Disclaimer: Los personajes y referencias conocidas le pertenecen a Richelle Mead, la historia y personajes nuevos son de mi completa autoría.
Capítulo 6.
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Miré el bosque frío y solitario intentando recordar cuando había estado aquí. Era ruso sin duda; había pasado la mayor parte de mi infancia metido en el bosque como para poder reconocerlo, estaba en casa, pero… ¿qué hacía en Siberia?
Caminé por el pequeño sendero apenas perceptible unos cuantos metros más hasta que llegué a una choza vieja. Se podía confundir con el follaje de los arboles si uno no pusiera la atención debida pero por alguna extraña razón algo dentro de mí me decía que tenía que entrar. Revisé el perímetro buscando indicios de algún strigoi pero el alrededor de la cabaña parecía tan viejo y descuidado como la cabaña. Entré despacio con la estaca en mano, revisando el interior que era pequeño.
La pequeña salita/cocina/comedor estaba a oscuras, la única luz que entraba era la del sol que se filtraba por las ventanas y una que otra fisura entre las tablas del techo. Había un sillón viejo y sucio en el centro, con una mesita de centro igualmente vieja; a la izquierda estaba una cocineta de madera que parecía ser negra y estar llena de polvo como todo lo demás. Detrás del sillón había dos puertas, una estaba cerrada y la otra entreabierta. Repasé mentalmente la distribución del lugar y caminé hacia la puerta abierta.
En el centro de la pequeña habitación había una cama, y sobre la cama, sentada de espaldas, estaba una mujer rubia vestida con un vestido de gasa gris. Me acerqué y ella se giró.
-¡¿Lena?! –exclamé abriendo los ojos de par en par. Lena me miró con sus enormes ojos grises y sonrió.
-Hola Dimka.
-¿Qué está ocurriendo? –pregunté caminando hacia ella y tomándola en brazos. Lena me rodeó con sus delgados brazos y hundió la cara en mi cuello.
-No lo sé… yo… yo… -sollozó abrazándome con más fuerza.
-¿Dónde estás? He estado tan preocupado por ti –dije alejándola un poco de mí para mirarla.
Entonces, al verla con más detenimiento y después de la sorpresa inicial pude notar pequeños pero significativos cambios en ella. Sus ojos estaban apagados y tristes, su rostro estaba tan delgado que los pómulos sobresalían, su cabello estaba enmarañado, sucio y opaco. El vestido que usaba estaba sucio, probablemente era blanco, y le quedaba unas dos tallas más grandes. Estaba descalza, fría y pálida.
-¿Qué te pasó? –pregunté atrayéndola una vez más a mí y abrazándola. Lena sollozó un poco antes de alejase.
-Yo… no sé qué está pasando pero Rose dijo que debía de ser rápida –dijo mirando en todas direcciones- o nos podían atrapar.
-¿Rose?
-Dimitri –dijo mirándome de nuevo y con los ojos llenos de dolor-, no sé cómo o por qué pero Rose está viva.
La miré congelado tratando de procesar sus palabras.
-¿Rose viva? No, eso no puede ser, ¡yo encontré su cadáver!
-Lo sé, pero está viva –dijo alejándose un poco de mí. Sin notarlo, la había apretado. La miré de nuevo.
-¿Cómo lo sabes? –pregunté a la defensiva tomando mi estaca de nuevo. Lena dio un paso hacia atrás y me miró con miedo.
-Dimitri, escúchame, necesitamos que nos ayudes.
-¿Cómo sabes que Rose está viva? –pregunté de nuevo empuñando la estaca y direccionándola hacia ella. Mi cabeza estaba hecha un lío, ¿cómo ella, de entre todas las personas, me traía aquí en lo que parecía ser un viaje astral y me decía que Rose, mi Roza a la que había encontrado con la garganta destrozada, estaba viva? Lena vio el peligro en mis ojos y se alejó hasta quedar contra la pared.
-Yo… ella y yo... –balbuceó mirándome con miedo.
