Disclaimer: Los personajes y referencias conocidas le pertenecen a Richelle Mead, la historia y personajes nuevos son de mi completa autoría.


Capítulo 8

.

.

El doctor al que habían ido a visitar Lena y Rose no recordaba gran cosa de ellas. Recordaba que unas hermanas habían ido a verlo con urgencia y que una de ellas estaba moribunda. La mayor, embarazada, le había casi suplicado que salvara a su hermana menor y él, casi atado de manos por sus conocimientos, les había mandado con el único doctor que conocía que podía curar una infección de ese calibre.

Si perder tiempo, habíamos tomado un avión directo a Gdynia, Polonia; donde se encontraba el doctor Adam Darski, especialista en enfermedades incurables. No fue difícil encontrar la dirección dada por el doctor Kotska. Era un bar marinero moroi, muy concurrido. No había ninguna señal strigoi, lo cual era tanto bueno como malo.

Dentro, nos sentamos en una mesa cerca de la barra y pedimos una ronda de bebidas. Los amigos de Viktoria se habían tomado muy bien el hecho de estar cerca de Rose y Lena, al parecer querían tanto como nosotros encontrarlas para volver a casa a cazar strigois. Viktoria se dirigió junto con Adrián a la barra y después de diez minutos de estar hablando con el bartender regresaron.

-¿Qué tal? –pregunté en cuanto se sentaron en la mesa de nuevo. Adrián hizo un mohín y Viktoria negó con la cabeza.

-El bartender dice que el doctor Darski es dueño de este lugar pero que tiene dos semanas sin venir. Dice que no viene desde aquella noche en que unos strigois vinieron buscando a dos chicas.

-¿Y nada más? –pregunté molesto. Adrián me miró.

-Le hice compulsión y fue todo lo que le sacamos. No sabe dónde vive el doctor, solo sabe que esa noche vino su novia y se fueron juntos por la puerta de atrás –respondió Adrián dándole un largo trago a su whisky.

-Lo único que saben de él es por teléfono. Dice que le llama diariamente antes de que se tenga que abrir el bar y que lo demás lo hace él. ¡Es un maldito misterio!

-¡Demonios! –grité dando un puñetazo a la mesa. Los marineros alrededor nuestro nos voltearon a ver molestos.

-Tranquilízate, Dimitri. Enojándote no vas a lograr absolutamente nada –dijo Gretta mirando alrededor.

-Estamos tan cerca y nos hemos quedado ciegos. ¿Cómo es posible que nadie sepa dónde diablos vive este hombre? –pregunté al aire bebiendo mi cerveza. Una chica que estaba en la mesa de al lado volteó a vernos con sorna.

-¿Buscan a Adam? –preguntó la mujer. No pasaba de los veinticinco, pelirroja y voluptuosa. Sus senos casi se le salían de la escotada blusa que vestía.

-Así es, ¿tú sabes dónde vive? –pregunté levantando una ceja. La mujer me miró de arriba abajo, se levantó de su asiento y se sentó frente a mí en la mesa.

-¿Qué me darás por esa información, guapo?

-¿Qué es lo que quieres? –pregunté yendo directo al grano. Mi hermana estaba a punto de lanzársele al cuello.

-Quiero que el maldito sea infeliz por usarme, ¿puedes lograr eso?

Miré a mi hermana y luego a Adrián. Viktoria sonrió y Adrián terminó su bebida.

-¿Qué te hizo como para que desees eso? –preguntó Viktoria, la mujer la miró por primera vez.

-Me engañó. Juró que me amaba y solo me usó –las palabras tuvieron un efecto inmediato en mi hermana quien le sonrió de forma perversa.

-Si fue así, puedes tener por seguro que yo misma le haré pagar. Ahora, ¿nos puedes decir dónde encontrarlo?

La mujer, con una enorme sonrisa en el rostro tomó una servilleta y del mandil que usaba, y que apenas noté que traía, sacó una pluma y anotó una dirección en él.

-Vive en el castillo Darski al Noreste de Gdynia. Esta sobre un acantilado a las afueras de la ciudad –dijo poniendo la servilleta en el bolsillo interior de mi gabardina y acercándoseme-. Hazle pagar –susurró sobre mis labios antes de besarme rápidamente y luego levantarse e irse.

