Capítulo 19

Con los ojos bañados en lágrimas, la chica se obligó a sí misma a subirse a un viejo Mustang negro. Las manos le temblaban, pero poco a poco consiguió dominar su nerviosismo extremo. Vio a Margaret entrar por el lado del conductor, sonriéndole mientras continuaba apuntándole con el arma directamente a la cabeza.

-La verdad nunca me agradaste -dice-. Eras tan ñoña. ¿De verdad crees que amar a un hombre que no te recuerda es algo romántico?

El corazón de la chica comienza a latir con rapidez.

- ¿Qué dices? -pregunta sin voz.

Margaret suelta una carcajada.

-La verdad no creí que fueras tan tonta, pero bueno -silbó una melodía-. Tenía esperanzas de quedarme con ustedes un poco más, pero creo que tus amigos no querían compartir el espacio.

"Robin y Zoro"

-Ellos sabían que no eras enfermera -dijo la chica.

-No sé que saben, pero sé que quedarme allí era una idiotez -presiona el arma contra la cabeza de la chica-. Todo por culpa de tu boquita, cielo.

-Eso te ganas por ser una perra -gruñe.

Margaret inhala profundamente, cabreadísima.

-No puedes evitarlo, ¿verdad? El no saber callarte -le sonríe-. Descuida. Iremos a un lugar donde la pasaremos de bomba, y aprovecharé para enseñarte un par de cosas.

Robin bosteza mientras abre la puerta de la habitación. El pasillo era terriblemente oscuro, y le daba miedo la oscuridad. Sin embargo, moría por un poco de agua. Da la media vuelta hacia la cama y sacude el brazo de Zoro.

-Guapo -susurra-. Despierta.

Zoro protesta bajito.

-Vamos, nene -se ríe-. Despiértate unos minutitos.

Él suelta un gruñido.

- ¿Qué pasa?

-Tengo mucha sed.

-Robin -gruñe-. Solo ve a la cocina.

-Es que me da miedo la oscuridad -vuelve a sacudirle el brazo cuando ve que va quedándose dormido nuevamente-. Por favor.

Zoro acaba por ceder, abriendo los ojos y sonriéndole enternecido.

- ¿De verdad le temes a la oscuridad?

-Es un miedo común -vuelve a sacudirle el brazo-. Acompáñame.

-Bien -se quita las sábanas de encima-. Me debes un orgasmo por esto.

-Dalo por hecho.

Robin da saltitos pequeños, llevándoselo del brazo casi a tirones. Zoro desliza la mano hacia la suya, y unidas se las lleva al corazón. Robin se animó a respirar tranquila. La oscuridad en ese momento no parecía tan mala. A medida que se acercaban a la cocina, comenzaba a hacer más frío. Zoro frunce el ceño y alcanza el interruptor.

La puerta de entrada y la habitación de Nami estaban abiertas.

-Ve a la habitación de tu amiga.

Robin corre hacia la habitación. Zoro corre hacia la de Luffy, abriendo la puerta con tanto ruido que termina por despertarlo.

- ¿Qué pasa? -pregunta medio dormido.

Ignorándolo, camina de vuelta a Robin. Cuando pasa por la habitación de Nami, lanza una mirada de extrañeza. La maleta que le había preparado Robin seguía en la esquina. Su chica estaba pálida, lo que le provoca un nudo en el estómago.

-Nami no está -murmura ella con la voz seca.

Zoro se lleva ambas manos a la cabeza.

-Joder -susurra.

Robin se desploma en el sofá, mientras observa como Zoro revisa una y otra vez cada una de las habitaciones.

-Aquí no está -se pasa la mano por el pelo-. Voy a cambiarme. Voy a peinar la zona.

Luffy se asoma justo cuando Robin se levanta de un salto.

-Yo voy contigo.

Él agita la cabeza.

-No, de ninguna manera.

-Es mi mejor amiga, Zoro.

