Disclaimer: Este fic participa en el reto de Febrero "A través de las estaciones" del foro "Del Yaoi & el Slash".
Pareja: Kurt y Blaine.
Género: Romance y Drama.
Rating: "T".
Datos: Cuatro estaciones. Un total de cuatro viñetas.
Tercera viñeta: Chico engominado.
Palabras: 771.
Estación: Otoño.
Las hojas de los árboles caían lentamente sobre el verdoso suelo. Una sonrisa se dibujó en el rostro del castaño, el que observaba a lo lejos esperando a su chico. Sin embargo, éste parecía entretenido hablando con el chico de la cafetería.
Era guapo. Delgado. Ojos verdes como diamantes. Cabello dorado. Por un momento hubiese jurado que era la copia masculina de Quinn Fabray. Ladeó la cabeza, sintiendo como su sangre ardía por dentro. El frío empezaba a apoderarse de él. La entrada del otoño solía ser acompañada con el viento que empezaba a dejar la calidez del sol a un lado.
Era demasiado atractivo. Y él no lo era tanto. Y los miedos se volvían a apoderar de él. Sabía que había pasado tiempo. Y en parte, confiaba en él. Pero la sombra de los celos se apoderaba de él sin poder evitarlo. Y más con todo lo que había sucedido entre ellos. No quería volver a encerrarse en su cuarto y darse cuenta de que su rostro estaba completamente empañado por las lágrimas. Maldito Blaine.
Ladeó la cabeza un poco, cruzándose de brazos. Debía calmarse. No podía estar así después de esa estupenda noche que habían pasado los dos juntos. Resopló, dejando que el aire se escapase de sus pulmones. Necesitaba calmarse un poco. Relajarse, incluso.
Sí. Eso. Necesitaba calmarse. Pudo ver como su móvil sonaba con un mensaje de Rachel en la bandeja de entrada. En esos momentos tenía ganas de matarla. Estaba a punto de conseguir un papel importante y allí estaba Finn, como siempre, esperando a que la chica consiguiese sus propósitos. Y él estaba muerto del asco en medio de un banco viendo como Blaine coqueteaba o a saber qué cosa con el de los cafés. Si en esos momentos las miradas matasen, Blaine estaría enterrado bajo tierra desde hacía tiempo. No pudo reprimir una sonora carcajada cuando eso sucedió.
― ¿De qué te ríes?
Una sonrisa se apoderó del castaño cuando Blaine se sentó a su lado con dos cafés. Podría decirle que era por el sencillo hecho de que estaría bajo tierra en cuestión de segundos, pero no quería estropear ese día. De los pocos que tenían debido a las ocupaciones de Kurt. Se echaban de menos, y se lo hacían saber el uno al otro. Sin mentiras. Sin engaños. Sinceridad ante todo. Era la lección que había aprendido Blaine. Por eso, no podía evitar sonreír cada vez que su mirada se encontraba con la del otro.
―Rach, que me ha mandado un mensaje… ¡Y Finn, como un buen novio, ahí está!
―Seguro que Rachel se lo está pasando genial haciendo esperar al otro―señaló con una sonrisa mientras que sus manos se deslizaban hacia las de su novio con el fin de entrelazar los dedos en una suave caricia―. Siento haber tardado.
―Ya te he visto, ya… ¿Interesante la conversación con el camarero? ―Blaine levantó las cejas ante el comentario.
―Kurt…
―Perdona, cielo, pero ya sabes como soy…Igualmente, es guapo.
―A ver si soy yo el que se va a tener que poner celoso…
―No. Te quiero. Ya lo sabes.
―Yo también te quiero…
―Acércate más a mí. Así puedo besarte y dejar claro que eres mío.
El aludido se acercó sin rechistar, colocando la silla al lado de la de su novio. Kurt mordió el labio con coqueteo, deslizando sus manos por el cuello de la camisa. A Blaine no le hizo falta mucho más para apartarse con necesidad, perdiéndose en la mirada del otro. Quería a ese idiota que le hizo cambiarse de instituto. Al idiota que le había enamorado con esos profundos ojos azules.
― ¿Se ha fijado ya en que eres mi chico?
―No lo sé. Ahora solo puedo ver tus…Tus labios―respondió entrecortado, deslizando sus manos por el muslo de su novio―. ¿Me quieres?
―Mucho, chico engominado.
― ¡Ey! ¡Que fue cosa de Britt! ¡No mía!
―Estás igual de mono con gomina que sin ella, cariño.
Y solo eso bastó para que clavase su mirada en los ojos de cielo de su novio. Él si que estaba mono de cualquier manera, incluso celoso. Y cuando subió la mano por el muslo de Kurt para detenerse en la entrepierna, notando como la erección del otro aumentaba, una sonrisa socarrona apareció en el rostro de Blaine.
― ¿Quieres ir a casa?
―Sí, por favor―bramó, tomando de un sorbo el café y levantándose, dejando el dinero y tirando del brazo de Blaine.
Cuando caminaron por las calles, los zapatos de Blaine chocaban contra las hojas amarillas que se habían caído de los árboles. A veces, después de todo, le gustaba el otoño.