-Vaya zorra –dijo Gretta mirando por donde la pelirroja se había perdido.

-¿Creen que mienta? –preguntó Pete. Adrián negó.

-Una mujer despechada es de armas tomar. Belikov, jamás me dejes dañar a una mujer así –dijo Adrián en tono de broma levantándose de su asiento, Viktoria lo miró como si tuviese un tercer ojo.

-¿Le vas a hacer caso?

-Claro, ¿qué le hemos hecho nosotros como para que nos mienta? Nada, en cambio el doctor Darski, parece que el viejo tiene su atractivo.

-¡Ew! –Dijo mi hermana levantándose también- Que gusto ese de estar con un viejo, ha de ser gordo y calvo. Como Kotska.

Aun un poco aturdido por la acción de la pelirroja me levanté y fui a la barra a pagar. Ahí, el bartender me miró con desconfianza.

-Lo que sea que Natasha les haya contado no es verdad.

-¿Disculpa? –pregunté entregándole el dinero, el chico me miró ceñudo.

-Natasha esta despechada porque Adam no quiso ser su novio, en serio, lo que sea que les haya dicho no es verdad.

-Lo tomaré en cuenta, gracias –dije dejándole la propina en la barra para después darme la vuelta y caminar a la salida junto con mi grupo.

-¿Entonces? –preguntó Gretta tomando su mochila.

-Vamos en busca del extraño doctor Darski.

.

.

.

-¡ROSE TE NECESITO AQUÍ AHORA MISMO! –me gritó Adam una vez más.

Había estado en guerras. Había matado strigois y dado mi vida por Lissa y Dimitri, había visto demasiada sangre en mi vida y no podía tolerar ver el parto de Lena. ¡Era demasiado! Lena gritaba, Adam gritaba, yo gritaba. ¡No podía aguantar!

Me agarré el cabello empapado de sudor y gemí.

-¡ROSE! –gritó Adam de nuevo.

Gemí una vez más y entré en la habitación.

-Adam, ¡no puedo! –grité cerrando los ojos y acercándome a ellos. Lena respiraba de esa forma en que las embarazadas respiran cuando están dando a luz.

-¡Rosemarie Hathaway! Esta mujer arriesgó su vida y la de su bebé para salvarte de una muerte segura, ¡así que ven ahora mismo y ayúdame que el bebé está a punto de nacer!

Con un mohín me acerqué a Adam, y me pidió que le diera varios instrumentos mientras que le pedía a Lena que no dejara de pujar. Lena gritaba como que si le partiesen en dos y me asusté. ¿De verdad dar a luz dolía tanto? Yo jamás tendría hijos, ¡nunca en la vida!

Lena gritó de nuevo y de pronto un llanto agudo se escuchó por toda la sala.

-Vamos Rose, sostén al bebé. Lena, es un niño, cariño, un hermoso varón.

Como si estuviese en un sueño sentí el peso del pequeño bulto rosado y llorón que Adam puso en mis manos. Lo tomé como si fuese un tesoro acunándolo en mi pecho. Adam cortó el cordón umbilical con cuidado y después sacó de un tirón la placenta. Volteé a ver a Lena y estaba inconsciente. Me asusté.

-¡Lena esta inconsciente! –grité abrazando con fuerza al bebé. Adam me miró y luego la miró a ella.

-Entró en shock, Rose, llévate al bebé de aquí. ¡Lena! Responde, cariño, ¡LENA!

Salí de la habitación con miedo. Si le pasaba algo a Lena era mi culpa, yo había explotado al saber que el bebé que llevaba en el vientre era de Dimitri y no me lo había dicho. Yo le había provocado el parto y si le pasaba algo era mi culpa. Sollocé y miré al sonrosado bebé hinchado que tenía en los brazos. Estaba cubierto de una sustancia blanca y sangre.

-Tranquilo, bebé Dimitri, todo va a estar bien –lo puse con sumo cuidado en la cama-. Todo va a estar bien, yo te voy a cuidar.

