Capítulo 24

Luffy estaba hambriento. No podía pensar con claridad cuando había sido la última vez que había comido desde que consiguió despertar del coma inducido. Le dio el último mordisco al último trozo del pan de su segundo plato. Observaba a Robin y a Zoro masticar su desayuno mientras carcajeaban como un par de jovenes. Pero su chica no lucia tan feliz ni hambrienta. Pinchaba la comida con el tenedor, una y otra vez, pero era todo lo que hacía. No comía nada.

-He pensado en un viaje -dice Robin-. Podemos irnos los cuatro. Sería lindo.

Nami sonríe un poco.

-Por mí está bien.

Luffy no puede evitar fijarse en ella. No se veía bien. Parecía cansada y triste; temió que estuviese reviviendo el momento. Esta se levanta del asiento y no mira a nadie.

-Voy a... -comienza a decir, pero se le seca la boca-. Voy a tomar un baño.

-Ya habías tomado uno -le dice Luffy-. ¿Qué sucede?

Los ojos de la chica se llenan de lágrimas e incapaz de pronunciar palabra sale disparada hacia la habitación. Un Luffy frustrado suelta una maldición mientras emprende carrera tras ella, pero no consigue llegar a tiempo y haya la puerta cerrada con llave. Da dos golpes a la puerta.

-No te encierres… Nami Hydes -vuelve a golpear la puerta-. Abre.

-Quiero estar sola -chilla.

-Quieres, pero no te lo voy a permitir. Abre ya.

-Por favor, Luffy. Necesito estar sola.

-No -gruñe-. No voy a dejarte sola para que pienses en lo que pasó.

-Luffy...

Frustrado, golpea la puerta con el pie.

- ¡No! -grita-. Si vas a llorar, si vas a quejarte, si quieres deprimirte pensando en lo que pasó, hazlo. Pero conmigo. Acaba de una vez de entender que no me voy a ir a ningún lado.

-Lo vas a hacer -gimotea-. Vas a cansarte de mí.

-Pero sí que eres tonta, Nami. ¿Cómo mierda te lo digo? Estoy enamorado de ti. No puedo volver a irme, me moriría. Te necesito. Te necesito más de lo que pudieras necesitarme tú a mí.

-No es cierto.

-Sé que no estás pasando por un buen momento, que estás muy sensible y llena de inseguridades, pero cree en lo que te digo. Nami, te necesito. Te amo, por favor ábreme. No te cierres a mí, cielo.

Tras unos largos segundos en silencio, la puerta de la habitación comienza a abrirse lentamente dando paso a una chica temblorosa con los ojos enrojecidos.

-Yo también te amo -se lanza sobre él-. No me dejes nunca, por favor.

Luffy la cubre con cariño.

-No, preciosa.

- ¿Me lo prometes?

-Te lo juro.

La chica se aferra más a él.

-Gracias por estar conmigo.

Él sonríe.

-Se siente riquísimo estar contigo.

- Luffy...

- ¿Mm?

-Tengo miedo.

-Mm, ¿por qué?

-Por papá, por Margaret ¿Qué tal si vuelven?

Luffy frunce el ceño.

- ¿Por qué Margaret?

El cuerpo de la chica se estremece.

-Ella me llevó con Doflamingo.

Luffy sostiene su rostro entre sus grandes manos.

-Ellos jamás, escuchame bien, jamás van a volver a hacerte daño.

Se dejó envolver por sus brazos y se permitió sentirse segura, como siempre que él la resguardaba.


Tiempo despues...


La chica tacha 13 de junio en el calendario. Habían pasado casi tres meses desde el incidente con Doflamingo, y se sentía mucho mejor. No solo se lo debía a la magnífica atención y la esplendida paciencia que Luffy le había tenido, sino a su mejor amiga Robin, que había sido su terapeuta personal durante todo este tiempo. Recordaba como al principio las pesadillas eran frecuentes, pero ya no. Las pesadillas comienzan a reducirse considerablemente, lo cual significaba un gran alivio.

Se gira silenciosamente y observa a Luffy dormido sobre la cama. Ya estaban en casa, en aquella casa donde él le había hecho el amor por primera vez. Cuando cierra los ojos, puede volver a experimentar aquel día y lo feliz que se había sentido. Y luego vino el dolor, su partida, el tener que vivir dos años enteros sin su compañía. Ahora estaba aquí, como el novio perfecto y comprensivo que toda chica desearía.

