Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a Richelle Mead, todo lo demás es mío.
Capítulo 3
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-Dimitri, espera…
Fue lo último que escuche antes de salir del salón detrás de Adrián. Estaba seguro de que Lena se había dirigido a su habitación después del altercado con Lissa. Aún no podía creer que Lissa hubiese tratado a Lena de esa forma ni que Lena se hubiera atrevido a echarle en cara a Lissa que Rose había muerto protegiéndola.
Lena no era de las personas que esperaban atentamente ser atacadas para decir algo desagradable, por lo que el comentario de Lissa acerca de llevar al hermano pequeño de Lena a San Vladimir debió de molestarla bastante.
Cuando llegué a la habitación de Lena tenía el pulso acelerado, no por la carrera si no porque no sabía cómo era que arreglaría las cosas, pero, cuando estuve frente a la puerta de Lena escuché unas voces y sin realmente pensarlo me quedé petrificado escuchando.
-De verdad, Lissa no pretendía ofenderte –decía Adrián. Escuché unos cuantos pasos y luego silencio.
-Pues entonces, la reina tiene una forma muy extraña de recibir a las personas –dijo Lena finalmente soltando un bufido.
-Lissa es… Lissa. Nunca sabes cómo va a reaccionar, es el espíritu.
-Esa es una muy mala excusa, Adrián.
-Como usuario de espíritu estoy en todo mi derecho de defender que no es una excusa –se escuchó una risa y luego un bufido-. ¿De verdad te vas a ir?
¡¿Qué?! ¿Lena se iba a ir de La Corte por el altercado con Lissa? Sin pensármelo dos veces abrí la puerta y entré a la habitación. Lena estaba de pie frente a la enorme cama con su maleta abierta en la cama, tenía ropa en las manos; Adrián por su parte, también tenía ropa en las manos pero por su posición parecía que él en lugar de meterla a la maleta, la sacaba. Lena me miraba con el ceño fruncido y Adrián con una mueca divertida. Decidí ignorarlo.
-¿Cómo que te vas? –pregunté sin más. Lena me miró.
-¿Por qué espías detrás de la puerta? –respondió ella cruzándose de brazos.
-Responde.
-Responde tú primero.
-Lena… -bufé frustrado con las manos echas puño. Lena me miró y me miró hasta que bufó de nuevo.
-No quiero estar aquí –respondió finalmente.
-¿Por qué?
-No quiero estar cerca de ella, se comporta como una tirana, ¿cómo puede ser tu amiga?
-Es una larga historia –respondí aflojando mis manos, Lena me miró y levantó una ceja.
-Por si no lo recuerdas, tengo toda una eternidad para escuchar –estaba a punto de responderle cuando Adrián aplaudió sobresaltándome, había olvidado que estaba aquí, lo miré finalmente.
-¡Genial! ¿Eso indica que aceptarás salir conmigo una noche? –sin creerme lo que escuchaba, lo miré sorprendido por un momento para después mirar a Lena, aún seguía con el ceño fruncido.
-Adrián…
-No respondas ahorita, solo piénsalo –Adrián caminó hacia la puerta y con un movimiento de cabeza se despidió antes de salir y cerrar la puerta.
Lena y yo nos miramos en silencio por un buen tiempo. No era la primera vez que discutíamos, en otras ocasiones habíamos tenido desacuerdos muchas veces, pero jamás habíamos peleado al grado de retarnos con la mirada. Sus ojos echaban fuego, tenía las mejillas sonrosadas, el cabello alborotado y el sexy vestido aún puesto.
La miré detenidamente, los zapatos de tacón estaban a un lado de la cama, estaba descalza, y con el cabello alborotado como lo traía, parecía como una ninfa salvaje. Un ángel. Me acerqué lentamente, Lena aún tenía los brazos cruzados sobre el pecho presionando sus senos y haciéndolos ver todavía más voluptuosos de lo que eran, estaba nervioso.
-Dimka… -susurro Lena cuando estuve frente a ella, le puse mi dedo índice en los labios haciéndola callar.
-No quiero que te vayas, no podría estar aquí sin ti.
-¿Por qué? Ellos son tus amigos, tu familia…
-Mi familia me cree muerto.
-Pero ellos no.
-No puedo estar aquí sin ti –le repetí. Los ojos de Lena aun me mostraban furia, pero con compasión y tristeza al mismo tiempo. Me acerqué lentamente a los labios de Lena, llenándome con su aroma-. No me dejes, por favor –le susurré sobre los labios.
