Capítulo 16
Tras las puertas abiertas del elevador había un mundo nuevo. Era estar en el interior de una casa moderna y decorada con la mayor elegancia que jamás haya visto Nami. Tenía una amplia sala y comedor a la vista, un pasillo mas allá que daba a un sinfín de habitaciones.
-Wow -susurró.
Transportaron a Luffy hacia una de las habitaciones. Una habitación pintada con un relajante tono verde, con una amplia cama, escritorio, una lámpara y su propio baño. Era incluso mucho más enorme que la habitación más lujosa de un hotel. Los enfermeros colocaron a Luffy sobre la cama y tras revisar que todo estuviera en orden, acabaron por marcharse. Nami suspira y se sienta en el borde de la cama, sosteniéndole la mano.
-Seremos solo tú y yo, Luffy -susurra-. Me duele mucho verte así, pero sé que te pondrás igual de pervertido y tierno que antes.
Se obliga a si misma a callar cuando escucha unos tacones que irrumpen en la habitación. Una mujer de cabello negro muy guapa la mira sin sonreírle.
- ¿Quién es usted? -pregunta Nami
La mujer observa a Nami de arriba abajo. Casi podía jurar que la miraba con desprecio.
-Soy Margaret Parker, enfermera.
-Um -musita Nami-. ¿Y que se le ofrece?
-El doctor Holt me ha enviado para cuidar al paciente. Lo atendí mientras estuvo en el hospital.
-No me avisaron que usted estaría con nosotros.
-Seguramente se les ha olvidado. Ahora, ¿puede salirse? Voy a revisarlo.
-Veníamos con enfermeros. No encontraron nada.
-Por favor, salga. Necesito revisarlo.
Nami la miró de mala gana, pero accedió. Margaret sonrió ampliamente cuando se halló sola con él.
-Hola, Luffy -musita al acercarse-. Sé que en cualquier momento despertarás. Es una pena, porque me pagaban muy bien por mantenerte dormido. En fin -sonríe-. Cuando abras esos hermosos ojos, tendré que matarte. Lo que es terrible, porque de verdad me gustas, pero Nate me pagará muy bien por hacerlo. Lo siento, nene.
La ducha de la habitación era una total maravilla. El agua caliente consiguió romper con la tensión acumulada. Y poder usar ropa decente era mucho mejor. Pero algo realmente mejor era verlo allí, en la cama. Luffy, su gran amor, despertaría en cualquier momento. Nami se sienta en el borde de la cama mientras se seca el pelo con la toalla.
-Hola, dormilón -sonríe-. ¿Recuerdas que te dije que estaríamos solo? Pues parece que no. Llegó una enfermera, así que tienes que ponerte bien muy rápido para que se vaya.
Deja caer la toalla y se acerca más, hasta que puede tomarle la mano.
-No sé si recuerdes que en un mes es mi cumpleaños. Quiero que me ayudes a preparar un pastel. Aunque lo único que quiero de regalo es que me hagas el amor -suspira-. Tienes que despertar, Luffy. Me duele verte así.
Nami se muerde el labio para contener el sollozo.
- ¿Sabes? Aun me acuerdo cómo nos conocimos -suelta una carcajada-. Acababas de mudarte a Canadá y no sabias donde estaba tu salón. Me preguntaste a mí y casi me ahogo. Ningún chico solía acercarse a mí de la forma en que lo hiciste tú, sonriéndome tan coqueto y tierno a la vez.
Observó el rostro de él.
-Yo quería besarte. Sufrí mucho cuando te fuiste de Canadá.
Se recuesta un poco de su pecho sin lastimarlo, de modo que sus bocas quedan muy cerca.
-No puedo olvidar los besos que me diste -jadea-. Ni la forma en la que me tocabas, maldito pervertido.
Presionó un poco los labios contra los de Luffy, saboreando con cariño la calidez de sus labios secos. El beso se convirtió en uno un poco más intenso, luego más, más, más. Nami se volvió esclava de su propio deseo, de su añoranza más deseada. Pero Luffy no estaba despierto para satisfacerla.
Nami escuchó un gemido.
Al abrir los ojos, observó a un Luffy cansado, pálido y fatigado. Pero despierto.
Nami tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ponerse a llorar y a gritar como una niña que se despierta en la mañana para abrir sus obsequios de Navidad. Los ojos de Luffy se abrían y se cerraban en repetidas ocasiones.
-Despertaste -susurró contenta.
Luffy intenta contestarle, pero le pesa la boca.