Pero era hombre. Se preguntó hasta que punto había suprimido sus propios instintos primitivos para hacerla sentir protegida y respetada. Y se preguntó cuánto tiempo más tendría tanta paciencia con ella. Suspira hondo y se acerca un poco a la cama. Él no se mueve. Solo se le ve respirando y moviéndose muy lentamente en la cama de vez en cuando. Se abraza a ella misma. Luffy se merecía que dejara de una buena vez sus miedos y sus incomodidades. Después de todo, había sido un hombre muy paciente y comprensivo.

Decidida, comienza a desnudarse lentamente. La ropa de dormir cae a sus pies, exponiendo su desnudez a un Luffy dormido. Sin hacer ruido, sube sobre la cama y se acerca hasta él. Tiene una respiración muy suave, tranquila.

-Luffy -susurra la chica.

Él responde con un movimiento suave, pero no despierta.

-Luffy -vuelve a susurrar.

Él abre los ojos y se despereza un poco. Cuando sus ojos se acostumbran a la poca claridad, la descubre desnuda sobre él. Se sobresalta un poco, pero a los pocos segundos se le pasa.

- ¿Nami? -se frota los ojos-. ¿Qué haces?

-Hace exactamente ochocientos diez días que no me tocas.

Él sonríe un poco dormido aún y le acaricia los brazos desnudos.

-Te toco todos los días -dice.

Ella sacude la cabeza y se aparta lo suficiente para quitarle las sábanas de encima. Sus dedos juguetean con el elástico del bóxer.

-Tocar, Luffy; manosear, mordisquear- se acerca a su oído, susurrando- Hacerme el amor.

Luffy le sonríe.

-Solo estaba esperando a que te sintieras mejor -tira de sus brazos con cariño y su cuerpo desnudo cae sobre el suyo-. Pero siempre te he tenido ganas, siempre.

La chica sonríe victoriosa.

-Quiero que me hagas el amor.

A Luffy se le seca la boca.

- ¿Estás segura?

-Yo confío en ti -vuelve a su antigua posición y desliza el bóxer por sus piernas-. No me harías daño.

Vuelve a desplomarse sobre él y el calor de su cuerpo golpetea en el suyo.

- ¿Estás segura? -vuelve a preguntarle.

La chica sonríe, a sabiendas que él no iba a tomar la iniciativa. Extiende la mano hacia su miembro y se posiciona sobre él, exclamando "joder" cuando siente como su pétreo miembro la toma. El rostro de Luffy se comprime del placer.

-Luffy -jadea-. Luffy...

Él reacciona de forma primitiva, sosteniéndola de la cintura y haciendo que gire sobre la cama. El cabello de la chica se esparce por las almohadas, mientras sus ojos le gritan por ser complacida. Luffy desliza su boca por el rostro de la pelirroja, deleitándose del suculento manjar de su piel. Pierde el control, y las embestidas comienzan sin previo aviso, obsequiándole a la chica la delicia del placer y el sexo con Luffy.

-Joder -jadea él-. Maldita sea -se recuesta un poco de ella, ocultando su rostro entre el cuello y el pelo-. Nami, por Dios.

La chica gime mientras le entierra las uñas en la espalda.

-Se siente tan bien... -jadea.

Luffy suelta un gruñido, y las embestidas son más crueles, más intensas.

-He extrañado a tu sexo -susurra jadeante.

La chica sonríe con los ojos cerrados.

-No recuerdo que fueras tan bueno.

Cuelga los brazos en su cuello y deja que él le obsequie placer, amor y algo más que termina por enloquecerla.


-Ya es de noche -jadeó la chica.

Hace caso omiso a su propio comentario cuando Luffy la besa en los pechos.

-Mm... -musita.

La chica da un respingo cuando Luffy le muerde suavemente el pezón.

-Luffy -gruñe.

Él se limita a reír, deslizando su boca hasta la de ella.

-Que bien besas, lo juro -la sostiene de la cintura y giran en la cama, de modo que la chica queda sobre él-. ¿Cuántas veces hemos hecho el amor desde la mañana?