-Nunca –susurró Lena acortando el espacio entre nosotros y juntando sus labios con los míos.
Lena enredó sus manos en mi cuello, yo la acerqué a mí poniendo mis manos en su espalda baja. Introduje mi lengua en sus labios lentamente, iniciando una sensual danza en su boca, Lena enredó sus dedos en mi cabello y yo la apreté más a mí, sus senos se estrujaban en mi pecho y no pude evitar soltar un jadeo al sentirlos contra mí. Lena me miró con sus cristalinos ojos grises y me besó en la nariz. Su acción me rompió. Todo el auto control que siempre me caracterizó en St. Vladimir y en la Corte se fue junto con ese tierno beso.
Mi mente estaba hecha un caos, amaba a Rose, aun después de su muerte, pero Lena me hacía sentir muchas otras cosas cuando estaba con ella. Sus ojos, su risa, amaba el sonido de su voz y su aroma… su aroma me enloquecía. La tenía entre mis brazos y su aroma me rodeaba, me llenaba por completo junto con la calidez de su cuerpo. Suspiré cuando sus labios fueron recorriendo mi mandíbula hasta llegar a mi cuello.
La levanté por la cintura y ella enredo sus piernas alrededor de mi cadera, lentamente la recosté sobre la cama tirando la maleta a medio llenar al piso. Lena soltó una risa seca.
-Creo que no iré a ninguna parte –dijo y yo sonreí.
Devoré de nuevo sus labios con desenfreno, ella respondía a mis labios de la misma forma. Lentamente bajé los tirantes de su vestido dejando al descubierto sus senos redondos y llenos, solté un suspiro y comencé a dejar un reguero de besos por su mandíbula, bajando por su cuello y su pecho hasta llegar a su seno derecho. Tomé su rozado pezón con mis labios y le di un pequeño mordisco, Lena suspiró, suprimiendo un pequeño gemido. Continué mi camino con mis labios y al mismo tiempo desprendiéndola de la suave tela de su vestido que si antes me parecía arrebatador, ahora solo era un estorbo.
Cuando estuvo desnuda entre mis brazos no pude evitar mirarla tendida en la enorme cama. Su pálida piel estaba sonrojada y caliente, su cabello caía regado por el edredón rojo como una cascada por sus pechos hinchados, su vientre plano coronaba una cadera voluptuosa y unas torneadas piernas. Lena era una mujer hermosa, demasiado hermosa, y estaba allí tumbada para mí, sonreí como un colegial y tomé sus labios de nuevo. Ella enredó sus piernas en mis caderas de nuevo y yo presione mi erección contra su centro, soltó un gemido en mis labios y eso me calentó aún más.
Lena puso sus manos en mis hombros y tiró hacia atrás mi gabardina, la miré con una sonrisa y me separé de ella para despojarme de mis ropas y tirarlas al suelo, antes de que pudiese regresar a la cama, Lena se sentó en la cama y comenzó a besar mi abdomen. Gemí al sentir sus labios bajando hasta mi erección y cuando la tomo entre sus manos volteó a verme y sonrojada como un tomate me soltó. La miré extrañado y ella bajó su mirada.
-Jamás he hecho esto antes –dijo en un susurro. La miré sorprendido y me puse de rodillas para estar a su altura-. Lo siento, no sé qué hacer.
-¿De verdad? –pregunté con la voz ronca por el momento, Lena se sonrojó aún más y asintió con la cabeza.
-Kalevi y yo nunca… hicimos nada. Él fue uhmmm… mi primer novio.
-No haremos nada que no quieras, Lena.
-Yo… no sé.
-Shh –la callé poniendo un dedo en sus labios y sonriéndole. Ella me miró con sus enormes ojos grises llenos de deseo-. Todo está bien, no tienes por qué explicarme nada. Yo…
Ahora quien fue callado fui yo cuando Lena estampó de nuevo sus labios contra los míos, su beso estaba lleno deseo y fiereza, enredó sus piernas de nuevo en mí y yo sin resistirlo estrujé su trasero. Lena jadeó contra mis labios. Yo profundicé mi agarre y de nuevo la punta de mi erección chocó contra su centro, Lena soltó otro jadeo contra mis labios y bajó sus labios por mi mandíbula.
-Lena… espera, no sé si podré detenerme –dije entre jadeos, Lena me miró.