En la habitación de Lena había una mochila color azul cielo con figuritas de bebé, supuse que era la mochila del bebé y la tome. Dentro había pañales, ropita, toallas húmedas y demás cosas para limpiar al bebé. Con mucho cuidado agarré unas toallitas húmedas y comencé a limpiar el pequeño cuerpecito. Después de quitarle la suciedad descubrí que su piel era rosada, el cabello era negro como el de Dimitri. Los ojitos los tenía cubiertos de una membrana lechosa.

No supe cuánto tiempo pasó cuando Adam entró a la habitación con Lena en brazos y la depositó en el lado contrario a donde yo estaba con el bebé. El vestido de Lena estaba cubierto de sudor, se le pegaba como su cabello al cuerpo. Adam rebuscó entre los cajones hasta encontrar otro vestido y tomando una toalla del baño se acercó a Lena. Ante mi mirada atónita comenzó a desnudar a Lena.

-¿Qué estás haciendo? –pregunté brusca. Adam me miró como si a penas se diera cuenta de que yo estaba ahí.

-Tienes las manos ocupadas con el bebé y ella necesita ropa limpia. A menos de que seas un pulpo y puedas hacer tú sola todo a la vez espero que me dejes continuar.

Le saqué la lengua tal cual niña pequeña y continúe cambiando al bebé Dimitri mientras él terminaba de cambiar a Lena. Lo mucho que sabía sobre bebés lo había aprendido de la hermana de Dimitri y no era mucho en realidad. Estaba segura que el pañal lo había puesto al revés. Le puse una de esas cositas de tela suave que les ponen a los bebés sobre el pañal de color verde pastel y antes de ponerle ropita abrigadora, le acomodé el cordón umbilical como Adam me indicó.

Adam por su parte terminó de cambiar a Lena y después de arroparla en la cama fue conmigo y bebé Dimitri y lo tomó en brazos.

-Lena necesita descansar, está débil –dijo tomando la mochila de bebé y saliendo de la habitación, lo seguí sin preguntar-. Y este pequeño campeón necesita comer.

Bajamos a la cocina y con las indicaciones de Adam puse a hervir los biberones y el agua para prepararle la formula a bebé Dimitri. Adam no dejaba de acunar al bebé y de hacerle cariños, cosa que parecía tener a bebé Dimitri tranquilo y sin llorar mientras la tía Rose preparaba el biberón con formula. Cuando estuvo listo todo le entregué a Adam el biberón y este como si fuese un experto en la materia, comenzó a alimentar a mini Dimitri después de checar la temperatura.

-Lo haces ver tan fácil, ¿cómo es que sabes todo esto? –pregunté mirándolo embelesada alimentar al bebé.

-La verdad no es muy difícil, cuando se aprende bien. Me especialicé en medicina neonatal por lo que tuve mucha práctica.

-No es solo eso –dije frunciendo el ceño. Adam suspiró.

-Tienes razón, no lo es. Tuve una esposa y un hijo –confesó serio. Lo miré con la boca abierta por un momento.

-¡Oh! Por eso es que tenías tanta ropa de bebé y mujer –dije como quien descubre un gran secreto. Adam asintió.

-Así es, la habitación de Lena era la mía y de mi mujer. Deje todo como ella lo dejó cuando murió y me cambié de habitación.

-Lo siento mucho –dije con suavidad. Adam continuó alimentando a mini Dimitri-. Debió de ser muy difícil.

-Lo fue.

-¿Puedo preguntar qué paso? –pregunté quedamente acercándome a él. Adam me miró.

-Supongo que es justo, tú y Lena fueron sinceras conmigo –suspiró-. Conocí a Tanya en la facultad de medicina, ella era pasante y yo su tutor. Era una mujer muy hermosa y compasiva, me enamoré rápidamente y nos casamos después de su pasantía. Un año después nació nuestro hijo, Mikail.

"En ese entonces yo estaba en medio de una investigación sobre los no-natos morois y ella, al ser también moroi, se ofreció para las primeras investigaciones. Junto con ella y otras cinco mujeres pude comprobar mi teoría de que se puede saber que elemento domina un moroi desde el vientre pero al rey Boris le pareció que mi investigación era basada con magia negra, pensaba que yo controlaba con hechizos y encantamientos a las mujeres para que concordaran mis estudios.

