Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a Richelle Mead, todo lo demás es mío.


Capítulo 2.

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Dejamos la camioneta en el garaje de la corte y con nuestras maletas, comenzamos a andar hacia las habitaciones de la corte. Christian se quedaría en el mismo edificio que ocupaba Lissa, yo me quedaría en los dormitorios para los guardianes y Lena en una de las habitaciones para invitados. Christian se fue disparado hacia con Lissa mientras que yo llevé a Lena.

-¿Dimitri? –escuché una voz cantarina, me giré para ver a Jill y a Mia caminando cerca de nosotros, Jill había hablado y corría hacia mí.

-¡Hola Jill! –le saludé. Ella corrió y me abrazó.

-¡Estas aquí! Pensé que no vendrías, Lissa dijo que tal vez no lo harías –dijo con su voz cantarina. Le sonreí un poco.

-Claro que vendría, Jill. ¿Cómo han estado?

-Bien, Liss…

-¿Quién es ella? –preguntó Mia mirando a Lena con desconfianza.

-Jill, Mia, ella es Yelena Vólkova, una amiga de Massachusetts –ambas chicas la saludaron-. Lena, ellas son Jill Dragomir y Mia Rinaldi.

-Un placer –respondió Lena saludándolas con la mano.

-¿Estarán ambos en la cena de hoy? –preguntó Jill con alegría mientras caminaban junto a nosotros. La miré con extrañeza, Mia se rió.

-¿Jill agarró a Dimitri con la guardia baja? ¡Wow!

-Ahí estaremos –dije mirándolas con una media sonrisa. Jill gritó.

-¡Genial! Eso quiere decir que iremos de compras.

-¿De compras? Jill tienes mil vestidos –dijo Mia mirando a Jill con asombro, Jill soltó una risita.

-No para mí, ¡para ella! –dijo Jill señalando a Lena, Lena la miró con el entrecejo fruncido.

-¿Un vestido? ¿Para qué diablos necesito un vestido?

-Cenaras con la reina, hay cierto protocolo –dijo Mia como si fuese lo más natural del mundo. Lena estaba a punto de responder cuando llegamos a su habitación.

-Chicas, ¿por qué no la dejan descansar un momento? Les aseguro que estará lista para la cena.

Jill dudó por un momento pero al final aceptaron y ambas chicas desaparecieron tan pronto como aparecieron. Lena bostezó, habíamos llegado a la corte apenas había oscurecido, Christian y yo sabíamos que llegábamos temprano en la mañana moroi, para Lena era de noche (a pesar de su horario nocturno en Harvard) y ella quería dormir.

-Dime que es una broma eso de una cena real –dijo tirándose en la cama boca abajo después de dejar sus maletas en el suelo.

-Me temo que no, Jill hablaba muy enserio, y ella no se atreve a desobedecer a su hermana.

-¡Oh diablos! No me digas que Jill es una especie de princesa.

-Sí, lo es. Y es la hermana de la reina.

-¡Rayos! –dijo haciéndose un ovillo en la cama. Me senté a un lado de ella.

-Hay otra cosa que quiero decirte, Lena -me puse serio casi de inmediato, lo que hizo que Lena se sentara a un lado de mí.

-¿Qué pasa?

-Bueno, son dos cosas. Una es que, Christian y yo olvidamos mencionarte que aquí, el horario es nocturno, los moroi viven en la noche. Llegamos en plena mañana.

- Bueno, eso lo deduje al llegar –dijo ella con una sonrisa-. Era muy extraño que llegáramos y hubiera mucha gente activa –aclaró, le sonreí pero inmediatamente mi sonrisa cayó-. ¿Qué es lo otro?

-Rose… -la miré y cerré los ojos. Lena me dio un pequeño apretón en la mano.

-¿Qué pasa con ella?

-Rose era la mejor amiga de Lissa.