-¿Tú qué, Yelena? –Dije con brusquedad acorralándola contra la pared, Lena me miró con miedo y dolor y sollozó una vez más-. Tienes tres segundos para responder antes de que te entierre la estaca en el corazón –amenacé. En lo que a mi concernía, esto podía ser una trampa.
-Ella y yo estuvimos cautivas en una cabaña en medio del bosque de algún lugar, escapamos hace dos días pero los strigois que nos tenían cautivas nos siguen…
-¡¿QUÉ?! –grité bajando la estaca mirando a Lena sorprendido. Lena me miró con dolor en sus ojos y comenzó a llorar.
-¡Lo siento tanto! Uno de ellos hirió a Rose cuando ella me protegió de sus balas, la herida se está infectando, ¡te necesitamos Dimitri!
-¿Dónde están? –pregunté tomando a Lena entre mis brazos. Rose estaba viva. Mi Roza estaba viva, herida pero viva.
-No lo sabemos, es un lugar frío. Los países bajos tal vez, pero no Rusia.
-Iré por ustedes –dije estrechándola entre mis brazos de nuevo. Lena sollozó y me miró.
-Yo… hay algo más que debo decirte…
-¡DATE PRISA, ESTÁN CERCA! –escuché la voz de Rose como si viniera del viento y solté a Lena como si quemara. Ella me miró y acunó mi mejilla en su mano.
-Lo siento –dijo antes de desaparecer.
Desperté sobresaltado, la noche era oscura y fría en la corte. Ya habían pasado seis meses desde la desaparición de Lena. Me levanté del sillón en el que me había quedado dormido mientras leía y fui al armario. Tomé una mochila de viaje y comencé a llenarla de ropa y armas; al terminar, salí disparado hacía la casa que ocupaba Christian en la corte.
Rose, mi Roza, estaba viva. ¡VIVA! La emoción por saberla viva me embargaba, iba a ir a buscarla, no importaba donde estuviera, yo la encontraría. Ella estaba viva y eso era lo que me importaba.
Cuando llegué a casa de Christian toqué varias veces desesperado olvidándome de toda cortesía, a los pocos minutos un malhumorado Christian en albornoz me abrió.
-Más vale que sea importante, Belikov –dijo de mal humor dejándome entrar. Al mirarme con atención notó la mochila de viaje y frunció el ceño-. ¿A dónde diablos vas?
-Rose está viva –dije con emoción mirando cómo su rostro se descomponía.
-¿Qué? ¿Acaso la ausencia de Lena ya te hace decir disparates? –respondió.
-Lena esta con ella, ellas fueron secuestradas por unos strigois.
-¿Qué? –preguntó de nuevo mirándome como si tuviese un tercer ojo. Comencé a desesperarme y él lo notó-. Dimka, tú encontraste el cadáver de Rose, ¿recuerdas? En el bosque, cerca de aquí.
-Sí, sí, lo sé pero, ¿qué y si todos fuimos engañados y Rose está viva?
-¿Cómo sabes siquiera que está viva?
-Lena, ella… -pensé y me derrumbé. ¿Y si todo había sido una treta de mi cabeza? ¿Un sueño?- …ella se apareció en mis sueños, ¿es eso posible?
-Eso solo es posible si fuera un usuario de espíritu, Dimka –dijo Lissa bajando las escaleras. Christian la vio y frunció el ceño.
-Exacto, y Lena jamás demostró dominio sobre ningún elemento, ni espíritu –dijo Christian tomando a Lissa por la cintura. Los miré enojado.
-¿Y si Lena fuera usuaria de espíritu? Lissa no lo supo hasta mucho después.
-Es una posibilidad, Dimitri, pero nada te asegura que lo que soñaste fue verdad –dijo Lissa cruzándose de brazos. La miré enojado.
-¿Y no quieres averiguar si tu mejor amiga está viva? –Lissa frunció el ceño.
-De haber una posibilidad, sí, Dimitri, me gustaría averiguarlo; pero han pasado tres años.