-No me preguntes. He perdido totalmente la cuenta.

Él le sonríe antes de besarla.

- ¿No tienes hambre?

-Pues no sé, no consigo sentir nada en este instante. Me dejaste entumecida, me temo.

- Entonces, ¿quieres que te prepare algo y te lo traiga a la cama?

- No -mordisquea su labio-. Yo lo hago, Luffy.

La chica intenta apartarse, pero él la envuelve con los brazos.

- Luffy -musita-. Necesito ponerme de pie.

- Hagamos un trueque. Yo te dejo ir, pero me debes dar algo a cambio.

- ¿Y qué quieres tú a cambio de mi libertad?

- Revoltillos con pan tostado, untado en mermelada, tocino aparte y un buen vaso de jugo de naranja recién exprimido.

- Pero eso es un desayuno. Es de noche.

- Me salté el desayuno, y de verdad tenía ganas de comer esos revoltillos.

-Bueno, bueno -le da dos golpecitos en el pecho-. Te prepararé lo que me pides.

Él sonríe y la besa antes de que consiga ponerse en pie. La ve deambular por la habitación hasta que consigue ponerse una de sus camisas.

-Te quedan mejor a ti que a mí -musita él.

Ella le sonríe antes de salir de la habitación. Observó la oscuridad que provenía del exterior. Esa misma oscuridad la hubiese hecho temblar tres meses atrás, pero teniendo a Luffy a pasos de ella era imposible sentirse asustada. Da saltitos hacia la cocina y coloca todo lo que necesita cerca de la estufa. Rompe los huevos y los bate en un envase. Mientras lo hace, no puede evitar pensar en lo bien que Luffy la había hecho sentir mientras le hacía el amor...

- ¡Nami!

La chica da un salto cuando escucha a Robin gritar su nombre, pero por suerte el envase no se cae de sus manos.

-Robin, me asustaste -chilla.

Robin se acerca tranquilamente y coloca el brazo sobre sus hombros.

-No te he visto en todo el día, picarona.

Las mejillas de la chica se tiñen de rojo.

-Zoro y yo fuimos a dar una vuelta -abre el refrigerador y saca una manzana a la que le da una mordida-. Hicimos el amor en su coche.

-No quería saber eso -vierte los huevos en el sartén-. En serio.

-Fuimos a un río -continuó ignorándola-. Hicimos el amor allí. Luego fuimos a un hotel antes de llegar.

-No sé por qué fueron a un hotel. Si el hotel y el río parecían más accesibles para una segunda ronda.

-Pero si a ti se te nota que te dieron tu fiestecita también, fu fu fu -suelta una risa-. Se te nota por la sonrisa.

Hasta ese instante, la chica no había notado que sonreía. Efecto post Luffy. Una total maravilla.

-Estuve haciendo mis cosas.

-Sí, el hecho de llevar una camisa de Luffy te delata.

La chica suelta una carcajada, apaga la estufa y coloca el sartén sobre la encimera.

-No te lo puedo esconder por más tiempo -da dos saltitos-. Luffy y yo, oh Dios, hemos estado haciendo el amor todo el día. Ha sido todo un animal salvaje, pero también como un conejito suave y tierno.

-Bueno, los conejos son buenos en la reproducción -ambas sueltan una risa-. No sabes cómo me gusta verte así. Eres tú otra vez, mi mejor amiga de hace tantos años atrás.

-Es que es imposible no sentirse tan bien. Me repetía todo el tiempo que me amaba, y yo sentía que me derretía por dentro -agarra el sartén y vierte el revoltillo en un plato-. Todos estos meses se ha comportado como un príncipe. Ha sido tan jodidamente paciente y no le importó lo que ese hombre me hizo.

Los ojos de la chica brillan por las lágrimas, lágrimas de felicidad. Agarra el pan y le unta la mermelada.

-Él me hizo la mujer más feliz, lo más feliz que he podido ser en mucho tiempo -sostiene la bandeja con el desayuno-. ¿Y sabes qué fue lo único que me pidió a cambio? Desayuno en lugar de cena. Te adoro, pero yo me voy con mi hombre.

Sonríe como una niña y desaparece escaleras arriba.

Continuara...


NUEVO CAPITULO...BUENO, YA SABEN... ;) :) :d :p