Capítulo 21

Hace calor, mucho. Tal vez sea el hecho de que estaba en aquel lugar. Pese al calor, siempre había una cosa que conseguía incomodarla más. El lugar donde se hallaba, por ejemplo. Era una especie de un lujoso club nudista, con montones de hombres y mujeres en las esquinas teniendo sexo sin control. La chica quiso correr y huir de ahí, pero era imposible. Le romperían el cuello antes de conseguir atravesar alguna puerta. Doflamingo estaba a su derecha, Margaret a la izquierda. Si hubiese podido lanzarse al suelo a llorar, definitivamente lo hubiese hecho.

-Espero que te agrade mi negocio -Doflamingo se carcajea-. Estaremos un rato aquí.

Él le sonríe lascivo.

-Llévala a la habitación que escogí -dice.

Dos hombres sujetan a la chica del brazo, pero ella consigue zafarse.

-Yo puedo sola -gruñe.

Doflamingo vuelve a sonreír, inclinando la cabeza hacia un lado para que la soltaran. La chica avanzó por unas escaleras largas de metal. Los gemidos, los grititos, comenzaban a darle asco. Se apartó lo más que pudo de los hombres que la seguían, pero ellos no le permitían hacerlo demasiado.

-El jefe tiene buen gusto -escuchó decir a uno de ellos.

La chica cierra un poco los ojos y siente el impulso, ahora mayor, de dejarse caer en el suelo y llorar.

-Lástima que durará tan poco -le da un cachete en el trasero-. Sería placentero tenerte un rato.

La chica cierra los ojos y golpea a uno de los hombres en el rostro.

- ¡No te atrevas a ponerme una mano encima! -grita.

El chico se pasa la mano por la boca, donde la sangre le brota lentamente. Furioso, cierra la mano en un puño y la golpea. Nami cae al suelo, emitiendo un gemido de dolor.

-Tal vez eso te enseñe algo, perra -gruñe.

Tira de ella del brazo y la obliga a ponerse en pie. La empuja, de modo que no tiene más opción que avanzar con rapidez. Cuando llega a una elegante puerta de color rojo, es lanzada con tanta fuerza al interior que termina en el suelo.

-Disfruta de tus últimas horas, muñequita.


En otro lugar, horas antes...


Luffy avanza con precaución, sosteniendo con fuerza el arma contra los muslos. Podía observar un avión y dos sujetos acomodando unas cajas dentro. Zoro lo seguía en silencio, acompañado de Robin.

-Debemos sorprenderlos -murmura Luffy-. Que no les dé tiempo ni a escapar ni a atacar.

-Entendido -Zoro extiende un arma hacia Robin-. Ten esto, protégete.

-No sé disparar esta cosa.

-No vas a necesitar disparar, es solo precaución. No vayas a moverte de aquí.

Luffy hace una seña con la cabeza, de modo que ambos avanzan en total silencio. Caminaban agachados y todo el tiempo contra la pared, esperando el momento adecuado para dar el salto y detenerlos. Pudo distinguir a un sujeto de cabello oscuro. Tenía un cigarro en la boca, que mordisqueaba con sus dientes amarillos. El otro era rubio, o de un castaño claro, que también tenía un cigarro en la boca. El humo salía de sus labios como una chimenea. Observó que Zoro había cruzado en silencio hacia la otra parte del hangar, esperando la señal de Luffy.

Finalmente, Luffy alzó la mano. Zoro y él saltaron de su escondite, sorprendiendo a los dos hombres.

-No se muevan -dice Luffy-. No ando de buenas. Si colaboran decentemente, prometo portarme agradable.

Los dos hombres parecían confundidos.

-Hace un par de horas salió de aquí un avión -habló Zoro, apuntándoles con el arma-. ¿A dónde se fue?

Ninguno de los dos abrió la boca, lo que enfureció a Luffy.

-Tengo las balas suficientes para cargármelos a los dos -gruñe-. ¿A dónde se fue?

El castaño fue el primero en hablar.

-A Italia.

- ¿Quiénes iban en el avión?

-Dos mujeres, una rubia y otra pelirroja.

"Nami", pensó Luffy. Señaló al otro avión.

- ¿A dónde va ese avión?

-Se lo llevamos al jefe, está en Italia.

-Me alegra, porque nos vas a llevar contigo.