-Iría hasta el fin del mundo por ella, tal cual ella lo hizo –dije tomando mi mochila y mirando a la pareja con furia-. Su majestad, espero que algún día me perdone por dejar la guardia de forma inesperada –dije saliendo de la casa ignorando la voz de Lissa.
No di ni dos pasos antes de toparme casi de frente con Adrián Ivashkov.
-¿Es verdad lo que dijiste? –preguntó con los ojos cristalinos, lo miré por un momento.
-Sí, creo que sí.
-Entonces, voy contigo.
La única pista que tenía del paradero de las chicas era que estaban en un bosque, no podría decir si en Siberia o en Estados Unidos porque según lo que Adrián me había dicho, en los sueños astrales inducidos por el Espíritu Lena pudo escoger un paisaje conocido por ella para crear el sueño. Por lo que básicamente estábamos jodidos.
Gracias a la influencia de Adrián pudimos salir de la corte con una excelente coartada, que era meramente el capricho conocido de Ivashkov por salir de viaje. Nadie se opuso y en poco tiempo estábamos en San Petersburgo rastreando strigois. No habíamos vuelto a tener contacto con las chicas. Por más que Ivashkov intentaba contactarlas mediante sus sueños, no pudo establecer conexión con ellas, era como si no durmiesen nunca, cosa que me tenía bastante preocupado.
No había muchas pistas. De acuerdo a los strigois que atrapábamos, nadie sabía de alguien o algún grupo que tuviese a una moroi y a una dhampir secuestradas, teníamos ya cerca de un mes en su búsqueda cuando, cerca de la frontera de Rusia con Finlandia nos topamos con un grupo de jóvenes dhampirs cazadores.
-¿Qué hacen aquí dos forasteros cazando strigois? –dijo un chico larguirucho de cabello rubio grasiento en ruso.
-¡Strigois que nos pertenecen! –dijo otro chico musculoso de baja estatura. Adrián estaba a punto de responder cuando le hice callar.
-Un dhampir y un moroi. Están muy lejos de casa, ¿no?
-Solo estamos de paso –respondí lo más tranquilamente posible. Eran ocho, seis hombres y dos mujeres, una de las chicas y dos chicos tenían el cabello negro, los demás eran rubios. Todos se veían bastante sucios y desaliñados.
-¿De paso matando strigois y preguntando por dos fugitivas? No lo creo, camarada –dijo la chica morena caminando decidida hacía mí. Al vernos, ambos nos quedamos helados-. ¿Dimitri?
-¿Viktoria? ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Aunque muy diferente a como la había visto la última vez, mi hermana menor estaba congelada frente a mí con mirada de horror, como si estuviese viendo a un fantasma. Adrián y los chicos que acompañaban a mi hermana pequeña se nos quedaron viendo confusos. Me acerqué y ella dio dos pasos hacia atrás asustada.
-¡Tú estás muerto! Fuiste convertido en strigoi… ¿Qué demonios está pasando? –preguntó ella. La miré y me acerqué unos pasos.
-Hay una cura, se puede dejar de ser strigoi. Es doloroso pero hay esperanza.
-¿Él es tu hermano muerto, Vik? –preguntó uno de los chicos rubios tomando por la cintura a mi hermana pequeña. La miré y le estiré la mano.
-No soy más un strigoi, hermanita.
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Miré a Rose una vez más. Estaba pálida y delgada. La infección estaba dispersándose lentamente y por más que intentaba curarla como la curaba Lissa me era imposible. Rose decía que yo poseía algo que se llamaba espíritu; era el elemento que yo como moroi podía controlar, como Christian controlaba el fuego pero más poderoso y peligroso que el fuego. Rose decía que los poderes que hasta el momento conocían del espíritu eran la curación, los sueños astrales, los hechizos y la súper compulsión, pero ella estaba convencida de que había más.
También tenía curiosidad por saber el estado de salud de mi bebé.
