Notas del capitulo

Hola a todos los tiranos del mundo!Aqui me hago presente despues de un laaaaaaaaaaaargo tiempo, si fue mucho lo que tardé pero aqui les va el nuevo capitulo !Espero que les guste u/u

Les dejo un saludo a todos los que me acompañan en esta historia!Tratare de actualizar más seguido Q-Q disculpen si hay errores es que mis ojos solos a veces no detectan los terribles errores que hay pero bueno espero de verdad que les guste

Feliz lectura tiranitas/os!


Mantener los ojos cerrados es la llave a una infinidad de ilusiones, cuando uno cierra sus parpados y adormece sin darse cuenta se encamina a un mundo que puede ser un escondite donde nadie puede hacerte daño, pero a la vez ese lugar que crees tan intimo y seguro se puede convertir en el peor lugar para tu estadía. Y así era como lo veía Morinaga Tetsuhiro, quien se encaminaba por un sendero peculiarmente familiar, esta vez no estaba en ese lugar donde el mar se mezclaba con el cielo, no estaban esos pequeños seres que jugaban con el cuando era un niño, en cambio de eso estaba el resplandecimiento de unos pequeños objetos que compartían el color de sus ojos, resplandecían en frente de él como luciérnagas que se movían de un lado a otro, eso le molestaba en su caminar, debía estar moviendo sus manos como si espantara a un grupo de gordos y molestos insectos que al parecer deseaban hacerle tropezar y efectivamente eso fue lo que consiguieron, el peliazul aterrizó de cara al suelo y se llevó enseguida sus manos al rostro montando una escena exagerada sobre el inaguantable dolor que residía en su pequeña nariz ahora hinchada y enrojecida.

Se quedó un momento ahí, sentado en lo que fingía ser un suelo, cruzando sus piernas para estar más cómodo mientras seguía frotando su naricita , de pronto este en un parpadeo notó un cambió en el ambiente, ahora estaba en medio del pasillo de su casa, no podía confundirse, estaban las fusumas, las que marcaban el cuarto de él y su hermano, y las otras ubicadas a la izquierda…deberían estar el cuarto de sus padres y para este joven de 15 años le extraño que esas entradas faltaran, entonces se aproximó a esas paredes vacías y apoyo sus manos sobre esta. Como lo esperaba, eran frías y sólidas, la verdad no entendía que quería ver ¿Para que preocupare por sus padres? Esto era un sueño, se notaba con solo ver a su alrededor, esas cosas que largaban un brillo verdoso aun volaban por ahí, y no recordaba que ese sector fuese tan….tenebrosamente oscuro, quería ya despertar, esto no era lo que esperaba y estaba decepcionado de su propia mente

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Dejó una de sus manos sobre la pared mientras que usaba la otra para pellizcarse y así volver a la realidad, sin embargo…no importaba cuantas veces torturaba a su brazo con sus dedos, seguía en esa habitación donde los insectos verdes seguían siendo más y muchos más, el peliazul comenzó a angustiarse, se preguntaba porque no despertaba ¡Debía abrir los ojos en este momento! Dio la espalda a la pared y empezó a pellizcar sus mejillas, agarrar un buen pedazo de piel proveniente de sus cachetes y a estirarlos como si de chicle se tratase, pero al final se lastimaba para nada. Todo seguía igual….ese maldito pasillo no desaparecía, quería estar en su cama, con las calientes y suaves sabanas que se envolvían sobre su piel en las épocas donde aparecía el frío que congelaba hasta los huesos y no en ese lugar sombrío y desconocido.

Avanzó un poco para seguir inspeccionando el lugar, manteniendo en su cabeza la idea de que era un sueño…solo un sueño y en cualquier momento abriría sus ojos, por el momento debía soportar estar en donde sus pies tocaban piso pero se tornó algo muy difícil, pues cada paso que daba por ese pasillo este se extendía más y más, quería llegar al fin de ese piso de madera pero al parecer ese no era el deseo de su mente. Comenzó a aumentar la velocidad, el paso de un pie era más rápido que el otro hasta el punto en que su caminata se convirtió en una feroz carrera.

