Capítulo 3
Nami llevaba ya dos horas reposando sobre la cama del cuarto de hospital donde había sido puesta. Luffy tenía el móvil pegado al oído mientras escuchaba a su jefa, la teniente Shakky.
—Escuché el llamado e interferí, eso es todo. Acababa de llegar de mi vuelo y estaba cerca del área donde había surgido la llamada.
—Enfócate en el caso, agente. No se desvíe.
Luffy prefirió quedarse callado y pronunciar un simple y frio "entendido" antes de colgar. No estaba en su ética dejar pasar una emergencia y mucho menos sabiendo que una vida corría peligro. Y no estaba para nada arrepentido, que va. Cuando había avanzado para atrapar a aquella chica antes que se golpeara la cabeza contra el suelo, reconoció a Nami de inmediato ¿Cómo iba a olvidar el motivo de sus fantasías, el motivo por el cual estaba tan obsesionado con las pelirrojas?
Se acercó a ella sin hacer mucho ruido y la observó detenidamente. La inocencia y dulzura en su rostro no había desaparecido. Seguía ahí esa barrera que lo había hecho huir hace diez años. Observó su cuerpo. Si antes sus curvas lo tenían enloquecido, ahora que su cuerpo se había desarrollado mas estaba invadido con un calor desconcertante. Jadeó y observó directamente a sus labios, aquellos labios que siempre había sentido la necesidad tortuosa de besar hasta secarse la piel de ellos. Deseaba tocarla, besarla con locura, hacerla sentir lo que él sentía, hacerle el amor como siempre había deseado.
Nami soltó un gemido y movió el cuerpo, temblando. El cuerpo le pesaba. Le latía la cabeza y la mano, sobre todo la muñeca. Volvió a soltar un gemido y abrió los ojos de golpe. La luz blanca de la habitación le obligó a cerrarlas de nuevo.
—Oh, Dios. Mi cabeza —se quejó.
Luffy se mordió el labio para no reír. Nami parecía una niña. Se acercó a ella y le tomó la mano derecha. Con el pulgar se la acarició con delicadeza. El pulgar sobre su piel le quemaba las entrañas. Oh, como había deseado tocarla desde hace tanto, tanto tiempo. Ella, al sentir aquel contacto cálido, retiró la mano de inmediato y se puso de pie. Todo, de un momento a otro, le dio vueltas y estuvo a punto de caer. Pero apunto, porque un par de brazos cálidos la enroscaron y protegieron contra un cuerpo fuerte y protector. Nami observó aquel par de ojos que la observaban, la protegía. El corazón comenzó a latirle desesperadamente. Reconocía ese rostro.
— ¿Luffy? —llamó su nombre en un susurro débil.
Él le sonrió. Aquella sonrisa no cambiaba. Era la sonrisa que le robaba los más grandes y dolorosos suspiros. Aquella sonrisa de la que ella se había enamorado como una adolescente locamente necesitada de un poco más de amor del que ya tenía. Nami dejó escapar las lágrimas y se lanzó sobre él para abrazarlo. Luffy, en medio de un shock, no supo qué hacer. La suave y exquisita piel de Nami se rozaba contra él. Sus suaves y mullidos senos golpeaban su pecho, agitado por la conmoción. Al fin, segundos más tarde, reaccionó y la envolvió aun más contra él. Los dulces sollozos de su Nami lo conmovieron de tal grado que la piel de su brazo se erizó por completo.
"Oh, no"
— ¿Nami? Tranquila, ya pasó —le acarició el cabello—. Shh, no llores.
—No puedo creer que estés aquí —lo abrazó con más fuerza—. Pensé que no volvería a verte.
Luffy permaneció en silencio, esperando calmadamente a que ella se estabilizara nuevamente. Notó como sus sollozos fueron disminuyendo minutos después. Por fin Nami se animó a separarse. Dejó caer la cabeza, avergonzada, y se limpió las lágrimas con las manos. Luffy la detuvo, tomó su barbilla y la levantó para que lo mirara. Le dedicó una sonrisa.
—Bonitos ojos, chérie
Ella sintió como se ruborizaba. Recordaba que él solía decirle lindas palabras en francés, sobre todo cariño. La sonrisa de Luffy se hizo más notoria.
―Cuéntame una cosa, Nami ¿Qué hacías en ese lugar a esas horas?
―Mi jefe me dijo que debía ordenar un montón de archivos y no podía esperar hasta mañana.
―Creí que lo tuyo era la cocina, ¿no? ¿Qué haces de secretaria?
Nami volvió a ruborizarse. Él lo recordaba.
―Cosas, problemas…
Él le sonrió.
―Bueno, he conseguido que te hagan el interrogatorio mañana cuando te encuentres en mejor estado. ¿Sigues viviendo con tu padre, vives sola o estás casada?
Ella se dejó caer la cabeza. Oh, no. Se iba a poner a llorar.
―Nami ¿Qué sucede?
