Disclaimer: Los personajes y referencias conocidas le pertenecen a Richelle Mead, la historia y personajes nuevos son de mi autoría.
Capítulo 9.
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Me levanté rápidamente al escuchar la voz de Lena y solté la mano de Rose. Las emociones eran tan encontradas al verla. Al ver a Rose había sentido alivio, gusto y añoranza. Al ver a Lena sentía gusto, pero también tristeza y desconcierto. ¿Qué pasaría con nosotros ahora? Lena se aferró al brazo del hombre que había abierto la puerta y yo sentí una punzada en el corazón.
A diferencia de Rose, quién se veía sana, Lena se veía cansada y demacrada. Quise ir hacia ella y tomarla en mis brazos, asegurarle que todo estaría bien y que saldríamos adelante pero Rose, a un lado de mí, sin saberlo me lo impedía. No podía hacer eso porque yo amaba a Rose, había dado todo por ella y estos tres años sin ella habían sido un suplicio… hasta que Lena llegó a mi vida. La miré y ella me miró, con sus hermosos ojos grises llenos de dolor y tristeza.
-¡Lena! Estas bien –dijo Adrián levantándose y caminando hacia ella para tomarla en brazos. Lena le regresó el abrazo con una sonrisa. Odié a Ivashkov por un momento.
-Hola Adrián, si, perfecta –le respondió ella con una enorme sonrisa. Le beso ambas mejillas y después con dulzura le acunó la mejilla con su mano-. Espero no te metieras en problemas en mi ausencia.
-Sin ti no era lo mismo –respondió él abrazándola de vuelta-. Jill y Mía te extrañan.
-Y yo a ellas. Mira, Adrián –le dijo alejándose un poco de él y atrayendo al hombre-, él es Adam Darski, el hombre que nos mantuvo con vida –Adrián le tendió la mano sonriente. Viktoria y Gretta tuvieron una reacción distinta.
-¡¿Qué?!
-¡¿Él es el doctor?!
-Mucho gusto –dijo el hombre saludando a Adrián e ignorando las preguntas de las chicas.
-Gracias, mil gracias por cuidar de ellas –le repitió Adrián y el doctor le sonrió.
-Un placer.
Entonces, el doctor me miró y su mirada me desconcertó. Su mirada estaba cargada de una especie de odio, celos y enojo. No supe descifrar por qué me miraba así si era la primera vez que lo veía. Rose, vivaracha como siempre, me abrazó de vuelta y luego caminó hacia Lena y la abrazó.
El ambiente se tornó pesado. Lena bostezó y Rose la miró con preocupación.
-¿Te sientes bien? –le preguntó asustada, Lena le sonrió de vuelta.
-Sí, Rose, estoy bien, solo estoy cansada.
-¡Cierto! Diablos, ¿qué haces afuera de la cama? ¿Dónde está mini Dim…? –Rose se interrumpió bruscamente mirando a Lena con preocupación para luego mirarme a mí. Lena la tomó de la mano y le sonrió con dulzura.
-No te preocupes, Rose, está todo bien.
-Creo que ustedes dos deben de hablar –dijo Rose mirándonos y después mirando a los demás-. ¿Alguien tiene hambre? –preguntó Rose y recibió muchas aceptaciones inmediatamente.
Después de salir todos, el doctor le susurró a Lena algo al oído antes de salir y cerrar la puerta detrás de él. Lena y yo nos quedamos mirándonos en silencio. Ahora no sabía qué hacer. Me sentía como un imbécil. Ella me había dado su amor y apoyo incondicional ¿y yo cómo le pagaba? Alejándola de mí a la primera oportunidad. Ignorando su ausencia por seis meses. Saliendo a buscarla hasta que me había dicho en un sueño astral que Rose estaba viva. Recorriendo medio continente Asiático y Europeo con el pensamiento solamente de encontrar a Rose.
¿Y ahora? La tenía enfrente pero la sentía lejos. Muy lejos.
-Lena yo…
-No tienes por qué decir nada –me interrumpió sentándose en la silla más lejana a mí, la imité con el corazón hecho trizas-. Siempre fuimos sinceros el uno con el otro.
-Sí, pero…
-Tienes razón, fue un error mío haber pensado que pudimos ser algo más que amigos. La verdad no me di cuenta cuando me enamoré de ti, lo que si supe fue cuando pasaste a ser una parte elemental de mi vida. Pero fue un error, debí de alejarme cuando lo supe…
-¡No! –la interrumpí levantándome de golpe y caminando hacia ella. Antes de que Lena pudiera huir de mi me arrodillé frente a ella-. No, no fue un error. Yo soy un estúpido. No supe valorarte.
