Capítulo 25

Se la había vuelto costumbre despertarse antes que él, lo que le servía para prepararle el desayuno. Pero no había huevos, ni pan ni cereal. Nada. Caminó de puntillas hasta la habitación y rebuscó entre los bolsillos de los pantalones hasta que halló la tarjeta de crédito. Buscó en el cajón de la mesita de noche un papel y una pluma, donde escribi:

/-/-/- "Fui a comprar cosas para preparar el desayuno. No me tardo, te amo". -/-/-/

Luffy se enojaría con ella. Le tenía rotundamente prohibido salir a la calle sola, después de todo su padre seguía libre y con el mismo deseo de separarla de él. Pero no iba a tardarse. La tiendita más cerca estaba a cinco minutos. Volveria antes de que él despertara.

Camina de puntilla hasta salir de la casa. Si despertaba a Zoro o a Robin, o en el peor de los casos a ambos, tampoco la dejarían salir. Aseguró la tarjeta de crédito en el bolsillo del pantalón y caminó en dirección a la tienda. Se frota los brazos con ambas manos. Eran las siete y treinta, estaba haciendo frío y todo le tenía puesto era un cómodo conjunto de ropa deportiva nada abrigador.

Comienza a escuchar pasos tras su espalda. Sin alarmarse, echa un vistazo disimulado hacia atrás. Pero no ve a nadie, de modo que continúa. Los pasos vuelven a escucharse, así que vuelve a voltear.

Nada.

-Ya me estoy poniendo paranoica -musita para ella.

Agradece al cielo cuando al fin llega a la tienda. Adentro hace calor, lo que es gratificante. Agarra una de las canastillas y echa los huevos, el pan y un par de cosas más para preparar el desayuno. En la tarde Luffy debería llevarla a hacer la compra.

Lleva las cosas a la caja, paga y se marcha con las bolsas en las manos. A la mitad del camino, el ruido de los pasos regresa. Esta vez no piensa voltear, sino que apresura el paso. Cuando va a cruzar la calle, a tan solo pasos de su casa, un coche negro la intercepta. El corazón le late a prisa cuando ve a su padre bajar de él.

-Cariño -dice él-. ¿Cuánto ha pasado?

La chica observa a tres hombres posicionarse tras ella.

-Bastante -gruñe ella.

-Estás preciosa -señala hacia el interior del coche-. ¿Damos un paseo?

-No, gracias. Tengo que reparar un desayuno.

-De seguro eso puede esperar. Entra al auto, nena.

-No.

Nate inclina un poco la cabeza y ella nota como dos hombres se acercan. Nerviosa, le lanza una patada en la rodilla a uno de ellos, que lo inmoviliza por completo. Los otros dos se acercan. Golpea a uno con la bolsa en el rostro y al otro le da un puñetazo en la nariz. Comienza a correr a toda prisa hasta la casa, pero no tarda en notar que su padre viene siguiéndola. Golpea la puerta y maldice por ser tan estúpida y olvidar la llave.

- ¡Luffy! -grita con fuerza, pateando una y otra vez la puerta-. ¡Zoro!

- ¡Nami! -escucha gritar a Nate-. Ya es suficiente.

- ¡LUFFY! -vuelve a gritar.

Él la sostiene del brazo y la obliga a girarse.

-Nos vamos, Nami. ¡Ahora!.

- ¡No!

La puerta de entrada se abre y siente como el largo brazo de Luffy la envuelve por la cintura, apartándola de él. Cuando le besa la mejilla, suspirando aliviado contra su cuello, se permite respirar aliviada.

-Disculpe, Sr. Nate -le apunta con el arma plateada-. Nosotros no salimos tan temprano.

Él sonríe con amargura mientras le apunta con el arma. El corazón de la chica late con desesperada rapidez.

-He estado pensando en muchas formas de sacar a mi hija de aquí, pero sabía qué harías esto. Debí darte cuatro balazos. Tres no fueron suficientes.

- ¡Vete de aquí! -chilló ella-. ¡No me iré contigo, jamás!

- ¿Qué no entiendes que solo quiero protegerte?

-Pues lo haces muy mal. Todo lo que me pasó es por tu culpa, por intentar matar a Luffy -sus ojos comienzan a humedecérseles-. Por tu culpa Doflamingo abusó de mí.

Los ojos de Nate se oscurecen y el arma comienza a temblarle en la mano.

- ¿Qué? -balbucea.

-Tú trataste de matarlo. Si no lo hubieras hecho, no hubiésemos tenido que escapar del hospital, yo jamás me hubiese cruzado con ese hombre en mi vida y no hubiese abusado de mí ¡Eso fue tu culpa!

Nate baja un poco el arma.

-No es cier...

La chica ve como su padre se desploma en el suelo, presionándose con la mano la herida en el brazo. Luffy le suelta en la cintura y acaba desplomado también, con una herida en el brazo. La chica gira hacia el lugar de origen de la bala y lo que ve le provocan ganas de vomitar.

Donquixote Doflamingo le sonreía.

-Adentro, niños -dice-. Vamos por té y galletitas, fu fu fu.


La chica era un manojo de nervios inútil cuando Doflamingo se la lleva al interior de la casa, apuntándole en la cabeza con el arma. El simple tacto de su mano en su brazo le producía asco. A Luffy le ardía el alma, incluso más que la herida. Debió matarlo, pero en ese momento no tenía un arma. Y él la tenía. Maldita sea, la tenía. Tenía a su mujer. Debía ser cuidadoso.