-Esto es cosa seria, ¿entiendes? No me voy a ir por ahí contigo. Me distraerías.

-Ya te dije que voy contigo. La conozco mejor de lo que puedes conocerla tú con su expediente. Tal vez solo quiso alejarse de Luffy.

Luffy frunce el ceño. Zoro suspira.

- ¿Crees que se haya ido por eso?

-Está muy herida. Él la ha lastimado. Sé que quiere alejarse de él.

Zoro permanece en silencio mientras desliza los ojos por la habitación.

-No quiero que te asustes -le toma las manos-. No se fue, al menos no a voluntad.

Robin se pone pálida. Luffy, escondido, siente algo en el estómago que comienza a dolerle.

-No es cierto -jadea ella-. ¿Por qué lo dices?

-La maleta que le preparamos sigue en la habitación. La vi hace unos minutos cuando pasé por allí.

-Espera, ¿qué...intentas decirme?

-Robin, la puerta de su habitación y la del ascensor estaban abiertas.

-Se supone que nadie sabía dónde estábamos -gimoteó-. ¿Cómo llegaron hasta ella entonces?

-Recuerda que está esa mujer, la enfermera.

A Luffy se le calentó la sangre.

-Nami nunca me dijo su nombre -se cubre el rostro con ambas manos-. Y ese hombre, Zoro. Dijiste que hará lo que sea por tener a Nami.

-Tienes que tranquilizarte. No creo que la enfermera tenga que ver con Doflamingo. Creo más que tenga tratos con Nate.

-No me tranquiliza en lo más mínimo. Nate es como otro grano en el culo.

-Deberías tomarte una copa de algo. Iré a cambiarme.

-Te dije que voy contigo, y es mi última palabra.

El auto se detiene cerca de una pequeña pista aérea, que tiene la pinta de llevar tiempo sin usarse. Los nervios hace mucho ya se habían escapado de ella. Lo único que se sacudía dentro de su vientre era el deseo de estrangular a Margaret. El arma apuntaba a sus costillas.

-Espero que te guste viajar en avión -le sonríe-. ¿Has ido a Colombia?

La chica agita la cabeza despacio.

-Tengo un amigo que desea verte. Nos está esperando en italia.

-Un hijo de puta igual que tú.

-Voy a meterte un plomazo si vuelves a insultarme -gruñe.

-Adelante. No me importa.

-Dios, me das asco. ¿De verdad te echas a morir porque un hombre no te hace caso?

La chica no le contesta. Continua mirando la pista aérea fijamente. Margaret sale del coche y en pocos segundos está parada junto a la puerta del pasajero, apuntándole con el arma.

-Baja, nena. El avión espera por nosotras.

Luffy se paseaba de manera insistente por la sala. Pese a no recordar parte de su vida, no había experimentado la sensación de estar solo. No como ahora, aprisionado por esas paredes. La sensación de estar cometiendo error tras error comenzó a aumentar cuando Zoro y Robin salieron a buscar a la chica.

Nami Hyde.

Su nombre es casi como cuchillas, pequeñas y dolorosas cuchillas que se le incrustan en el cuerpo cada vez que respira. Cuando cierra los ojos al caer sobre el sofá, destellos de memoria le vienen a la mente.


¿Cómo te sientes? —le preguntó.

Cansada —bostezó—. Muy cansada.

Ven.

Luffy se hizo a un lado, para darle espacio. Nami permaneció allí, inmóvil. Se ruborizó.

Pensé que...dormiría en la otra habitación.

Él le sonrió lascivo.

¿Me tienes miedo, Nami?

La chica se ruborizó aun más.

No.

Entonces ven. Duerme conmigo.

Ella se mordió el labio y caminó lenta hacia la cama. Al sentir el colchón contra su espalda, todos sus músculos se aflojaron. Necesitaba descansar. Se recostó de lado, dándole la espalda a él. Cerró los ojos y se arropó. Estaba agotada. Luffy le pasó el brazo por encima del vientre. Nami se sobresaltó.