Ella negó con la cabeza.
―No, nada. Yo, um…vivo sola. Mi padre, um…Está en Estados Unidos, sí.
Nami sintió que merecía caerse a golpes ella misma. Había hecho mal, lo sabía, pero no soportaría que él se burlara de ella por no tener padres al igual que lo hicieron sus "amigos" en el pasado.
―Entonces, ¿te llevo? Sólo tienes que decirme dónde vives.
Nami lo pensó por un momento. No, definitivamente no. No dejaría que él viera donde ella vivía. Se burlaría.
―No, está bien. Tomaré un taxi hasta que pueda ir por mi auto mañana.
Nami suspiró, frustrada, mientras se acariciaba el vendaje de la muñeca. ¡Lo difícil que se le hacía conseguir un taxi! Se preguntó si, quizá, le permitieran llevarse el auto. Agitó la cabeza. Todo ahora era parte de la escena del crimen, inclusive su auto. Se estremeció al pensar que tuvo que disparar. ¿Lo habrá matado? Dejó escapar un gemido. Ella solo había disparado y huido en cuanto lo vio caer al suelo ¿Y si está muerto?
Un golpe de aire frio la hizo temblar ¿Qué hora era? Comenzó a mirar de un lado a otro, pero no veía ni un auto pasar. Debe de ser tarde, desde luego. La nariz le comenzó a molestar. Contuvo la respiración. Al soltarla y volver a inhalar el aire, estornudó. Escucho un pequeño "miau" y retrocedió de golpe. Oh, no. Era alérgica a los gatos. Volvió a estornudar. El gato, uno pequeño y lleno de pelo, se le acercó. Volvió a estornudad. Y otra vez. Y otra vez. Y otra vez.
— ¡No, vete! ¡Vete! —le gritó al gato. Éste volvió a maullar.
Ella se alejó a grandes pasos pero continuó estornudando. No tardó en descubrir que el gato la seguía. Volvió a estornudar.
— ¡Ay, no!
Se giró de golpe para marcharse y chocó con alguien.
—Epa, ¿qué pasa?
Ella lo reconoció. Oh, no. Luffy otra vez. Ella volvió a estornudad. Y otra vez. Y otra vez. Oh, mierda.
— ¿Te sientes bien? —Luffy le tomó el rostro con ambas manos—. Tienes los ojos rojos e hinchados.
—Ese gato... —le soltó las manos y se tapó el rostro con las manos para estornudar. Lloriqueó—. Soy alérgica a los gatos.
Él pasó una mano por su frágil cintura y la condujo hasta su auto, un precioso deportivo negro, y la hizo sentarse en el asiento del pasajero. En segundos se introdujo al auto y aceleró. La miró de reojo. Nami seguía estornudando, tenía la nariz y los ojos rojos e hinchados. Le pareció que temblaba. Demonios, no sabía eso de los gatos.
— ¿Estás bien? —preguntó. Estaba verdaderamente preocupado.
—Yo —estornudó— estoy —estornudó— bien.
Luffy torció la boca.
—Sí, seguro… Te llevaré al hospital.
—No, no me gustan —estornudó—. Me pondrán —estornudó— un antibiótico por —estornudó. Respiró hondo— venas.
—Me parece buena idea —acercó su mano a la suya y se la acarició—. Vas a sentirte mejor, Nami. Es mejor para ti.
Nami volvió a lloriquear.
—No me gustan las agujas.
—Oh, Nami. No pasará nada —detuvo el auto. Luz roja. Ella volvió a estornudar—. Demonios, vamos al hospital. No me gusta cómo te ves.
Y en cuanto el semáforo cambió a verde, Luffy aceleró directo al hospital. Nami quería desaparecer. Se sentía tan jodidamente avergonzada que deseaba saltar por la ventana del auto y desaparecer. Volvió a estornudar. Ya no se sentía tan mal, pero la cabeza y el pecho le dolían. Se sentía tan cansada que todo lo que podía hacer era dormir. Cerró los ojos...Que bien se sentía.
Luffy aparcó en el estacionamiento y apagó el auto. Miró como Nami dormía. Tenía unas bolsas debajo de los ojos y la nariz roja e hinchada. Él sonrió. De todas las maneras posibles, a él le seguía pareciendo que esa mujer era la más exquisita de todas. Incluso enferma. El corazón le latía fuerte y cálido. Oh, qué bien se sentía. Estiró su mano hacia su pequeño rostro y le acarició la mejilla. Aquella suave piel sobre sus dedos le causaba escalofríos.
Estaba obsesionado, era eso. Todo lo que necesitaba era una noche con ella. Una noche en su cama y todo acabaría. Toda aquella obsesión desde hace tantos años se acabaría con una noche disfrutando de ella. Si, era eso. Necesitaba a Nami en su cama. Solo eso…Solo eso…
Continuara…
Bueno... eso es todo por ahora, espero hallan disfrutado... REVIEWS?