De verdad… ¿Por qué huía? Ya no era un niño, no tenía miedo a la oscuridad o a los "monstruos" que aparecían en su cuarto cuando era niño, y aun así estaba perdiendo el aliento en su correr, llegando a su limite debió parar y descansar, dejando reposar su pesado cuerpo sobre una de esas paredes de tonalidad mugrosa que supuestamente esta debía ser sólida y fuerte pero…al recostar su espalda esta perdió esas características, comenzó a deformarse, de esa porción de cemento salieron brazos pálidos que sujetaron los hombros y piernas del peliazul, intentó removerse de estas pero era solo un gasto de energía pues al buscar más libertad para su cuerpo este era sometido aún más.

Al paso de los segundos su cuerpo entero fue envuelto por esos tétricos miembros que incoherentemente salieron de la pared y sin importar cuanto moviera su boca para exponer gritos de ayuda de esta no se oía nada…el no escuchaba su propia voz y eso lo aterraba, una de esas cosas fue a colocarse sobre su rostro y como eso no fuera lo preocupante esos brazos largos y blancos empezaron a exprimirlo contra la pared que se volvió una sustancia derretida y liviana de la cual su cuerpo estaba empezando a traspasar.

No quería terminar así…por eso luchó hasta el ultimo momento, separando sus piernas agitando sus brazos, todo con la intención de poder soltarse de ese fenómeno pero….sus esfuerzos no rindieron frutos, ya la mitad de su cuerpo estaba cubierto por la pared, su piel se tonaba blanca como las manos que apretaban cada porción de él, y sus ojos verdes iban apagándose, quitándose el brillo y esa esencia de vida.

"Déjenme ir…..Déjenme por favor…."

Esa porción de la casa se fue desvaneciendo al igual que el, pero curiosamente había algo que permanecía ahí, la puerta corrediza a su cuarto estaba intacta, es más esta se fue deslizando suavemente dejando pasar una impaciente corriente fría de viento que azotó contra la mitad de su rostro haciendo que este cerrara involuntariamente sus parpados. Al abrirlos se encontró con la peor presencia de todas, la sonrisa de satisfacción por verlo en ese estado era una gran tortura y no podía hacer nada para evitar ese mirar angustioso y cínico pues dos manos blancas se posaron sobre sus ojos y le obligaron a mantener la visión en ese ser odioso el cual se fue acercando a este peliazul cuyo corazón dejó de latir por unos momentos, su respiración se detuvo y sus labios quedaron sellados por el miedo que provocaba la presencia de esa persona, quien de pronto estiró sus delgados brazos hacia el ¿Qué iba a hacerle? ¿Qué rencor le guardaba? ¡¿Qué mal cometió para recibir este martirio?!

Cuando pensó que ya estaba acabado el sonido liberador del despertador proveniente de su teléfono hizo que despertara abruptamente de ese perturbador sueño, rápidamente se sentó sobre sus piernas flexionadas y recorrió su cuerpo entero con su manos, sus propias manos…y no esas que dejaron una terrible sensación en él.

Primero su torso, luego sus hombros y finalmente recorrió su rostro especialmente sus ojos, al ver que todo estaba en orden se dejó caer sobre la cama, respirando forzosamente con la intención de tragarse todo el aire de la habitación, la que era bañada por los rayos proveniente de un cálido y brillante sol, había comenzado un nuevo, uno en donde se iba a repetir lo de siempre. Aseo personal, desayuno, vestirse, lavar lo que sea que quedara en el lavaplatos y por ultimo ir a la escuela. Bueno no podría decir con seguridad que lo ultimo fuese igual, apenas era su segundo día y era un ambiente al que aun no estaba acostumbrado, personas nuevas…profesores, compañeros…

En ese momento recordó a Hiroko y el suceso de ayer en la tarde con ese chico de extraña melena rubia… ¿Cómo era u nombre? No podía recordarlo, estaba muy abrumado por enterarse que esos dos eran hermanos…y no lo decía por nada. Ambos tenían conductas que los diferenciaba, y su aspecto…realmente no veía el parecido aunque eso es lo que le hacía interesarse más en Hiroko chan, pero algo dentro suyo le gritaba que se alejara de ese rubio, como que ayer no le dio una buena impresión.

