Capítulo 26
Nami suelta un grito que rompe con el silencio del lugar. El cuerpo sin vida de Doflamingo estaba sobre ella, sus gafas se rompieron al instante al momento de caer dejando ver sus ojos bien abiertos, mirándola. Incluso muerto, ella vio el asqueroso deseo en sus ojos. Forcejeó con fuerza y el cadáver rebotó contra el suelo.
Lo único que deseaba saber es como había pasado todo esto. Doflamingo iba a dispararle a ella, pero ahora estaba muerto. Cerró los ojos y se abrazó a sí misma. Había sido una estúpida. Había demostrado debilidad, exponiendo en vano la vida de Luffy, la de su padre, y la de Robin y Zoro.
Zoro
Levantó la cabeza hacia las escaleras y vio a Robin oculta tras el cuerpo de Zoro, que apuntaba el arma hacia su padre. Zoro había matado a Doflamingo. Oh, bendito Dios. Luffy suelta un gruñido por el dolor de la herida, pero extiende su cuerpo al de ella y la cubre cariñosamente. Ella acepta encantada. El calor de su cuerpo era su único bálsamo.
- ¿Estás bien?
Ella asiente.
-Dios, Nami. Pensé que iba a matarte.
La chica traga saliva.
-Yo también. Lo siento, Luffy. Debí reaccionar.
-No, está bien.
-No, no...Debí golpearlo, debí hacer algo.
-Deja de culparte. Ya todo acabó.
En un parpadeo, tienen a Zoro y a Robin frente a ellos.
- ¿Por qué demonios no me dan una puta señal de lo que está pasando? Si Robin no medio baja hasta acá y corre hasta la habitación no me doy por enterado.
-No jodas -gruñe Luffy-. Hubo dos disparos.
-Sabes que tengo el sueño pesado.
-Yo sí los escuché -comentó Robin.
-Lo sabemos, nena. Tranquila.
Luffy suelta una maldición.
-Zoro.
Él voltea hacia el lugar donde Luffy señala. Nate no estaba. Nami palidece.
- ¿Crees que él...?
Luffy se aferra a ella.
-No. Esto ya se acabó. Tu padre no regresará.
-Pero los dos sabían que eso no era cierto.-
TIEMPO DESPUES...
Era 26 de septiembre, que por mucho era su día favorito. El 26 de septiembre había conocido a Luffy. Claro, él era excesivamente detallista y encantador, así que quiso darle a ese día otro gran significado.
Su boda a realizarse el 26 de septiembre.
Estaba temblando cuando escuchó el golpeteo de la puerta de la limosina. Robin, su madrina de bodas, estaba espectacular con su vestido violeta. El vientre hinchado por su embarazo la hacía ver aún más guapa. Ella y Zoro hacían una pareja de ensueño.
- ¿Ya estás lista?
-Estoy lista desde aquel 26 de septiembre, Robin.
-Entonces no hagas esperar más al novio. Baja ya.
La chica le obsequia una mirada nerviosa y baja lentamente de la limosina. El padre de Robin esperaba para entregarla en la iglesia. Él había sido como otro padre para ella. ¿Quién mejor para entregarla?
-Te vez preciosa -dice.
-Gracias.
Envuelve su brazo alrededor del suyo y camina lentamente hacia el altar. Escucha las nupcias, la melodía que la llevaría hasta su hombre. Y allí estaba, vestido como el dios más provocativo que pudiese existir. Las rodillas le temblaban. El corazón latía demasiado fuerte, amenazándola con salírsele del pecho.
-Es tan guapo -musita.
El padre de Robin le sonríe; ella le devuelve la sonrisa. En un parpadeo, Luffy se encuentra sonriente frente a ella. Tiene de esas sonrisas que te hace temblar, que te hace feliz solo verla, que te hace volar. El padre de Robin se la entrega a Luffy.
-Te ganaste a una chica encantadora.
-Es perfecta -dice él.
La chica se ruboriza. Cuando Luffy envuelve su brazo en el suyo, Nami se sintió en casa.
Así transcurrió la ceremonia. Ella nerviosa; él nervioso. Ella feliz; él feliz. En la recepción, Luffy y Nami pasaron todo el tiempo juntos. Brindando, dándose caricias, dándose besos, sonriéndose, coqueteándose.
-Disculpen.
Nami alzó la vista al camarero.
-Un hombre dejó esto para usted.
Ella acepta el sobre que le brinda, y él luego desaparece. Luffy frunce el ceño.
- ¿Qué es? -pregunta.
-No lo sé.
Abre el sobre, que contiene una carta. Su corazón comienza a latir con fuerza al reconocer la letra.
-Es de mi papá.
-O-
Mi niña:
Me he enterado que hoy es el día de tu boda. Siempre soñé con llevarte al altar y entregarte a tu futuro esposo. Pero no es posible. No merezco hacer una cosa así. Te escribo esta carta para pedirte perdón. Por mi culpa has sufrido tanto. Sin embargo, quiero que sepas que te amo. Eres mi pequeña niña. Cuando tu mamá murió, fuiste lo único que me quedó en esta vida, por eso yo quise mantenerte lejos de ese hombre. Me duele saber que no resultó como esperaba, saber que te lastimó.