-Ahora ya encontraste a Rose y por fin serás feliz –me dijo con los ojos llenos de lágrimas. Traté de acunar su cara pero alejó su cara de mí-. Dimitri, no, por favor.
-Lena yo… estaba confundido y tenía miedo. Tenía miedo de amarte y luego perderte, me di cuenta de ello muy tarde… lo supe hasta que te perdí.
-Pero ahora tienes a Rose, y el amor que ella te tiene es muy puro. Ese amor fue lo que la mantuvo viva por tanto tiempo y la hizo luchar para salir de donde estábamos –respondió ella levantándose con dolor. La miré preocupado y ella suspiró-. Eres padre, Dimitri.
La miré en silencio y luego la abracé. Lena rompió a llorar y yo también. Lo había sabido desde que el informante de mi hermana nos dijo que estaba embarazada. Lo había confirmado cuando el doctor en Bielorrusia nos dijo que la mayor de las chicas estaba embarazada. Lo sabía de corazón. Las veces que hicimos el amor no nos protegimos y lo sabía. Éramos padres.
Lena se intentó alejar de mí pero yo la atraje de vuelta. Hundió su cara en mi pecho y lloró desconsoladamente. El corazón se me partió como nunca antes lo había hecho. Mi pasado como strigoi, mis pecados, todo aquello no se comparaba con el dolor que ahora sentía, con el dolor que me causaba lastimar a la única persona que me había aceptado, amado y se había entregado a mi sin pedir absolutamente nada a cambio.
La estreché en mis brazos y ella lloró.
-Tenía tanto miedo de perderla –dijo entre el llanto, la estreché con más fuerza sin interrumpirla-. Cuando Rose enfermó me aterró no poder salvarla y traerla a ti. Me aterró la reacción de Rose cuando se enterara de quién era yo, de que eras el padre de mi bebé. Y nos perseguían esos strigois. ¡Tenía tanto miedo, Dimitri! Y yo no podía curarla, mis poderes eran inútiles con ella. Tampoco podía comunicarme de nuevo contigo, ¡era todo un fiasco!
-Shhh, tranquila, ya pasó –la consolé. Lena se secó las mejillas con el dorso de la mano y yo acuné su cara-. Ahora estás a salvo y yo los protegeré.
-Me sentía vil y ruin por mentirle a Rose, por ocultarle la verdad. Ella no se merecía lo que le hice.
-Tú no le hiciste nada –le dije con el corazón hecho trizas-, deja de decir eso.
-No puedes decir eso, tú no viste como reaccionó cuando se enteró. Dimitri, yo no puedo regresar con ustedes…
-¡¿Qué?! ¿Cómo que no puedes regresar? ¡Claro que sí! Eres la madre de mi hijo…
-Y no puedo soportar ser solo eso –respondió alejándose de mí. La miré como si de un extraterrestre se tratara y ella se abrazó a sí misma-. No puedo volver y ser la mujer que se enamoró de Dimitri Belikov cuando él le lloraba a su novia muerta y se embarazó. No puedo soportar verte con Rose. Tampoco soportaría alejarla de ti.
-Pero, ¿y nuestro hijo? ¿Qué hay con él?
-Él sabrá quién es su padre y podrás verlo cuando quieras, pero por favor no me obligues a romper mi corazón de nuevo.
La miré estupefacto. ¿Cómo que no pensaba regresar a la Corte con nosotros? ¡Eso estaba fuera de discusión! Lena se alejó de mí y yo la seguí hasta la puerta donde la acorralé. Intentó pelear y escapar pero le era imposible. Me empujó con sus manos inútilmente. Aspiré su aroma y olía a ella y a ese olor característico de los bebés. La miré de nuevo estupefacto. No concebía una vida sin ella y sin Rose en ella.
-Yo… no puedo vivir sin ti –le susurré, Lena levantó la vista hacia mí y me miró con sus ojos grises llenos de confusión-. Fui un imbécil y me di cuenta tarde. Hasta que te fuiste me di cuenta que soy un muerto en vida sin ti. Y ahora me dices que tenemos un hijo, un bebé tuyo y mío. No me pidas que me aleje. Yo… te amo.
-Pero también amas a Rose –respondió dejándome con la guardia baja y aprovechando mi momento de confusión para escapar de mi agarre.
-Lena, ¡espera! –grité en vano viendo cómo salía corriendo del salón.