- ¿Qué tal te sientes? -pregunta ella-. ¿Necesitas algo?
Él sigue sin responderle, sólo la mira.
-Estaba muy preocupada ¿Sientes algún dolor? ¿Necesitas alguna medicina o un poco de agua?
Él asiente.
-Agua -susurra roncamente.
Nami salta de la cama y sirve un poco de agua en un vaso de cristal. Ayuda a Luffy a tomarla, sin que se le derrame encima.
- ¿Te sientes bien? -vuelve a preguntarle.
-Me...la cabeza.
- ¿Dolor de cabeza? -él asiente-. Debe ser porque estás despertando ¿Qué más sientes?
-Me...duele...el cuerpo.
-Dame un segundo, ¿sí? -él asiente-. Ya regreso.
Nami sale de la habitación como una bala a buscar a Margaret.
Nami observa a Margaret sobre el sofá, deslizando los pulgares por la pantalla del móvil. La chica parece no notarla, porque permanece quieta.
- ¿Margaret? -dice Nami.
La aludida da un salto, visiblemente asustada. Le lanza a la morena una mirada preñada de molestia.
- ¿Necesitas algo? -dice.
-Um, sí. Luffy, em, despertó. Tal vez deberías...
Margaret salta del asiento, caminando a toda velocidad hacia la habitación. Una Nami confundida permanece en la sala, dándole tiempo y espacio a Margaret para atenderlo. Se deja caer sobre el sofá mientras se abraza a ella misma. La emoción y la alegría de saberlo despierto y sano la cubre como un suave manto de seda. No puede evitar sonreír, presa de la satisfacción más grata. Permanece pacientemente sentada, contando mentalmente los minutos que faltaban para volver con él.
Margaret entra a la habitación donde está un Luffy cansado y pálido. Tiene los ojos cerrados y la mano posada suavemente sobre su frente. Se le veía débil, pero muy guapo.
"Lástima que tendré que matarte"
Margaret se aclara la garganta, llamando la atención de él.
- ¿Luffy? -musita con voz quejumbrosa.
El aludido aparta la mano de su frente y enfoca su campo visual en ella.
-Hola, Luffy -musita Margaret-. Yo...
-Antes -hace una mueca- quiero preguntar...Esa mujer...Nami -vuelve a hacer una mueca-. ¿Qué hace aquí?
Margaret pestañea.
- ¿No la recuerdas?
-Claro que sí, ¿pero qué hace en Inglaterra? -frunce el ceño-. ¿Y dónde estoy?
- ¿De verdad no recuerdas nada?
-Recuerdo que la última vez que vi a Nami me marchaba de Canadá. No sé que hace aquí, sea donde sea que estemos.
Margaret lucha por contener una sonrisa.
"De modo que no te acuerdas, ¿eh? -dijo para sí-. Esto es perfecto"
Margaret estalla en un llanto falso. Luffy, sorprendido, intenta sentarse.
-Oh, mi Luffy -chilla-. No puedo creer que no te acuerdes de nada.
- ¿De qué me debo acordar? -frunce el ceño-. ¿Qué pasa?
-Esa mujer, Nami, hizo que te lastimaran. Le pagó a unos sujetos para asesinarte.
El corazón de Luffy dio un vuelco. No, no puede ser. Esa no era la tierna Nami que recordaba.
-No... ¿De qué hablas?
-Trató de matarme para separarnos, Luffy -se cubrió el rostro con las manos mientras fingía el llanto-. Éramos tan felices hasta que ella apareció. Está tan obsesionada contigo que no quiere vernos juntos. Quiso matarte y también a mí.
-A... ¿ti? ¿Por qué?
-Estoy esperando un hijo tuyo, Luffy. Un hijo de los dos.
Margaret volvió a estallar en un llanto mucho más falso. El pecho de Luffy se comprimió. No puede ser. ¿Nami? No, Nami era la chica más dulce que había conocido. No puede dañar a nadie. ¿Y esa mujer, quien era? ¿Por qué no podía recordarla? ¿Por qué no podía recordar que esperaba un hijo suyo? Pero viéndola en ese estado, llorosa y temblorosa, no podía dudar que era cierto.
Su Nami, la niña dulce, había desaparecido. En su lugar estaba ahora un demonio, un monstruo, que quiso acabar con su hijo. Una desilusión cruzó su pecho. Si realmente había intentado un acto tan bárbaro, no dudaría en hacerla pagar.
Continuara…
Doble capitulo largo... ;) :)