-Oh…

Pocas veces tomabas a Lena con la guardia baja. Esta era una de ellas. A pesar de todo lo que le había dicho sobre mi relación con Rose, jamás mencioné a Lissa, ni siquiera le mencioné que Christian la conocía. Por lo que sabía, ella creía que había ido a trabajar con Christian para superar la muerte de Rose. Lena me miró y sonrió.

-Lo tendré en mente.

-Te dejare dormir –dije levantándome de la cama y tomando mis cosas.

-¿Dimka? –me giré y la vi.

-¿Huh?

-Gracias.

-¿Por qué? –pregunté extrañado, Lena se levantó de la cama, caminó hacia mí y me abrazó. Solté mis cosas y la abracé.

-Por no dejarme sola en Massachusetts –dijo finalmente. Le di un beso en la coronilla.

-Te dije en la mañana que no te dejaría.

-Hoy se cumplen cuatro años, Dimka –dijo en un susurro. Me congelé por un momento y después la abracé más fuerte.

-¿Por eso llorabas en la mañana?

-No.

-¿Entonces?

-Lloré porque por primera vez en cuatro años soñé con alguien más.

-¿Ah sí? ¿Puedo saber quién robó tus sueños esta mañana?

-Sí. Tú –me quedé congelado, Lena hundió su cara en mi cuello.

-Lena…

-¿Dimitri? –escuché una voz familiar que me llamaba, solté a Lena como si de lava caliente se tratase y miré hacia la puerta que había olvidado cerrar.

Ahí parada en el umbral mirándome con dolor estaba Lissa.

Lissa Dragomir, la mejor amiga de Rose.

Y junto a ella estaban Christian y Janine Hathaway, la madre de Rose.

Los miré a todos con mi expresión de guardián, me acerqué a Lissa y la abracé rápidamente con cautela. Lissa estaba en shock tanto como yo por verla ahí. Janine, como la excelente guardiana que era, no mostraba emoción alguna en su rostro, pero yo sabía que tanto ella como Lissa estaban sorprendidas por encontrarme en una acción tan íntima con Lena. Christian, ajeno a todo, entró en la habitación, tomo a Lena por el brazo y la arrastró hacia afuera.

-Mira Liss, ella es Lena, la chica de la que te hablé -Liss la escudriñó con la mirada y después movió la cabeza.

-Tú eres la tutora de Christian –dijo finalmente tendiéndole una mano-. Yo soy Vasilissa Dragomir, su novia.

-Yelena Vólkova, su majestad –respondió Lena estrechando su mano.

-Ella es la guardiana Janine Hathaway –dijo Christian abrazando a Lissa y señalando a Janine. Lena le extendió la mano tímida, Janine le respondió el saludo rápidamente.

-Eres guardiana como Dimka.

-Así es, señorita Vólkova.

-Llámeme Lena, solo mi padre me llamaba Yelena –dijo finalmente Lena con una sonrisa. Janine asintió con la cabeza.

-Espero no estemos importunando nada –dijo Lissa con la voz dura, la miré con sorpresa pero solo negué con la cabeza.

-No, en lo absoluto. Dimka solo me consolaba por la muerte de mi prometido, eso es todo –dijo Lena con cortesía, Christian la miró con sorpresa.

-¿Prometido? ¿Por qué diablos no me habías dicho que tenías un prometido? ¿Por qué no me habías dicho que tenías un prometido muerto?

-¡Christian! –lo reprendió Lissa. Lena sonrió.

-Porque eso no te serviría de nada en tu clase de historia.

-¡Pero yo te hablo de Lissa todo el tiempo!

-Creo que la señorita necesita descansar –dijo Janine interrumpiendo a Christian, Lena le dio una mirada de agradecimiento. Tomé mis cosas y me despedí de Lena.

-Trata de dormir un poco –le dije, Lena asintió-, al rato vendré por ti para ir a la cena.

-Si te despiertan las pesadillas, ve con el hombre de la recepción, él te indicará donde está el gimnasio –dijo Christian sonriendo-. Buenas noches.

-Gracias.