Sin perder tiempo salí detrás de ella. La vi subir por las escaleras y la seguí. La vi entrar a una habitación y cerrar de golpe la puerta. Medité por un momento tocar hasta que me abriera o tirar la puerta, pero la voz de Rose me sacó de mis cavilaciones. Me dijo que compartiríamos habitación y estaba tan noqueado por lo que acababa de pasar que no me negué.
Sin duda alguna era un monstruo.
No pude conciliar el sueño en toda la noche. Mi cabeza se la pasaba dándole vueltas a la conversación con Lena. Sin duda alguna Lena tenía razón en odiarme y querer mantenerse lejos de mí, inmediatamente después de pasar una linda noche con ella le mentí le dije que yo no sentía nada por ella y que lo que fuera que había pasado entre nosotros era un error. La empujé a los brazos de Adrián no solo una, sino varias veces. Me la pasaba cometiendo error tras error con ella, confundiendo las cosas en mi cabeza.
Y mi pequeño hijo era el que menos culpa tenía pero también era el más afectado. ¿Mis errores con Lena habían condenado a mi hijo a crecer sin su padre? Y aunque no quería cometer los mismos errores de mi propio padre al ser una figura ausente en su vida, ¿de qué otra forma podía ser? No era lo bastante egoísta como para obligar a Lena a estar cerca. Aunque por otro lado, Lena creció sin su madre y sabe lo que es añorar a un padre, ¿podría ella ser tan egoísta como para condenar a su propio hijo a vivir lo mismo que ella vivió?
Miré a Rose dormir y se me rompió el corazón. ¿Era posible amar a dos mujeres al mismo tiempo?
A la mañana siguiente Rose despertó con muchos ánimos en un terrible contraste con mi humor. Se levantó cantando y se ducho de igual forma. Lo único que atiné a hacer yo era verla y pensar en que iba a hacer de ahora en adelante. Me duché como autómata y al salir Rose me esperaba con una enorme sonrisa en el rostro. Se la devolví y Rosé sonrió todavía más.
-Mini Dimitri está despierto y listo para una ducha –dijo alegremente. Algo debió de ver en mi cara que rápidamente frunció el ceño-. Creo que el bebé aún no tiene nombre y como tiene el cabello negro como tú yo le llamo mini Dimitri, ¿te molesta?
-Uhm no –respondí secamente totalmente sorprendido por la actitud de Rose. Aunque estuve toda la noche pensado en mi hijo aún era muy extraño que alguien más me lo dijera en voz alta.
-Lena está en su habitación y Adam me dijo que podíamos pasar por el bebé cuando quisiéramos. El baño de la habitación de Adam está condicionado para bañar a mini D –me informó cantarina mientras me miraba cambiarme. Asentí en silencio y me apuré en terminar de vestirme.
-Yo no sé cómo bañar a un bebé –confesé después de un rato. Rose me sonrió.
-Yo tampoco, pero debemos de aprender si vamos a convivir con él –dijo cantarina. Se levantó de la cama y caminó hacia afuera. La seguí en silencio-. Adam está dispuesto a enseñarnos todo lo que queramos aprender –la miré ceñudo.
-¿Y él por qué sabe tanto? –pregunté de mala gana. Rose rió.
-Porque a eso se dedica, es una especie de pediatra y sabe cómo tratar a los bebés. Gracias a él mini D nació sin complicaciones, aunque yo también ayudé –dijo con una sonrisa tocando la puerta de la habitación de Lena.
-Adelante –se escuchó la voz masculina del doctor desde adentro. Los celos me invadieron.
-Hola Adam –saludó Rose al abrir la puerta-. Vinimos a bañar a mini D.
-Claro –dijo él y entonces fue que noté donde estaba.
En medio de la enorme habitación había una cama con dosel dorado. En la cama estaba Lena dormida de espaldas hacia nosotros, a detrás de ella estaba Adam recostado alimentando a mi hijo con un biberón. Fruncí el ceño sin poderlo evitar y los celos me embargaron. ¿Qué rayos hacia él en la habitación de Lena tan temprano en la mañana? ¿Qué derecho tenía como para compartir cama con Lena al momento de alimentar a mi hijo? El doctor pareció presentir mis pensamientos porque en cuanto me tuvo al alcance de su mirada me vio con sorna.
-Buenos días Rose, Dimitri –nos saludó con un movimiento de cabeza.
-Buenos días Adam, ¿cómo esta mini D?
-Perfecto, terminando su desayuno. En su cuna esta su ropa.
-¿Lena está bien? –pregunté ceñudo. Adam la miró y luego sonrió.