-¿Y quién quiere que te detengas? –respondió ella mirándome, mi cara debió de ser un poema porque ella con una gran sonrisa continuó besándome. La besé con igual pasión, Lena me jaló de los hombros haciéndome quedar sobre ella en la cama, presionó su entrada contra mí y yo jadeé. La miré de nuevo y ella me sonrió.
-¿Estás segura? –pregunté nervioso. Lena me miró y sonrió.
-Sí, Dimitri.
Su respuesta, en un susurro, me sorprendió y a la vez me alegro. La deseaba, por el infierno que sí. Bastó ver la mirada llena de lujuria de Adrián para darme cuenta que deseaba a Lena, saberla en la habitación con él, saber que no solo Adrián, sino, cualquier otro moroi de la corte podría desearla y tenerla me volvía loco. Quería a Lena, no solo como una amiga. Después de Rose, pensé que jamás querría a alguien como la quise a ella, y me empeñé bastante tiempo en negarlo, pero Lena se había metido en mi piel, en mi corazón. Y la quería, para mí.
Con una enorme sonrisa la besé, para después bajar lentamente por su barbilla hasta sus pechos, donde con mimo los besé y acaricié. Lena gemía suavemente, como un ronroneo suave, bajé lentamente por su vientre hasta llegar a su monte de venus, la miré y ella me miró curiosa. Sin apartar mi vista de ella hundí mi lengua en su centro, ella echó su cabeza hacia atrás y gimió más fuerte.
Jugueteé con su clítoris lentamente, Lena se retorcía y gemía al compás de mi lengua. Tomé su trasero con mis manos y aumenté la velocidad de mi lengua, Lena gritó, la penetré con mis dedos y entonces sentí como su vagina comenzó a contraerse contra mis dedos al mismo tiempo que ella gemía más fuerte y yo me bebía su éxtasis.
-Oh Dimka… -Lena me miró con los ojos brillosos y me sonrió. Le devolví la sonrisa y me acosté a un lado de ella.
-No te vayas –le repetí.
-Nikogda –respondió ella con una enorme sonrisa.
La rodeé con mi brazo y la atraje hacia mi pecho, Lena comenzó a hacer circulitos con su dedo índice por mi pecho dejándome la piel de gallina, lentamente fue bajando su dedo hasta llegar a mi erección, se detuvo y me miró.
-¿Duele? –preguntó. Le sonreí.
-Depende.
-¿De qué?
-De ti.
-No entiendo.
-Si de verdad lo quieres no tiene por qué doler.
Sin esperármelo y con su velocidad vampírica, se puso rápidamente a horcadas sobre mí. La miré con una ceja levantada, Lena me miró con mirada felina y acercó su boca a mi oído.
-Quiero –susurró despacio. Mi piel se puso de gallina y me excité aún más, Lena se acomodó sobre mi erección pero sin hacerme entrar.
-¿Qué es lo que quieres? –pregunté con la voz ronca. Lena me besó en el hueco del cuello.
-A ti –dijo finalmente, y lentamente bajó en mí haciendo que la penetrara con suavidad.
Gemí y ella jadeó. La mire asustado esperando cualquier señal de dolor en su cara pero no encontré nada, ella me miraba con deseo y una sonrisa. Intentó moverse sobre mí e instantáneamente vi duda en sus ojos, le sonreí, puse mis manos en su cadera y comencé un lento vaivén moviéndola. Lena comenzó a gemir cada vez más fuerte, arrastrándome con ella. Me levanté llevándola en brazos hasta la pared más cercana, Lena abrió aún más las piernas permitiéndome entrar más en ella, hundió la cara en mi cuello y silenció un gemido sobre mi piel.
La penetré con fuerza y rapidez, Lena gemía en mi oído y yo en el suyo. Hundió sus uñas en mi espalda haciéndome rugir con más fuerza, la miré y ella estampó sus labios sobre los míos. Su beso era ardiente y ahogaba los gemidos de ambos, entonces la sentí contraerse sobre mí, hundió sus uñas en mis hombros, ahogó su gemido en mi boca y sin poderme contener más la seguí.
Los dos explotamos juntos, ahogando los gemidos del otro en nuestras bocas. La llevé a la cama y nos recosté en ella. La abracé y ella se recostó sobre mi pecho. Nos quedamos dormidos casi inmediatamente.
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Los insistentes golpes en la puerta me despertaron, lentamente me deslice fuera de la cama sin despertar a Lena, la tape con la sábana, tomé mis boxers del piso y me los puse. Abrí la puerta y me quedé petrificado.
