Capítulo 5

Nami se agitó levemente. Tenía calor. Nunca había sentido tanto calor. Abrió los ojos lentamente y se encontró el rostro de Luffy a centímetros del suyo. Por Dios, era divino. Aun con los años que habían pasado, aun con sus promesas de olvidarlo para siempre, aun con el corazón latiéndole de dolor por aquella partida, lo quería. Si hubiese podido huir, lo haría. No quería volver a despertar aquel amor, aquel deseo, aquellos sueños de adolescente. La matarían.

Luffy se agitó en la cama y pasó su brazo por su vientre, atrayéndola hacia él. La chica contuvo la respiración mientras la acariciaba. Sus manos eran como unas brazas ardientes que le quemaban la piel. Se sentía exquisito. Divino. El rubio bajó la mano hasta su muslo y le proporcionó caricias ardientes. Ella gimió y se tapó la boca, avergonzada. Volvió a gemir cuando Luffy la tomó del trasero y la colocó sobre él.

—Luffy, ¿qué haces? —la voz de Nami tembló. Estaba nerviosa.

Él soltó una risa ronca mientras abría los ojos. Le acarició las piernas suavemente, deleitándose del exquisito tacto de su piel. Nami cerró los ojos, incapaz de contener el placer que crecía en su vientre.

—N-no. Luffy, esto…

— ¿No está bien? —le sonrió—. Somos adultos, Nami. Y los dos lo deseamos —acarició la curva de sus caderas— ¿A caso tú no?

La chica soltó un gemido.

—Eso es, Nami. Ya me respondiste.

Y el siguiente gemido solo le sirvió para asaltar su boca. Nami quedó sin aliento mientras aquella boca caliente y experta la hacía estremecerse. La sujetó con fuerza de la cintura mientras la colocaba bajo la protección de su cuerpo.

— ¿Confías en mí, Nami?

Ella jadeó cuando la experta boca comenzó a bajar hasta sus pechos.

— ¿Lo haces?

—Sí.

Y volvió a asaltar su boca, con besos fuertes y calientes. Pasó su mano por sus muslos, quemándole la piel, y subió hasta el vientre. Cuando Nami vino a reaccionar, estaba solo en bragas. Su cuerpo tembló. Nunca en su vida había estado tan nerviosa.

— ¿Nami, estás bien? —le tomó el rostro entre sus manos. Luffy quedó perdido, absorbido, por aquellos ojos miel—. Si no quieres, no lo hacemos.

Ella jadeó ¿De verdad quería detenerse? A tientas, logró sentarse en la cama sobre sus rodillas. El rubor le cubrió el rostro al ver sus pechos desnudos. Intentó cubrirse con la mano, pero él la detuvo.

—Estás preciosa como sea, Nami —le pasó una mano por los brazos desnudos—. Tienes una piel muy suave.

—Luffy, basta —ella volvió a estremecerse bajo sus palabras.

— ¿Qué pasa?

La chica jadeó.

—No puedo…

— ¿Por qué? —le acarició la curva de sus caderas—. Puedo ver que me deseas tanto como yo te deseo.

—No es eso.

— ¿Entonces?

Nami suspiró.

—Hace tres años yo… salí con alguien —dejó caer la cabeza—. Quería que tuviésemos sexo y yo acepté, pero…fue muy bruto conmigo ¿Entiendes? Me…me lastimó y…

—Temes que yo haga lo mismo…

Ella asintió.

—Entonces no confías en mí ¿Es eso?

―Yo...no confío en ningún hombre después de eso. Yo...

―No, Nami. No te lastimaría. Jamás ―estiró su brazo y la acercó a él―. No puedo hacerlo contigo si no confías en mí.

―No es que no confíe, Luffy. Tengo miedo ¿Entiendes?

Contra su pecho, sintió a Nami temblar.

―Tiempo, Nami. Nos tomaremos el tiempo que necesites para que entiendas que no te lastimaría. Nunca ―la oyó suspirar―. Ahora, a dormir.

Ella se acurrucó en su pecho, olvidando la poca ropa que llevaba puesta, y cerró los ojos para volver a dormir. Luffy le pasó una fina sábana para cubrirla, escuchando como su corazón latía a un compás suave, seductor y delicioso. En el fondo de su alma, él sabía que aquella obsesión se estaba convirtiendo en amor.


Nami soltó un largo y profundo bostezo mientras se estiraba. Al dejar caer el brazo sobre la cama, notó el espacio contiguo vacío. Abrió los ojos y cayó sentada de golpe ¿Dónde estaba Luffy? Se cubrió el cuerpo desnudo con las sábanas y caminó hacia el baño. La ducha, visiblemente usada hace poco, le resultaba condenadamente tentadora. Se mordió el labio y abrió el grifo para dejar escapar el agua caliente. Dejó caer la sábana y se quitó las bragas. Acto seguido se metió de lleno bajo el agua caliente. Cerró los ojos y dejó que los músculos se le relajaran.

"Oh, sí. Esto es vida."

Luffy pasó ambas manos por el rostro antes de volver a la lectura del caso. Jamás había imaginado que el caso que había deseado por años fuera, por demás, tan complicado. Llevaba ya dos horas estudiándolo y, para sorpresa suya, había descubierto que nunca se había tomado tanto en estudiar alguno de sus casos anteriores. Suspiró e intentó volver a su trabajo. Veloces imágenes de la noche anterior atravesaron su mente. El recuerdo de aquella piel tan suave y exquisita lo estremecía por dentro.

