Capítulo 15

Nami tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ponerse a llorar y a gritar como una niña que se despierta en la mañana para abrir sus obsequios de Navidad. Los ojos de Luffy se abrían y se cerraban en repetidas ocasiones.

-Despertaste -susurró contenta.

Luffy intenta contestarle, pero le pesa la boca.

- ¿Qué tal te sientes? -pregunta ella-. ¿Necesitas algo?

Él sigue sin responderle, sólo la mira.

-Estaba muy preocupada ¿Sientes algún dolor? ¿Necesitas alguna medicina o un poco de agua?

Él asiente.

-Agua -susurra roncamente.

Nami salta de la cama y sirve un poco de agua en un vaso de cristal. Ayuda a Luffy a tomarla, sin que se le derrame encima.

- ¿Te sientes bien? -vuelve a preguntarle.

-Me...la cabeza.

- ¿Dolor de cabeza? -él asiente-. Debe ser porque estás despertando ¿Qué más sientes?

-Me...duele...el cuerpo.

-Dame un segundo, ¿sí? -él asiente-. Ya regreso.

Nami sale de la habitación como una bala a buscar a Margaret.

Nami observa a Margaret sobre el sofá, deslizando los pulgares por la pantalla del móvil. La chica parece no notarla, porque permanece quieta.

- ¿Margaret? -dice Nami.

La aludida da un salto, visiblemente asustada. Le lanza a la pelinaranja una mirada preñada de molestia.

- ¿Necesitas algo? -dice.

-Um, sí. Luffy, em, despertó. Tal vez deberías...

Margaret salta del asiento, caminando a toda velocidad hacia la habitación. Una Nami confundida permanece en la sala, dándole tiempo y espacio a Margaret para atenderlo. Se deja caer sobre el sofá mientras se abraza a ella misma. La emoción y la alegría de saberlo despierto y sano la cubre como un suave manto de seda. No puede evitar sonreír, presa de la satisfacción más grata. Permanece pacientemente sentada, contando mentalmente los minutos que faltaban para volver con él.

Margaret entra a la habitación donde está un Luffy cansado y pálido. Tiene los ojos cerrados y la mano posada suavemente sobre su frente. Se le veía débil, pero muy guapo.

"Lástima que tendré que matarte"

Margaret se aclara la garganta, llamando la atención de él.

- ¿Luffy? -musita con voz quejumbrosa.

El aludido aparta la mano de su frente y enfoca su campo visual en ella.

-Hola, Luffy -musita Margaret-. Yo...

-Antes -hace una mueca- quiero preguntar...Esa mujer...Nami -vuelve a hacer una mueca-. ¿Qué hace aquí?

Margaret pestañea.

- ¿No la recuerdas?

- Claro que sí, ¿pero qué hace en Inglaterra? -frunce el ceño-. ¿Y dónde estoy?

- ¿De verdad no recuerdas nada?

- Recuerdo que la última vez que vi a Nami me marchaba de Canadá. No sé que hace aquí, sea donde sea que estemos.

Margaret lucha por contener una sonrisa.

"De modo que no te acuerdas, ¿eh? -dijo para sí-. Esto es perfecto"

Margaret estalla en un llanto falso. Luffy, sorprendido, intenta sentarse.

-Oh, mi Luffy -chilla-. No puedo creer que no te acuerdes de nada.

- ¿De qué me debo acordar? -frunce el ceño-. ¿Qué pasa?

-Esa mujer, Nami, hizo que te lastimaran. Le pagó a unos sujetos para asesinarte.

El corazón de Luffy dio un vuelco. No, no puede ser. Esa no era la tierna Nami que recordaba.

-No... ¿De qué hablas?

-Trató de matarme para separarnos, Luffy -se cubrió el rostro con las manos mientras fingía el llanto-. Éramos tan felices hasta que ella apareció. Está tan obsesionada contigo que no quiere vernos juntos. Quiso matarte y también a mí.

-A... ¿ti? ¿Por qué?

-Estoy esperando un hijo tuyo, Luffy. Un hijo de los dos.

Margaret volvió a estallar en un llanto mucho más falso. El pecho de Luffy se comprimió. No puede ser. ¿Nami? No, Nami era la chica más dulce que había conocido. No puede dañar a nadie. ¿Y esa mujer, quien era? ¿Por qué no podía recordarla? ¿Por qué no podía recordar que esperaba un hijo suyo? Pero viéndola en ese estado, llorosa y temblorosa, no podía dudar que era cierto.

Su Nami, la niña dulce, había desaparecido. En su lugar estaba ahora un demonio, un monstruo, que quiso acabar con su hijo. Una desilusión cruzó su pecho. Si realmente había intentado un acto tan bárbaro, no dudaría en hacerla pagar.

Nami camina de aquí para allá, nerviosa. Hace casi quince minutos Margaret había entrado en la habitación de Luffy y no había salido a dar noticias. En su interior presentía lo peor.

-No, Nami -se dijo a sí misma-. Él va a estar bien.

Nerviosa, terminó por desplomarse nuevamente en el sofá. Cerró los ojos y se concentró en los recuerdos. Luffy, su héroe. Sacándola del almacén el día del robo. Cuidándola, mimándola, llenándola de cariños. Luffy dándole amor, todo el amor que le hacía falta.

"Tienes unas manos divinas, nena. Todo lo que haces con ellas es perfecto."

-No tienes idea de todo lo que haría contigo, Luffy -susurró para sí.

"Tu cuerpo me necesita y el mío a ti."

-Sí -suspiró-. Lo hace.

Tantea los labios con los dedos, recordando sus besos. Abre los ojos de golpe.

"Tengo que llamar a Robin"

Salta del sillón, agarra el teléfono y marcó su número.

-Em, ¿hola?

-Ro -chilló-. Soy Nami.

-No me jodas, ¿por qué gritas así? ¿Luffy está bien?

-Sí, está bien. Ya despertó.

La chica escucha a Robin gritar.

-Eso es grandioso. ¿Y qué te dijo?

-Estaba como confundido. Lo está revisando la enfermera.

Robin permanece en silencio por un rato.

-Nami, ¿qué enfermera?

El sonido de los tacones capta la atención de la pelirroja.

-Luego te llamo, Ro.

-No, Nami Esto es importante ¿Qué enfer...?

Ya era tarde, la llamada se había caído.

-Luffy quiere verte -anunció Margaret.

Ella suelta un gritito de felicidad.

-Gracias -chilla.

Sale corriendo como una cría emocionada. Margaret la observa marcharse, y no puede más que sonreír.

-Pobre estúpida -dice para sí-. No sabe lo que le espera.

Continuara...


Las cosas que pasan hoy en dia... jajaja o al menos que pasaran aqui, ya nos veremos de nuevo y REVIEWS?