El camino fuera del edificio donde estaba Lena estuvo lleno de un silencio incómodo. Lissa caminaba rápidamente tomada de la mano de Christian, Janine y yo los seguíamos en silencio. Cuando llegamos al edificio de los guardianes, Lissa se despidió diciendo que tenía asuntos del consejo que resolver y se fue seguida por Christian y Janine, cosa que agradecí. Deseaba estar solo.

Dejé mis cosas en el armario de la habitación en cuanto llegué a mi dormitorio. Me quité la gabardina y la colgué también, tomé una toalla y me metí al baño. Me di una ducha mecánicamente, en mi mente estaba la mirada llena de dolor con la que Lissa me había mirado en la habitación de Lena. ¿Se sentiría traicionada? ¿Ella? ¿Janine?

Miré al piso, ¿qué pensarían de mi todos los demás? Lena era solo mi amiga pero, claramente creían que era algo más. Christian lo había dicho, novia. ¿Era ella mi novia? No, claro que no. Pasábamos bastante tiempo juntos, pero era por las tutorías que le daba a Christian y además, Lena era tan antisocial como Christian y yo, por lo que terminó estando en todos lados con nosotros fuera de clases.

Pero era solo nuestra amiga. Suspiré. Claro estaba que en las madrugadas, cuando las pesadillas me despertaban, siempre corría al gimnasio, a veces me engañaba a mí mismo diciendo que iba al gimnasio a correr, y así había sido los primeros seis meses, pero la verdad era que después de nuestra primera plática en su apartamento, iba ahí porque sabía que ahí estaría ella. Sentía un extraño confort junto a ella. Tal vez porque solo ella sabe que decir, o no decir.

Salí de la ducha y me cambié rápidamente. Estaban a punto de hacerse las 11, había dejado a Lena en su habitación para que durmiera pero estaba seguro de que no lo hacía. Tuve un impulso de ir hacia ella pero me contuve, que siguieran haciéndose ideas erróneas sobre nosotros no estaba en mis planes por lo que desistí de ir y mejor fui hacia el edificio de Lissa.

Sin embargo, Lissa no estaba, o eso me dijo la chica de la recepción de la corte. Aunque yo sabía que Lissa estaba evitándome. Me di la vuelta y bajé hacía el bar donde una vez Rose me había llevado, solo unas cuantas personas estaban ahí. Me senté en la barra y pedí un poco de Vodka.

-¿Mala mañana, Belikov? –me giré para ver a Adrián Ivashkov caminando hacia mí.

-Ivashkov –respondí. Adrián se sentó a un lado de mí y le hizo una seña al mesero quien inmediatamente le dio un vaso de whisky en las rocas.

-No has respondido mi pregunta.

-No tengo porque hacerlo.

-¿Es verdad lo que dice Jailbait?

-Jill dice muchas cosas.

-Jill dice que tú y Christian vienen acompañados de una hermosa moroi rusa.

-¿Estás interesado, Ivashkov?

-Tal vez…

-Bueno –me tomé el vodka de un trago y dejé unos billetes en la mesa-, tendrás que preguntarle a ella –le dije levantándome y dejándolo solo.

De todas las personas de la corte, la última que deseaba encontrarme era con Adrián Ivashkov. Al verlo, todo lo que había trabajado estos últimos tres años se había ido por la borda. Él me recordaba a Rose más que todos los demás, más que Lissa o Janine, él la había amado tanto o incluso más que yo, Adrián era la razón por la cual Rose y yo habíamos terminado juntos, él la había ayudado a pesar de sus sentimientos y yo sabía que él había sufrido tanto como yo con su muerte. Si había alguien en el mundo que supiera como me sentía era él.

Toqué la puerta y casi inmediatamente se abrió, mostrando una Lena vestida solamente con una toalla cubriendo su cuerpo. La miré con sorpresa y ella sonrió débilmente, tenía los ojos rojos e hinchados, inmediatamente supe que no había dormido y en su lugar solo había estado llorando. Entré a la habitación, teniendo el cuidado de cerrar la puerta detrás de mí, y abrí los brazos, Lena inmediatamente caminó hacia mí y hundió su cara en mi cuello. La abracé y ella comenzó a sollozar.

