Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a Richelle Mead, todo lo demás es mío.
Capítulo 4
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Los días pasaron sin mucha novedad en la corte. Las pesadillas solían esfumarse los días que pasaba la noche con Lena, pero cuando ambos dormíamos solos aparecían con más fuerza. Lissa y Lena parecían llevarse mejor, aunque de vez en cuando atrapaba a Lissa mirándonos acusatoria mente. Por otro lado, Jill y Mía adoraban a Lena; la habían convencido de que les enseñara a entrenar a cambio de enseñarle todo sobre la corte y el mundo moroi. Solían encerrarse en la habitación de Lena después de un arduo entrenamiento en el gimnasio de la corte para estudiar.
Adrián por su parte, comenzó a mostrar demasiado interés en Lena, cosa que me molestaba pero no podía hacer nada al respecto ya que Lena y yo aún no habíamos definido nuestra extraña relación. No siempre teníamos sexo, algunas noches solo dormíamos abrazados. Una tarde en específico en la que tuve que estar en una junta con otros guardianes, entre ellos Janine, discutiendo sobre los entrenamientos en St. Vladimir, Adrián llevó a Lena a harvard por su gato, estuve a punto de ir tras ellos cuando me enteré pero me contuve. La proximidad de ambos me sacaba de mis casillas, sin embargo no decía nada, no tenía por qué.
Las únicas palabras que cruzaba con Janine eran relacionadas a los entrenamientos de St. Vladimir y se lo agradecía, tanto ella como yo evitábamos a toda costa sacar a relucir el tema de Rose. Sin embargo, con los demás guardianes no era igual, todos estaban empeñados en recordar a Rose y sus proezas mientras fue estudiante. Había escuchado a otros hablar a mis espaldas de como Rose ya había sido reemplazada y como de nuevo Adrián parecía querer a las mujeres que yo quería. Me molestaba la verdad en esas palabras.
Miré a Lena sentada frente a mí en el suelo jugando con Adrián, cuando Lena jugaba con su gato parecía una adolescente inocente, las mejillas se le sonrojaban y los ojos le brillaban. La miré y la miré por no sé cuánto tiempo, me encantaba mirarla jugar, parecía tranquila, en paz.
-Hey, despierta -Lena comenzó a tronar sus dedos frente a mi cara haciéndome volver a la realidad.
-¿Qué pasa?
-Nada, solo que te quedas como ido. ¿Estás bien?
-Sí, sí, claro. ¿Por qué debería de estar mal?
-Dimka...
-Estoy bien -la mire y le sonreí como pude, Lena me devolvió la sonrisa-. ¿Ya tienes tu vestido para la cena de pascua?
-Ahmmm, no. No sé si quiero ir.
-Se lo prometiste a Lisa–fruncí el ceño al escucharla, Lena soltó un suspiro.
-Lo sé pero, no quiero que pase lo mismo que la cena pasada.
-No pasará.
-Estoy nerviosa.
-¿Por qué?
-No lo sé, me siento rara. Y siento que algo va a pasar. Tengo miedo.
-Nada va a pasar, aquí estas segura -Lena sonrió nerviosa y asintió.
-Tal vez solo sean las hormonas –respondió mirándome con una sonrisa.
-Tal vez…
-Adrián me invitó a cenar esta noche –la mención de Ivashkov me puso tenso pero usando mi entrenamiento como guardián mantuve mi expresión neutra.
-¿Y qué vas a hacer? –fue todo lo que conseguí decir. Lena se encogió de hombros.
-Le dije que sí, llevo días evitando sus invitaciones.
-Ivashkov es muy persistente, pero no es un mal chico –Lena levantó una ceja al escucharme.
-No soy tonta, Dimka. Algo pasó entre tú y Adrián que no me quieres decir. Cada que están cerca tú te tensas y él te provoca, ¿por qué?
-Nunca nos llevamos bien, es todo –le respondí tratando de evitar el tema, sin embargo Lena me miró retadora.
-Dimka, me dices tú o lo averiguo por otro lado.
-Ahhh –gemí y la miré, Lena continuó mirándome hasta que suspiré-. Cuando era instructor de Rose en St. Vladimir, él y Rose fueron novios, o algo así. Cuando me convirtieron en Strigoi, él fue quien le ayudó a Rose a encontrarme, y él fue una pieza clave en el rescate y la limpieza del nombre de Rose después del asesinato de Tatiana. Siempre me sentí como un rufián al alejarla de cierta forma de él, y…
-Y él jamás te ha reprochado nada –terminó Lena por mí. Asentí con la cabeza un poco avergonzado.