-Solo está un poco cansada. Y no es para menos, ayer dio a luz –Adam sonrió y acarició su mejilla. El hecho de que tuviera a mi hijo en brazos me impidió echármele encima.
Después de ponerse a mi hijo en el hombro y darle golpecitos en la espalda para sacarle el aire y evitarle cólicos, o eso fue lo que dijo que hacía, el doctor se levantó y caminó hacia una puerta al fondo del cuarto. Rose lo siguió y yo, antes de ir detrás de ellos, me acerqué a Lena, la arropé un poco y la besé en la frente.
El baño era enorme. Tenía una tina enorme en el centro y estaba adornada con ornamentos dorados. Del lado izquierdo había un sanitario y un lavabo, del derecho un vestidor. La decoración del baño era digna de un castillo y mucho más elegante que la de la corte. En el vestidor había una tina más pequeña y elevada, decorada con motivos infantiles. También tenía una mesa a un costado donde el doctor coloco con sumo cuidado a mi hijo. Comenzó a desvestirlo y le explicaba cosas a Rose.
-¿Ya has pensado en un nombre? –Preguntó de repente y yo lo miré como si tuviese un tercer ojo-. Sí, Dimitri, te estoy preguntando a ti.
-Yo… uhmm no.
-Bueno, creo que deberías de hablar con Lena –me dijo señalando la puerta con la cabeza-. Ella tiene en mente unos cuantos.
-¡Sí Dimitri! –dijo Rose de repente-. Ve a ver si ya despertó y hablen sobre los nombres.
Miré a Rose y asentí. Más que saber el nombre, quería hablar con Lena sobre nosotros. Sobre lo que pasaría a partir de hoy con nosotros y nuestro bebé.
Entré de nuevo a la enorme habitación, Lena seguía recostada en la enorme cama. Me acerque con cuidado de no despertarla, sin embargo cuando estuve frente a ella noté que me miraba en silencio. Nos miramos en silencio por quien sabe cuánto tiempo hasta que Lena se levantó con sumo cuidado, sin embargó alcancé a percibir una mueca de dolor en su rostro que ella intentó ocultar. Me acerqué rápidamente.
-¿Qué pasa? ¿Qué te duele? ¿Le llamo al doctor? –Lena me miró en silencio y negó.
-Estoy bien.
-No parece, ¿es normal que sientas tanto dolor?
-No lo sé, supongo. Adam dice que es normal –la familiaridad con la que Lena llamaba al doctor me molestaba de cierta forma. Lena me miró en silencio por unos momentos y después miró hacia la puerta del baño.
-Están bañando al bebé…
-Adam –dijo ella y la miré con desconcierto-. El bebé se llama Adam –La miré estupefacto y no pude evitar fruncir el ceño.
-¿Adam? ¿Cuándo decidiste que llamarías a nuestro hijo como el doctor?
-Lo decidí en el momento en que nos salvó la vida, no solo a mi o a él, también se la salvó a Rose, si mal no recuerdas.
La mirada cargada de furia de Lena me mató. Fue como si todo lo que pasamos alguna vez juntos, las noches en vela, las largas pláticas, los viajes, las tardes, las mañanas… como si nada hubiera pasado. La miré sin ocultar mi dolor, mi sufrimiento y ella… la mirada de ella estaba vacía.
-Si quieres ponerle algún otro nombre puedes hacerlo, pero Adam será su nombre.
-Respetaré tu decisión de cómo quieras llamarle.
-¿Eso es todo o hay algo más que quieras decirme respecto a nuestro hijo? –la miré estupefacto. No reconocía a esta Lena fría y dura. Era como si alguien más estuviera dentro de su cuerpo y ese alguien me odiara con todo su ser.
-Lena, necesito saber qué pasará con nosotros.
-¿Nosotros? No hay ningún nosotros, Dimitri, tú tienes tu vida en Estados Unidos con Rose, y si no te molesta, me gustaría criar a nuestro hijo en Rusia.
-Lena, no puedo dejarte en Rusia, no estás a salvo. Estás en peligro –los ojos grises que tanto amaba se abrieron desmesuradamente, presos del pánico.
-¿Peligro? ¿De qué hablas?
-Creemos que tanto tú como Rose fueron secuestradas por alguien que quería hacerme daño. No sabemos quién, pero es bastante probable nuestra teoría. Es por eso que ambas están en peligro, ustedes y el bebé. Necesitamos regresar a la corte, donde estarán seguros –Lena negó con la cabeza y se levantó de la cama.