Cerró la mano en un puño y golpeó con fuerza la mesa. El hecho de pensar que alguien la haya poseído, como tanto él deseaba, y que la haya lastimado, como él jamás lo haría, lo carcomía por dentro. Tomó el móvil, por puro instinto, y marcó un número. Contestaron casi al instante.

— Roronoa.

—Eh, Zoro ¿Cómo te va?

— ¿Luffy? ¡Vaya! Seguro no tan bien como a ti, ¿a que si? Me enteré que te dieron el caso de oro.

—Si, um. Te hablo para eso. Necesito que me consigas una información.

—Ya, entiendo ¿Qué necesitas, colega?

—Toda la información que puedas conseguir de Nami Hydes. Limítame a cinco años atrás. Lo que me interesa está en esa fecha.

—Oye ¿Seguro que es sobre el caso? Suena algo…personal.

—Sobre el caso, seguro —mintió—. Voy eliminando sospechas y sospechosos.

La puerta se abrió lentamente, captando la atención del pelinegro. Aquel rostro de ángel que le encantaba apareció de repente por la puerta entreabierta, sonriéndole.

— ¿Interrumpo? —habló ella bajito.

Luffy levantó la mano en un gesto que le indicaba que pasara. Nami empujó la puerta y, tambaleándose, logró entrar con una bandeja de comida en mano. Él frunció el ceño.

—Te enviaré los datos tan pronto como los tenga.

Nami rosó el brazo de Luffy accidentalmente mientras ponía la bandeja frente a él. Las aletas de la nariz de él se ensancharon y deseó lanzar todo al suelo, desnudarla y hacerle el amor allí mismo.

—La estaré esperando —dijo él con voz ronca.

Colgó y se aclaró la garganta. Respiró profundo e inhaló el olor de aquella fragancia a limpio de su jabón de baño. Demonios, ese aroma en ella era tan sensual.

— ¿Luffy? —le llamó ella suave.

Él volvió a aclararse la garganta.

—Perdón, ¿qué me decías?

Ella se rió.

—Te preguntaba que si ya habías desayunado —le sonrió—. Espero que no porque te preparé unas exquisitas Torrejas, revoltillo con jamonilla cocinada con un poco de vino seco, que por cierto tienes vinos excelentes, y fresas —soltó una risilla—. Aunque las fresas son sólo una bonita decoración, también te las puedes comer.

Luffy levantó pronunciadamente la ceja.

―Haré de cuenta que sé lo que son unas Torrejas y fingiré dejar pasar por alto que abriste mi reserva de vinos privada.

Ella se ruborizó.

"Oh, rayos. Pero que adorable."

―Perdona ―se mordió el labio―. Las Torrejas son pan de canela remojado en una mezcla de leche evaporada, azúcar, vino seco, vainilla y canela en polvo ―se mordió el labio con más fuerza―. Luego se fríe con mantequilla y listo.

―Oh. Suena rico, gracias. ¿Qué vino usaste?

―Un Malbore de Somotano. Y quiero saber qué haces con una reserva de vinos privada en una casa que acabas de alquilar.

Él le sonrió.

―Buena elección, aunque ese vino pertenecía a una colección muy exquisita ―continuó, ignorando el último comentario. Al ver que ella iba a disculparse, continuó―. No te preocupes, puedo conseguirme otro.

Nami le sonrió tierna. Se inclinó para besarlo en la mejilla, pero aquellos instintos regados por todo su cuerpo (o sus hormonas) la llevaron a asaltar sus labios. Luffy se sorprendió, pero no se apartó. La sujetó de la cintura y la acomodó sobre sus muslos. Él le acarició la piel desnuda por debajo de la falda gris. Oh, mierda. El tacto de su fina y suave piel lo quemaba por dentro. La escuchó gemir contra su boca. Oh, Dios.

Nami dejó escapar todo el aire dentro de su boca. ¿Podría olvidarse de su miedo a ser lastimada, de todas las formas posibles, y permitir que ese hombre al que había amado desde niña, con el cual había fantaseado cada noche desde hace años, le hiciera el amor sin control? ¿Podría permitirse el placer de ser poseída por quien siempre ha amado? Nami volvió a soltar un gemido cuando Luffy le pasó la lengua por el cuello. Sí, podía...Claro que podía.

El timbre de la puerta les hizo soltar un bufido de frustración.

―Espero que el imbecil que sea que haya tocado el maldito timbre se esté muriendo ―se quejó él con voz ronca.

Nami soltó una risita ahogada.

― ¿Quieres que vaya a abrir? ―se ofreció ella.

―No, iré yo ―Luffy la observó mientras le sonreía. Nami tenía las mejillas rosadas y los labios rojos e hinchados―. Um...

―Deja de verme como si fuera un caramelo y no hallas comido en un año ―ella se ruborizó―. Oye...

―Pareces un caramelo y no como desde hace diez años ―se acercó a su boca, pero el timbre volvió a sonar. Soltó una maldición―. Voy a ver que quiere ese imbecil.

Nami se puso en pie para que él hiciera lo mismo y se marchó, dejándola con aquel calor en el cuerpo que podría quemar la casa entera.

Continuara…


ESO ES TODO POR HOY... YA NOS ESTAREMOS VIENDO ;) :) ... Reviews?