-Nunca. Y ahora, parece que la historia se repite –confesé temeroso de ver a Lena, ella sabía a lo que me refería.
-Aún después de que Christian termine la universidad tú no te permitirás dejar de ser guardián. Y los guardianes no tienen vida propia, ¿verdad? –la miré con tristeza.
-Es lo que tengo que hacer –fue todo lo que respondí.
-Eso es una estupidez. Puedes tener una vida.
La miré con desesperación. A veces Lena se parecía tanto a Rose que me asustaba. Siempre diciendo lo que tenía en mente, siempre tan impulsiva. No pude evitar sentirme mal. La quería, sí, pero… ¿estaba dispuesto a renunciar a todo lo que conocía por estar con ella? La respuesta se quedó en el aire, no la sabía. No pude renunciar a esto por Rose, ¿por qué cambiaría ahora?
Lena merecía tener una linda vida después de lo de Kalevi. Merecía estar con un moroi que la tratara como la reina que era, que le diera muchos bebés morois y estar siempre protegida. ¿Y que obtendría conmigo? Nada de eso. Solo muchos problemas. Yo no estaba dispuesto a condenarla a lo que mi madre había vivido al tener que enviar a su único hijo como guardián para después perderlo. No podía condenarla a ello porque yo sabía que ella haría lo que fuera por hacerme feliz. La prueba estaba en que aceptaba mantenerse en el mundo moroi por mí, acatando las reglas de la corte y todo por mí.
No la merecía. Yo era un monstruo, había sido un strigoi y aunque ya no lo era ahora, los crímenes de mi tiempo como uno me perseguían. Los crímenes que cometí por encontrar a los asesinos de Rose me perseguían, y aunque de esos últimos no me arrepentía, habían sido crímenes a fin de cuentas.
Miré a Lena, tan bella y radiante, jugando con su gato. El corazón se me estrujó.
-Deberías de darle una oportunidad a Adrián –dije sin más, obteniendo una mirada de sorpresa y desconcierto por parte de Lena.
-¿Disculpa?
-Ivashkov es un buen chico.
-No quiero un buen chico.
-Lena, yo… no puedo –Lena se acercó a mi poniéndose de frente.
-¿No puedes qué?
-No puedo darte lo que deseas.
-Dimitri… no quiero hablar de esto. No ahora.
-Lo siento, Lena, pero yo no cambiaré de parecer. No puedo darte lo que deseas, lo que mereces.
-¿Y qué es lo que merezco según tú?
-Una vida feliz.
No volvía a pasar la noche con Lena después de esa charla. Por la noche ella fue a cenar con Adrián como dijo que haría y yo la pasé en el gimnasio entrenando arduamente para intentar no pensar en ellos dos juntos en la cena. Cada noche después de planear los nuevos entrenamientos para St. Vladimir, me encerraba en el gimnasio hasta que mi cuerpo se quejaba. Estaba consiente que llevaba a mi cuerpo hasta el límite con el único propósito de quedar tan exhausto y llegar a dormir a mi habitación como piedra. Llegaba tan cansado que incluso las pesadillas se habían esfumado.
Poco a poco dejé de hablar incluso con Lena. La veía en las comidas, pero siempre estaba acompañada por Jill, por Mia, o ambas, platicando sobre cosas de chicas, reglas o entrenamientos que a penas y podía cruzar palabra con ella. En la corte corrían los rumores de que Adrián y ella habían comenzado a salir. Rumores que no me tomé la molestia en confirmar o negar con nadie. Simplemente me encerraba en el gimnasio y hacia el doble o triple de entrenamiento.
Aun así extrañaba a Lena. Había pasado tanto tiempo junto a ella los últimos dos años que, estas semanas alejado de ella, aunque fuera por decisión propia, me tenían por los suelos. Extrañaba su aroma a fresias y loto. El sonido de su voz, su risa contagiosa. Extrañaba su cercanía, sentir sus brazos alrededor de mí, su piel contra la mía. Extrañaba verla jugar con Adrián el gato, ver su ceño fruncido mientras estudiaba o leía. Extrañaba a Lena, mi luz en la medianoche.
Me sentía como un completo imbécil. Al igual que con Rose, la alejé y la tiré a los brazos de alguien más. Y aunque no paraba de repetirme que era por su bien, que era lo mejor para ella, mi corazón no dejaba de decirme que era un completo y grandísimo imbécil por dejarla ir. ¿Qué no había aprendido mi lección al perder al Rose? Al parecer no.