-No, no, no, eso no puede ser posible.
-Yo… lo siento…
-No puedes condenarme al volver, debe de haber otra solución, no puedo volver a la corte.
-¿Por qué no? Es el lugar más seguro.
-¿Y a cambio de qué, Dimitri? –preguntó deteniéndose bruscamente frente a mí.
-Lena, por favor, vuelve con nosotros. No quiero que le pase nada a ti o a nuestro hijo, vuelve con nosotros mientras encontramos a quien las secuestró, después veremos qué hacer.
-¿Después? No hay un después, Dimitri.
-Lena, por favor.
-Creo que lo mejor será que hablemos de esto cuando llegue el momento.
-Lena…
Lena me miró con crudeza, para después levantar una ceja. La conocía lo suficiente mente bien cómo para saber que estaba furiosa y que no pensaba seguir hablando conmigo. Resignado solté un suspiro y asentí con la cabeza. Salí de la habitación cabizbajo y en silencio. Las palabras de Lena no me sorprendían, pero ciertamente me dolían bastante. Era como si al encontrarlas, había encontrado a mi Roza, pero también al esqueleto de lo que alguna vez había sido Lena, era como volver tres años atrás y conocer de nuevo a Lena; cuando había estado rota por la pérdida de Kalevi, aunque esta vez a quien había perdido era a mí.
O más bien, yo la había perdido a ella.
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Miré la enorme figura de Dimitri atravesar la puerta y hasta que no escuché el choque de la puerta al cerrarse me permití llorar. Sentía el corazón hecho pedazos, mil veces más roto, si es que era posible, de cuando perdí a Kalevi. Pero era diferente. Mil veces diferente.
Al menos, sabía que Kalevi no volvería jamás. Kalevi había muerto protegiéndome, amándome hasta el último momento de su existencia. Dimitri simplemente volvía con la mujer que amaba y a la cual le había llorado tanto tiempo. La había creído muerta, sin duda alguna, sin embargo Rose no había muerto y ahora regresaba a él. Y Kalevi no regresaría jamás. De eso estaba segura.
Pero ahora, Dimitri, Kalevi y Rose habían pasado a un segundo término. Lo más importante en mi vida a partir de hoy era mi hermoso bebé, Adam, y todo lo relacionado con él. Solo eso.
Sin embargo, las lágrimas no dejaban de salir.
Había escuchado antes de corazones rotos, en Massachusetts las chicas no dejaban de hablar de eso. Aun así, yo jamás había experimentado uno en carne propia.
-¿Lena? ¿Está todo bien? –escuché la voz de Rose e inmediatamente limpié mis vergonzosas lágrimas que no dejaban de salir.
-Sí, sí, Rose, todo bien.
-¿Segura? Dimitri iba a venir a hablar contigo.
-Lo hizo.
-¿En serio? ¿Y quedaron en algo? –preguntó Rose colocando al pequeño Adam en su cuna.
-Si te refieres al nombre, sí –respondí mirándola a ella y luego a Adam.
-¿Y cuál fue la resolución? –preguntó Adam.
-Se llamará Adam, Adam Dimitri –respondí sonriente. Rose me miró un tanto sorprendida mientras que Adam me miraba orgulloso. No pude más que sentirme aliviada y un tanto protegida.
La cuarentena para mí y mi bebé había terminado. El pequeño A.D. había ganado peso y bajo los cuidados de Adam, cada día estaba más y más grande. Yo no podía dejar se sentirme una mamá orgullosa, A.D. tenía el cabello negro azabache de su padre, pero sus ojos eran idénticos a los míos. Había escuchado hablar a mi padre sobre el encanto Volkov, sin embargo nunca lo había creído; él decía que cualquier bebé Volkov heredaría los mismos ojos grises, mi padre los tenía, mi hermano también, y ahora mi pequeño A.D. también los poseía.
Estas semanas en casa de Adam habían estado llenas de momentos emotivos. Rose y Adrián habían vuelto a la corte acompañados todo el tiempo por Viktoria, la hermana de Dimitri, y sus amigos. Rose había cambiado el color de su cabello de castaño a rojo a regañadientes y sólo después de que Dimitri la convenciera de que era buena idea y la única opción para viajar.
Sin embargo, a pesar de que Adam le dijo y demostró que el castillo era más que seguro y que en Gdynia no nos pasaría nada ni a mí ni a A.D., Dimitri insistió en quedarse para protegernos.
