Capítulo 7
"Soy una gata en celo", pensaba Nami mientras sonreía.
Notó que cada músculo de su cuerpo estaba tenso y adolorido. Por Dios, Luffy era un salvaje. Sonrió involuntariamente mientras deslizaba sus dedos por el cuello. Recordaba sus besos, los mordiscos, su aliento chocando contra su piel, las palabras que le susurraba al oído...
Despertó de golpe de la ensoñación cuando notó el olor a quemado. Apagó la estufa y maldijo en voz baja. Adiós carne, adiós cena.
-Mierda -masculló-. ¿Ahora qué hago de cenar?
Luffy bajó las escaleras rápidamente al olfatear el olor a quemado. Al llegar a la cocina, descubrió a una Nami desnuda navegando por el cómodo espacio buscando que preparar.
-Los espaguetis me quedan geniales -dijo para ella-. No, no quiero. Mm... Si preparo carne, la voy a quemar de nuevo. Maldita sea. ¡Ajá! Creo que con esto puedo preparar una pasta italiana con camarones.
Él sonrió. Ahí estaba de vuelta la chica loca que lo había enloquecido cuando era un adolescente.
- ¿Qué haces? -le preguntó.
Nami dio un salto. Cuando sus miradas se encontraron, ella se sonrojó. Luffy seguía desnudo, igual que ella.
-Se me quemó la carne -le dijo-. Prepararé pasta italiana con camarones, ¿te gusta?
-No la he probado.
- ¿Y por qué tienes tantos paquetes de camarones congelados?
-Ni idea -sonrió burlón mientras se acercaba-. Yo sólo pedí una casa. De la comida se encargó otra persona.
Nami tragó saliva ante su acercamiento.
- ¿E-entonces te parece b-bien?
El pelinegro sonrió lascivo. La acercó a él de golpe, apretándole el culo.
-Tienes unas manos divinas, nena. Todo lo que haces con ellas es perfecto.
Ella se sonrojó.
-Déjame cocinar, Luffy.
El pelinegro la besó intensamente antes de alejarse.
-Estaré en el estudio -sonrió burlón-. Tengo que trabajar.
Luffy se marchó, dándole una magnífica vista de su trasero. Como deseaba seguirle hasta el estudio y...
-A cocinar, Nami -se regañó-. Nada de sexo. Comida. Necesitas comer. Jodida pervertida.
Nami colocó la comida sobre los platos cuarenta minutos más tarde. Preparó la mesa para los dos y tomó uno de los vinos que Luffy tenía en su sección privada.
-Luffy -lo llamó mientras colocaba los cubiertos-. La cena está lista.
Suspiró cuando se desplomó sobre la silla. Estaba cansadísima. El delicioso aroma de la comida le despertó aún más el hambre.
-Luffy -gimoteó-. Tengo hambre. Si no te apuras, empiezo sin ti.
No obtuvo respuesta. Ella comenzaba a preocuparse.
- ¿Luffy?
Asustada, se levantó del asiento y corrió hacia el estudio. Al intentar abrir la puerta, notó que estaba cerrada con llave. Golpeó varias veces.
- ¿Luffy? -gritó su nombre-. ¿Por qué la puerta está cerrad...?
Un Luffy con el rostro ceniciento abrió la puerta. Estaba vestido.
-Debieron decírmelo todo...Ahora es demasiado tarde -le hizo una seña para que entrara-. No, no lo haré...Me da igual...No...No es culpa mía.
Nami frunció el ceño, preocupada.
-Será mejor que busquen otra solución...No, no se la llevarán a ninguna jodida parte.
Colgó.
- ¿Todo bien?
-Sí -mintió-. Cosas del trabajo -acarició tiernamente su mejilla-. Tengo que salir.
Nami sonrió tímida.
-Bueno...
-Guárdame un poco de esa comida, que por cierto huele deliciosamente. Trataré de llegar temprano.
Nami asintió sonriente y se despidió de él con un beso fugaz. Luffy se marchó, maldiciéndose por haberle mentido.
Luffy estacionó el auto a dos calles de la estación. Caminó con cuidado, asegurándose que nadie lo siguiera. Al llegar al edificio, abrió la puerta con violencia, sin tocar.
-Ahora sí: explíquenme que mierda está pasando.
El superintendente Rayleigh se apartó de uno de sus colegas para hacerle frente.
- ¿Qué hace aquí, Luffy?
Luffy le sonrió de mala gana.
- ¿Qué cree que hago aquí? Necesito una explicación completa sobre Nami.
Rayleigh suspiró, como si esperara que Luffy se apareciera por ahí en cualquier momento, y lo condujo hasta su oficina. Cuando se aseguró que la puerta estaba bien cerrada, habló.
-El padre de Nami, no está muerto.
Luffy abrió los ojos como platos. Rayleigh levantó la mano cuando notó que él iba a hablar.
-Hydes es uno de nuestros mejores hombres, siempre lo ha sido. No había fallado una sola misión. Hasta el caso de Donquixote Doflamingo.
- ¿El contrabandista de joyas?
-El mismo -asintió-. Es un jodido hijo de puta con suerte. Nosotros le asignamos el caso a Hydes, pero Doflamingo descubrió que era policía, que tenía una hija, que ella era lo único que le quedaba y que era su pequeño pedazo de cielo. Cuando descubrió a Nami, lo acorraló a el.
-Pero...pero lo mató. Nami me dijo que lo había visto. Su padre murió en un accidente.