-¿Estás mejor? –pregunté después de dejarla llorar un rato, Lena sorbió la nariz y me miró.

-Sí, gracias –se alejó de mí y señaló el baño-. Estaba a punto de darme una ducha cuando llegaste.

-Puedo regresar luego…

-¡No! –Dijo interrumpiéndome, le sonreí y ella se encogió de hombros- No quiero estar sola, es demasiado raro aquí.

Le sonreí y ella se metió en el baño. Me senté en la cama y comencé a mirar alrededor, la cama era grande y mullida, la habitación era espaciosa, de color blanca con decoración roja y dorada. La puerta del armario estaba abierta y su ropa estaba acomodada en las perchas, en la mesita de noche estaba su teléfono móvil junto con un libro y un cofre negro.

Sonreí sin pensarlo y me recosté en la cama. A pesar de que la cama estaba aún hecha podía sentir el aroma de Lena en la cama, de nuevo sonreí, olía a flor de loto y fresias, pero era un olor suave, no exagerado, el apartamento donde vivía con Christian siempre tenía ese ligero aroma después de que se iba.

-¿Dimka?

-¿Huh? –respondí con un hilo de voz un poco adormilado. Lena rió bajito.

-Dimka, no te duermas.

-Tuve un día difícil –respondí cubriéndome los ojos con el antebrazo.

No escuché ningún ruido por un momento, lo cual me hizo quitar el brazo de mis ojos, pero en cuanto lo hice me quedé estupefacto. Lena estaba de espalda a mi completamente desnuda, a pesar de nuestra cercanía y las noches que pasaba en su apartamento, jamás habíamos tenido ningún tipo acercamiento carnal, me quedé sin habla.

Era delgada, sin duda alguna, pero a diferencia de la mayoría de los morois de la corte, Lena tenía curvas. Ya sea por tanto ejercicio que realizaba o porque simplemente la genética era generosa con ella, su piel era pálida pero tenía un ligero bronceado, producto de tantas horas al sol, y, para mi sorpresa, tenía un curioso tatuaje en la parte media de su espalda. Antes de que pudiera si quiera fingir que no había visto nada, Lena volteó y me miró levantando una ceja.

-¿Ves algo que te guste?

-Uhmmm –tragué en secó y eso fue lo único que salió de mi garganta. Lena tomó un albornoz de seda negro y se cubrió con él. Sus ojos tenían un brillo especial.- Lo siento –dije sonrojado. Lena se acercó y se sentó a un lado de mí.

-Dimka…

Fue todo lo que dijo antes de que sorpresivamente estampara mis labios con los de ella. Lena no se sorprendió, como si estuviese esperando mi reacción solo se dejó besar. La acerqué a mi tomándola del cuello y ella enredó sus dedos en mi cabello, era un beso lleno de anhelo, desesperación y dolor. Se sentía tan bien después de tanto tiempo de no sentir unos labios en los míos, pero al mismo tiempo se sentía mal, estaba mal.

-Lo siento, no debí –dije alejándome lentamente de ella, Lena me miró confundida y luego se levantó.

-¿Por qué no?

-Está mal.

-¿Por qué?

-Porque… -me quedé pensando un momento en silencio.

¿Por qué estaba mal? ¿Por Rose, por Lissa, por Janine o por Kalevi? De alguna forma sentía que le estaba fallando a Rose y con ello a Lissa y a Janine, aunque… Rose estaba muerta. Llevaba muerta dos años, ¿y yo? Estaba muerto en vida desde que encontré su cuerpo inerte en el bosque. ¿Por qué estaba mal? No lo sé.

-Llegaremos tarde a la cena –fue todo lo que dijo Lena trayéndome de vuelta a la realidad.

La miré confundido, ella parecía mucho más compuesta que yo. Como que si lo ocurrido jamás hubiera pasado. La miré y asentí pasmado. Lena se puso un chal sobre los hombros desnudos y abrió la puerta, la seguí en silencio hasta la puerta del edificio donde estaba su habitación y entonces se detuvo.