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Hacía tres días que Rose había partido a Estados Unidos junto a Adrián y mi hermana. Sabía que con el cabello rojo y acompañados de mi hermana y sus amigos, ella y Adrián estarían más que seguros. Rose había mostrado mucho entusiasmo por viajar y se había puesto un poco triste cuando el doctor nos informó que mi hijo no podía viajar aún, razón por la cual la convencí de ir a la corte acompañada de mi hermana y sus amigos.
Me sentía un poco culpable por sentirme aliviado de que Rose estuviera en Estado Unidos, pero con Rose lejos Lena se sentía más tranquila, a pesar de que me evitaba como la peste y que el doctor parecía ser su sombra. Había notado con anterioridad las miradas del doctor Darsky hacia Lena y podría jurar que el hombre estaba interesado en ella, sería un tonto si no lo estuviera, aunque Lena había dejado muy claro que me quería lejos de su vida, yo me negaba a aceptarlo.
-¡Lena! Tengo que bajar a la ciudad, ¿estarás bien dos horas? ¡Intentaré no tardarme! –escuché al doctor gritar, se escucharon unos pasos apresurados, me acerqué rápidamente a la puerta para escuchar mejor.
-No te preocupes, Adam, estaremos bien. ¿Podría encargarte algunas cosas?
-Por supuesto, bonita, lo que necesites.
-Gracias –se despidió Lena y después se escuchó la puerta cerrarse.
Comencé a hiperventilar nervioso. Era la primera vez que el doctor salía del castillo desde que habíamos llegado. Miré al suelo y abrí la puerta lentamente, escuché los pasos de Lena escaleras arriba y después el llanto de nuestro hijo. Los pasos de Lena se escucharon más rápidos y de repente se escuchó un grito y un golpe estrepitoso. Salí corriendo hacia las escaleras para encontrar a Lena en el piso y agarrándose un tobillo.
-¿Qué pasó? ¿Estás bien? –pregunté arrodillándome a un lado de ella. Lena soltó una mueca de dolor.
-Me caí –dijo con un mohín. Sin pensarlo dos veces la tomé entre mis brazos y subimos escaleras arriba hacia la habitación de Lena-. A.D. –dijo señalando la cuna de nuestro hijo, la miré ceñudo y la deposité en la cama para luego ir hacia la cuna y tomar a mi hijo en brazos.
-Ya, ya, pequeño guerrero, todo está bien –le dije en ruso mientras le acariciaba la mejilla.
-Tiene hambre, tráelo para alimentarlo –dijo Lena extendiéndome los brazos. Le entregué al pequeño, lo acunó en sus brazos y se me quedó viendo.
-¿Qué? –pregunté torpemente mirándola ceñudo.
-Gírate –me ordenó.
-¿Qué? ¿Por qué? –pregunté aun extrañado, Lena hizo un mohín y me miró.
-Tengo que alimentarlo, gírate –y de pronto comprendí a que se refería con alimentarlo.
Me giré completamente hasta darle la espalda, escuché el sonido de ropa moviéndose y de repente el llanto de mi hijo quedó ahogado por el sonido de sus labios succionando. No pude reprimir una sonrisa, la felicidad que me daba mi hijo era algo que jamás pensé sentir, el amor tierno y sin medida que sentía por él era tan fuerte como el sentido de protección hacia él y su madre. Ellos se habían convertido ahora en lo más sagrado e intocable para mí.
-Ya puedes voltear –escuché que dijo Lena y me giré. No pude evitar sonreír al verla cubierta con una pequeña manta-. ¿ Qué es tan gracioso?
-Nada –respondí con una sonrisa y ella me miró enojada. De pronto su rostro se cubrió de dolor y me acerqué rápidamente hacia su tobillo-. Déjame ver tu tobillo.
-Estoy bien –respondió ceñuda, la miré con enojo.
-No parece estar bien.
-Dimka…
-No discutas –dije serio sentándome en la cama junto a sus pies y tomando su tobillo lastimado-. Esto no se ve bien –tome su pie y lo moví un poco, Lena dio un gritito de dolor-, creo que tienes un esguince.
-Estoy bien.
-Tu cara dice lo contrario, Lena.
-Estoy bien, debo de estar bien, no puedo lastimarme ahora, tengo un bebé que cuidar, mi hijo…
-¡Shht! ¿Olvidas que el padre de ese bebé también está aquí para ayudarte y atenderlo?