De todos modos ya se le hacía tarde, por suerte hoy su nii san no se molestó en despertarlo como ayer, así que juntando todo el animo que había en él se dispuso a prepararse para ir al colegio y saliendo de la cama este se comenzó a estirarse llevando sus brazos lo más alto que podía, luego acomodó sus manos sobre su cuello para darse un leve masaje ya que durmió en una posición bastante incómoda….pero era más lógico culpar al sueño y no a su postura de dormir pero era algo descartado. No deseaba tocar el tema de esa pesadilla horrible tan temprano en la mañana así que se concentró más en el desafío de arreglar su cabello el cual parecía al cabello de un personaje de un juego que tenía bastante popularidad, algo de un erizo azul, no era muy fan de lo videojuegos así que su nombre se le paso por alto.

Salió de su cuarto aun vistiendo su pijama azul para dirigirse al baño y asearse un poco pero no pudo evitar detenerse en el pasillo y observarlo en detalle, este era el verdadero…no como…bueno eso ya no importaba, siguió avanzando hacia el baño pero una vocecita femenina y chillona hizo que parara , volteándose caminó hacia uno de los fusumas el cual deslizó como si nada, se quedó ahí parado obedientemente esperando a que le dieran la orden de pasar y cuando lo hizo dio un paso y se puso de rodillas en frente de esa mujer de cabellera corta que mecía de un lado a otro a una hermosa bebe que mantenía sus ojos cerrados .

-Que bueno que estas aquí… ¿Podrías prepararnos el baño Tetsuhiro kun? A esta niña le urge un baño tibio…

-Si…ahora lo preparo…

-Gracias…que bueno eres Tetsuhiro kun.

Haciendo una leve inclinación de cabeza se despidió de la mujer y abandono el cuarto rápidamente, era algo extraño tener que actuar así de formal en frente de su madre, pero si no recordaba que era su hijo lo mejor que podía hacer era llevarle la misma corriente, y eso lo aprendió de la forma más cruel, las palabras de su madre se cumplían e inconcientemente llevó una mano en su cuello cuando llegó ese pensamiento. La sensación de ahogo aparecía de sorpresa como los copos de nieve en pleno enero… y congelaba esa porción de piel en la que ya no había marcas del incidente ocurrido hace un tiempo, pero…a pesar de no ver las huellas de los dedos en su cuello sabía que aun permanecían ahí, jamás olvidaría ese momento en donde su madre lo arrojó como una muñeca a la cama e intentó pulverizar su débil y frágil cuerpo infantil, tampoco sacaría de su mente los ojos verdes que brillaban intensamente en la oscuridad y lo observaban con desprecio y odio, y como olvidar las manos suaves que se acercaron a él ofreciendo un inesperado y cálido abrazo ,convirtiéndose en segundos garras asesinas y despiadadas queriendo despedazar su cuero.

Pero eso… era pasado, ya no tenía que estar remojándose en esas aguas peligrosas y turbulentas que lo hundían en lo más profundo del frívolo y solitario mar. Debía enfocarse en el hoy, en este día, tratar de hacerlo llevadero….aguantable, mostrar su mejor sonrisa a su nueva compañera y a los profesores…estudiar, sacar buenas notas, demostrar que tenía potencial…todo eso se escuchaba muy bien, algo motivador pero... ¿Por quien hacer todo eso? Es verdad que es beneficio para uno mismo liberar todo su potencial, trabajando duro… y mejorar como persona, es obvio que quería eso para él, tener un mejor futuro del que esperaba pero…es solitario y poco productivo si las victorias son solo para que lo celebre una persona, que al sacar la calificación más alta de la clase tu padre ni tu hermano te presten atención, lentamente se vuelve monótono estudiar, como si fuera solo una actividad obligatoria que hacer. Esto era el fruto de la infancia vivida en la casa de la familia Morinaga.

-¿Aun no te has vestido? Masaki San vendrá antes para desayunar con nosotros, así que asegúrate de estar arreglado para cuando llegue.

-Masaki san… ¿Aquí?...Pero cuando…lo decidieron.

-Ayer cuando regresábamos de la escuela y tu estabas dormido, el se invitó y no pude negarme…aunque no me parece mala idea, es bueno ver alguien más en la mesa.

-Tienes razón…a entonces enseguida bajo a preparar el desayuno…

Dejando a su hermano en el pasillo este bajo por las escaleras y recorrió otro pequeño corredor de la casa, llegando al fin de este a una puerta, la abrió rápido y se metió al pequeño cuarto usado para el aseo personal, solamente lavó su cara y remojo sus mechones azules que ahora obedecían a las manos que lo acomodaban en el lugar que correspondía y mientras tanto dejaba que la tina se cargara del agua para su madre y…"su hermana".