-Eso es horrible –dije horrorizada. Adam continuó mirando a mini Dimitri y luego suspiró.

-Me desterró de la corte moroi polaca y me desacreditó ante el consejo de medicina. A las mujeres que me ayudaron las perdonó con la condición de que no dijeran absolutamente nada de mi investigación y perdieran cualquier tipo de contacto conmigo. Sin embargo, como castigo hacia mí y para que no volviera a experimentar con los morois, mandó asesinar a mi esposa y a mi hijo.

-¡¿Qué?! ¿Un rey hizo eso? –pregunte estupefacta. Adam se rió amargamente.

-Los reyes pueden hacer muchas cosas detestables y seguir siendo reyes.

-¿Pero mandar matar a un recién nacido? –pregunté horrorizada. Adam dejó el biberón vacío en la barra de la cocina, se puso a mini Dimitri en el hombro y comenzó a darle pequeñas palmaditas suaves.

-Nadie puede saberlo si se elimina el registro del nacimiento. Si no existió, ¿cómo demuestras que fue asesinado?

Miré a Adam seria. Ahora comprendía porque sin miramientos nos había ayudado sin pedir nada a cambio. Porque atendía y ayudaba a Lena con una devoción inusual. Adam veía en Lena a su esposa e hijo asesinados. No pude evitar sentir pena. Le habían arrebatado todo lo que amaba de una forma horrible.

Nos quedamos en silencio un rato simplemente mirando al bebé Dimitri dormir tranquilamente. Aun no se podían distinguir ningún tipo de facciones en él debido a que todavía estaba hinchado y rosa, pero sin duda era un bebé muy bonito. Lena era una mujer muy hermosa y muy noble; yo no podría molestarme con Dimitri por haberse enamorado de ella al creerme muerta. La nobleza en el corazón de Lena era palpable. Adam tenía razón. Ella había arriesgado su vida y la de su bebé por salvarme de morir, yo no podría estar menos que agradecida y estaría en deuda con ella toda la vida. Ahora entendía a Dimitri cuando Lissa lo trajo de vuelta.

Eran cosas que no se podían agradecer con unas simples gracias.

El bebé Dimitri suspiró y el corazón se me encogió. De todos, él era quien menos culpa tenía de absolutamente nada. Unos golpes en la puerta de entrada nos sobresaltaron a Adam y a mí. Lo miré asustada pero Adam, con una tranquilidad digna de admirarse, se levantó con mini Dimitri en brazos y caminó hacia la puerta. Sin duda pudo leer la duda en mi rostro porque inmediatamente me sonrió para tranquilizarme.

-Si fuesen strigois no tocarían la puerta. Ten –me dio con cuidado a mini Dimitri-, cuidado con la cabeza, sí, eso es. Ahora mantente detrás de mí.

Asentí y caminamos, yo detrás de él, hacia la puerta de entrada. Escuchamos otros golpes y Adam abrió una puertecita. Como estaba detrás de él no podía ver nada, Adam era un hombre muy alto, media mínimo 1,90 de estatura.

-¿Diga?

-Hola, buscamos al doctor Adam Darski –dijo una voz femenina demasiado conocida del otro lado de la puerta. Comencé a pensar donde la había escuchado.

-¿Para qué lo busca? –respondió Adam.

-Es importante, verá. Estamos buscando a dos chicas y nos dijeron que fueron enviadas con el doctor Darski.

-¿Oh si? ¿Quién le dijo eso?

-El doctor Kotska. Mire es muy importante, sus nombres son Rosemarie Hathaway y Yelena Vólkova –insistió la chica con desesperación. Empuje un poco a Adam y el bufó.

-¿Qué relación tiene usted con ellas?

-Yo…

-Por favor, somos familia –dijo una voz masculina con inconfundible acento ruso.

-¡DIMITRI! –grité sin poder contenerme. Adam cerró la puertita para abrir la puerta grande.

Ahí frente a mí estaba mi Dimitri.

-¡Roza! –dijo caminando hacia mí y acunando mi cara en sus manos incrédulo. Me miró y me miro y una sonrisa se formó en su rostro-. ¡Oh mi Roza! ¡Estás viva! –Me abrazó pero instintivamente me hice para atrás, aún tenía a mini Dimitri en brazos. Dimitri notó mi rechazo y con extrañeza me miró. Después bajó su mirada hacia mis brazos.

