Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a Richelle Mead, todo lo demás es mío.


Capítulo 5

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Lena se ha ido.

Miré la nota estrujada en mi mano por enésima vez. Lena se ha ido. Se ha ido. Las palabras que le dije la noche anterior no paraban de repetirse en mi cabeza. ¿Pude ser más imbécil? No lo creo. Y ahora ella se había ido. ¿A Massachusetts? ¿A Ohio? ¿A Siberia?

Lena se ha ido. Lena se ha ido. Lena se ha ido.

Lena se ha ido y tú eres un imbécil, Dimitri.

Estrujé la nota de nuevo en mi mano, no hacía falta leerla de nuevo, me había aprendido todas las palabras hacía mucho.

Lena se ha ido. Lena se ha ido. Lena se ha ido.

Miré la nota de nuevo esperando que se hiciera ceniza. Como si destruyéndola pudiera olvidar lo que dice. Como que si las palabras no se hubiesen tatuado en mi memoria.

"Las promesas son palabras que el viento se lleva. Prometí nunca dejarte, pero no puedo prometerte algo que no quieres que cumpla. Quisiera poder ser tan fuerte como crees que soy. No sobreviviría a otra perdida, aún más cuando tendría que verte diario. Me voy. Por favor, discúlpame con Christian por abandonarlo, aunque estoy segura que no necesitaba de mis tutorías desde hacía mucho. Les agradezco a todos por su hospitalidad.

Me voy. No sé a dónde, solo me voy. Espero que algún día encuentres lo que buscas."

Lena se ha ido. Me ha dejado. Yo la había empujado a irse.

Prometí nunca dejarte

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Rose, o Zoey, tenía tres años encerrada en este sótano. Según lo que me contó, al igual que yo, había despertado en este mismo lugar con dolor de cabeza y una herida en la cabeza. Sólo había salido en contadas ocasiones y debido a sus heridas, los hombres que la habían traído le dejaban comida en las escaleras del sótano cuando ella dormía por lo que no los solía ver.

Según mis cuentas, tenía dos semanas encerrada aquí con Rose. Tenía que reconocerlo pero, los días se habían hecho más llevaderos con ella aquí. Llevar la cuenta de los días era difícil, ya que no teníamos nada con que llevarla además de nuestra cabeza. Rose era muy tranquila, solía preguntarme muchas cosas sobre el mundo exterior y sobre mi vida. Todos los días me debatía interiormente si decirle su identidad real.

-Extraño el sol, el viento… el frio –le dije.

-Cuando te trajeron no pude evitar sentirme feliz, ¿sabes? –Respondió ella con una sonrisa- Y me siento mal por eso, pero he estado tanto tiempo sola que el simple hecho de estar aquí encerrada con alguien más me hace feliz. Soy una horrible persona, ¿verdad?

-Para nada, solo has estado mucho tiempo sola aquí.

-¿Por qué te trajeron? –preguntó curiosa sentándose en el suelo frente a mí.

-No lo sé, yo estaba huyendo de alguien cuando me capturaron.

-¿De quién huías? ¿Por qué huías?

-Hace años perdí a quién creía era el amor de mi vida, pero después conocí a un chico que de cierta forma me ayudó a superar su perdida, nos hicimos muy cercanos y sin pensarlo, me enamoré de él.

-¿Y qué pasó?

-Los fantasmas de su pasado lo atormentaron y antes de poder comenzar algo, me echó de su vida.

-Diablos, que feo. Me gustaría saber si yo alguna vez me enamoré o si estaba enamorada cuando me trajeron aquí.

La miré sin poder contener el dolor y las lágrimas. Ellos, quienes fueran los que nos tenían cautivas le habían robado la libertad; yo, de cierta forma, era casi tan ruin como ellos al no decirle su verdadera identidad. ¿Me odiaría cuando lo descubriera?

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Los días han sido sombríos desde que dejamos la Corte. Christian de alguna forma se las arregló para terminar el semestre sin ningún inconveniente. En la administración de la universidad no habíamos encontrado gran cosa sobre la desaparición de Lena, solo se había dado de baja y su departamento había sido rentado al poco tiempo. Sus cosas habían sido enviadas a casa de su madrastra en Ohio.

Nada.

No habíamos sabido nada de ella en cuatro meses. Como si la tierra se la hubiese tragado. Como si ella jamás hubiera estado aquí.

A veces deseaba volver a ser strigoi. Matar mis emociones para así no sentirme vacío, solo. Sabía que todo era mi culpa, sin embargo, era una culpa que no deseaba en absoluto. ¿Así se habrá sentido Rose cuando yo desaparecí? Rose… era la primera vez que pensaba en ella desde la corte. Me sentí aún más culpable.

