Capítulo 22
La preocupación le hacía recordar su primer día de trabajo. Tenía que intervenir en un arresto, no era nada complicado. Sin embargo, cuando se disponía a arrestarlo, tropezó y cayó. De ese modo, el sujeto consiguió escapar. La diferencia de ese día a este era su chica. Verla en la cama con las vendas en los brazos, el rostro golpeado y las venas martirizadas por las agujas era desmedidamente doloroso.
Y la impotencia de no haber podido evitar que ese hombre la tocara lo estaba matando, sobre todo porque todo esto él lo había provocado. Por tal motivo, lo mejor para ella es que él se marchara y le permitiera salir adelante, que conociera a alguien más y se enamorara. Lo mejor para ella era olvidarlo a él.
Tomó cuidadosamente la mano derecha, donde estaba la aguja, brindándole suaves caricias.
-Eres una mujer excepcional -susurra-. Has pasado por tanto. Mereces ser feliz.
Los ojos de Nami luchan por abrirse, pero él no lo nota.
-No soy bueno para ti, solo consigo hacerte daño -se le seca la boca-. Voy a echarte de menos, pero irme es lo mejor. Quiero que estés bien. Tu padre después de todo tenía razón. Soy peligroso para ti.
La chica consigue abrir los ojos. La luz le molesta, así que vuelve a cerrarlos e intenta abrirlos con más lentitud. Estaba en un hospital, y odiaba los hospitales. Eso era una de esas cosas que jamás iban a cambiar. Cuando quiso moverse, se sintió demasiado entumecida para volver a intentarlo. Entonces las imágenes saltaron en su mente, golpeándola. Suelta un gritito que sobresaltó a Luffy. Sus gritos ahogados, su impotencia, su carencia de fuerza. El pecho parecía a punto de estallarle del dolor. Comienza a rasgarse la piel con las uñas, pero él consigue detenerla.
-No te hagas daño, nena -musita tranquilizador.
Los sollozos de la chica no parecen querer ceder.
-Otra vez -musita ella, llorosa.
-Sh -la aferra a él con cuidado-. Ya no llores.
La chica se aferra a él con fuerza, ignorando su propio dolor. Él estaba aquí; su único bálsamo, su único alivio.
-Luffy -musita.
-Estoy aquí, chérie -susurra cerca de su oído-. Ya estás a salvo.
-No me dejes -chilla-. No te separes de mí. Si te pierdo, ya no tendré por lo cual vivir.
Luffy traga saliva.
-No me iré. Me quedaré, contigo.
La chica se pierde en su cuerpo, presionando la nariz contra su pecho. Aunque el miedo y el dolor seguía dentro de ella, se permitió dormir protegida por el hombre que había ido a salvarla.
Luffy aguardaba pacientemente a que la doctora se acercara a él con la carpeta que contenía el expediente médico de Sumer.
- ¿Doctora? -dice-. ¿Podemos hablar?
Robin y Zoro saltan del asiento hacia ellos.
- ¿Mi amiga como está? -dijo Robin al borde de las lágrimas.
La mujer se acomoda los espejuelos.
-Los rasguños internos de la vagina confirman la violación -musita cautelosa.
Luffy cierra los ojos y siente como si el mundo se le cayera encima. Tenía la esperanza, una muy pequeña, de haber alcanzado a detenerlo. Zoro le da dos golpecitos en el hombro, intentando darle ánimos.
-Limpiamos y desinfectamos sus heridas -continuó la mujer-. El suero es para hidratarla.
- ¿Cuándo puede irse?
-Yo diría que mañana, pero no se ha quedado quieta. Dijo que firmaría para irse.
Luffy no puede evitar sonreír. Así era su chica, terca como una mula.
-Le recetaré unos calmantes para los nervios, pomada para los golpes y unas medicinas para el dolor -extiende un papel hacia Luffy-. Le pedí hablar con algún familiar, pero ya ha firmado los papeles ella misma.
Él agita la cabeza. Sin embargo, escucha a Robin carcajearse a pesar de tener los ojos llenos de lágrimas.
-Nami siempre ha odiado los hospitales -musita.
Luffy se gira hacia Zoro.
- ¿Puedes conseguir un lugar donde pasar la noche?
Él asiente y desaparece por las puertas. Luffy se pasa la mano por el pelo.
- ¿Puedo hablar contigo?
Robin asiente.
-He estado pensando en todo lo que ha pasado y creo que lo mejor es que me vaya.
Robin frunce el ceño.
-Irte es lo peor que puedes hacer -dice-. La vas a matar.
La boca de Luffy se seca.
-Desde que nos volvimos a ver la he metido en líos. Tengo que darle espacio.
-Te lo voy a decir de una manera sencilla y clara: "si te vas, eres un cabrón". Ella la pasó muy mal pensando que la habías abandonado. Daba saltos de alegría cuando pensó que ibas a despertar e iniciarían de nuevo, pero ya ves lo que pasó.- Robin lo golpea en el pecho.- Ella fue violada -chilla-. Compórtate como hombre y cuídala bien, porque mientras tú estabas tratándola como una basura porque no la recordabas, ese desgraciado estaba lastimándola.
