Capítulo 11
Nami maldijo cuando escuchó su nuevo móvil sonar a las siete de la mañana. Era sábado. Los sábados eran su día libre.
-¿Quién mierda es? -contestó sin mirar la pantalla.
-Soy Robin, jodida floja de mierda. Despiértate ya.
-Es Sábado, Mierda.
-No me importa, Nami. ¡Tenemos que ir a celebrar tu primera semana de trabajo!
-No me importa la puta primera semana de trabajo ¡Déjame dormir!
-¡No te atrevas a colgarme! -gruñó-. Estoy frente a eso que llamas departamento, que parece más un prostíbulo que otra cosa ¡Hay decenas de mujeres mal vestidas aquí!
-Cuidado y te escuchan ¡Ellas muerden!
-Estoy en mi auto, no pueden. Saca tu trasero de la cama, date un baño y ven aquí.
Diez minutos después, una Nami malhumorada y seria salió del edificio. Robin tocó el claxon para que supiera donde estaba.
-Buenos días, Nami -dijo ella cuando entró.
La morena le gruñó.
-No son buenos días, Robin. Odio que me levanten tan temprano en vacaciones ¡Lo odio!
Robin soltó una carcajada.
-Yo sé cómo ponerte contenta.
-Lo dudo.
Robin encendió el auto y arrancó.
-En los asientos de atrás, hay una mochila negra. Cógela -le dijo.
Sum le gruñó, pero le hizo caso.
- ¿Ahora qué?
-Ábrela, obvio.
La pelirroja abrió la mochila. Encontró dos conjuntos de lencería: uno negro y otro rojo.
- ¿Qué es esta mierda? -gruñó Nami.
-Iremos a buscar a Luffy -canturreó Robin.
Ella soltó una maldicion.
- ¿En qué diablos piensas, Robin? Primero, ¡no quiero saber nada de ese imbécil! Segundo, ¡no me voy a poner esto!
-Mira, Nami. Las cosas no son como tú... -el móvil de Robin sonó, estiró el brazo y contestó-. Uh. Hola, guapo.
La pelirroja puso los ojos en blanco.
-Ya recogí a Nami. Si...ya le explico. Uf...Es que está muy arrisca. No, nene...Lo que le hace falta es una buena sesión de sexo a la Luffy James
- ¡Robin!-gritó ella.
-Luego te marco, nene. Nos vemos esta noche, mm.
Colgó.
-Eres increíble -masculló molesta-. ¿Hace cuánto conoces al tipo?
-Una semana -contestó feliz-. Es un poli. Mm-mm. Es divino en la cama, Nami.
-Al parecer ahora los policías tienen fama de ser buenos en la cama.
-No te amargues, nena. Te conseguiré a tu hombre.
-No seas ridícula. ¡No quiero saber nada de él!
-Oh, claro que quieres. Apuesto a que lo extrañas entre las piernas.
-Maldita sea, Robin ¡Deja de hablar así! ¡No quiero saber nada de ese imbécil bueno para nada!
- ¿Ni siquiera que está en coma?
Nami se puso pálida.
- ¿Qué dices?
-Si quieres saber, mi condición es que debes acceder a ponerte la lencería.
-E-esta bien, ¿pero me dirás?
-Sí.
- Para qué debemos ponernos eso?
- Porque esta noche tenemos que comportarnos como unas zorras de mierda, si es que podemos llamarlo asi.
Nami pensó que esto era lo más parecido al infierno. Se consideraba ella misma una mujer decente. Pero entonces veía a esas mujeres semidesnudas, otras desnudas, bailándole a un montón de hombres que las follaban con la mirada y pensó en qué lugar del pub esas mujeres dejaban la dignidad.
-No puedo hacer esto, Robin -se cubrió los senos con las manos-. Yo no soy así.
- ¿Quieres saber lo que pasó con Luffy, sí o no?
- ¡Sí!
-Entonces tienes que comportarte como una zorra.
-No. No voy a hacerlo hasta que me digas por qué.
Robin suspiró.
-Escucha, Nami. A Luffy trataron de asesinarlo el mismo día que, según te dijeron, te abandonó.
La morena trató de mantenerse tranquila, pero por dentro se estaba cayendo en pedazos. No, Luffy...Su Luffy.
-Si estamos aquí, es porque piensan que el hombre al que se supone Luffy debe arrestar está aquí.
- ¿Y eso qué? ¿Tiene algo que ver con Luffy?
-Todo, Nami. Si a Luffy no le hubiesen dado su caso, no hubiese venido a Canadá. Ustedes no se hubieran visto, no se hubiesen enamorado y no hubiesen tenido que pasar por todo esto. El plan es descubrir quién es.
- ¿Yo que tengo que hacer?
Robin le sonrió.
-Seducirlo, claro.
Ella hizo una mueca.
-No he seducido a un hombre en mi vida, Robin. Esto no va a funcionar.
-No te preocupes, nena. Te sale natural.
Nami la fulminó con la mirada.
- ¿Me estás llamando zorra?
-No, Nami. Sólo digo que eres coqueta, sexy. Por algo tenías locos a los chicos de la escuela y por algo Luffy se acostó contigo. Eres irresistible, nena
-No seas estúpida -gimoteó-. Quiero irme.
-No podemos, porque...
Robin se calló. Un hombre joven, vestido de negro, se acercó a ellas. Nami lo encontró muy atractivo, y coqueto. Robin soltó una carcajada cuando el sujeto la agarró de la cintura.
-Vaya, nena, estás de escándalo -lo escuchó decir.
"Seguro es su novio temporal"
-Quieto, Zoro -soltó una carcajada-. Aunque tú estás delicioso vestido todo negro.
Zoro le sonrió coqueto.
-Me alegra que vinieras, aunque las cosas tendrán que ser de otra manera. -miró a Nami-. Mm...Así que eres tú, ¿eh?
Nami se encogió de hombros.
- ¿Tienes algo que ver con Luffy?
-Era su informante. También su amigo. Cuando me enteré de lo que sucedió con Luffy, decidí ayudarle -volteó hacia Robin, sonriéndole-. Aunque en el camino me he encontrado con cosas buenas.
Robin le sonrió coqueta. Nami contuvo el sollozo. Ojalá pudiese estar con Luffy de esa misma manera, en ese mismo instante.
-Tenemos que irnos -dijo Zoro.
- ¡Ah, no! -gritó ella-. Yo quiero saber qué pasó con Luffy ¡Sólo acepté ponerme esto que apenas me cubre para saberlo!
-A Luffy trataron de matarlo, recibió tres impactos de bala y ha estado en coma durante tres -tomó a Robin de la mano-. Ahora, debemos irnos. No me he ido de aquí porque tenía que estar seguro de que estaban bien.
-Pero, ¿por qué?
-El hombre que le disparó a Luffy está aquí.
Nami contuvo el aliento. En su interior, el dolor y el enojo hervían. Quería matar a quien le había hecho daño a Luffy.
- ¿Quién es? -gruñó ella.
-No es conveniente que sepas ahora, Nami.
-Quiero saberlo ¡Ahora!
Zoro miró hacia otro lado, directamente a una puerta que se habría al fondo del club.
-Tenemos que irnos -gruñó Zoro.
Nami siguió la mirada de Zoro. El corazón se le paralizó, galopándole rápidamente. Era su padre.
Continuara…