No podía creer que la mente de su madre la siga engañando de esa forma, y como su padre no se preocupa para conseguirle la ayuda apropiada… pero solo era el "mocoso" de la familia, quien le haría caso a él y a sus opiniones.

Dejando oír un profundo suspiro detuvo el correr del agua cuando esta llegaba a la mitad de la bañera , agarró una toalla de tonalidad blanca y salió del baño con ese objeto en su rostro, lo que provocó que chocara con algo al salir del baño, Quitándose la tela de la cara se dio cuenta que volvió a encontrarse con su madre quien aferraba a la bebe contra su pecho, esta le miró enfurecida, debió tomar el tropiezo como un ataque a ella y a su hija con la que era muy sobre protectora, y como acto de defensa dejó escuchar su voz esta vez en un tono más alto haciendo que el menor de cabellos azules se estremeciera levemente pero no reaccionó contra ese malentendido de su madre solo se apartó y le dio el paso, esta entró rápido al baño y azotó la puerta con fuerza, Tetsuhiro miró la puerta cerrarse y apretando los puños se alejó de esta. Así debía ser, callado, reservado y soportar los impulsos de…hacer algo…era todo lo que estaba a su alcance, tampoco podía levantarle la mano a su propia progenitora, eso sería caer en lo más bajo, ser un golpeador…jamás se permitiría eso.

Así que ignorando lo ocurrido fue con prisa hasta su cuarto, agarró el gakuran y se lo puso de la forma más descuidada, queriendo descargar el enojo en sus ropas las cuales quedaron más arrugadas que la foto que tenía guardada bajo su almohada, la querida foto de su abuelo cuyo retrato sufrió un pequeño accidente hace un año atrás pero eso era otra historia.

Cuando ya estaba más o menos presentable para su invitado, bajó hacia la cocina para empezar a preparar el desayuno pero para su sorpresa su hermano ya estaba en eso, o al menos se lo veía preparar dos tazas de café.

-Tardabas tanto que decidí empezar…oye podrías llevarle el desayuno a Oka san

-Llévaselo tu…yo le prepare el baño…

-¿Haa?… ¿Podrías hacernos el favor de cambiar un poco de actitud?…Bien se lo llevaré pero tu sigues aquí…

-Hai…

Su hermano mayor agarró la bandeja de plata con el desayuno de su madre y fue a dejarse como siempre lo hacían cada mañana, por lo general lo hacía Tetsuhiro pero debido al pequeño encuentro con la mujer momentos atrás prefería no verla por lo que restaba del día, a veces no sabía que esperar de la que se hacía llamar "Oka san". Se ponía a gritarle de la nada, a veces era cariñosa con él, otras se olvidaban incluso de su nombre y lo confundía por alguien que e encargaba de la limpieza del hogar, y llegó hasta un punto….negar que era su hijo. Ya con la edad que tenía eso pasaba por alto, pero a los 10 años no ser reconocido por tu propia madre es un hecho que se quedaba marcado en tu memoria y más cuando esta te remplaza por una fea muñeca de grande mejillas, eso era lo único que le faltaba, sentir celos de algo materialmente inservible.

Terminó de poner la mesa para los tres….era extraña ver tres platos en la mesa, por lo general su padre ya no era de estar en la mesa, como consecuencia de ello se quedaban los hermanos enfrentados, desayunando y cenando juntos todos los días, que para el peliazul eso era considerado como un tiempo incomodo en donde solo oía el masticado de la comido y los pequeños sonidos que hacían los cubiertos cuando se los utilizaba en la comida , por eso ahora dejaba ver una pequeña sonrisa mientras guardaba la imagen de la mesa en sus recuerdos, preparándose para ver… lo que realmente era un " desayuno familiar" pues estaba seguro que cuando llegara Masaki san este alegraría el lugar con su simplicidad y humildad, su corazón puro…y ojos tiernos color cielo que lo miraban de forma apacible. De un momento a otro cubrió su boca, sorprendido por el pensamiento que tenía del mayor, no era algo raro…es decir un hombre también podía ser considerado hermoso…pero…¿Estaba bien que un chico pensara eso? No hubo tiempo para divagar en sus erráticos pensamientos pues el sonido del timbre hizo que el de ojos verdes se moviera de forma apresurada hacia la puerta, se quitó el delantal blanco con franjas rojas con el que protegió su uniforme y dejándolo en su mano este atendió la puerta, obviamente detrás de esta se mostraba al joven de melena rubia y que mostraba una simpática expresión al ver quien fue el dulce joven que lo recibió.