Llevaba más de media hora allí. Adentro hacía frío, comparado con el exterior. Quiso cubrirse con algo, pero no tenía el valor de tocar nada. Había una enorme cama frente a ella vestida con sábanas blancas, rojas y negras. En ambos lados una mesita y sobre ella un sinfín de objetos de los cuales no quiso saber. No había ventanas, las paredes estaban con barrotes negro y la única luz es una lampara en el techo. La habitación le hacía recordar las palabras de Zoro.

"Cuando Doflamingo se obsesiona con una mujer... Doflamingo suele violarla, asesinarla y cortarle la cabeza para guardarla a modo de trofeo. Es asqueroso, pero es así como consigue sexo."

-Apuesto que para esto es la cama -murmuró para ella misma.

Pese al razonamiento tan espantoso, no estaba dispuesta a luchar. Ya no más. Había perdido todo: su padre, a Luffy, sus amigos, su libertad. Luchar ahora era inútil. Solo aguardaba lentamente el momento en el que Doflamingo cesara con tanta opresión en el pecho. Morir era la única salvación ante tanto dolor.

La puerta se abre de golpe. Se le congela todo el cuerpo, asustada a la idea de girarse. Se mueve lentamente. Doflamingo estaba en la entrada, desnudo, sonriéndole como un zorro. La chica aparta la mirada.

- ¿Qué te parece la habitación? -le pregunta.

La chica siente como un nudo comienza a formársele en el estómago.

-Estaría mejor sin ti en ella -musita.

Doflamingo se carcajea. Se le acerca, la toma del brazo y la lanza sobre la cama.

-Vamos a platicar un poco, preciosa -presiona sus muñecas con fuerza contra la cama-. ¿Dónde está tu padre?

-Vete al infierno -masculla.

Aparta la mano y la golpea en el rostro. La sensación metálica en la boca le repugna.

- ¿Dónde? -gruñe él.

La chica escupe la sangre de su boca en el rostro de Doflamingo.

-No sé donde está, imbécil.

Fuera de sí, Doflamingo vuelve a golpearla en dos ocasiones en el rostro.

-Cariño, no tengo mucha paciencia.

La chica gimotea de dolor.

-Púdrete -gruñe.

Los dientes de Doflamingo rechinan del coraje. Se levanta y tira de su camisa, rompiéndola. La garganta de la chica hierve a medida que la preocupación se acumulaba en su pecho.

-No te sirve de nada, ¿lo sabes?

La chica no emite ningún sonido. Cuando se topa con sus gafas oscuras puede sentir su salvaje y retorcido deseo, las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos caoba. Lo único que podía recordar era a su primer novio y el cómo había abusado de ella sin piedad. Y este hombre era uno más rasguñándole el corazón.

"Luffy -chilló en su mente-.Sálvame"

Sintió la respiración en su cuello; el asco se extendió por cada fibra de su cuerpo. Mientras cerraba los ojos sintió como le destrozaba la ropa; piel con piel, le comenzó a temblar todo el tiempo cuando la tomó a la fuerza. Chilló con fuerza. Mientras él seguía haciéndole daño, mordisqueando su piel y lastimando su cuerpo, su mente seguía clamando por un Luffy que jamás llegaría a salvarla.


Apenas aterrizó el avión, Luffy obligó a los dos hombres a llevarlo a él, a Zoro y a Robin hasta el lugar donde se hallaba Doflamingo. Tenía un dolor espantoso en el pecho y en su mente solo estaba su Nami. Necesitaba encontrarla. Tenía miedo; miedo a llegar tarde. No podría soportar perder a su chica.

- ¿Cuánto falta? -pregunta.

Luffy tenía el arma en su cabeza; no contestar era estúpido.

-Es aquel edificio en frente.

Luffy lo observa. Es un edificio de color gris con detalles carmesi, con muy pocas ventanas y varias puertas alrededor. Hay poco movimiento en las puertas delanteras, pero no así en las traseras.

-Estaciónate lejos, que no nos vean -musita.

El hombre obedece. En cuanto el coche se apaga, Zoro y él se disponen a noquearlos y a atarlos.

- ¿Era necesaria tanta violencia? -chilla Robin.

-Vas a quedarte aquí -musita Zoro, mientras se asegura de atar bien al sujeto al asiento-. No quiero que se despierten y te hagan daño.

-No voy a quedarme aquí mientras mi mejor amiga está...

Zoro la hace callar. Le extiende el móvil.

-Espera cinco minutos, luego llama a Trafalgar Law ¿Entendido?

- ¿Ese quién es?

-De Antidrogas. Y nunca te separes del arma, ¿quedó claro?

-Bien -gruñe.

-Si tienes que disparar, dispara.