Por mucho tiempo Rose había sido la única mujer en mis pensamientos, incluso después de conocer a Lena mi mente viajaba a los recuerdos de Rose. Extrañaba su sonrisa, su mirada, incluso extrañaba que me llamara "camarada"; extrañaba tantas cosas de Rose que por mucho tiempo consideré regresar a ser un strigoi para ya no sentir su ausencia. Pero regresar sería traicionar su memoria de muchas formas; ella había dado su vida por traerme de vuelta de las sombras y regresar a la oscuridad sería no valorar su vida.

Y ahora estaba igual. Deseando regresar a las sombras.

¿Qué tan dañada debe estar una persona para arruinar siempre lo mejor que le pasa en la vida?

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El tiempo pasaba lento. Las primeras tres semanas fueron las más fáciles, pero cuando el suministro se sangre había comenzado a escasear, tenía que hacer uso casi de todo mi auto control para no abalanzarme a Rose y alimentare de ella. Cada día era más difícil. Algunas veces mientras dormía, me despertaban bruscamente para llevarme a una habitación oscura y ahí siempre había alguien del cual me alimentaba. Esto sucedía cada tres semanas, según mi cuenta de los días, y nunca me dejaban satisfacerme por completo.

La convivencia con Rose era tranquila la mayor parte del tiempo. Ella no entendía cuando me recluía en mí lejos de ella y me auto torturaba por engañarla, sin embargo respetaba mi espacio lo más que podía.

¿Qué tan diferente era yo de ellos? Aún no teníamos idea de por qué nos tenían cautivas, pero, ¿no le habían ellos robado la libertad?, ¿no le habían robado al amor de su vida al separarlos?, ¿qué tan diferente era yo de ellos al no decirle la verdad acerca de su identidad por mis sentimientos hacia Dimitri?

Me había enamorado de Dimitri como una tonta, aun cuando me juré a mí misma no volver a enamorarme nunca de nadie más, me enamoré de Dimitri. Me había costado bastante admitirlo, admitírmelo a mí misma principalmente, pero lo había hecho. Y las pesadillas que me perseguían ahora eran sobre Rose odiándome por mentirle, Dimitri alejándose de mí y Kalevi odiándome por haberme enamorado de Dimitri.

Rose no entendía mis lágrimas cuando estas me atacaban en las noches, en los días. Lo único que hacía era intentar consolarme con sus sueños de escapar algún día del encierro en el que nos encontrábamos. Lo que ella no sabía era que mis lágrimas eran causadas no solo por la añoranza de salir de aquí, sino por miedo…

Tenía miedo. No solo por mí o por Rose, tenía miedo porque una pequeña criaturita crecía cada día dentro de mí.

Tenía miedo porque aquella noche maravillosa con Dimitri había tenido consecuencias.

Estaba embarazada. Y estaba cautiva con la mujer de la cual el padre de mi bebé estaba enamorado.

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-¿Alguna vez pensaste en tener una familia con Rose? –preguntó Lena con una sonrisa. La miré ceñudo.

-No realmente. Digo, si, la amaba con todo mí ser pero jamás pensé en eso. Tampoco sé si ella lo llegó a considerar alguna vez aunque no pudiéramos tener hijos entre nosotros.

-¿No? ¿Por qué no?

-Los damphirs no pueden tener hijos entre sí, la única forma de que un damphir tenga un hijo es teniéndolo con algún moroi.

-¿Por qué? Eso es… ¿racista? –respondió después de meditarlo un momento.

-Genética –le dije encogiéndome de hombros restándole importancia-. La verdad no se sabe porque pasa esto.

-Eso apesta –respondió ella con el ceño fruncido. La miré suprimiendo una sonrisa, Lena me miró aún más ceñuda, se veía graciosa-. ¿De qué te ríes?

-Lo siento pero, no entiendo porque la infertilidad damphir te causa tanta molestia –respondí tomándola de la mano.

-Porque es horrible que no puedas formar una familia con quien quieres sino solo con quien puedes. Eso apesta.

-¿Tú deseabas tener hijos con Kalevi?

-Quiero tener un hijo, hubiese sido maravilloso que fuese de Kalevi, pero…

-No tienes por qué responder –le dije apretando su mano. Lena sonrió triste.

-Quiero tener un bebé –dijo sin más-. Algún día, con la persona correcta.

-Ese día llegará –respondí abrazándola. Lena me regresó el abrazo.

-¿Cómo lo sabes?

-Tengo fe en ello.

Desperté sudoroso y de golpe. Encendí la luz de la mesita de noche y miré a mí alrededor. Los recuerdos de mis pláticas nocturnas con Lena me perseguían noche tras noche desde que se había ido. A veces eran solo retazos de conversaciones; otras veces, como hoy, eran conversaciones completas. Siempre me levantaba con el corazón oprimido deseando que al despertar ella estuviera a mi lado.