Como era de esperarse el peliazul bajo levemente la mirada saludando en una forma cordial al pelirubio pero este solo acarició su cabeza despeinando los mechones aun humedecidos, y sin más se dio el auto permiso de pasar y cerrar la puerta mientras tanto miraba de reojo lo que el menor llevaba en manos y no pudo evitar sonreír de una forma sospechosa.

-Que mala suerte, me hubiera gustado ver a Tetsuhiro kun con el delantal.

-E…¿Eh?...ah…Esto…es normal cuando uno cocina…usa delantal…no tiene nada de especial.

-Ha ha pero sería digno de ver, la próxima vez vendré a ayudarte ¿Bien?

-…Como quiera…ah…por favor pase, Nii san ya se nos unirá…

Al finalizar esa oración este se fue directo a la cocina y en un pequeño armario este dejó escondido el objeto producto de su vergüenza, ahora era incapaz de mirar al mayor como el hombre que era, y más cuando los ojos azules de aquel individuo se paseaban por donde el iba. Por suerte su hermano hizo su aparición y este ya no tenía que estar pendiente de su mirada sobre él.

Todos se sentaron a la mesa y agradeciendo por la comida estos empezaron a llenar su boca con la deliciosa tortilla japonesa tamagoyaki*, sopa de miso y sin menospreciar el tazón lleno de arroz blanco hervido , alimento fundamental para todo japonés , y que estos jóvenes disfrutaban desvergonzadamente, sobretodo el de cabellos rubios que no paraba de alabar a los dos chicos por preparar tan exquisita comida, el hermano mayor de Tetsuhiro solo asentía con la cabeza, concentrándose en lo que estaba en su boca, no era de extrañar esa conducta , pues con su pequeño hermano callado todo el tiempo estaba ya acostumbrado a terminar el desayuno y esperar a que su hermano acabase….sin pronunciar ningún sonido, a veces se saludaban en las mañanas pero si no era así estos seguían con sus actividades, ignorando la presencia del otro. A veces el peliazul desearía poder cambiar esa situación, y hubo momentos en que realmente trató de establecer una conversación con Kunihiro pero… todo daba un giro de trecientos sesenta grados y volvían al mismo estado de siempre, y eso era agotador por lo que llegó un momento en que… paró esos intentos fallidos.

Levantó la mirada y con un pedazo de tamagoyaki en su boca escuchaba la conversación de los "mas grandes" quienes obviamente estaban hablando sobre el futuro…ese pedazo de tiempo indefinido e incierto para el peliazul, pero ese tema no duro por mucho pues las miradas de pronto se posaron en el y este inclinando levemente la cabeza mostró una mueca de confusión.

-Y…Tetsuhiro Kun ¿Quién es la chica con la que te vi ayer contigo a la salida?

-Ah...es...Sato Hiroko…compañera de clases

-Pues es bastante mona ¿No te parece?

-Um…pero…

-Masaki san deje a mi pequeño hermano tranquilo, por favor, se debe concentrar en sus estudios y no en temas tan corrientes…

-Ah Kunihiro Kun tu dices eso pero ayer tardabas porque estabas con una chica ¿No es así? Nos dejaste solos a mí y a Tetsuhiro Kun eso no esta bien.

-¿Q...que? Ya me disculpe por eso…además…

Hasta el menor de los Morinaga quedó sorprendido por eso, claro este se había dormido en el auto de Masaki y ese dato se escabulló de sus manos, en cierto modo…veía a su hermano como una persona solitaria e incapaz de tener una novia, bueno….todos tienen su "primera vez" y a lo mejor este castaño era una persona diferente con las chicas, pero no podía opinar de eso hasta verlo, sería divertido descubrir una faceta nueva de su hermano, apreciar una sonrisa en ese rostro serio e indiferente. No le bastaba con imaginarlo…deseaba realmente conocer a su hermano.

