraño e incomprensible comportamiento.
Y entre unas miserias y otras llegó mi momento estrella, el que dio comienzo a lo que se convertiría en nuestra pesadilla.
El final del partido y su victoria insólita. Agradecía que no hubiese cambiado ese momento en particular. Porque sin él, nada habría tenido lugar. O eso pensé en ese instante preciso. Ahora, después de ver en lo que quedó todo, ya no estaba tan seguro de que fuese bueno.
Sus ojos observaron con una amplia sonrisa a Weasley comiéndose a la insulsa de Brown, tardó unos instantes en volver su vista al cuadro, sabedor de quien abandonaría la estancia en ese mismo instante.
Ver los ojos de ella al observar semejante escena lo dejó unos instantes aturdido. Ese dolor reflejado en ellos lo hirió en lo más hondo de su ser. ¿Ya habrían comenzado los dos miserables con su puesta en escena? Una pregunta surgió en su mente mientras salía de la sala común y seguía los pasos de Hermione.
¿Formaría parte del plan de ambos Weasley, la escena con Brown?, si se paraba a pensarlo, era muy del estilo de ambos pelirrojos. Hacerla contemplar eso había hecho reaccionar a Hermione, lo que más le había dolido fue ver que ellos entraban en la misma clase que ellos se encontraban. Como si el Weasley supiese que ella estaba allí y que lo vería.
Sonrió con suficiencia, tanto si lo tenía planeado como si no, en esta ocasión el escenario sería muy diferente al que él esperaba o podía imaginar.
Abrió la puerta sabiendo lo que encontraría y tras cerrarla se apoyó en ella y la observó.
—¿Te sientes bien regocijándote en tu miseria?
Hermione levantó la vista y dejó de conjurar canarios:
—¿Qué has dicho?
Cruzó los brazos y sonrió:
—Venga ya, esta no es la Hermione que yo conozco y mucho menos la que me gusta. Mi Hermione no se rebajaría a estar ahí tirada compadeciéndose de sí misma porque un mierdas no sabe apreciar lo que tiene.
Y seamos sinceros, el Weasley no vería el oro ni aunque lo tuviese delante. Y tú Hermione, me decepcionas al demostrarme que tampoco sabes apreciarlo.
Ella se puso en pie molesta, no pudo evitar observarla y deleitarse con ella. Incluso furiosa, como se encontraba en ese instante, era la cosa más hermosa que jamás había visto. ¿Cómo diantres había podido estar tan ciego?
¿Cómo tenía los santos cojones de reclamarle a ella no ver lo evidente cuando él mismo no había sabido apreciarlo en su momento justo?
Pero ahora sería diferente, ahora la veía, ahora serían el uno del otro, tal y como siempre debió ser.
—¿Quién te has creído que eres? –Dio dos pasos hacia él: —¿Cómo puedes ser tan maldito y cruel conmigo? Creí que eras mi mejor amigo que…
La cortó negando, separándose de la puerta y caminando hasta estar frente a ella, colocó un dedo sobre sus labios:
—No Hermione, no te confundas, sigo siendo tu mejor amigo, jamás cambiará, debes comprender eso. No obstante también has de entender otra cosa de mayor importancia: —la cogió de la cintura y la pegó a él, a la par que colocaba su mano tras su nuca: —Voy a hacerte abrir los ojos, conseguiré que comprendas que tú y yo estamos destinados a no solo ser mejores amigos, sino a ser el todo uno del otro.
Y si he de joderte la vida con las amargas verdades, herirte hasta en el alma, ser el malo de la película y matar a ese héroe estúpido e inexistente que has creado lo haré.
Sin embargo, te daré lo que más deseas en estos momentos, venganza.
No la dejó pensar, directamente asaltó sus labios, maldiciéndola por negarle probarla durante tanto tiempo.
Ella ahogó un grito de sorpresa, más de un momento a otro sintió que pasaba una de sus manos por su cuello. Se sorprendió gratamente de esa acción y la apretó un poco más contra él.
Sintió que abrían la puerta pero no le importó una mierda, y lleno de dicha se encontró con que a ella tampoco le importaba. Hermione le devolvía el beso de una forma que nunca antes lo había hecho, llenándolo de júbilo y de deseos que nunca había podido cumplir.
No dudó en hacerla subir a una de las mesas y no se hubiese detenido de no ser por la voz que resonó:
—Vaya, este lugar ya está ocupado.
Hermione abrió los ojos en el acto y se separó de él con rapidez:
—Jodido Weasley.
Inquirió recuperándose del beso que acababan de compartir. Los recién llegados se quedaron estáticos. Fue Brown quien rompió el silencio:
—¿Potter y Granger?
Su sorpresa era tan grande que no consiguió disimularla. Cuando él y Hermione se giraron a mirarlos, Harry sonrió ladeadamente mientras apoyaba su cabeza en el hombro de ella y sus manos a ambos lados de Hermione para que no pudiese escapar:
—Habéis sido muy inoportunos chicos. ¿Queríais algo?