-¡Era cierto! –gritó una voz masculina también conocida. Volteé y vi a Adrián detrás de una chica de cabello negro.

-¡Adrián! –dije con entusiasmo. Adam notó mi ánimo y rápidamente me quitó al bebé de los brazos. Inmediatamente me eché en brazos de Dimitri y él me devolvió el abrazo con efusividad.

Las lágrimas se escaparon de mis ojos. Después de tanto tiempo, de tantas cosas y problemas finalmente estaba con él. Con mi Dimitri. El amor de mi vida. Lo abracé con fuerza y después lo besé con anhelo, con desesperación.

-¡Oh Roza! –Dijo entre lágrimas-. Te he extrañado tanto.

-¡Y yo a ti, camarada! –dije con una sonrisa. Dimitri me sonrió de vuelta y girando su mirada hacia Adam le sonrió.

-Gracias por cuidar de ellas.

-Un placer –dijo con el ceño fruncido. Algo me decía que Adam no estaba muy contento con la presencia de Dimitri, Adrián y sus acompañantes-. Rosemarie, por favor pasa a tus amigos al salón en lo que yo llevo a este pequeño a la cama.

Ante la mención de mini Dimitri todos se voltearon a ver entre sí confundidos mientras yo cerraba la gran puerta y jalaba de la mano a Dimitri hacia el salón. Adam desapareció escaleras arriba mientras nosotros entrabamos en el enorme salón. Cuando estuvimos sentados todos en el salón pude mirar a Dimitri, Adrián y sus acompañantes con detenimiento. Dimitri lucía un poco más delgado y tenía ojeras debajo de sus ojos. Su cabello estaba más largo y tenía barba espesa cubriéndole la cara. Adrián no lucia mucho mejor. También lucía delgado y ojeroso, pero el continuaba con el rostro libre de vello. Los miré a ambos y sonreí. Aun no podía creer que estuviesen aquí.

-¿Entonces era cierto que Lena estaba embarazada? –dijo Adrián rompiendo el silencio. Lo miré sonriente y asentí.

-Sí, dio a luz hace unas horas y fue un niño –respondí con una sonrisa. La chica de cabello negro que había estado frente a Adrián en la puerta me miró y entonces la reconocí. ¡Era la hermana menor de Dimitri!

-¡Viktoria! –dije levantándome y abrazándola. La chica me regreso el abrazo un poco incomoda.

-Hola Rose.

-¿Qué hacen aquí? ¿Cómo nos encontraron?

-No fue fácil, de eso puedes estar segura –dijo una chica de cabello rubio y cara de pocos amigos-. Soy Gretta.

-Después del sueño astral figuramos que estaban en Rusia, por lo que Adrián y yo viajamos para allá –dijo Dimitri tomando mi mano. Entrelacé mis dedos con los suyos.

-Ahí estuvimos cerca de un mes cuando nos topamos con su hermana y sus amigos –dijo Adrián serio. Le sonreí y me regresó la sonrisa desganada.

-Luego estuvimos siguiendo pistas hasta que nos dijeron que las vieron con el doctor Kotska y el doctor Kotska nos mandó para acá –terminó de contar un chico de cabello rubio tendiéndome la mano-. Soy Pete.

-Hola -les dije con una sonrisa. Luego Adrián me miró serio.

-Entonces, ¿cómo estás? ¿Por qué no volvieron a comunicarse con nosotros?

-Lo intentamos por un tiempo, pero luego enfermé y Lena se dedicó a buscar un doctor que me salvara la vida. Por eso vinimos con Adam. Él es usuario de espíritu también –dije con una sonrisa.

-¿Dónde está Lena? –preguntó Dimitri captando la atención de todos.

-Aquí.

.

.

.

El llanto de mi bebé me despertó. Abrí los ojos lentamente y traté de moverme pero unas manos me detuvieron. Adam estaba sentado a mi lado y tenía a mi bebé en brazos. Lo miré con los ojos llenos de lágrimas. Perdí el conocimiento inmediatamente después de escuchar el llanto de mi bebé por lo que no conocía su carita. El doctor Darski pareció leer mi mente porque rápidamente me puso a mi bebé en brazos.