Me miré en el espejo. Como siempre vestía mis pantalones de combate negros, mis botas y una camisa de manga larga negra. Me había dejado crecer la barba y ahora una copiosa barba corta cubría mi mandíbula haciéndome parecer más viejo. Me puse mi gabardina y salí de la habitación dirigiéndome hacia la cena de pascua. Hoy era nuestra última noche en la corte antes de regresar a Massachusetts.
Caminé sin pensar hasta que estuve detenido en la puerta del edificio donde estaba la habitación de Lena, miré hacia su ventana y pude ver la luz encendida. Cuando estuve frente a su puerta, me sorprendí al ver mi mano tocando. Esperé unos momentos antes de que la puerta se abriera y Lena me mirara del otro lado del umbral.
-Dimka.
-Hola –la miré de arriba abajo y reprimí un gemido. Lena traía un vestido blanco de encaje que le llegaba a medio muslo, usaba unos zapatos de tacón de color marfil y un blazer negro. Su cabello estaba agarrado en un moño alto-. Estas hermosa –le dije con una sonrisa. Ella me sonrió de vuelta.
-Tú también estas muy guapo.
-Venia por ti para ir a la cena –dije frunciendo el ceño de repente al ver a Lena preocuparse-. ¿Qué pasa?
-Uhmm, es que Adrián quedó de venir por mí –dijo mordiéndose el labio inferior nerviosa. Intenté sonreírle y ella bajó la mirada avergonzada-. Lo siento, Dimka.
-Hey, no. Tranquila, todo está bien –respondí levantando su barbilla con mi mano, me miró a los ojos-. No pasa nada, te veré en la cena, ¿vale? –ella asintió y yo le sonreí- Así está mejor.
Le besé en la mejilla y me fui de ahí antes de sentirme más humillado. No había pensado en eso, aunque… ¿qué esperaba? Me había alejado de ella, era obvio que alguien más me hubiese reemplazado, además, nunca fuimos pareja ni nada. Yo había provocado esto. Cuando estaba saliendo del edificio me topé con Adrián, me saludó a regañadientes antes de entrar por la puerta. Sin muchas ganas de ir a la cena de Lissa, comencé a caminar sin rumbo alguno hasta que llegué a una zona cerca de la entrada de la corte donde pocas personas tenían permitido visitar. Miré el bosque y mi mirada se perdió entre los árboles frondosos que habían ayudado a aquel strigoi a llevarse a mi Roza.
Suspiré y una lágrima calló por mi mejilla perdiéndose en mi barba.
-Yo también suelo venir aquí cuando me siento mal –escuché una voz conocida detrás de mí y me giré para ver a Janine caminar hacia mí.
-Guardiana Hathaway.
-Llámame Janine, Dimitri –la miré y ella continuaba perdiendo su vista entre los árboles, la imité. Pasamos unos momentos en silencio antes de que ella volviera a hablar-. Desde que pasó lo de Rose me he replanteado mucho el ser guardiana –dijo sin desviar su mirada. Yo suspiré antes de responder.
-Esto es lo que ella quería.
-Porque era lo único que conocía. A veces me pregunto, si yo hubiese pasado más tiempo con ella, tal vez ella no se hubiese empeñado en convertirse en guardiana y estuviera con nosotros.
-No es tu culpa, Janine.
-¿Y de quién más si no? –por primera vez en mi vida, vi a Janine desarmarse frente a mí, los ojos se le llenaron de lágrimas y me miró con una tristeza infinita en los ojos.
-Esto era lo que ella amaba.
-Lo sé, Dimitri, lo sé. Es solo que, la extraño tanto.
-Yo también –dije abrazándola y dejándome llevar junto a ella.
Los dos lloramos por un rato en el más profundo de los silencios. La pena de Janine no era igual que la mía, cada quien amó a Rose de una forma diferente, sin embargo, la amamos. A veces deseaba que Rose hubiese sido convertida en strigoi, así tendría la esperanza de traerla de vuelta; pero no, ella estaba muerta y yo no podría hacer nada para traerla de vuelta.
Miré a Janine quien tenía la vista perdida en el bosque, se mordía los labios tal y como Rose hacia cuando quería decir algo pero no sabía si debía. A pesar de lo mucho que a Rose le molestaba que le dijeran que era muy parecida a su madre, lo era. Había muchas acciones que ambas hacían.
