Capítulo 17

Nami camina de aquí para allá, nerviosa. Hace casi quince minutos Margaret había entrado en la habitación de Luffy y no había salido a dar noticias. En su interior presentía lo peor.

-No, Nami -se dijo a sí misma-. Él va a estar bien.

Nerviosa, terminó por desplomarse nuevamente en el sofá. Cerró los ojos y se concentró en los recuerdos. Luffy, su héroe. Sacándola del almacén el día del robo. Cuidándola, mimándola, llenándola de cariños. Luffy dándole amor, todo el amor que le hacía falta.


"Tienes unas manos divinas, nena. Todo lo que haces con ellas es perfecto."


-No tienes idea de todo lo que haría contigo, Luffy -susurró para sí.


"Tu cuerpo me necesita y el mío a ti."


-Sí -suspiró-. Lo hace.

Tantea los labios con los dedos, recordando sus besos. Abre los ojos de golpe.

"Tengo que llamar a Robin"

Salta del sillón, agarra el teléfono y marcó su número.

-Em, ¿hola?

-Ro -chilló-. Soy Nami.

-No moleste ¿por qué gritas así? ¿Luffy está bien?

-Sí, está bien. Ya despertó.

La chica escucha a Robin gritar.

-Eso es grandioso. ¿Y qué te dijo?

-Estaba como confundido. Lo está revisando la enfermera.

Robin permanece en silencio por un rato.

-Nami, ¿qué enfermera?

El sonido de los tacones capta la atención de la pelirroja.

-Luego te llamo, Ro.

-No, Nami Esto es importante ¿Qué enfer...?

Ya era tarde, la llamada se había caído.

-Luffy quiere verte -anunció Margaret.

Ella suelta un gritito de felicidad.

-Gracias -chilla.

Sale corriendo como una cría emocionada. Margaret la observa marcharse, y no puede más que sonreír.

-Pobre estúpida -dice para sí-. No sabe lo que le espera.

Nami entra en silencio a la habitación de Luffy. Le temblaban las manos, las rodillas, le dolía la cabeza. Tenía la boca seca. Por el contrario, vio a un Luffy tranquilo recostado cómodamente sobre la cama. Tenía los ojos cerrados, como si estuviera dormido. Su rostro no lucía del todo sereno. Parecía preso de algún problema. Tal vez frustración. Seguro no sabe qué hace aquí.

- ¿Luffy? -lo llamó bajito. Si estaba dormido, no quería despertarlo.

Él abrió los ojos de golpe, como si la estuviese esperando. La sola idea la hizo sonreír, pero los nervios no acababan por abandonarla de una buena vez. Después de un año, tenía devuelta a su Luffy.

- ¿Ya te sientes mejor? -le pregunta.

Luffy traga saliva y le asiente.

-Qué bueno -da saltitos hacia él-. He estado deseando tanto que despertaras.

Desliza la mano hacia Luffy, pero él se la aparta de un tirón.

-No me toques -le gruñe.

La sonrisa de Nami desaparece.

- ¿Te lastimé?

Él suelta una carcajada seca.

-Mírame -musita furioso-. Estoy en una cama por tu culpa.

Nami controla un sollozo.

-Lo dices por... -jadea-. Lo sé, yo...

-No trates de disculparte. Tuviste dos años sanos, yo no.

-Lo sé, pero te juro que...

-Solo cállate, maldita sea -grita-. No sé qué carajos haces aquí, pero te quiero lejos. Es más, quiero que te largues. No quiero salir de esta habitación y encontrarte por ningún lado.

Los ojos de la chica comenzaron a desbordarse.

-Por favor, Luffy -se acercó un poco a él-. Podemos arreglarlo.

Furioso, Luffy se puso en pie débilmente, sosteniendo a la chica del brazo y empujándola hacia la puerta.

-Yo creí que eras una buena chica -gruñe-. Pero las mujeres bonitas siempre están podridas por dentro.

Luffy abre la puerta y vuelve a tirar de ella. Tropieza y cae al suelo. Sus ojos llorosos chocan con los de él, fríos.

-Me das asco -musita.

Se da la puerta y se pierde tras la puerta de la habitación, dejando a una Nami deshecha y arruinada.


Él no podía sentirse peor. El dolor en el cuerpo, el mareo, el dolor de cabeza; cosas simples que podía soportar. La herida sangrante invisible, el malestar en el pecho, la terrible desilusión; eso era insoportable. No podía escapar de los ojos de Nami, que brillaban ante el dolor, la pena, el abandono. Que lloraban ante él, que sufrían. ¿Por qué iba a sufrir y llorar si había intentado matar a su familia?

Se pasó la mano por el pelo mientras soltaba un gruñido. Valía mierda ahora mismo. Ser atropellado por un tren, que le dispararan mil veces, que le rompieran los huesos. Nada podía ser más doloroso que todo aquello que tenia metido en el pecho.

Se dejó caer sobre la cama para encontrar descanso, pero de esto no podía escapar. Sus ojos, aquel dolor en ellos, la pena que los embargaba. Algo no le encajaba, algo estaba mal, pero no podía distinguir que mierda estaba pasando. Esa mujer, esa nueva Nami, había intentado acabar con su hijo y una mujer que no recordaba.

Escuchó a lo lejos un teléfono que sonaba y sonaba. El timbre insistente y asfixiante comenzaba a molestarle. A los pocos minutos el sonido cesa. Un par de segundos más tarde vuelve a comenzar. Molesto, se tambalea lentamente hasta la puerta. Apenas la abre un poco, incapaz de salir. Reconoce la voz de Nami al contestar el teléfono.

-No hagas preguntas estúpidas -dice-. Quiero hablar con Zoro...No, Robin...No pienso quedarme en este asqueroso agujero... ¿Eso qué importa?...Él es solo un hijo de puta insensible como mi padre...Todos los malditos hombres son iguales...Ojalá se mueran los dos...