Doflamingo tira de ella y cae sobre el sillón, temblando y llorando como una niña que le teme a la oscuridad. Se abraza a ella misma y cierra los ojos con fuerza. Luffy termina desplomándose en el suelo. La herida le duele, le palpita con fuerza. Nate se desploma junto a él. La expresión amarga en su rostro dejaba ver que también le dolía, tal vez el doble. Adoraba a su niña, aunque su forma de demostrarlo era errónea, y verla en ese estado, siendo tocada por su violador, debía de enloquecerlo.

-No creyeron que iban a deshacerse de mí tan rápido, ¿o sí? -Doflamingo sonríe-. Salir de aquella lata de sardinas me tomó más tiempo del que pensé, pero heme aquí.

Desliza la boca por el cuello de la chica, a quien continúa apuntando con el arma. Su cuerpo se sacude por las arcadas del asco.

-Hueles exactamente a como recordaba -murmura.

La chica comienza a patalear, de modo que él levanta la mano y le propina un golpe en el rostro. Luffy intenta ponerse en pie, pero Doflamingo vuelve a presionar el arma contra la cabeza de la chica.

-Si te mueves, se muere -sonríe-. Tal vez gustarías de ver como sus sesos se esparcen por el suelo.

Luffy tensa la mandíbula, volviendo a su posición anterior.

-Supuse que no -aparta un poco el arma-. Fue muy inocente de tu parte pensar que unas cuantas rejas de la prisión me detendrían -vuelve a presionar el arma contra su cabeza-. Me debes los malditos disparos.- dice furioso.

Luffy le sonríe.

-Te merecías un par más en el rostro.

Doflamingo, cabreado, inserta la boquilla en la boca de la chica. El corazón de Luffy comienza a martillar como un loco.

- ¿Seguirás diciendo lo mismo si tiro del gatillo?

-No te atrevas a hacerle daño a mi hija, imbécil -gruñe Nate.

Doflamingo gira hacia él.

-Eres bueno, desgraciado. Realmente pensé que estabas muerto. Déjame felicitarte por eso y por la hermosura de hija que tienes. Tiene un sabor maravilloso.

Nate hace el intento de ponerse en pie, pero Doflamingo introduce un poco más el arma en la boca, haciéndolo desistir.

-Sería una pena que por la estupidez de ambos haya que explotarle el cerebro a una chica tan encantadora, ¿no lo creen? -introduce el arma un poco más. La chica no podía respirar muy bien-. Así que será mejor que nos pongamos de acuerdo. "Nadie se mueve, yo no disparo."

La chica intenta respirar profundamente, pero el arma estaba incrustada en la garganta. No podía respirar. Emite gemidos ahogados, que inundaron la habitación. La mente de Luffy comenzó a maquinar con rapidez una manera de ponerla a salvo. Luego piensa en Zoro y en Robin, que deberían estar en algún lugar de la casa ¿Sabrán lo que estaba pasando allí? Joder. La cabeza comenzaba a dolerle. Necesitaba una manera de avisarle a Zoro lo que estaba sucediendo.

La chica vuelve a gemir, buscando aire.

- ¿Qué demonios quieres? -gruñe Luffy -. Sácale esa mierda de la boca. No puede respirar.

- ¿Tú crees?

La chica cierra los ojos.

- ¿Qué mierda quieres?

Doflamingo saca el arma de su boca y apunta a Luffy con ella. Él suspira aliviado cuando escucha a su mujer respirar profundo.

- Se te ocurrió la puta idea de rastrearme, de dispararme.

- A ti se te ocurrió la mala idea de tocar a mi mujer.

- Que también es mi mujer.

Furioso, Luffy amenaza con lanzarse sobre él, pero Doflamingo lo golpea con el arma y cae de nuevo al suelo.

-Parece que también se te ocurre la mala idea de atacarme cuando eres una mierda inservible.

-Si lo que quieres es matarme, hazlo de una puta vez, pero déjala tranquila.

Doflamingo apunta hacia su cabeza con el arma, pero la chica, nerviosa y asustada, se impone entre ellos.

-No le hagas nada, por favor -imploró de rodillas-. Hazme lo que quieras, pero no lo lastimes.

-Cállate la boca -gruñe Luffy.

-No voy a dejar que te haga daño por culpa mía.

-No es por tu maldita culpa, ahora apártate.

-Si no cierran la puta boca ¡Les atravesaré el cerebro a los dos con una sola bala! -gritó furioso Doflamingo.

Luffy atrae a la chica hacia él.

-Ella no forma parte de ninguna negociación, salvo si eso la pone a salvo.

-Luffy -protesta ella.

-Cierra la boca de una maldita vez.

Luffy ve en los ojos de Doflamingo la perversión. Su premio era Nami, su trofeo era su cabeza. No dejaría a su mujer en paz. Se le eriza la piel solo de imaginar que cosas podría hacerle. Debía encontrar una manera de sacarla de ahí y ponerla a salvo. Y debía ser rápido.

-Si te pongo a escoger, ¿escogerías a este poli -apunta el arma hacia Nate- o a papi?

Luffy la sintió temblar.

- ¿Por qué lo haces? -chilla.

-Porque me da la puta gana. Los dos me han estado jodiendo la vida desde hace mucho, y tú eres su talón de Aquiles. Harán cualquier cosa solo porque no le dispare a tu cabeza.

- ¡Ya déjanos en paz!

Doflamingo levanta la mano y la golpea en el rostro con el arma. Se desploma sobre Luffy, presionándole la herida en el brazo. Él suelta un grito de dolor y observa por el rabillo del ojo como Doflamingo vuelve a apuntarle a su chica en la cabeza.

Luego escucha el disparo, que arremete contra el silencio de la habitación.

Continuara...


Pues el misterio queda por ahora...

Proximo capitulo, pues...termina nuestra historia... asi que actualizare este fic en uno dias a partir de ahora... nos vemos

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