Me levanté frotándome las manos contra mi rostro, me puse mis pantalones deportivos y cuando estaba atando uno de mis tenis me detuve... Lena ya no estaría en el gimnasio esperándome para correr. Me froté las manos con frustración contra mi rostro. ¿Dónde diablos estás Lena?

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Miré a Rose desde donde estaba sentada, apartada de ella. Había veces en las que Rose tenía ataques relacionados con su pasado, era como si su memoria comenzara a recordar pero ella se negara a creer sus recuerdos. A veces me daba miedo. Se ponía violenta, arrojaba los escasos muebles que había en el sótano, gritaba y lloraba hasta que se quedaba sin fuerzas y después caía en un estado catatónico por minutos, a veces horas, y luego ellos venían y se la llevaban. Regresaba momentos después siendo la misma Rose dulce y animada de siempre.

Sospechaba que ellos eran los causantes de esos ataques. Era como si la tuviesen medicada con alguna especie de droga que la hacía perder la memoria. Sin embargo ella jamás recordaba nada. La miré desde mi lugar mientras ella miraba al vacío hablando cosas incoherentes.

-Dimitri me encontrará, lo sé. Él, él vendrá por mí y me llevará lejos. Dimitri me está buscando, oh si, él lo está haciendo. Así como yo lo hice cuando aquel strigoi se lo llevó. Y Lissa lo ayuda, ellos jamás me dejarán. Nunca. Dimitri ya viene. Sí. Esta cerca. Lo sé. Dimitri va a venir.

Una lágrima escapó de mis ojos. Odiaba ver a Rose en ese estado catatónico, me odiaba a mí misma por ser tan malditamente cobarde y esconderle su identidad en sus momentos lúcidos. La miré una vez más antes de que la puerta se abriera con fuerza y dos tipos entraran en el sótano. Me hundí más en mi rincón.

-Vamos, loca.

-¡ALEJATE MALDITO STRIGOI! –El enorme hombre la tomó con fuerza del brazo pero ella rápidamente le dio un golpe fuerte en el estómago que hizo que el hombre diera unos cuantos pasos hacia atrás- ¡SUELTAME!

-¡PERRA! –gritó el hombre levantándose y tomando a Rose bruscamente por el cabello mientras que el otro hombre la atrapaba con sus brazos, el hombre la golpeó fuertemente en el rostro.

Sin saber realmente qué fue lo que me motivó, me levanté de mi escondite y corrí hacia ellos, tomé el brazo del hombre que estaba a punto de golpear a Rose por tercera vez.

-¡Déjala! –el hombre me tomó del brazo y me lanzó hacia atrás estrellándome contra una pared.

-¡Hey, detente! –dijo el hombre que sostenía a Rose-. El jefe te matará si le haces daño a la rubia.

-¡Ahh! Malditas mujeres –dijo el hombre que me aventó tomando bruscamente a Rose quien no dejaba de forcejear y maldecir-. Si no fuera porque el jefe tiene planes, las mataba ahorita mismo.

-Pronto –dijo el otro hombre saliendo de la habitación detrás de ellos y dejándome sola.

Me toqué la cabeza que me dolía a horrores y sentí algo húmedo y pegajoso en mi cabello. Me llevé la mano al frente y vi sangre en mis dedos. Gemí, y me toqué el vientre instintivamente. No me dolía, solo la cabeza. Miré alrededor y volví temerosa a mi sitio en las sombras.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera de nuevo y Rose entrara en el sótano. Tenía la mirada opaca, como siempre que se la llevaban, pero esta vez, algo en su mirada había cambiado. No supe si asustarme o no. Rose comenzó a mirar en todas direcciones como buscando algo, yo solo atiné a hundirme más en mi lugar, nunca sabía cómo ella reaccionaria ante mi después de que ellos la dejaran de vuelta. Rose miró y miró hasta que encontró algo que le llamó la atención y luego miró hacia mi dirección.

-No te haré daño –dijo calmadamente caminando hacia mí dirección-. Pero tienes que confiar en mí.

-¿Por qué? –respondí con un susurro, Rosé sonrió.

-Porque esta vez los engañé. Sé quién soy, no me pudieron hechizar de nuevo -la miré con los ojos como platos. Rosé sonrió de nuevo-. Mi nombre es Rosemarie Hathaway y soy guardiana de la reina Vasilissa Dragomir –dijo extendiendo su mano en forma de saludo. La miré por un momento antes de estrechársela con temor.

-Yelena Volkova.

-¿Por qué estás aquí? –me preguntó sentándose a un lado de mí. La observé con detenimiento.