Lena me miró en silencio mordiéndose el labio inferior. Nos quedamos en silencio, ella miraba a nuestro hijo comer debajo de la manta y yo la miraba a ella embelesado. Su cabello, ahora castaño pero con las raíces rubias marcadas, caía por su rostro en pequeños mechones, su piel blanca volvía a estar lustrosa y sus ojos brillaban con un destello que nunca antes habían tenido. Si bien se notaba un poco cansada, su felicidad era casi palpable.
-Lo siento –dijo de la nada mirando al suelo. La miré confundido por un momento hasta que ella me miró de vuelta-. Por no considerarte en el cuidado de A.D. –dijo finalmente.
-Está bien, te he puesto en una posición difícil.
-No es solo eso.
-¿Entonces?
-Es que… no, olvídalo –se interrumpió antes siquiera de comenzar y miro hacia el vacío. Me levanté y me senté lentamente junto a ella para poder hablar frente a frente, la tomé con delicadeza del mentón y la hice mirarme.
-¿Es que qué? No quiero que me ocultes nada, Lena. En todo este tiempo jamás nos hemos ocultado nada, no me gustaría comenzar ahora y menos teniendo un hijo juntos –Lena abrió los ojos y después suspiró.
-Tengo tanto miedo, Dimitri. Todos los días despierto asustada y pensando que te vas a ir con Rose y que A.D. y yo jamás te volveremos a ver, pero también tengo miedo de que me quites a mi hijo y te lo lleves a la corte y nunca los vuelva a ver; tengo miedo de que vengan por mí y se lo lleven, o que lo dañen… Tengo miedo de que te pase algo, Dimka.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y el corazón se me encogió. No podía ni siquiera imaginarme por lo que ella estaba pasando, por lo que había pasado toda su vida al estar siempre sola y tener que vérselas por sí misma; el perder siempre a todas las personas a las cuales había amado de formas tan violentas.
Me acerqué lentamente a ella y la abracé junto a nuestro hijo.
-Nunca me iré de tu lado, Lena, tú y nuestro hijo son lo más importante en mi vida y jamás les haría daño de ninguna forma.
-¿Y Rose? Tú la amas, Dimitri, la has amado todo este tiempo y ahora ella regresó…
-Lena…
-No puedo, Dimitri, lo siento. Ella es una buena chica y tu recuerdo fue lo que la mantuvo cuerda todo este tiempo, no puedo hacerle esto, ella te ama, ella…
La besé sin pensarlo. Callé todas sus dudas e inseguridades con un beso suave y lento. Y ella lo correspondió sin titubeos. Sus mejillas estaban mojadas como sus labios, las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos, sin embargo el ansia con la que respondió mi beso, contrarrestaba la situación. Lentamente ella se separó de mí con los labios hinchados y me miró.
-Lo que siento por ti es total y completamente distinto a lo que siento por ella, ella es como un fantasma para mí, ha vuelto de la muerte, sí, pero lo ha hecho muy tarde. Me alegra que este viva, pero ahora todo es diferente.
-Dimka…
-Lena, yo te amo de una forma que nunca pensé que amaría a nadie, y además me has dado algo que jamás creí que tendría, nuestro hijo es todo para mí, y nada ni nadie cambiará eso nunca.
Lena me miró boquiabierta. Le sonreí y la besé de nuevo. El pequeño A.D., como ella le llamaba, comenzó a moverse y sin que ambos nos lo esperáramos, con su pequeña manita jaló la mantita que lo cubría dejándolo a él y al seno de Lena al descubierto. Lena inmediatamente se cubrió avergonzada y yo solté una carcajada.
-¡No es gracioso, Dimitri! –objetó Lena enojada tratando de acomodar su ropa al mismo tiempo que abrazaba a A.D.
-¡Oh, vamos mujer! Por supuesto que lo es, ¿de verdad te cubres de mí?
-Pues… mmm… sí… este… -Sin pensarlo solté la carcajada sonora, lo cual solo hizo que Lena frunciera aún más el ceño-. Deja de reírte o te patearé el trasero.
-¿Oh si? ¿Lo harás? –le pregunté levantando la ceja curioso. Me recargué en el pilar de la cama con las manos en los bolsillos mientras que veía como Lena se levantaba, cojeaba hacia la cuna de A.D. y lo acostaba-. ¿Cómo es que me "patearas el trasero", según tú si no puedes siquiera caminar? –Lena me miró ceñuda y cojeó de vuelta hacia mí.
-Cuando me mejore te patearé el trasero, Dimitri Belikov –dijo cruzándose de brazos. Estuve a punto de creerle su amenaza hasta que perdió el equilibrio y la sujeté por la cintura, acercándola a mí.