-Dilo –fue todo lo que dije antes de que la fuerza con la que Janine se mordía el labio le hiciera daño.
-¿Cómo la encontraste? –preguntó cerrando los ojos con fuerza. Si bien todos sabían que yo había encontrado el cuerpo sin vida de mi Roza, nadie sabía exactamente como lo había encontrado. La miré y la miré perdiéndome en sus ojos, idénticos a los de Rose. Y lo recordé.
Atravesé el bosque siguiendo el rastro strigoi. La mayoría de los que habían atacado a Lissa y a Rose estaban muertos, de los que se tenía conocimiento que habían sido convertidos a la fuerza habían sido capturados para traerlos de vuelta, pero unos pocos habían escapado. Su rastro era fácil de seguir, lo que era extraño ya que un ataque ejecutado por un grupo tan grande era bien organizado. Inmediatamente me dio mala espina.
Seguí caminando silenciosamente entre los árboles, había muchos cadáveres regados por doquier, víctimas de los strigois, tanto morois, dhampirs y humanos. El bosque estaba lleno de tristeza y muerte, mucha muerte. Me adentré un poco más, hasta que finalmente lo vi.
A unos cinco metros de mí, en las raíces crecidas de un enorme árbol, había un bulto. Un bulto inconfundible. Corrí hacia ella, al llegar me tiré a su lado y la abracé. El cabello de Rose estaba enmarañado y lleno de sangre coagulada, le tapaba un poco la cara y estaba pegado a su cuello. Sus ojos estaban cerrados. Con manos temblorosas, quité el cabello que cubría su cuello y solté un gemido.
Su cuello estaba destrozado. No pude evitar ver las marcas, imperceptibles a ojos de otros pero no de los míos, de mordidas que alguna vez yo, convertido en strigoi, le había hecho. Y a un lado de ellas, había sangre. Mucha sangre. Su uniforme de guardiana estaba manchado completamente de sangre, su piel estaba pálida y fría. Rose, mi Roza había sido asesinada.
Me aferré a su cuerpo inerte con fuerza, las lágrimas caían de mis ojos desbordadas y gritos desgarradores salían de mi garganta. No podía creer que Rose estaba muerta, no podía creer que tenía el cuerpo inerte y sin vida de mi Roza entre mis brazos. Roza estaba muerta y yo había llegado tarde para ella.
Lloré y lloré aferrándome a ella. Lloré por perderla, lloré de frustración. Lloré por llegar tarde para ella. Después de todo lo que Rose hizo por mí, después de la forma en que ella se sacrificó ante todos por traerme de vuelta yo le había fallado, yo había llegado tarde y ella estaba muerta.
Rose estaba muerta y no volvería jamás.
Me quité la gabardina y la envolví con ella teniendo especial cuidado en cubrir su cuello destrozado. La tomé en brazos y la llevé de vuelta a la Corte deteniéndome antes en un pequeño arrollo para limpiarla. El camino con Rose en los brazos nunca se me hizo tan eterno como esa noche oscura. Esa noche donde la oscuridad de la noche envolvió mi corazón en una oscuridad absoluta.
Mire a Janine después de relatarle cómo fue que encontré a Rose y ella rompió a llorar. No supe que hacer y cuando estuve a puno de abrazarla ella se limpió las lágrimas con fiereza.
-Gracias por traerla de vuelta así –dijo ella poniendo su máscara de guardiana-. Gracias por no dejar que los demás la vieran así.
-Era lo menos que podía hacer.
Llegamos a la cena juntos. Ambos cubriendo nuestros sentimientos con la máscara de guardianes perfectos. Después de todo, así nos habían entrenado. Una vez yo le dije a Rose que esto era lo que teníamos que hacer, que era nuestro deber y que no podíamos dejar que nuestro corazón mandara y nos distrajera de nuestro deber. Ahora, sin ella, no estaba tan seguro de esas palabras.
En el enorme salón ya se encontraban todos, Lissa como siempre estaba a la cabeza con Christian a su derecha y Jill a su izquierda. A la izquierda de Jill estaba Adrián, junto a él Lena y junto a Lena Mia. A la derecha e Chriss había dos lugares vacíos y después estaba Eddie. Janine y yo los saludamos a todos y nos sentamos en nuestros lugares. La cena, a comparación de la primera, comenzó en un absoluto silencio. Todos comenzamos a comer la entrada sin decir palabra alguna y hasta que no llegó el postre Lissa habló.