Lissa y Christian estaban del otro lado de la puerta y ambos me miraban de diferente forma. Christian me miraba con una sonrisa, sus ojos se pasaban de la cama donde Lena dormía a mí en ropa interior frente a él. Lissa por su parte solo me miraba a mí, y sus ojos estaban llenos de dolor.
-Vaya, espero no hayamos interrumpido nada –dijo Christian burlonamente. Lo ignoré y miré a Lissa.
-Liss…
-Lo que hagas en tu vida privada no es de mi incumbencia, Dimitri. Yo solo venía a disculparme con la señorita Volkova –la dureza en las palabras de Lissa me dolía, aún no entendía la actitud de Lissa hacía mí o hacía Lena.
-Ehmm, danos 5 minutos –respondí cerrando la puerta con delicadeza. Desperté a Lena y en menos de 5 minutos estábamos ambos presentables.
Lissa se sentó en la silla del tocador con Christian a su espalda, Lena estaba sentada en la orilla de la cama y yo estaba de pie en la puerta del baño. Estuvimos en silencio un buen rato, Lena y Lissa se retaban con la mirada mientras que Christian miraba la escena divertido.
-Adrián dijo que te ibas –Lissa rompió el silencio finamente mirando la maleta volcada en el piso.
-Me iba –respondió Lena enfatizando la palabra en pasado. Lissa levantó una ceja.
-¿Y qué provocó el cambio de planes? –la miré incrédulo, y Lissa por un momento me miró antes de seguir con su batalla de miradas con Lena- No me malinterpretes, Yelena, es simple curiosidad.
-No dejaré a Dimitri solo aquí –respondió Lena. Lissa se sorprendió por la respuesta de Lena y volteó a verme. Ahora a quien su furia se dirigía era a mí.
-¿Dimitri?
-¿Tú qué sentirías si Christian hubiese muerto en las mismas condiciones en que lo hizo Rose y tuvieses que regresar a un lugar donde todo, absolutamente todo, te recuerda a él? –preguntó Lena dejándonos a los tres con la guardia baja. Los ojos de Lissa se abrieron desmesuradamente.
-Yo… uhmm… no lo sé –respondió Lissa con la guardia baja-. Yo…
-Si tuvieras la oportunidad de irte del lugar que más te recuerda a Rose, ¿te irías?
-Yo…
-Se tanto como Dimitri lo que es perder a la persona que amas, sé lo que es tener su cadáver en tus brazos y saber que jamás volverás a verlo, a estar con él, escuchar su voz –continuó Lena mirando a Lissa-. Se lo que es querer huir de todo lo que te lo recuerda, de todos los que te lo recuerdan. Irte y tratar de olvidar, tratar de no dejar que el dolor te consuma lentamente.
-Yo no…
-¿No lo sabías? –le preguntó Lena interrumpiéndola, Lissa frunció el ceño.
-Rose era mi mejor amiga, yo también la extraño.
-No puedes comparar tus sentimientos con los de Dimitri, tú perdiste a tu amiga, el perdió al amor de su vida. Tú tienes a Christian, ¿y él?
-Yo solo la tengo a ella –dije sorprendiéndome de escuchar mi voz. Lissa me miró y se levantó.
-Lamento que mi presencia te cause tantos inconvenientes, Dimitri.
-Lissa, no…
-En cuanto a ti –me interrumpió Lissa mirando a Lena-, me disculpo si te hice sentir incomoda, pero eres una moroi y debes de acatar ciertas reglas. Tu hermano al final puede decidir ser o no un guardián.
-Esa no es mi decisión. Si Jane decide mandarlo a San Vladimir es su decisión, no la mía y yo no me meteré. En cuanto a mí, acataré las reglas que tenga que acatar solo por Dimitri.
-Lena, espera –le dije tomándola del brazo, ella me miró y sonrió acunando una de mis mejillas en su diminuta mano-, no sabes lo que dices.
-Shh, sé lo que hago. Ya ne ostavlyu tebya v pokoye, ne seychas.
-Spasibo –le respondí tomando su mano. Lena dirigió su mirada a Lissa otra vez.
-Y en cuanto a mi comportamiento en la cena, lo lamento su majestad.
-Disculpa aceptada –respondió Lissa mirando a Christian. Lissa se levantó de la silla y caminó hacia la puerta-. Disculpen la intromisión, espero verlos de nuevo en la cena de pascua.
-Ahí estaremos –respondí mirando a Lissa. Christian se había mantenido en silencio todo el tiempo por lo que hasta que lo vi moverse recordé que estaba también en la habitación.