-No, agente. El está vivo.
La puerta de la oficina se abrió de golpe. Un hombre alto, impresionantemente parecido a Nami, entró.
- ¿Sr. Hydes? -preguntó él al reconocerlo-. ¿Pero cómo...?
-Hola, Luffy -le tendió la mano. Luffy, confundido, la apretó-. Ha pasado mucho tiempo ¿Qué tal todo?
Notó un rastro de amargura en su voz.
-Supongo que bien -contestó.
-Bien -Hydes soltó la mano-. Te preguntarás como es que estoy vivo. Porque mi hija no mintió. Yo si tuve un accidente. Lo único que, bueno, no morí en él.
-Eso es obvio, ¿pero cómo?
-Rayleigh decidió mientras yo estaba en coma que, para poder mantener a salvo a mi hija, debían fingir mi muerte -le sonrió malicioso, como un hombre que se odia a sí mismo-. Ha funcionado, porque los hombres de Doflamingo no la han tocado.
Luffy apretó la mandíbula.
-La dejaste sola -gruñó-. Pudieron ocultarla, tal como han hecho contigo. Tu hija ha llorado tu muerte por años.
-Lo sé -se desplazó lentamente por la oficina-. La he tenido vigilada -sonrió a medias-. Mi hermosa Nami es toda una mujer. Una mujer decente, trabajadora, responsable. Todo aquél que le hizo daño ya lo pagó.
Luffy entrecerró los ojos, creyendo saber de lo que hablaba.
-Te refieres al sujeto que le hizo daño, el que...
-El que abusó de ella -los ojos del Sr. Hydes se oscurecieron-. Me importa una mierda que Nami sólo diga que "fue muy rudo con ella" . En mi diccionario esto está debajo de la palabra "violación". Pero me da igual -sonrió frío-. Ya ha pagado por ello.
Luffy siente una corriente helada que le recorre por la espalda.
-Lo mataste -dice.
Nate sonríe, aceptándolo. Luffy no se movió. Hubiese deseado ser él quien le diera una lección al sujeto que le hizo daño a su Nami, porque ahora era totalmente suya, pero le agradecía en el fondo que fuese él quien lo hiciera. Después de todo, la dejó sola. No hubo nadie que la protegiera para que no pasara por esa experiencia.
- ¿Y por qué no vas donde ella? -le preguntó-. ¿Por qué no le dices: "Hola, cariño. Soy papá. Hice todo esto para protegerte"?
Hydes soltó una carcajada.
- ¿De qué diablos hablas? -le espetó-. ¿Crees que no tengo ganas de ir a abrazarla? ¿Crees que no extraño a mi niña? ¡Pues estás jodidamente equivocado! Pero no puedo ir donde ella. Doflamingo puede descubrir que estoy vivo, la usará para llegar a mí y puedo asegurarte que no va a dejarla tranquila.
-Entonces tráela contigo, protégela ¡Haz algo!
Hydes sacó un arma de su cinturón, apuntándole.
-Claro que haré algo al respecto: alejarte de mi hija.
- ¿Alejarme de...? ¿Por qué mierda vas a hacer eso?
-Porque eres policía, Luffy. Te dieron el caso de Doffy. Si Doflamingo averigua que ella está contigo, va a descubrir que Nami es hija mía. Será un juego muy divertido para él. No hice toda esta mierda para que aparezcas tú y la pongas en peligro.
-Yo no vine para ponerla en peligro. En todo caso yo puedo protegerla.
-No, no puedes. Doflamingo es un tipo peligroso, un sádico, un cerdo. No voy a permitir que le ponga las manos encima a mi hija. Nami es una mujer atractiva. Ese cerdo no va a tocarla.
- ¿Y tú qué pretendes que haga, Hydes? ¿Qué la deje como hice hace diez años?
-Sí. O, en caso de que no quieras, puedes escoger morir.
-Hydes -interrumpió Rayleigh-. Este no era el trato.
-Mi hija siempre ha sido parte del trato.
-Pero no matar a Luffy.
Hydes miró desafiante a Rayleigh. Luego clavó sus ojos oscuros y desesperados en Luffy.
-Decide pronto, Luffy. Te vas o te mato, pero dilo ya.
-No la voy a dejar -gruñó-. Nami es mi mujer.
Hydes soltó una maldición.
- ¿Te atreviste a tocar a mi bebé? -gritó-. Jodido bastardo ¡Mi hija no es una puta!
- ¿He dicho que lo fuera? -volvió a gruñir-. Es mi mujer. Te guste o no, Nami es mía. Yo voy a protegerla, pero no me voy a apartar de ella.
-Oh, sí que lo harás.
- ¿Qué ganas con apartar a todos de ella? Te apartaste tú, me quieres apartar a mí ¡Tu hija está sola allá afuera! Lo que necesita es amor, no que la dejes sin quien la pueda querer ¡CON UN CARAJO, HYDES! ¡YO LA QUIERO!
Nate disparó sin contemplación. Un disparo. Dos disparos. Tres disparos. Observó a Luffy en el suelo, respirando arduamente, con su sangre esparciéndose por el suelo. Pronto, muy pronto, sería uno menos en la lista de los hombres que tocaron a su niña.
-Muérete, Luffy -gruñó-. Mi hija va a estar mejor sin ti.
Observó a Rayleigh.
-Sabes lo que sucederá si dices alguna palabra.
Continuara…