-Me alegra que todos pudieran venir esta noche. Quisiera hacer un brindis –dijo Lissa tomando su copa, todos la imitamos- por los nuevos amigos, por los que se fueron y por los que están aquí. Salud.
-¡Salud! –dijimos todos al unísono bebiendo de nuestras copas.
-¡Ay! Qué lástima que te vas Lena –dijo Jill poniendo una cara de tristeza. La aludida le sonrió.
-Pero volveré cuando la escuela termine, si Lissa lo permite, claro.
-Eres bienvenida a venir cuando quieras –respondió Lissa con una sonrisa.
-Gracias.
-¿Y tú, Dimitri? ¿Qué vas a hacer después de que Chris termine la universidad? –preguntó Jill con una sonrisa. Bebí un poco de mi copa antes de responder.
-Iré a casa por una temporada a visitar a mi madre y hermanas antes de regresar a la corte y aceptar estar en la guardia real como Lissa me lo pidió a mi llegada –Lissa me miró sorprendida sin decir nada, en cambio Lena me miraba con los ojos como platos.
-¿Irás a Siberia? –preguntó enfadada. La miré indiferente.
-Sí –respondí tomando otra pequeña porción del postre con mi cuchara.
-¿Por qué no me lo habías dicho? –preguntó aún más enojada apretando la cuchara con su mano.
-No creí que fuera a importarte.
-Regresas a casa, claro que me importa –respondió ella en ruso antes de hacer un mohín y seguir comiendo su postre de mala gana.
La tensión que se sintió después en la mesa gracias a Lena era casi palpable. Todos hablaban en conversaciones random sin mucha importancia hasta que Lissa anunció que se retiraría de la mesa porque quería pasar la última noche de Christian con él. Los demás nos retiramos sin decir nada más cada quien por su camino.
Cuando llegué a mi habitación me quité la gabardina y la colgué en el closet, saqué unos pantalones para dormir y me los puse después de quitarme el uniforme de guardián. No tenía ni cinco minutos que me había acostado en la cama cuando alguien llamo a la puerta, malhumorado me levanté y dispuesto a correr a quien sea que tocara abrí la puerta con fuerza.
-¡¿Qué?! –Pregunté de mal humor, el cual se esfumó al ver a Lena parada en el umbral- ¿Lena? ¿Qué haces aquí?
-¿Por qué no me dijiste que irías a casa? –preguntó con los ojos llenos de lágrimas. Me hice a un lado y ella entro en la habitación abrazándose a ella misma.
-Porque no lo sabía, lo decidí hace unas horas –le dije encogiéndome de hombros.
-¿Por eso fuiste por mí para ir a la cena? –dijo y yo llevé mi mano a mi nuca nervioso.
-No, fui para ir contigo. Decidí el ir a Siberia después de eso.
-¿Te vas por mí? –preguntó con los ojos como platos llenos de lágrimas. La miré y quise mentirle pero no pude.
-Aquí estarás segura –le dije como respuesta y su cara paso a ser de tristeza a enojo.
-¡Vine aquí por ti! ¡Trato de adaptarme a este maldito lugar por ti ¿y tú huyes de mí?! –gritó Lissa acercándose a mí y golpeando mi pecho con sus puños. La tome por las muñecas y la abracé.
-No puedo darte lo que quieres, no puedo. Desearía poder hacerlo, pero no puedo. Aquí, podrás conocer a alguien que te de lo que mereces.
-Pero yo no quiero a alguien, ¡te quiero a ti!
-Lena, por favor…
-No sé qué rayos sea lo que tenemos, pero no me puedes dejar así, Dimitri.
-Fue mi error hacerte creer que podíamos tener algo –le dije limpiando sus lágrimas con mi mano, Lena se apartó de mi rápidamente.
-¿Qué rayos estás diciendo?
-Lena, soy un dhampir, un guardián, tú eres una moroi. Los dhampir estamos para protegerlos no para enamorarnos de ustedes. Si lo hago, si te permito entrar, solo te pondré en riesgo y no puedo hacerlo, no me perdonaría nunca que te pasara algo por mi culpa –le dije acercándome a ella, Lena dio un paso atrás.
-Crees que me pasará lo mismo que a Rose –dijo mirándome con los ojos rojos llenos de lágrimas. La miré y la miré hasta que Lena se acercó a mí y tomó mi cara entre sus manos.
