Capítulo 4
Luffy bostezó mientras observaba su reloj. Siete y cuarenta y dos de la mañana. Nami llevaba casi seis horas dormida por el efecto del medicamento. Estaba recostada sobre la cama de hospital. Llevaba puesta una apagada bata blanca de hospital y el cabello (oh, su cabello) le caía como cascada sobre los senos. Se frotó la sien con el pulgar y echó la cabeza hacia atrás en aquel incómodo sofá. En cuanto cerró los ojos, escuchó la puerta abrirse.
—Buenos días —saludó el doctor con una sonrisa cálida.
Luffy abrió los ojos y le dedicó una media sonrisa adormilada.
—Buenos días, doctor.
Él bostezó.
— ¿Ha permanecido toda la noche con ella? —el castaño asintió—. ¿Y ha podido dormir con ese espantoso sofá?
Luffy soltó una risilla traviesa mientras negaba con la cabeza.
—No, la verdad no.
—Bueno, ¿La pequeña Nami ha pasado buena noche?
El castaño enarcó una ceja.
— ¿Pequeña Nami?
El doctor soltó una risilla.
—Es un apodo cariñoso, joven. Atiendo a Nami desde que era una niña.
Luffy se fijó que en aquellos ojos cafés había un brillo especial. Era cariño, cariño paternal.
—¿Ha dormido bien?
Luffy sonrió.
—Supongo que sí, no se ha despertado en toda la noche.
El doctor le devolvió la sonrisa y se acercó a Nami. Se agachó un poco sobre ella, cubriéndola de la vista de Luffy, le retiró un mechón de cabello que le caía sobre el rostro y le dio un beso en la frente. Nami arrugó los ojos y los fue abriendo lentamente. Al notarlo, ella le dedicó una bonita sonrisa.
—Hola, Pequeña ¿Cómo te sientes?
—Me sigue doliendo la muñeca —arrugó la nariz—, pero la alergia ha desaparecido.
—Mm, sí. Claro, claro. De todos modos debes tomarte esos medicamentos de nuevo.
Nami se quejó bajito.
—Sí, estás mejor.
— ¿Ya me puedo ir?
—Me parece que sí. ¿Tienes todo listo para la ceremonia del sábado?
—Sí.
—La lápida que mandamos a hacer mi esposa y yo quedó perfecta.
Luffy se sobresaltó ¿Lápida? ¿Para quién?
—De verdad te lo agradezco, ****. A mi padre le habría alegrado mucho saber que a pesar de su muerte sigues queriéndole de esa manera.
— ¿Qué? —espetó Luffy.
Nami se sobresaltó. No había notado que Luffy estaba en la habitación. Steven se puso rígido y se alejó de ella. Se encogió de hombros. Sintió por un momento que sobraba.
— ¿Es en serio, Nami? ¿Tu padre está muerto?
La chica cerró los ojos y se tragó las lágrimas. Había afrontado la muerte sola, sin consuelo, y apenas había llorado por él. El dolor seguía ahí, como docenas de alfileres clavándosele en el corazón.
—Yo…iré a firmarte el alta, cariño.
Ella asintió dos veces. Todo lo que podía experimentar era la sensación de la piel de Luffy acariciando su mano.
― ¿Por qué me dijiste que tu padre estaba en Estados Unidos cuando en realidad estaba muerto?
Nami reprimió un sollozo y abrió los ojos.
―Porque...Porque seguramente harías como todos mis "amigos". Luffy, todos y cada uno de ellos se burlaron porque era huérfana.
A Luffy se le rompió el corazón en mil pedazos.
―Oh, Nami. Yo jamás me burlaría.
La chica arrugó la nariz.
― ¿Pero cuando pasó esto? ―preguntó el a modo de reproche.
Ella suspiró.
―El mismo día en que te fuiste para los Estados Unidos ―tragó saliva―. Exactamente quince minutos después que te despidieras de mí.
Y a consecuencia de tanto dolor acumulado por tantos años, Nami estalló en lágrimas. Luffy se sintió como si aquellos frágiles llantos lo desarmaran completamente. Y por primera vez en su exitosa carrera, hubiese deseado haber permanecido aquí para ella.
—Come, te hará bien.
—No tengo hambre, Luffy.
Él levantó una ceja. Le sonrió divertido.
—Mujeres tercas pero divertidas —Nami le sacó la lengua. Luffy le acercó la cuchara con la sopa, pero ella negó con la cabeza—. Vamos, tienes que comer.
—No me gusta la comida del hospital —hizo un mohín—. De verdad, no quiero.
El pelinegro suspiró y se dio por vencido.
—Cuando el doctor nos dé el alta, te llevaré a desayunar fuera ¿Entendido?
Ella le sonrió burlona.
—Sí, señor.
Ahora fue él quien le sacó la lengua. Nami dejó escapar una sonora carcajada. Luffy se deleitó con aquel delicioso sonido, mientras un cosquilleo en el pecho lo hizo suspirar.
— ¿Dónde vives? —le soltó de repente.
—En un lugar feo, frío y oscuro donde el agua se va casi todas las noches después de las nueve —arrugó la nariz—. Patético, lo sé.
— ¿Por qué no te quedaste en la casa donde vivías con tu padre?
Nami suspiró.