Como estábamos escapando de los strigois, solíamos establecernos por pocos días en moteles de paso y pueblos pequeños, pero ya teníamos más de una semana en este pueblo al nordeste de Finlandia. Una de las razones por las que teníamos tanto tiempo aquí era porque la infección de Rose estaba cada vez más grave y necesitaba ayuda médica; la otra era porque con mis casi nueve meses de gestación, mis movimientos eran cada vez más lentos y torpes.
La miré de nuevo, su frente estaba cubierta de sudor. Tenía ya rato inconsciente, cosa que me tenía bastante preocupada. Con cuidado retiré los vendajes de la pierna izquierda de Rose para mirar la herida. La bala ya no estaba ahí, ella me había hecho sacársela con una navaja, pero la piel alrededor del orificio de entrada de la bala estaba ennegrecida. Yo no era una gran enfermera pero sabía bien cuando las cosas iban mal y la herida de Rose estaba infectada. Cubrí la herida con vendajes limpios y salí de la habitación asustada. Si no encontraba un medico pronto, Rose moriría.
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Viktoria y sus amigos se habían unido, en contra de mi voluntad, a la búsqueda de Rose y Lena. Pero a pesar de mis objeciones, Adrián estaba en lo cierto al creer que ellos al tener mayor conocimiento de los terrenos de Rusia y Finlandia que nosotros podrían ayudarnos a trazar un plan de búsqueda. No me entusiasmaba mucho que mi hermana estuviese involucrada sin haber cursado la escuela pero debía de reconocer que sabía bastante.
-Bien, si yo estuviera escapando de strigois lo primero que haría sería alejarme de las grandes ciudades –dijo Viktoria sacando un mapa y tachando varias ciudades.
-San Petersburgo, Moscú y Helsinki son las primeras descartadas –dijo Peter, el rubio novio de mi hermana.
-Dudo mucho que las tuvieran cerca de Helsinki, es una ciudad muy concurrida, lo mismo de Moscú –dijo Johannes.
-Si dicen que Rose está herida y tienen un mes viajando es probable que no hayan ido muy lejos –opinó Gretta, Viktoria frunció el ceño.
-Esto me da mala espina, ¿por qué las tenían cautivas en primer lugar? –dijo mi hermana mirándonos. Adrián la miró como siguiéndole el pensamiento.
-Entre ellas no se conocen, Lena vivió casi toda su vida en Rusia y Rose en Estados Unidos, cuando Rose estuvo en Rusia Lena ya estaba en Estados Unidos. No hay indicios de que se hayan conocido antes o tengan conocidos en común –dijo Adrián tachando más ciudades en el mapa.
-Hasta que yo conocí a Lena lo único que las une soy yo –dije frunciendo el ceño. Adrián me miró.
-No me gusta a donde va esto, Belikov.
-¿Tienes algún enemigo o alguien que quiera hacerte daño, Dimka? –preguntó mi hermana mirándome seria. De repente sentí las miradas de todos sobre mí.
-Roza y yo matamos muchos strigois juntos, es una gran posibilidad.
-Pero si fuesen strigois en contra tuya y de Rose, ¿por qué fingir su muerte y mantenerla viva? Eso no tiene sentido –dijo Adrián cruzándose de brazos.
-El moroi tiene razón, Dimitri –dijo Peter ignorando la mirada de odio de Adrián-, no tiene sentido fingir su muerte y mantenerla cautiva si se trata de venganza.
-A menos de que la venganza aún no se haya efectuado –dijo Adrián como si fuese la respuesta más obvia. Todos nos le quedamos viendo.
-¿Cómo? –pregunté estupefacto. Adrián me miró como si fuese lo más obvio del mundo.
-Lo único que las relaciona eres tú, Belikov, pero ellas no se conocen entre sí por que las conociste en diferentes épocas de tu vida. ¿Y qué lugar en tu vida tenían ambas? Las amabas, cada una en su tiempo fueron las que te impulsaban a ser el mejor, sin ellas, estás perdido –miré a Adrián y negué con la cabeza.