La boca de Luffy se seca.

-Pásame a Zoro... -esperó unos segundos-. Quiero que consigas otro lugar...No, no importa el porqué...No quiero estar aquí, punto... ¿Ese imbécil? Que se le pudran las pelotas...Tienes dos horas...Si, dos horas...Si en dos horas no me sacas de aquí, yo misma me voy -silencio-. Por mí que haga conmigo lo que quiera...Que se vaya al carajo...Ya estás advertido.

Luffy escucha un silencio más prolongado, así que dedujo que ya había colgado. Abre un poco más la puerta. Nada, nadie. El teléfono vuelve a sonar y esta vez decide ser él quien conteste.

- ¿Hola?

No escucha ninguna respuesta.

- ¿Hola? -repite.

-Espera, Mierda ¿Luffy?

Él frunce el ceño.

-Sí, ¿Quién habla?

-Qué estúpido eres, ¿cómo que quien habla? Soy Zoro, ¿Quién coños más?

-No tengo la menor idea de quién eres.

-Voy a ser tu estúpido dolor de cabeza. No sé qué está pasando por allá, pero esa mujer está que echa pelos. Da igual, escucha. No puedes dejar que salga de esa propiedad.

-Es justo lo que quiero, que se marche.

-No puede, con un demonio -escucha un reguero de papeles-. Esa mujer corre peligro. Si la encuentra...

-Ella no es mi responsabilidad. Si tanto quieres protegerla, hazlo tú.

-La van a matar...

Pero ya era tarde. Luffy había colgado.

Luffy se paseaba de un lado a otro insistentemente, total y absolutamente nervioso. Llevaba horas pensando en aquellas palabras de Nami, lo que el tal Zoro le había dicho. El pecho estaba a punto de reventarle de tantas emociones, de tantas y tantas preocupaciones. Se sentía físicamente cansado, pero el agotamiento mental era peor.

Había algo dentro de él que latía con dolor y que irremediablemente comenzaba a hacerlo dudar. Tanto, que comenzó a cuestionarse diferentes cosas.

¿Quién era Margaret?

¿Cuándo la conoció?

¿Desde hace cuanto se conocían?

¿Por qué Nami estaba tan molesta con él?

¿Qué habrá pasado entre ellos para que reaccionara de esa manera?

Las voces de su conciencia callaron cuando una Nami roja del coraje entró a la sala. La chica no quiso mirarlo. Si lo hacía, se le partiría el corazón. Agarró el teléfono y marcó un par de números frenéticamente.

-Mierda, contesta -esperó-. Maldita sea.

-Espero que toda esta conmoción significa que te largas de una vez.

Ya está, suficiente. La chica comienza a temblar, dejando caer el teléfono al suelo. Se ve a sí misma lanzarse contra él y proporcionarle un golpe sonoro con la palma de la mano.

-Eres un parásito de hombre. ¡Ni hombre mereces llamarte! -ríe con amargura-. "No te lastimaría. Jamás" "Yo no voy a hacerte daño" -suelta un chillido-. Eres peor que él -le da un empujón-. Tú... ¡tú estás matándome!

Luffy traga saliva. Golpes invisibles se disparan hacia su cabeza, doliéndole. Algo se torna borroso. Lo ve, está ahí.

Un recuerdo.


"Yo estoy enamorada de ti desde que te conocí, Luffy -se pasó la mano por el pelo-. Me descubría pensándote a menudo ¿Y tú? -rió con amargura-. Tú te rodeabas de chicas guapas de tu curso. Yo...me sentía de la mierda. Siempre fui el juguetito de la escuela, tú el chico popular. Soñaba que algún día tú podrías fijarte en mí..."


Cierra los ojos y se rinde ante el dolor.

-Te odio -gruñe Nami.

Demasiado confundido, no es capaz de ver como la chica se lanza sobre él para golpearlo, ni como dos brazos de dos personas la sostienen lejos de él, ni como una chica los mira a los dos, total y absolutamente confundida.

-Para haberlo extrañado, la verdad luces más como si fueras capaz de matarlo -la escucha decir a Robin.

"Matarlo".

La palabra late en su mente.

-Es justo lo que quiero ¡Matarlo, hacerlo pedazos! ¡Por imbécil!

-Ya cállate -le dice el chico-. Me pones los pelos de punta.

La chica sigue forcejeando.

-Robin -gruñe el chico-. Estás a dos minutos de quedarte sin mejor amiga, porque voy a usar mis putas balas si no se queda quieta.

-Nami -chilla Robin-. Por una vez, ya quédate quieta.

La chica continúa forcejeando.

-Joder -le da un golpe en el pecho a Luffy-. ¿Qué coños le hiciste?

-Disculpa, ¿yo? Eso debes preguntárselo a ella.

-No me estés jodiendo. Ha estado horas volviéndome loca porque ya iba a verte -la señala-. Y ahora quiere matarte.

-Pues claro -chilla Nami-. Es un cerdo maldito e inútil.

Él soltó un gruñido.

-Cuida tus palabras, niña.

La chica le lanza una patada, pero Zoro consigue alejarla de él.

-No sé como mierda me pude enamorar de ti -sus ojos se humedecieron-. Nadie jamás ha conseguido humillarme tanto. Ni siquiera...

Nami prefirió callar. No quería recordarlo, no a él, no a ese monstruo. Consigue zafarse de Zoro y corre a una de las habitaciones, ocultándose del monstruo que estaba amenazándola.

Continuara…


Nos vemos... espero vernos pronto y no se olviden de ver el especial de one piece ,mugiwaras vs foxy el zorro plateado, esta navidad ;) :)