-No lo sé. Desperté aquí. Lo último que recuerdo fue que me di de baja en la universidad y salí al campus, después desperté aquí y tú me mirabas.

-Oh, sí, recuerdo eso.

-¿Qué más recuerdas?

-Recuerdo verte escondida aquí cada cierto tiempo, recuerdo que siempre cuidabas de mí después de que ellos me hechizaban y recuerdo escucharte hablar en las noches. Solías decir que cuando me dijeras la verdad yo te odiaría –la miré con temor, ¡me había escuchado hablar cuando yo creía que ella dormía! La miré con miedo, pero ella rápidamente me trató de calmar-. Tranquila, no te haré daño. A los únicos a los que les haré daño son a esos strigoi que nos tienen aquí.

-¿Ellos son strigoi? –pregunté ruborizada. Si bien Christian y Dimitri me habían hablado de ellos, jamás me había topado con uno.

-Sí, lo son –afirmó ella tomando mi mano y mirándola-. Tú eres una moroi, deberías de saber identificarlos.

-La verdad es que yo no sabía lo que era hasta hace poco –confesé mirándola de reojo. Ella se sorprendió un poco.

-Bueno, eso es lo de menos. Nos sacaré de aquí –dijo de nuevo mirando hacia una pequeña ventana que yo no había visto porque estaba pintada del mismo color que las paredes.

-¿Cómo? –pregunté tratando de adivinar sus pensamientos.

-Por ahí –señaló la ventana-. Los strigois no pueden estar en la luz del sol, por lo que si conseguimos abrir esa ventana, seremos libres.

-¿No crees que ellos pensaron ya en eso? –dije desanimada. Rose río lentamente.

-Ellos creen que yo sigo sin saber quién soy, eso nos ayudará bastante.

-¿Por qué no escapas solo tú? –pregunté de repente mirándola confundida. Rose me miró como si lo que acababa de decir fuera una locura.

-Los damphirs debemos de proteger a los moroi. Mira, no sé quién seas, o por qué estás aquí, pero en lo que a mi concierne, eres una moroi que debo de proteger. No te dejaré a la intemperie de esos dos cerdos.

-Rose… no tienes que hacerlo…

-¿Cómo me llamaste? –Preguntó ella alejándose de mí bruscamente- ¿Por qué me llamaste así?

-Yo… -la miré y suspiré. El momento de decir la verdad había llegado.

-¿Tú qué? –preguntó entrecerrando los ojos.

-Yo tengo algo que decirte, si después de que te lo diga sigues queriendo sacarme de aquí, te ayudaré en todo lo que pueda, si no, lo entenderé.

Rose me miró entrecerrando los ojos.

-Dilo -ordenó. La miré y suspiré.

-Tienes más de tres años encerrada aquí. Todos en la corte piensan que estás muerta porque Dimitri encontró tu cadáver en el bosque –los ojos de Rose se abrieron como platos.

-¿Qué?

-Ellos, quienes sean, se encargaron de engañar a todos los que te conocen y se preocupan por ti. No sé por qué o cómo lo hicieron, solo sé que lo hicieron.

-¿Cómo lo sabes?

-Yo… uhmmm… conocí a Dimitri –Rose me miró sorprendida de nuevo-. Hace dos años lo conocí en Massachusetts. Él… -me quedé callada intentando contener las lágrimas. Rose me miró expectante.

-¿Él qué?

-Él y yo nos hicimos muy cercanos y me contó de ti –dije finalmente mirando a Rose, ella tenía la vista perdida en el vacío.

-Bueno –dijo finalmente mirándome seriamente-, una razón más para protegerte. Eres amiga de Dimitri.

Y después Rose me dio la sonrisa más enorme que jamás había visto en ella. Inmediatamente me sentí culpable. ¿Por qué no podía decirle que me había enamorado de Dimitri y que estaba embarazada de él?

Era una cobarde. Hundí mi cara en mis manos y dejé escapar las lágrimas. Rose me abrazó para confortarme e inmediatamente me sentí una escoria.

-Tranquila, nos sacaré de aquí. Te lo juro.


Hola, ¿qué tal? ¿Cómo les va? Bueno pues aquí está el capítulo nuevo, ¿qué les pareció la bomba de este cap? ¿Se lo esperaban? Una enorme disculpa por la demora, intenté subir antes pero entre mis finales universitarios, lo de la graduación y las fiestas familiares, se me complicó bastante. Pero ya está aquí.

Divina, corazón, gracias por tus reviews. Ten por seguro que no dejaré la historia, aunque solo la actualice para ti.

También quiero agradecerle a la guest (no sé quién seas pero déjame tú nombre) por los reviews.

Gracias a todos los lectores fantasmas que leen y siguen la historia. Les invito a dejarme un review con sus comentarios y críticas.

Un enorme beso, Kat.