-Entendido.

-Que no te tiemble el pulso, no dejes que se te acerquen.

-Ya basta, Zoro. Entendí.

Zoro le lanza una mirada rápida Luffy. Estaban listos. Revisaron las armas y fueron acercándose a la propiedad en total silencio. Hay tres hombres en la entrada, custodiando la puerta. Dos más parecían alejarse hacia las puertas exteriores.

-Sería excelente no cargarnos a ninguno -murmuró Zoro.

Sin embargo, vio como los tres hombres caían muertos al suelo. Al mirar a Luffy, cae en cuenta que él ha disparado.

- ¿Cómo diablos es que no he oído los tiros?

Luffy le enseña el arma. Silenciador, claro. Extiende uno hacia él.

-Lo necesitarás.

Zoro toma el silenciador y se lo ajusta al arma.

-La verdad no deseaba matar a nadie hoy -murmura él.

-Yo pienso cargármelos a todos -le lanza una mirada despectiva-. No es tu mujer la que está allá adentro.

-Hace unas horas querías ahorcarla.

-Ya lo sé. Pero la quiero de vuelta, punto.

-Eres un puto cursi, mueve el trasero y avanza.

En otra ocasión, la broma posiblemente le habría hecho sonreír. Pero no podía darse el lujo a ese privilegio mientras Nami seguía en manos de Doflamingo. Le hizo una seña rápida, de modo que Zoro comenzó a movilizarse en silencio por la derecha. Luffy atacaría con la izquierda. Era bueno por la izquierda. Con el arma presionándole el muslo, avanzó con los pasos de un zorro. Abrió la puerta, que hizo un chillido. Adentro hacía calor y estaba oscuro. Volteó hacia Zoro y le hizo una seña. Iba a entrar. Zoro lo seguía con cautela.

Los gemidos, las quejumbres y los improperios llegaron a oídos de Luffy como una abeja zumbándole sobre la cabeza. La música era melosa con el toque a erotismo. A medida que avanzaban, el lugar comenzaba a ponerse peor. Rebuscó con la mirada entre cada uno de los que estaban allí, pero ni rastro de su chica. Percibió una escalera que conducía al segundo piso. Cauteloso, dejó a Zoro en el primer piso y comenzó a subir en silencio y con rapidez.

Arriba había un sinfín de puertas de color madera, salvo por una de color rojo. No se escuchaba nada, excepto por los gemidos y las quejumbres. La garganta se le hincha al reconocer los quejidos. Preso de su furia, irrumpe con violencia a través de la puerta roja. Un hombre desnudo está posado sobre un pequeño cuerpo envuelto por las sábanas. Entre el montón de telas, Keller pudo distinguir los ojos apagados y tristes de una mujer que había sacudido su mundo desde que tenía dieciséis años.

Furioso e impotente, aparta a Donquixote de ella, lanzándolo al suelo. Apunta el arma hacia su cabeza, pero matarlo era un alivio para el daño que había caudado. Merecía el mayor sufrimiento que le pueda ser concedido. Vuelve a ajustar la trayectoria de la bala, directamente a su entrepierna. Dispara una, dispara otra. La habitación se llena de los gritos de dolor de Doflamingo, pero para Luffy es como una dulce melodía. Lo merecía.

-En tu puta vida volverás a lastimar a una mujer -gruñe.

Se ajusta el arma en el cinturón y acude con cuidado hacia su chica. Echa un ovillo, intenta cubrir su cuerpo todo lo que le es posible con las sábanas. Pero no tiene la suficiente fuerza y Luffy termina por apartársela. Tiene moretones en el rostro y sangre brotándole de la boca, hay otros moretones más en sus costados, brazos y piernas, mordiscos en el cuello y en los pechos. Doflamingo continuaba gritando, y el deseo por volarle los sesos aumentaba conforme veía el cuerpo de su mujer.

-Vas a estar bien -murmura mientras la envuelve en las sábanas-. Te pondrás bien.

Él la levanta con cuidado y lo único que escucha de ella es el quejido, el dolor en su rostro. Nami envuelve los brazos adoloridos en su cuello.

-Estás vivo -musita llorosa-. Viniste por mí.

El pecho de Luffy se comprime.

-Debí llegar antes. Perdóname, nena. Yo te causé esto.

La boca de la chica se seca y aunque hubiese querido responderle, acabó por perder el conocimiento.

Continuara...


En verdad el resultado fue impactante, pero ello no quitara lo que vendra en el futuro ;) :) REVIEWS?