-Estás equivocado, Ivashkov. Lena es solo mi amiga.
-¿Seguro? –preguntó el rubio levantando una ceja. Lo miré ceñudo.
-Completamente.
-Vale –dijo levantando las manos en son de paz-. Es solo una amiga y por eso desde su desaparición has estado como muerto. De la forma que sea, esto me apesta a que esto es venganza en contra tuya, Belikov.
-¿En contra mía? ¿Y qué me dices de ti, Ivashkov? Tú saliste con ambas.
-Cierto, pero…
-¡Basta! –grito Viktoria haciéndonos voltear a verla-. Adrián tiene razón, Dimka, creo que esto es venganza hacia ti.
-¿Pero quién?
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Cada día me era más difícil trasladar a Rose de un lugar a otro. No solo por mi avanzado estado de gestación, sino porque la infección cada vez avanzaba más y más rápido. Habíamos visto varios médicos, pero ninguno nos daba una respuesta favorable. La mayoría le inyectaban antibióticos para detener un poco la infección pero todos, sin excepción alguna, la desahuciaban. Decían que la infección era tan grave que no podían curarla.
Miré a Rose, la fiebre había bajado un poco pero la herida cada vez de hacía más negra. El médico al que íbamos a ver era un hematólogo experto en infecciones de la sangre, varios médicos que habíamos visto lo habían recomendado y aunque se encontraba un poco lejos, yo tenía la esperanza de que curara a Rose.
-Hola, venimos a ver al doctor Kotska –dije empujando la silla de ruedas. La enfermera, una señora rubia que rondaba en sus cuarentas nos miró extrañada.
-¿Tienen cita?
-Sí, está a nombre de Lumi Ylonen –la mujer miró en su ordenador y después nos miró a nosotras. Nos había conseguido identidades nuevas para poder viajar con mayor facilidad y yo me había teñido el cabello castaño para poder hacernos pasar por hermanas.
-Pasen, el doctor Kotska las está esperando.
-Gracias –le dije empujando la silla de Rose hacia el consultorio.
El doctor, un hombre canoso de unos cincuenta años, nos esperaba sentado detrás de su escritorio. Nos miró con ojo crítico y después me indicó donde nos sentaramos.
-Buenas tardes señoritas Ylonen.
-Buenas tardes –respondimos Rose y yo al unísono.
-¿Qué puedo hacer por ustedes?
-Bueno, como le dije por teléfono, mi hermana fue herida mientras viajábamos y se le infectó. Hemos visto muchos doctores esperando que alguien le ayude con la infección pero ninguno nos ha podido ayudar.
-Muy bien, déjenme ver la herida –dijo el doctor levantándose y caminando hacia Rose.
Rose se descubrió la herida y el doctor palideció.
-¿Cuántos doctores han visto?
-Muchos, ya he perdido la cuenta.
-¿Y alguno le ha dicho que tipo de infección tiene su hermana?
-No, ninguno.
El doctor regresó a su silla y comenzó a escribir algo en su libretita. Rose me miró asustada.
-¿Qué es lo que tengo, doctor? –preguntó. El doctor la miró con pena.
-Tienes septicemia, y está avanzando. Los antibióticos que te han dado han detenido la infección, pero es un tipo muy raro de septicemia lo que tienes. Este hombre –me tendió un papelito con una dirección y un nombre escritos en él- te puede ayudar, es una especie de medico alternativo que ha curado infecciones de este tipo, acude a él.
-¿Gdynia?
-Sí, al norte de Polonia.
Miré a Rose, su piel pálida carente de vida, un viaje hasta Polonia podía ser mortal para la condición de Rose. Sus ojos apagados me miraron.
-Muchas gracias doctor Kotska.
Mientras me tendía la mano lo miré fijamente a los ojos y, tal y como Rose me había enseñado, utilicé la compulsión con él para que olvidara que habíamos ido. Lo mismo hice con la recepcionista al salir, y sin dejar rastro alguno nos fuimos.
Directo a Gdynia, Polonia.