-¿Por qué te detienes?

-No sé a dónde ir –respondió ella con naturalidad. Me sentí como un tonto, ella no conocía la corte como yo.

El viaje al comedor donde se llevaría a cabo la cena fue silencioso. Ni Lena ni yo dijimos nada, yo porque aún estaba muy confundido como para decir algo y ella… bueno ella siempre es buena sabiendo cual es el momento perfecto para guardar silencio. Cuando entramos ya estaban todos, o casi todos, ahí, y hasta ese momento pude darme cuenta quienes serían los asistentes a la cena.

Lissa estaba en la cabecera de la mesa, a su derecha estaba Christian y a su izquierda Jill. La silla a un lado de Jill estaba vacía, después estaba sentada Mía. Las dos sillas a un lado de Christian estaban vacías, por lo que supuse que esas serían las nuestras.

-Siento la tardanza –dije disculpándome con todos, Lissa me miró y asintió con la cabeza sin decir nada. Justo cuando estábamos a punto de sentarnos, la puerta se abrió precipitadamente y Adrián entró.

-Siento llegar tarde… tuve un… -los ojos de Adrián se posaron en Lena y su mirada cambió rápidamente- Hola.

Hasta que noté la mirada cargada de lujuria de Adrián noté realmente la apariencia de Lena.

Su largo cabello estaba agarrado en una sencilla pero elegante trenza, sus ojos grises maquillados de negro que hacían resaltar aún más el enigmático color de sus ojos. Y su cuerpo, ese delgado y curvilíneo cuerpo que me había dejado sin habla hace unos momentos en la habitación, estaba envuelto en un sencillo vestido negro que abrazaba sus curvas como si de una segunda piel se tratase. Era claro que Adrián notó lo que yo estaba empeñándome en no aceptar, que Lena se veía arrebatadoramente sensual, y era obvio que acababa de poner sus ojos en ella.

Lena y yo nos sentamos seguidos por Adrián.

-Adrián, quisiera presentarte a Yelena Vólkova, tutora de Christian en Harvard –Adrián le hizo una reverencia a Lena y después sonrió.

-Un placer, Adrián Ivashkov.

-¿Ruso? –preguntó Lena con alegría. Adrián sonrió negando.

-Por más que me encantaría, no, americano, de ascendencia rusa, eso sí.

-Un placer igualmente –le respondió Lena con una sonrisa.

Los sirvientes inmediatamente comenzaron a traer los platillos para la cena, de los cuales no me fijé realmente en ninguno ya que estaba demasiado preocupado por la atención que Adrián le ponía a Lena. Mia y Jill le preguntaban a Christian como era la universidad y porque había tenido que necesitar una tutora, Lissa se tensó un poco ante la pregunta pero en silencio, continuó comiendo mientras escuchaba. La cena se desarrollaba en completa calma hasta que Liss decidió que quería saber todo sobre Lena, al parecer no había olvidado que a pesar de ser Moroi, Lena no sabía nada sobre nuestro mundo.

-¿En qué parte de Rusia naciste? –preguntó suavemente.

-En Chukotka, al nordeste de Rusia –respondió ella. Lissa la miró con el ceño fruncido.

-¿Y solo naciste allá o viviste ahí por un tiempo? Tu acento no es muy marcado como el de Dimitri –preguntó Adrián con una sonrisa, comencé a apretar los puños alrededor de los cubiertos.

-Viví ahí hasta los quince, entonces mi padre dejó su trabajo y vinimos a Estados Unidos y fuimos a vivir a Ohio.

-¿Tu padre? ¿Vive contigo en Massachusetts?

-No, vivo sola. Mi padre murió cuando cumplí los dieciocho –la mirada de Lissa se ensombreció.

-¿Y tu madre? –preguntó Liss seria.

-Mi madre murió poco después de que yo naciera, no recuerdo nada de ella. Mi padre solía decir que era idéntica a mí pero jamás lo supe. No guardó fotos ni ningún recuerdo de ella.

