Capítulo 8
"Han pasado muchas horas", pensó Nami con preocupación. Luffy se había marchado hace más de seis horas, no había llamado ni enviado un mensaje para dejarle saber que se tardaría. No había querido probar bocado, así que la comida no tardó en enfriarse. Un doloroso hueco se le formó en el estómago a medida que las manecillas del reloj se movían. Se levantó del sofá y caminó hacia el estudio de Luffy. Halló el número de Rayleigh y consiguió marcarlo con dedos temblorosos. Contuvo un grito de exasperación cuando nadie respondió a la llamada. Volvió a llamar una segunda vez, una tercera, una cuarta.
-Rayleigh -respondió.
Nami suspiró a aliviada.
-Disculpe que lo llame, señor Rayleigh. Soy Nami Hydes, amiga de Luffy. Tengo entendido que usted es su jefe.
Rayleigh suspiró.
-Sé quién es usted. En efecto, soy el jefe de Luffy. De hecho, él me pidió que la llamara, pero he estado ocupado.
- ¿Le pidió que me llamara? ¿Para qué?
-Luffy pidió que lo trasladaran a Rusia.
Nami contuvo el aliento.
-Oh, ¿y c-cuando regresa?
-Ha dicho que no va a regresar. Pidió que no volviéramos a asignarle un caso en el que tuviera que viajar a Canadá.
Ella cerró los ojos con fuerza.
- ¿Sabe por qué? -preguntó con la voz estrangulada.
Rayleigh suspiró.
-Luffy es así, señorita. No es un hombre de una sola relación, sino de varias. Decidió trasladarse a Rusia porque, según él, usted no iba a perdonarle que se marchara.
La pelirroja apretó los dientes.
-Tiene razón.
Colgó el teléfono. Lo apretó con fuerza entre sus manos y chilló. Chilló como si estuviese muriéndose, como si un puñal frío marcara una gran "˜X" en su corazón, desangrándose.
"¿Me amas?"
"Sí."
"Bien, porque me estoy enamorando de ti."
Se maldijo a ella misma y lanzó con fuerza el teléfono. Se dejó caer al suelo y se envolvió entre sus propios brazos. Deseaba hacerse pequeña y, entonces, aún más pequeña y más pequeña, hasta desaparecer. ¿Cómo había caído tan fácil en las palabras dulces de un hombre que, incluso años atrás, ni siquiera le había interesado como mujer?
-Era tan obvio -chilló-. Sólo le importó el sexo. Qué estúpida fui.
Se secó las lágrimas con violencia y corrió hacia la habitación para buscar su ropa. Tenía que irse de esta casa donde el único hombre que había amado le había destrozado el corazón.
Nami había ido a su casa, había tomado un baño y se había quedado dormida por un par de horas. Decidió que, en cuanto amaneciera, iría a trabajar. Necesitaba, debía, distraerse para olvidarse de Luffy.
Luffy.
Recordar su nombre le abría un espantoso hueco en el estómago. Contuvo el aliento y luego de varios segundos, lo expulsó. Le dio un trago de su café antes de entrar a su lugar de trabajo. Los empleados iban de aquí para allá. Notó que varios policías revisaban alguno que otro documento, salían de la oficina de archivos y de fotocopias. Nami frunció el ceño.
-Disculpe, ¿es usted empleada del señor Sanji?
Nami tragó saliva ante la pregunta del agente.
-Eh, sí. S-soy una de sus asistentes secretariales ¿Por qué?
El agente frunció el ceño.
-Mm, ¿usted es la mujer del otro día? La que hizo la llamada por...
-Sí, soy yo -lo interrumpió. No quería recordarlo. Ese día se había reencontrado con Luffy-. ¿A qué se debe tantas preguntas?
-Dígame su nombre, por favor.
-Nami Hydes.
-Venga conmigo.
Nerviosa, ella obedeció. El agente la condujo a una oficina vacía. Allí sólo estaban ellos dos.
-Necesito hacerle algunas preguntas -estiró el brazo hacia la silla, indicándole sentarse. Ella obedeció-. Tengo entendido que usted se encontraba en los almacenes donde guardan todos los documentos a altas horas de la noche. Ese horario no corresponde a su horario de trabajo.
-Mi jefe me pidió que fotocopiara y guardara unos documentos con urgencia, así que me quedé un rato más.
- ¿Sola?
-Bueno...supuse que no, aunque no pensé en ello. El señor Sanji tiene guardias custodiando el edificio a todas horas, así que creí que no iba a pasar nada como eso.
- ¿Vio usted a alguno de los hombres?