—Cuando mi padre murió —le dieron escalofríos— solo había dejado deudas. Como era joven y no tenía trabajo, me transfirieron a una casa de acogida mientras cumplía los dieciocho. Luego, al cumplirlos, me había enterado recién que mi padre solamente había dejado aquellas deudas. Así que tuve que conseguir un trabajo —se encogió de hombros—. Bueno, dos. Cuando pude pagar todas las cuentas, finalmente entré a la universidad. Para ese entonces tenía casi los veintiuno.
—Oh, demonios —Luffy suspiró profundamente, agotado—. A ver, señorita ¿No tenías mas familia, amigos? ¿Alguien?
Nami negó con la cabeza.
—Me hubieses llamado.
—No tenía tu número.
— ¿Una carta?
—No sabía tu dirección.
— ¿Un email al menos?
—Luffy, eso no hubiese servido de nada. ¿Lo recuerdas? Apenas te fuiste con el dinero suficiente ¿Cómo ibas a poder ayudarme?
—Quería independizarme, Nami. Pero, a vista de que era una emergencia, hubiese hablado con mis padres y ellos me hubiesen dado el dinero a manos llenas.
—Luffy, no. Mis deudas, mis problemas. Además ya las resolví.
Luffy la vio sonreír. Oh, no. Pero observó ese brillo en sus ojos. Su dulce Nami estaba mal. Triste, sola, sin compañía. Necesitaba amor.
—Escucha, yo…
Luffy se quedó callado. La puerta de la habitación se abrió.
—Ya he firmado el alta, Nami —le sonrió.
—No me parece buena idea —Nami cruzó los brazos—. Y tú estás loco.
—Vamos, Nami. Es sólo una noche. No podría dormir sabiendo que dormirías en ese lugar. Escúchame, acabas de salir del hospital. Necesitas un lugar cómodo y tranquilo para descansar —ella lo miró, pensativa—. Una noche, Nami. Para estar tranquilo.
—Está bien —suspiró—. Pero sólo una.
Luffy le sonrió y abrió la puerta. Caminó hacia ella, casi bailando, y al abrirle la puerta le tendió la mano. Nami puso los ojos en blanco y la aceptó. No había tenido tiempo de observar la casa. Wow. El frente estaba adornado por un jardín sencillo, las ventanas y puertas estaban adornadas con metal en blanco y cristal. Era enorme. Oh, perfecta para formar una familia.
―Mm, me gusta ―dijo é lo miró extraño.―Recién acabo de llegar ―le sonrió coqueto―. Le dije a mi asistente que consiguiera una casa para mí mientras estuviera por aquí. No había tenido tiempo a verla porque una chica hizo una llamada que estaba encerrada con un montón de asesinos y luego le dio una alergia desastrosa.
Nami se ruborizó.
―Lo siento.
Luffy le sonrió amable y pasó su brazo por su pequeña cintura.
―Vamos, necesitas descansar.
Nami se dejó guiar hasta el interior de la casa. Wow. Era muy cómoda, cálida, amplia y acogedora. La sala y el comedor decorados con tonos suaves y cálidos, la cocina blanca y granizo plateado, el salón familiar con una pantalla de televisor, varias películas y consola de juegos. Al final del pasillo, antes de llegar a la escalera, había un estudio con un escritorio negro, repleto de libros, planos, archivos y archiveros. Quedaban tres puertas al final del pasillo. Dos habitaciones, las cuales incluían una cómoda y espaciosa cama, y la última un cuarto-almacén de limpieza.
―Dios, Luffy, esto es maravilloso.
Él dejó escapar un largo silbido.
―Con opción a compra, ¿eh? Me gusta, creo que terminaré comprándola. Ella soltó una carcajada.―Ven, te prestaré una de mis camisas.
Luffy le tomó la mano y la llevó a su habitación. Encontró sus maletas. Al abrirla, sacó una camisa verde y se la extendió. En segundos ella desapareció dentro del baño.
Estaba agotado, a decir verdad. Necesitaba dormir. Sacó un bóxer de la maleta y se desvistió. Se lanzó a la cama y cerró los ojos. Estaba quedándose dormido. Casi, hasta que la puerta del baño se abrió. Nami salió sin maquillaje, sin tacones. Solo llevaba el cabello suelto que le caía sobre los pechos y su camisa, que le llegaba a la mitad de los muslos.
"Pero qué preciosa..."
― ¿Cómo te sientes? ―le preguntó.
―Cansada ―bostezó―. Muy cansada.
―Ven.
Luffy se hizo a un lado, para darle espacio. Nami permaneció allí, inmóvil. Se ruborizó.
―Pensé que...dormiría en la otra habitación.
Él le sonrió lascivo.
― ¿Me tienes miedo?
Se ruborizó aun más.
―No.
―Entonces ven. Duerme conmigo.
Nami se mordió el labio y caminó lenta hacia la cama. Al sentir el colchón contra su espalda, todos sus músculos se aflojaron. Necesitaba descansar. Se recostó de lado, dándole la espalda a él. Cerró los ojos y se arropó. Estaba agotada. Luffy le pasó el brazo por encima del vientre. Nami se sobresaltó.
―Tranquila, chérie. No voy a hacerte daño ―le dio un beso en la cabeza. Aspiró el dulce aroma de su cabello―. Descansa.
Y Nami no tardó en quedarse dormida.
Continuara…
Doble capitulo por hoy dia... REVIEWS?