La cara del indeseable de Weasley era todo un poema, sintió como Hermione colocaba una mano sobre su antebrazo e intentaba bajarse de la mesa, con cuidado la detuvo:
—No, solo buscábamos un sitio tranquilo para estar a solas.
Inquirió el pelirrojo, no pudo evitar sonreír, ese inepto, con su comentario, consiguió que Hermione se enfadase más. Él la miró de reojo, e intentó trasmitirle con la mirada que confiara en él.
Ella lo miró unos instantes, parecía indecisa, pero al cabo de unos segundos, la sintió apretar su brazo un poquito, como dándole permiso para actuar libremente.
Él no lo dudo un segundo, llevó su mano hasta el cuello de ella y la acarició, dejando de mirar a los dos espectadores mientras decía:
—Lamento deciros que tendréis que buscar otro lugar, estamos demasiado cómodos como para irnos ahora. ¿No es así?
Acercó sus labios a los de Hermione y depositó un beso que parecía casto, sin embargo se fue tornando en algo más lujurioso, terminando por morderle un poco el labio inferior.
Hermione había cerrado los ojos y llevado sus manos a su nuca, cuando él se dispuso a alejarse, fue el turno de ella, de acercarlo a él, haciendo el beso aún más fogoso, y ocasionando en su interior una oleada de deseo que no estaba muy seguro de poder reprimir.
Un fuerte portazo, que provocó que la puerta se abriera y cerrada dos veces, ocasionó que se separaran.
Ambos se miraron a los ojos, y él, enseguida detecto la nota de alarma en el rostro de Hermione, quien sin duda también había sentido lo mismo que él unos instantes atrás.
Ahora solo debía conseguir que ella lo admitiese. En el momento en que eso sucediese la tendría:
—¿Comprendes lo que llevo diciéndote tanto tiempo?
Pudo ver la confusión que ella sentía, la dejó alejarse un poco, pero no la soltó.
—Hermione, jamás haría nada que no quisieras, jamás te obligaría a nada. Pero sé que esto es lo que ambos deseamos, lo que debe ser. Créeme, tu y yo es lo correcto.
—Pero yo, Ron, él…
Tragó bilis mientras intentaba resguarda la furia que sentía al verla tan confusa y tan segura de amar al Weasley:
—Sé que estás muy confusa, pero permítete esto, permítenos probarlo, si al final decides que lo mejor es que esto no siga, te juro que te dejaré libre.
Mentira, estaba mintiéndole, porque una vez que ella fuese de él, jamás la dejaría alejarse. Nunca la volvería a perder.
—Yo, Harry, no sé si esto…
—No lo pienses Hermione, solo siente, deja por una vez de ser racional y sé pasional. Déjate llevar por el camino que te muestro, verás que no te arrepentirás. Confía en mí. No tienes nada que perder. ¿No está él probando otra bifurcación?, ¿Qué te impide a ti hacer lo mismo? Si al final esto no es lo correcto, seguro que todo será como tiene que ser. Si tu destino es el pelirrojo, te juro que no interferiré.
Créeme cuando te digo que para mí eres mi mundo, sabelotodo, sin ti no tiene nada sentido. Si al final ves que yo no soy tu complemento perfecto me alejaré sin decir u objetar nada.
Para mí lo principal eres tú y nada más, nada ni nadie me importa tanto.
El silencio siguió a esas palabras durante un momento que para él se volvió eterno. En cuanto la vio morderse el labio inferior, supo que ella lo estaba valorando, que estaba intentando comprender si el plan que le ofrecía merecía o no la pena.
Un destello en sus ojos ámbar le dio la respuesta que necesitaba, sonrió a la par que ella abría la boca para contestar:
—Nada me impide intentarlo. Está bi…
No la dejó terminar, la besó con fuerza, con amor, con deseo, la besó como deseaba besarla siempre a partir de ese preciso instante. Como espera besarla desde ahí hasta el final de los tiempos.
Pero el final llegaría más pronto de lo que él se creía, tan pronto que para él los momentos vividos con ella le sabrían a demasiado poco.
¿El culpable de ese desastre? Él solo, si hubiese tenido paciencia. Maldición. ¡Cómo se odiaba en esos dolorosos instantes! Ella solo le había pedido una cosa y no la respetó. Cegado como estaba por la sed de venganza, convirtió, lo que debería haber sido un idilio, en un infierno.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que este fic esté gustando. Muchas gracias a todos aquellos que os molestáis en darme vuestra más sincera opinión al respecto, espero que os siga gustando.
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Bueno, os dejo el enlace a los otros fics que participaban en este reto:
Ander Ghjyyt (publicado: www . / s / 10534632 / 1 / Stabbing-the-black-souls-Reto-En-el-filo-de-la-oscuridad )
Nanny Pgranger (publicado: www . / s / 10561459 / 1 / In-the-Shadows-En-el-filo-de-la-oscuridad )
Princes Lynx ( www . / s / 10578761/1 / )
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