Tranquila, chérie*. No voy a hacerte daño —le dio un beso en la cabeza. Aspiró el dulce aroma de su cabello—. Descansa.

Sintió una punzada en la cabeza, que acabó por darle un recuerdo más.

Luffy, ¿qué haces? —la voz de Nami tembló. Estaba nerviosa.

Él soltó una risa ronca mientras abría los ojos. Le acarició las piernas suavemente, deleitándose del exquisito tacto de su piel. Nami cerró los ojos, incapaz de contener el placer que crecía en su vientre.

N-no. Luffy, esto...

¿No está bien? —le sonrió—. Somos adultos, Sum. Y los dos lo deseamos —acarició la curva de sus caderas—. ¿A caso tú no?

Ella soltó un gemido.

Eso es, Nami. Ya me respondiste.

Y el siguiente gemido solo le sirvió para asaltar su boca. Nami quedó sin aliento mientras aquella boca caliente y experta la hacía estremecerse. La sujetó con fuerza de la cintura mientras la colocaba bajo la protección de su cuerpo.

¿Confías en mí, Nami?

Ella jadeó, cuando la experta boca comenzó a bajar hasta sus pechos.

¿Lo haces?

Sí.

Y volvió a asaltar su boca, con besos fuertes y calientes. Pasó su mano por sus muslos, quemándole la piel, y subió hasta el vientre. Cuando Nami vino a reaccionar, estaba solo en bragas. Su cuerpo tembló. Nunca en su vida había estado tan nerviosa.

¿Nami, estás bien? —le tomó el rostro entre sus manos. Luffy quedó perdido, absorbido, por aquellos ojos miel—. Si no quieres, no lo hacemos.

Jadeó ¿De verdad quería detenerse? A tientas, logró sentarse en la cama sobre sus rodillas. El rubor le cubrió el rostro al ver sus pechos desnudos. Intentó cubrirse con la mano, pero él la detuvo.

Estás preciosa como sea, Nami —le pasó una mano por los brazos desnudos—. Tienes una piel muy suave.

Luffy, basta —ella volvió a estremecerse bajo sus palabras.

¿Qué pasa?

Nami jadeó.

No puedo...

¿Por qué? —le acarició la curva de sus caderas—. Puedo ver que me deseas tanto como yo te deseo.

No es eso.

¿Entonces?

Nami suspiró.

Hace tres años yo...salí con alguien —dejó caer la cabeza—. Quería que tuviésemos sexo y yo acepté, pero...fue muy bruto conmigo ¿Entiendes? Me...me lastimó y...

Temes que yo haga lo mismo...

Luffy suelta un chillido mientras se presiona la cabeza. Le duele, realmente le duele, pero los azotes de los recuerdos continúan.

Luffy...

Sh... —rosó su cuello con la punta de la nariz—. Hueles tan bien —le acarició el brazo—. Tienes una piel tan suave.

Nami jadeó.

Luffy...

Luffy dejó reguero de besos por el cuello, el hombro y subió hasta la mandíbula. La besó suave y mordisqueó sus labios.

Sabes tan jodidamente bien, mujer.

Nami gimió y buscó su boca para besarlo.

Luffy...

¿Mm? —ronroneó en su boca, incapaz de separarse.

Necesito...decirte algo.

Ajá... —la animó antes de besarla de nuevo.

Luffy, te amo.


Suelta un chillido más fuerte, y prisionero del dolor acaba por perder el conocimiento.

Continuara…


Bueno...tuve algunos percanses los primeros dias de enero y por ello me aleje de aqui al igual que un horrible dolor de cabeza...y por recomedacion me pidieron no usar la computadora por unos dias... dejando eso claro, vuelvo para terminar los dos fics restantes y adaptar unos nuevos ;) :)