-¿Por qué? –preguntó Mia con la mirada llorosa, Jill le dio un pequeño apretón de manos.

-No lo sé, demasiado doloroso, quizá. Jamás hablamos de ella.

-¿Cómo era tu vida con él? –preguntó Christian rápidamente. Al notar el interés de Christian por saber más de la vida de Lena me di cuenta que yo tampoco sabía demasiado.

-Bueno, vivíamos entre los humanos. Papá era dueño de una compañía minera, extraían oro y petróleo. Yo fui a un internado hasta que vinimos acá.

-¿Y cómo te alimentabas? –me sorprendí al escuchar la pregunta de mis labios.

-Bolsas de sangre. Como mi padre pagaba mucho dinero por mi estancia allí me permitían tener mi habitación propia y nadie se metía conmigo, en el freezer tenía bolsas de sangre, jamás supe cómo se las arreglaba mi padre para siempre mantenerlas ahí.

-¿Y por qué vinieron a Estados Unidos? –preguntó Lissa. Lena sonrió a pesar de que sentía la hostilidad de la reina.

-La verdad nunca lo supe. Solo un día papá llegó al internado por mí y me dijo que vendríamos para acá.

-¿Qué hiciste al llegar a Ohio? –preguntó Jill con una sonrisa. Lena se la respondió.

-Papá me inscribió en la preparatoria pública, no más internados. Después conoció a una mujer humana llamada Jane, con la que se casó al poco tiempo. Nos mudamos con ella y su hija, viví ahí hasta que mi padre murió.

-¿Por qué? ¿Te corrieron? –preguntó Adrián con el ceño fruncido, como si la respuesta le pudiese molestar.

-No, claro que no. Yo decidí irme, mi padre amaba mucho a Jane y al pequeño Cheslav, incluso a Sydney.

-¿Quiénes son ellos? –preguntó Mia curiosa.

-Mi pequeño hermano y mi hermanastra.

-¿Entonces porque decidiste irte?

-A pesar de que Jane y Sydney sabían lo que éramos mi padre y yo, nos tenían miedo. Incluso a Ches. Así que decidí irme a estudiar lejos.

-Tu hermano pequeño es un dhampir y por lo tanto debe asistir a San Vladimir –dijo Lissa seria.

-¿Disculpa?

-Morois y dhampirs de todo el país asisten a San Vladimir para que se les dé la educación que merecen –respondió Lissa con voz autoritaria.

-Hasta ayer en la mañana supe que yo era parte de su sistema y recibí buena educación, creo que debería de ser a elección quien asiste a sus escuelas y quien no –dijo Lena con seriedad dejando su cuchara a un lado. Lissa la miró como si estuviera loca y frunció más el ceño.

-Nuestro sistema está hecho para protegernos de…

-¿De quién? ¿De esas cosas que llaman Strigois?

-Lena… -dije tomando la mano de ella intentando calmarla, ella soltó mi mano.

-Precisamente, de ellos. Nos cazan y nos matan, estamos diezmados por su culpa…

-Deberían de aprender a defenderse en lugar de mandar a otros a protegerlos, así gente inocente no moriría, tendrían a sus amigos con ustedes y no atacarían a sus invitados –dijo Lena levantándose y poniendo su servilleta en la mesa-. Y si me disculpa, su majestad, me retiro.

Y sin decir más, Lena salió por la puerta. Todos, incluyéndome, nos quedamos estupefactos en nuestros lugares hasta que una voz me sacó de mis pensamientos.

-¡Vaya! Creo que me he enamorado –dijo Adrián levantándose y saliendo detrás de Lena.


Hola, ¿qué tal? ¿Qué les pareció el capítulo de hoy? ¿Comentarios? Bueno pues quiero escuchar tooodo en sus reviews.

También, quiero agradecer a Danielle Franks y a las guest (o la guest no lo sé) por sus reviews, y si, seguiré la historia :)

Un enorme beso, Kat.