Los ojos de Luffy se cierran, lastimados.
-No me lo tienes que recordar, Robin -gruñe-. Yo lo vi. Si no hubiese ido conmigo, Doflamingo jamás la habría visto. No estuviésemos juntos, pero ella no estaría así ¡Tú la viste!
-Sí, yo la vi. También hablé con ella. No deja de repetirme una y otra vez que fuiste a salvarla. Ni siquiera ha mencionado la violación, solo a ti. Ni se te ocurra marcharte.
La voz de Robin se opaca ante el escándalo de voces. Cuando Luffy gira, ve a la chica caminar con dificultad escoltada por dos enfermeras. Él salta hacia ella y la sostiene.
- ¿Qué haces fuera de la cama? -gruñe.
-Ya me voy -sonríe cansada-. Me dieron el alta.
-No, tú la impusiste.
La chica intenta protestar, pero comienza a perder el conocimiento en sus brazos.
-No puedes irte así -desliza las manos para cargarla-. Mejor regresa a la habitación, al menos por esta noche.
A pesar de hallarse débil, la chica comienza a patalear y soltar chillidos.
-No quiero -lloriquea-. Hace frío. Hacia frio donde ese hombre me encerró. No quiero, por favor.
Preso entre la espada y la pared, acabó por rendirse.
-Como tú quieras, nena.
Unas pocas horas despues...
Luffy sujeta a Nami de la cintura mientras espera a que Zoro abra la puerta de entrada. Había conseguido una casilla preciosa muy cerca del hospital, en caso de que tuvieran que regresar. Adentro hacia bastante calor, lo que hizo sentir a Nami mucho más cómoda. Luffy suspira tranquilo.
-¿Quieres irte a acostar? -le pregunta dulcemente.
-¿Vendrías conmigo?
Él le besa el pelo.
-Claro, chérie.
La chica suspira.
-Mm -dice-. Necesito darme un baño antes.
Robin da saltitos hacia ella.
-Te compré ropa. Te va a gustar.
La chica le sonríe cansada.
-Gracias, Ro.
-Están en una maleta. De hecho, compré ropa para todos.
-Con mi dinero -gruñe Zoro.
Robin se acerca y se cuelga de él.
-Ya después te lo pago.
La chica sonríe y sacude la cabeza.
- ¿Me ayudas? -le pregunta bajito a Luffy.
Ni siquiera asiente. La sostiene bien, pegándola a su cuerpo, y caminan despacísimo hacia el baño.
- ¿Quieres que vaya por algo de ropa?
-Por favor.
La suelta despacito.
-Ten cuidado, ya regreso.
Y solo le bastaron dos minutos para abrir la maleta, escogerle la ropa y regresar con ella. La puerta estaba cerrada con llave y solo se oían las gotas de agua al caer. Luffy tocó dos veces con suavidad.
-Te traje la ropa -dice.
Silencio.
- ¿Nena? -vuelve a tocar la puerta-. ¿Estás bien?
La puerta se abre lentamente.
-Em, sí -entiende la mano-. ¿Me la pasas?
Luffy abre la puerta y entra. Los pequeños brazos de la chica intentan cubrirse los pechos, el sexo y el vientre, pero le resulta inútil. A él se le seca la boca. Se veía frágil, marchita y cansada.
- ¿Qué sucede? -susurra él.
-Vete -susurra llorosa-. No quiero que lo veas.
-No me voy -deja la ropa en una esquina-. Déjalo, ya lo vi.
-No -chilla-. Por favor.
Él se acerca con cuidado.
-No te hagas eso, ya basta -le aparta las manos del cuerpo-. No me voy a ir, no importa lo que haya en tu cuerpo -le agarra el mentón y la obliga a mirarlo-. Tú sigues siendo mi mujer, no suya ni de nadie. Mía.
La chica suelta un chillido.
-Ven -tira de ella suavemente de las manos-. Vamos a lavarte.
La chica cede sin fuerzas y se sujeta de él para entrar en la bañera, donde se sienta. El agua caliente le cae muy suave, sin lastimarla. Luffy se arrodilla junto a ella y le quita las pequeñas vendas del rostro.
-No me gusta ver tus ojos así -los acaricia con el pulgar-. Solían brillar con intensidad. Ahora solo brillan por las lágrimas.
La chica intenta apartar el rostro, pero él se lo impide.
-No vuelvas a hacer eso, es suficiente. No actúes como si tuvieras algo de lo que avergonzarte.
Echa jabón en sus manos y uniéndolo con el agua se las frota.
-Voy a lavarte -le sonríe-. Cierra los ojos y déjame consentirte.
Continuara...
No se preocupen estare actualizando desde ahora todos los dias para acabar esta historia lo antes posible e iniciar otras nuevas, y ello me lleva al siguiente tema... Estoy buscando sitios web de libros e historias, donde pueda encontrar mas historias, pero sobre todo que sean de genero fantasia, ciencia ficcion, entre otros, pero mas que nada que salga de la realidad de la vida normal de las personas...nos vemos luegoooo ;) :) :D