-Y si no te recuestas, jamás te mejorarás para poder patearme el trasero –le dije tomándola en brazos y acostándola en la cama.
Luego de dejarla en la cama me metí al baño para buscar unos analgésicos y algo para su pie hinchado. Tendríamos que esperar a que el doctor regresara para que nos diera su diagnóstico sobre su pie y cuándo le sería posible a Eidi*viajar. Encontré unos analgésicos en el botiquín, se los llevé a Lena para luego bajar a la cocina por un poco de hielo para la hinchazón.
Estaba a punto de subir las escaleras cuando la puerta de entrada de abrió y Adam entró en la estancia.
-¡Lena, ya llegué! –gritó distraído mientras cerraba la puerta. Lo miré ceñudo. Adam se giró y me miró de igual forma- Oh, Belikov, hola. Casi olvido que también vives aquí.
-Darsky –respondí de mala gana mirándolo aun ceñudo, el doctor soltó una pequeña risita.
-¿Qué llevas ahí?
-Hielo, Lena lo necesita para su tobillo.
-¿Su tobillo? –El semblante del doctor cambió inmediatamente después de escuchar que Lena estaba herida- ¿Está bien?
-Se torció el tobillo.
Sin que realmente me lo esperara, Adam corrió con su velocidad moroi escaleras arriba hacia la habitación de Lena. Cada día que pasaba me era cada vez más difícil ocultar mi desagrado hacia el doctor Darsky y lo que yo consideraba demasiadas atenciones hacia Lena y mi hijo. No pude hacer nada más que seguirlo a la habitación de Lena. No me sorprendió ver al doctor con el pie de Lena en su regazo revisándolo minuciosamente como si la vida le dependiera de ello. Bufé y me acerqué a ellos de mala gana entregándole la bolsa con hielo a Lena y cruzándome de brazos.
-Es solo una torcedura –dije de mala gana, Lena me miró un tanto sorprendida, el doctor me ignoró como siempre lo hacía cada que estábamos los tres en la misma habitación.
-No te fracturaste el tobillo, te curaré pero aun así necesitas descansar, ¿crees que no me he dado cuenta lo poco que duermes en las noches?
-¿No duermes? –pregunté un poco asombrado por la información nueva, no sabía que me molestaba más, sí el hecho de que Lena no me lo dijera o enterarme del doctor.
-¿Te sorprende? –me preguntó ella levantando una ceja. Bufé de nuevo y me recargué en el poste de la cama.
-Me gustaría decir que si –dije mirándola ceñudo, Lena rodo los ojos y miró a Adam.
-No puedo dormir en las noches desde hace años.
-Te recetaré algo –finalizó poniendo sus manos sobre el tobillo de Lena y curándola con el espíritu. Seguía sin entender como era que de entre todos los morois del mundo, Rose y Lena habían terminado con un usuario de espíritu-. Tienes que dormir tan bien como se pueda o la producción de leche se verá afectada y estoy seguro de que no querrás eso, ¿verdad?
-Gracias –fue todo lo que apunté a decir antes de salir de la habitación rápidamente.
La constante preocupación de doctor me molestaba en un grado inconcebible, y lo peor era que a Lena no parecía molestarle. En ocasiones sentía que incluso Lena le correspondía las atenciones y los coqueteos; cuando en la corte Adrián y Lena se habían vuelto más cercanos los coqueteos de Adrián no me habían molestado, incluso a veces me parecían muy graciosos, sin embargo, esto era completamente distinto. En la corte Lena le había correspondido a Adrián más forzadamente, esta vez era genuino.
Darsky era lo que Lena se merecia, un moroi atento que cuidara de ella capaz de protegerla, proveerla y sobre todo, darle un montón de bebés morois. Un hombre que no tuviese un deber más que a ella y a sus hijos, alguien que no tuviera un pasado strigoi y un montón de enemigos.
Miré la puerta con tristeza. Aun no estaba listo para perderla, no aun.
*Eidi: Es A.D. en forma de apodo.
Hola, ¿qué tal? ¿Cómo les va? Bueno pues aquí está el capítulo nuevo, disculpen la demora pero creo que este cap lo compensa, ¡nunca había escrito un cap tan largo! Feliz año nuevo super hiper mega atrasado, jajajaja, no crean que me olvido, solo no había tenido tiempo de colgar el cap acá.
También me desanimó un poco solo haber recibido un review en el capítulo pasado.
Gracias a todos los lectores fantasmas que leen y siguen la historia. Les invito a dejarme un review con sus comentarios y críticas.
Un enorme beso, Kat.