-Estaba oscuro -agitó la cabeza-. Además estaba asustada, no pude fijarme bien.
- ¿Tiene alguna idea de qué cosa podría resultarles interesante?
-En ese lugar sólo hay papeles, contratos, pagarés, etcétera.
- ¿Algo en la empresa, aparte de papeles?
-Estoy segura de que buscaban algo en ese almacén. Quiero decir: uno de ellos dijo que le mostraran el archivero. Ese mismo día, horas antes, estuve ahí. Había dos hombres, creo. Los dos estaban molestos porque no pudieron abrir un archivero.
El agente asintió.
-Gracias por su cooperación -dijo.
Nami frunció el ceño.
- ¿Eso es todo?
El agente volvió a asentir.
- ¿Entonces puedo empezar a trabajar? Seguramente el trabajo está hasta...
El agente agitó la cabeza.
-El señor Kuroashi me ha entregado una lista de sus empleados menos confiables y, lamento tener que decirlo, pero me pidió que, luego del interrogatorio, le avisara que está despedida.
Ella contuvo el aliento. Se maldijo ella, maldijo a Luffy y maldijo a Sanji. Los hombres eran una basura.
-Lo lamento, pero es requisito una recomendación.
Nami suspiró desesperada y se puso en pie. Intentó sonreír cuando alargó la mano hacia el hombre canoso.
-Entiendo. Le agradezco el tiempo que me brindó.
El hombre canoso aceptó el apretón y sonrió apenado.
-Espero que me entienda, señorita. Yo sólo me encargo de contratar al personal según los requisitos que mi jefe solicita. Si no tiene la recomendación y la contrato, cuando él me la pida, quien va a perder el trabajo seré yo.
-No se preocupe, lo entiendo perfectamente.
Dio media vuelta y salió de la oficina. Las mujeres que esperaban por la entrevista voltearon a verla.
-Te dije que no la iban a escoger -dijo una rubia.
-Tiene una cara de zorra que no puede con ella -murmuró una pelirroja-. Como asistente no iba a servir.
Nami apretó los dientes y se marchó. Estar desempleada apesta, sobre todo cuando había perdido un empleo seis veces en dos años. Una parte de ella sabía que Sanji, su antiguo jefe, tenía algo que ver. No sexo, no trabajo. Era su forma sutil de vengarse de ella.
Caminó por la calle, preocupada. Hace dos meses se había quedado sin empleo como asistente de un amargado vendedor de enseres electrónicos. Sin embargo, él no tardó en despedirla cuando, por accidente, tropezó y el café caliente cayó en sus pantalones.
"Oh, un café seguramente me caerá genial", pensó.
A menos de diez minutos encontró la cafetería "Beautiful Collide´s Coffee" . Adentro hacía calor, lo cual era perfecto. Afuera hacía mucho frío. Una chica morena, de cabello negro y enormes ojos azules se le acercó sonriente.
- ¿R-Robin? -tartamudeó Nami.
La chica frunció el ceño.
-Perdone, ¿me conoce?
- ¡Claro que te conozco! -rió-. Soy Nami Hydes. ¿No te acuerdas de mí?
Robin abrió los ojos como platos.
- ¡Nami! -gritó emocionada. Se lanzó sobre ella para abrazarla-. Oh, por Dios -soltó el abrazo-. ¡Estas muy cambiada! Te juro que no te reconocí.
Nami se sonrojó. Robin había sido siempre su mejor amiga, pero sus padres decidieron irse a Estados Unidos cuando las dos tenían doce años. Cuando Robin, al cumplir los dieciocho, decidió vivir en Inglaterra, jamás volvieron a comunicarse. Oh, como la había extrañado.
-Pero, ¿qué te hiciste? -le preguntó Robin.
La chica soltó una carcajada.
-No me hice nada, Ro.
- ¡Algo te hiciste! Mira esos pechos, Nami. Tienes pecho para regalar.
-Cállate -se sonrojó-. No cambias, Ro.
-Es que, Nami, ¿dónde está la niña plana que no tenía pechos ni trasero? Y esas piernas, wow. Si yo fuera lesbiana, fantasearía contigo.
Dos hombres en la mesa cercana voltearon a verla. Deseó no haberse puesto un vestido.
-Robin -murmuró apenada-. ¿Vas a atenderme o no?
-No, nada de eso -se quitó el delantal-. Koala, voy a tomarme un receso.
-No te tardes -la rubia le sonrió-. Este lugar está llenísimo.
-No quiero molestarte -se disculpó Nami-. Podemos vernos más tarde.