-No me pasará nada. No es lo mismo –dijo y de repente un enorme coraje me invadió. Claro que no era lo mismo, porque ella no era Rose. Quité sus manos de mi rostro como si me quemaras y la miré con coraje.
-¡Claro que no es lo mismo! ¡TÚ NO ERES ELLA! –Grité lleno de coraje- Y no puedes intentar entenderme, ¡no puedes! ¡Ella arriesgó su vida para traerme de vuelta y yo le fallé! ¡LLEGUÉ TARDE! ¡Llegué tarde y ahora ella está muerta! ¡Está muerta! –grité lleno de coraje, grité como no había gritado a nadie, grité cegado por el dolor y la ira sin detenerme a pensar.
-Dimitri…
-Nunca debí acercarme a ti. Debí mantenerme lejos y dejarte hacer tu vida. Fue un error todo esto, yo no puedo amar a nadie, no puedo. ¡Estoy maldito! –miré a Lena que solo me veía con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Te arrepientes? ¿Te arrepientes de lo que pasó entre nosotros?
-Fue un error de mi parte, Lena. Jamás me lo perdonaré –la miré de nuevo y ella me miró de vuelta.
-¿Qué es lo que quieres, Dimitri?
-Quiero que seas feliz… lejos de mí.
Lena me miró y me miró antes de salir de salir de la habitación llevándose con ella toda la luz que había descubierto en ella y dejándome en la oscuridad.
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Desperté un poco desorientada sin saber dónde estaba realmente. Lo último que recordaba era que después de que Dimitri me echara de su vida yo había tomado mis cosas y me había ido de ese maldito lugar al que Dimitri y Christian me habían llevado. Intenté levantarme pero unas manos me detuvieron por los hombros.
-No te levantes, aún estas mal –dijo una chica de voz suave, giré mi cabeza hacia ella y pude ver a una chica de largo cabello castaño, ojos marrones y piel pálida.
-¿Dónde estoy? –pregunté mirando a mi alrededor. Estaba en una especie de sótano sin ventanas.
-No lo sé, yo también desperté aquí.
-¿Despertaste? –pregunté incrédula, la chica sonrió triste.
-Sí, mi nombre es Zoey, o eso es lo que dicen, no recuerdo nada antes de despertar aquí. ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?
-Lena –respondí tocándome la cabeza, Zoey me sonrió y me ayudó a sentarme en la especie de camastro en la que estaba acostada-. ¿Qué me pasó?
-Ellos –Zoey apuntó hacia arriba-, te trajeron hace dos días. Tenías un feo golpe en la frente –instintivamente me toqué la frente y sentí dolor-, pero ya te lo curé.
-Gracias.
-Suena feo pero, me alegra que te trajeran. Hace mucho tiempo que estoy aquí sola.
-¿Ellos también te trajeron? -Pregunté mirándola con detenimiento, su rostro se me hacía conocido pero no sabía de dónde.
-Desperté igual que tú, solo que yo no recuerdo nada.
-¿No sabes de dónde vienes?
-Nop, lo único que recuerdo son unos hermosos ojos cafés, pero es todo.
-¿Unos ojos cafés? –pregunté mirándola con detenimiento tratando de recordar su rostro.
-Sí, de hombre, también recuerdo un acento extranjero, casi como el tuyo pero más marcado, y un nombre, Dimitri.
Entonces caí en cuenta de donde recordaba esa cara aunque un poco más sana. Su piel originalmente era bronceada, sus mejillas más llenas y su cabello más cortó pero sin duda alguna ella era la chica que Dimitri abrazaba en una foto que me había enseñado hacia mucho en Massachusetts. Su amor, su vida… Ella era Rose Hathaway, su novia que había sido asesinada tres años atrás.
Hola, ¿qué tal? ¿Cómo les va? Bueno pues aquí está el capítulo nuevo, ¿qué les pareció la bomba de este cap? ¿Se lo esperaban?
Divina, corazón, gracias por tus reviews. Y en respuesta a tú pregunta, Lissa no se había dado cuenta en las auras de Dimitri y Lena porque hasta después de la cena Dimitri no se había dado cuenta de lo que sentía en realidad por Lena, aunque después la cagara.
Por cierto, el nombre de "Yelena" es ruso y significa "Luz", el de "Kalevi" es finés y significa "Héroe".
Gracias a todos los lectores fantasmas que leen y siguen la historia. Les invito a dejarme un review con sus comentarios y críticas.
Un enorme beso, Kat.