-Hola corazón, soy tu mami –dije llorando de la emoción. Él pareció reaccionar a mi voz porque abrió los ojitos y comenzó a moverse-. Mire doctor Darski, ¡me reconoce!

-Por supuesto, eres su madre –dijo con una sonrisa-. Y deja de llamarme doctor Darski, me haces sentir viejo.

-Adam –dije y él asintió sin dejar de sonreír.

-Así está mejor. ¿Cómo te sientes?

-Feliz, mi bebé está sano y eso es todo para mí –dije sin dejar de sonreír. El doctor Darski… Adam, me miró con seriedad.

-Eso es genial, pero tú, necesito que me digas cómo te sientes.

-¿Importa?

-Lena, tu corazón se detuvo después de dar a luz, eso es serio –miré la preocupación en su rostro. Lo tomé de la mano y sonreí.

-Adam, estoy bien. Me siento bien –dije sin dejar de mirarlo. Adam acarició el dorso de mi mano y sonrió.

-Eso está muy bien. Él –señaló con la cabeza a mi bebé-, está perfecto. Un poco bajo de peso pero no es nada grave.

-Gracias por ayudarnos –le dije con sinceridad apretándole la mano, Adam me regresó el apretón.

-No es nada. ¿Ya sabes cómo lo llamarás?

Medité por unos momentos su pregunta y después sonreí. Adam se sentó a un lado de mí y comenzó a acariciar la cabecita de mi bebé.

-Sí, lo llamaré Adam, como tú –le informé con una sonrisa. Adam me miró estupefacto.

-¿Cómo yo?

-Sí, lo trajiste a este mundo. Sin ti no estaríamos aquí, así que lo llamaré como tú –Adam se rascó la cabeza y después sonrió.

-Creí que lo llamarías como su padre.

-Ese era su nombre antes de que entraras a nuestras vidas –le informe, Adam me tomo la mano libre y me besó el dorso.

-Es un honor para mí que llames a tu hijo como yo pero creo que deberías tomar en cuenta la opinión de su padre –dijo con tristeza. Lo mire extrañada y Adam se levantó de la cama y me quitó a mi pequeño de los brazos para ponerlo en la cama.

-Adam, ¿qué es lo que pasa? –pregunté asustada. Adam se arrodilló frente a mí tomando mis manos entre las suyas.

-Lena… Dimitri esta abajo.

-¿Qué? ¿Dimitri? ¿Cómo…?

-No lo sé, pero está abajo con Rose. Creo que necesitan hablar en privado.

Lo miré asustada y luego miré a mi bebé. Era tan pequeño e indefenso. Se me encogió el corazón solo de imaginarlo solo en el mundo. Miré de nuevo a Adam y lo abracé.

-No dejes que me quiten a mi bebé –sollocé, Adam me estrechó en sus brazos.

-Nunca, Lena.

Con la cabeza echa un lio y después de dejar al pequeño Adam en su cuna, me encaminé hacia el salón del brazo de Adam. Aun me sentía un poco dolorida y débil pero Adam tenía razón y debía de hablar con Dimitri cuanto antes. A unos pasos del salón escuché la voz alegre de Rose y de otras personas, menos la de Dimitri. Le preguntaban cosas y ella les preguntaba de vuelta. Por un momento me sentí como una intrusa, como si yo hubiese llegado a invadir la vida de Rose poniéndola de cabeza. Adam notó mi incertidumbre por lo que me abrazó y me aseguró que todo iría bien. Entonces me giré y al llegar al umbral, su voz inundó la sala.

-¿Dónde está Lena? –preguntó, y yo sin dejar de mirar las manos unidas de Rose y Dimitri respondí con la voz quebrada:

-Aquí.


Hola. ¿Cómo les va? *se esconde detrás del escritorio* No puedo creer que me tarde casi un año en publicar de nuevo. Excusas y razones hay bastantes, pero no quisiera indagar en nada de eso. Por eso, les he dejado tres capítulos de un jalón. Que si les digo que estaban hechos desde hace un montón me mandaran una horda de strigois.

¡Dejenme saber que opinan!

Besos, K!