Por eso me voy, mi niña. Siempre voy a cuidarte, pero desde lejos. Como he hecho todos estos años. Quiero que crezcas con ese hombre, que tengas tus hijos y los llenes de todo ese amor que solo tú sabes dar. Te amo, mi amor. Confieso que te vi entrar a la iglesia. Estabas hermosa. Perdóname por abandonarte de nuevo. Algún día volveremos a reunirnos, y ese día solo seré un padre que te ama más que a su propia vida.
Te quiere, papá.
-O-
Los ojos de la chica se humedecen. «Ese día solo seré un padre que te ama más que a su propia vida», esas palabras le arrugaron el corazón.
- ¿Nami?
La chica se seca las lágrimas con la servilleta.
- ¿Qué dice? -preguntó él con cariño.
-Se despidió de mí. Dijo que me vio entrar a la iglesia y que me veía hermosa -estruja el papel contra su pecho-. Dijo que regresaría, que entonces solo sería mi papá, lo único que me falta para explotar de felicidad.
-Me alegro por ti, chèrie -la envuelve con sus brazos-. De ahora en adelante, a ser felices siempre. Ya no hay nada que nos separe.
Cuando ella lo voltea a ver, él le sonríe, porque sabe que jamás podrá apartar sus "manos sucias" de ella.
FIN...
Buaaa... siempre me han gustado este tipo de finales, felices y amorosos...
DEBO RECONOCER QUE CADA HISTORIA TIENE SUS ADVERSIDADES PERO CADA UNO LAS TERMINA SUPERANDO...
Esto a sido todo en este fic y quiero agradecer a todos los lectores del globo terreste, que siempre siguen mis adaptaciones...
Ya nos estaremos encontrando pronto... por mientras aun tengo a Entonces, Hagamoslo! para los que les sea de su agrado...
Y en cuanto a mis futuras adaptaciones, pues... tengo algunos en la mira pero me tomare un tiempo fuera hasta publicarlos...
REVIEWS?...AH! CASI ME OLVIDO...
Y SIN MAS TERMINAMOS CON BROCHE DE ORO... POR CIERTO... QUIEREN SABER QUE PASO CON LA ENFERMERA AL FINAL... PUES ES UN PEQUEÑO ESPECIAL QUE QUEDO PARA AQUELLOS QUE PIDIERON JUSTICIA...
27 de septiembre, 7:17 pm.
Italia.
Los pasos sonaron fuertes en el interior de la propiedad abandonada. Nate no era tonto; sabía exactamente el lugar que estaba pisando. Meses atrás, según los resultados de su investigación, ese lugar había representado el inferno para su hija, Nami Hydes. No podría dedicarse a reconstruirse a sí mismo si no arreglaba todos los cabos sueltos. Si Doflamingo había tenido acceso a su pequeña, había sido por la responsabilidad de una víbora ponzoñosa.
"Margaret Parker."
El chillido de pánico, de agonía y dolor era fascinante. Para él, solo para él. La despreciable criatura que había traído a su niña al infierno estaba sufriendo lo que ella se merecía sufrir. Atada a una silla con unas sogas rasposas que la lastimaban cada vez que se movía, Margaret expresaba su miedo a través de sus ojos, ahora oscuros. Nate se paseaba con el arma en sus manos, acariciándola como si fuese un gato. Tenía una bala, una simple bala. Era todo lo que necesitaba. Se había encargado de hacerle pasar por exactamente lo mismo que había obligado pasar a su hija.
Les había pagado a tres hombres para que la violaran.
-Hola -susurra-. ¿Te gustó mi sorpresa?
Margaret chilla con fuerza, pero las sogas comienzan a lastimarla, de modo que se obliga a ella misma a calmarse un poco.
- ¿Sabes? -sonríe-. Mi hija es una mujer muy hermosa, y muy fuerte. Ayer se casó. Sí, con el mismo hombre que traté de matar. El que te ordené asesinar. Claro, diste un salto al equipo de Doflamingo. Los tres amigos que te traje dijeron que la pasaron de maravilla -le acaricia la mejilla con la boquilla del arma-. Espero que tú igual.
Margaret cierra los ojos, que aún lloran.
-Mírate -se arrodilla junto a ella-. Así se debió ver mi hija en manos de ese miserable. Ella debió haberle suplicado. ¿Lo hiciste tú?
Nate suelta una carcajada que le congela la sangre a Margaret. Presiona el arma contra su cabeza.
-Salúdame a Doflamingo de mi parte, maldita.
Y luego dispara.
El sonido del disparo resonó por la habitación vacía, y la paz lo inundó completamente. Se acomodó el abrigo de cuero y se marchó, sintiendo la satisfacción de saber que todo aquel que lastimó a su pequeña ya había pagado.
Dios mio... este si que es un padre sobreprotector (CON TODAS LAS LETRAS)...
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