-Si tanto quieren hablar, dile a tu amiga que te ayude con las mesas -dijo la rubia-. Nos vendría ayuda. Con eso de que renunció una chica esta mañana, estamos al tope.
- ¿Necesitan una empleada? -preguntó Nami-. Yo necesito un empleo. Si pudiera...
Robin chilló.
-Eso sería genial ¡Trabajar juntas! -volvió a colocarse el delantal-. Te buscaré un delantal.
-Robin, tienes primero que consultarlo con Zef.
-Rebecca, por favor. Cuando le diga que le conseguí una empleada me lo agradecerá ¡Pásame un delantal!
Rebecca puso los ojos en blanco y fue por uno.
-Espera, ¿tú que haces trabajando de mesera? ¡Tienes dinero de sobra!
Robin se mordió el labio.
-La verdad es que no. Mis padres me congelaron la cuenta.
- ¿Por qué?
-Mira: cuando me fui a Inglaterra, conocía a un británico más duro y delicioso que el chocolate. Me gustó tanto que, cuando me pidió que me casara con él, acepté ¡Hasta dejé de estudiar! Mis padres me cancelaron las tarjetas, por ende vivía de mi delicioso marido. Lo malo es que a los dos años de casarme descubrí que es un fanático del fútbol y de golpear a las mujeres. Así que regresé a Canadá. Sin dinero ni estudios, tuve que conseguir este empleo.
-Madre de Dios ¡Estuviste casada!
-Si, pero es cuento viejo ¿Tú que me cuentas? ¿Te casaste, tuviste novio? Seguro tuviste alguno, para darle gusto al cuerpo.
Los dos hombres de al lado sonrieron.
-Basta, Ro -se sonrojó-. Cielos, no seas tan abrupta.
-Como sea, pero cuenta.
-Pues...estuve con un sujeto, pero no duramos mucho.
- ¿Qué tal era el sexo con él?
-Con ese bombón, de maravilla -comentó uno de los hombres de la mesa.
-No interrumpas, Lucas -dijo Robin-. ¿Y bien?
Nami hizo una mueca.
-Malísimo -Robin asintió.
-Qué pena. Seguro se la daba de muy macho. ¿Y ya, con ese nada más?
-Bueno... -se mordió el labio-. ¿Recuerdas a Luffy?
-Luffy...Luffy...
-Luffy James.
Robin soltó una carcajada.
-Oh, sí. Señor nalgas-de-acero -se aclaró la garganta-. Una vez, Koala y yo nos colamos al baño de hombres. Oh. Dios. Luffy estaba como un tren. ¿Por qué lo mencionas, a propósito?
Nami apartó la mirada. Robin entendio al instante.
- ¿Te acostaste con él?
- Cierra el pico -murmuró y luego suspiró-. Sí.
- Dios. Cuéntame ¿Qué tan bueno es en la cama?
- Es un salvaje, un bruto... Es un maldito animal.
Robin frunció el ceño.
- ¿Te lastimó?
Nami bufó.
-Le dije que estaba enamorada de él, pero Luffy me hizo creer que se estaba enamorando de mí sólo para acostarse conmigo. Simplemente se marchó. ¡Ni siquiera me dio la cara! Envió a su jefe a decírmelo.
Robin parpadeó.
-Luffy no te abandonó -dijo ella.
-Como digas.
-No, no. O sea...Luffy es directo y derecho ¡Siempre te dice las cosas a la cara! Si hubiese deseado marcharse luego del sexo salvaje, no le daría problema decírtelo de frente.
-Pues lo hizo, nunca me dio la cara.
Su mejor amiga le puso las manos en los hombros.
- ¿Estás segura de que te dejó?
-Robin, por Dios. Su jefe me lo dijo: se fue a Rusia porque no quería verme.
-Mierda, Nami. Cuando un hombre va a dejarte, tiene que decírtelo en la cara. Sino, sabrá Dios si fue un plan de alguien para separarlos.
-No. ¿Quién iba a querer hacerlo? Olvida este jodido asunto.
-No, no lo haré. Sabes bien que mi intuición femenina nunca me falla. Debemos localizar a Luffy. Que él te explique por qué se fue.
-Que no. Dame un maldito delantal y vamos a trabajar, ¿quieres?
Continuara…
SORRY POR EL RETRASO... ahora que comienza diciembre mi familia comienza con el ADVIENTO...una celebracion que tenemos cada fin de semana hasta el ultimo domingo antes de navidad...dicho esto, hoy cuatro capitulos para todos ustedes ... ;) :)