-Ah, y Dimitri –dijo Lissa deteniéndose en el umbral-. Te espero en mi despacho, necesito hablar contigo a solas.
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Después de tomar una ducha en mi habitación y cambiarme de ropa, fui directamente al despacho de Lissa en el edificio real. En la recepción estaba la secretaria de Lissa, una moroi castaña con facciones parecidas a las de Natalie Dashkov, la amiga muerta de Lissa y Rose. Esperé un buen rato a que Lissa terminara la reunión en la que estaba cuando su secretaria me indico que podía pasar.
Es despacho era espacioso, como todo lo demás en la corte. Lissa estaba sentada frente a su escritorio mirando unos papeles cuando entré.
-Siéntate, Dimitri –dijo Lissa señalándome la silla frente a su escritorio y dejando los papeles a un lado. La obedecí en silencio, mirándola. Lissa se puso tensa-. Antes de esta mañana te iba a proponer si querías ser parte de la guardia de la corte cuando Christian termine la universidad, pero debido a la información proporcionada por tu… nueva pareja, ya no sé qué hacer.
-Liss, yo…
-¿De verdad aborreces estar aquí, junto a nosotros, tus amigos? -Preguntó Lissa cambiando su tono de voz real a aquel tono de voz que recordaba en ella. La miré por unos segundos antes de responder.
-Es difícil –respondí. Lissa me miró esperando una mejor respuesta-. Verte, me hace recordarla tanto.
-¿Por qué no lo dijiste antes?
-¿Para qué? ¿De qué habría servido? Lo que sienta o no sienta no ha afectado mi trabajo, Christian está seguro, nadie lo ha atacado en el tiempo que hemos estado en Harvard.
-Pero sí importa, eres mi amigo.
-Lissa, no. Precisamente por esto es que no dije nada. Lena no debió de decirlo, pero tiene razón. Me es muy difícil estar aquí, verte, ver a Jill, a Janine. Con Christian no es tan difícil porque él nunca la menciona y no sé si tú lo recuerdes pero ellos eran más enemigos que amigos.
-¿Qué pasó con ella? –la miré y supe inmediatamente a que se refería.
-Lena estaba comprometida con un moroi llamado Kalevi, lo amaba y él a ella. Planearon una enorme boda en Nueva York en estas fechas aprovechando el spring break, dos días antes de la boda, terminando la cena de ensayo, fueron atacados por cinco maleantes. Intentaron abusar de Lena y Kalevi al defenderla fue asesinado en sus brazos –la cara de Lissa estaba llena de horror.
-¡Oh dios! Es horrible. ¿Hace cuánto paso esto?
-Hace cuatro años. Lena sabe exactamente lo que yo siento, ella amaba a Kalevi tanto como yo a Rose. Si se queda en la corte y acepta obedecer las reglas de aquí es solo porque yo se lo pedí.
-Dimitri, no sé qué decir.
-No digas nada, Liss, solo apóyame.
-¿Quieres a Yelena?
-Sí. Ella me ha ayudado bastante a tratar de vivir con la muerte de Rose.
-Yo lamento mi actitud, Dimitri. Es solo que… no puedo soportar verte con ella, es como si engañaras a Rose, y sé que es estúpido y que no debería porque ella está muerta y tú no, y eres mi amigo, te quiero y quiero que seas feliz, pero… me duele.
-Lo sé Liss, te entiendo.
-Me siento bastante imbécil, porque solo te he hecho pasar un mal momento.
-Todo está bien.
Miré a Liss y le sonreí, Lissa me regresó la sonrisa. Me gustaba verla así, sonriente, tal y como era ella junto a Rose. Sonreí con nostalgia, deseaba largarme de ahí cuanto antes, pero a Lissa no podía negarle nada, ella me había traído de la muerte, le debía todos aquellos hermosos y últimos momentos que pasé junto a Rose.
Rose, Rose, Roza… Mi Roza.
Mi roza marchita.
Hola, ¿qué tal? ¿cómo les va? Bueno pues aquí está el capítulo nuevo, disculpen la tardanza pero estaba en mis exámenes finales de la carrera, los finales finales de TOOOODA la carrera. ¿Qué les pareció el capítulo de hoy? ¿Comentarios? Bueno pues quiero escuchar tooodo en sus reviews.
Quiero agradecer a Divina y a la guest por sus reviews, así como a todos los lectores fantasmas que leen y siguen la historia.
Un enorme beso, Kat.