Pero había que parar con esos absurdos deseos, cuando notó que el resto había terminado ofreció otra repetición por amabilidad sin embargo el rubio recalcó la hora, se estaba haciendo tarde y hoy en particular se predijo en las noticias un acumulamiento de vehículos en la carretera 4, justo el camino por el cual debían transitar para llegar a su instituto, Bueno si no había de otra esto se debía hacer rápido, el peliazul se levantó de la mesa y en un flash este recogió todos los platos y utensilios de la mesa y los colocó sobre el lavabo, empezó a remojarlos, enjabonarlos y secarlos, todo a una velocidad increíble, algo que dejó pasmado a los dos hombres que aun estaban sentados en la mesa con sus bocas abiertas y sus ojos abiertos como un gran platillo volador.

Cuando el menor dejó todo en su respectivo lugar volteó a ver a los hombres que aun sostenía los palillos entre sus dedos, el menor sin entender esas extrañas miradas les hizo apresurar, y sacándole los palitos de madera a cada uno se apresuró para ir a buscar sus cosas, evitó ver a su madre que caminaba por el corredor directo a su cuarto y tomando su mochila se dispuso a irse pero antes de cruzar la puerta este notó algo en el suelo agachándose recogió un pedazo de papel viejo y arrugado.

"Esto….Esto es…"

Sin darse cuenta sonrió nostálgicamente al ver la letra de un infante escrito en esa porción blanca y toda magullada, sin darse cuenta volvió a esa noche, una mano blanca se estiró en su dirección y este la tomó sin dudar, no importaba a quien le pertenecía, alguien… al fin alguien se preocupó por él, y la mejor parte es que no conoció nunca su nombre, solo recordaba como sus cabellos plateados se iban secando de a poco bajo la luz de la luna, y sus ojos reflejaban algo que antes no había conocido. Atención, inquietud…y solo por él…

Comenzó a reír silenciosamente, pues esto estaba subiéndose demasiado a la cabeza, todo ese tema del chico de ojos color miel, como si se tratase de una especie de dios que se hizo presente esa noche y le relevó el secreto del mundo entero, solo…se trataba de un niño al cual nunca tuvo la suerte de reencontrarse, solo eso y punto. Aun así miraba con cariño la nota con el kanji que aprendió especialmente ese 07 de julio del 1999 y como tenía prisa la guardó en su bolsillo y bajó las escaleras a toda velocidad, acomodando su mochila sobre su hombro derecho se detuvo en frente del pelirubio que esperaba en la entrada, por supuesto con una mueca de inocencia y tranquilidad, este era el único que lo esperaba ya que su hermano mayor se encontraba en el auto ocupando su tiempo en leer uno de esos extensos libros de contabilidad y matemáticas avanzadas.

Masaki le miró sonriente y le dio espacio para que avanzara, el peliazul le correspondió la sonrisa y salió de la casa, esta vez un poco más animado que de costumbre, parece que encontrarse con cierto objeto hizo que el mal inicio de mañana se quedara en el olvido. Su madre, Mizuki, la pesadilla… todo se esfumó y solo bastó el recuerdo de esa persona, la cual empezó a sentir curiosidad ¿Que estaría haciendo en esos momentos? ¿Donde viviría? ¿Cuantos eran en su familia? ¿Tendría hermanos como el tenía a Kunihiro? Muchos interrogantes daban inicio a una agitada y distante imaginación sobre la vida de aquel ser, pero solo eran suposiciones, de verdad resultaba lamentable no tener una especie de contacto, pero por el momento debía enfocarse en ese día, y lo que sea que viniese el tendría que estar preparado para recibirlo.


-¡Lo lamento en serio!

-Masaki san no tiene que estar disculpándose por esto…

-Tetsuhiro Kun….ah pero por mi culpa…ustedes llegaran tarde al instituto…

- Estas cosas suelen pasar todo el tiempo, no hay nada que podamos hacer, yo no tengo un inconveniente si falto pero…para mi hermano menor podría ser algo tedioso

-Nii san…por favor no digas mas nada.

Y ahí estaban los tres "hombres". El mayor de todos, el estudiante de último año de preparatoria y el quinceañero de cabellos azules que miraba por la ventana sin lograr aparta la mirada de su hermano, quien se cruzaba de brazos y mantenía un control ante la situación.

Al parecer los cálculos salieron mal y el trafico les agarró más temprano ese día, por lo que ahora se hallaban varados en medio de unas filas infinitas de vehículos que no se cansaban de hacer sonar sus bocinas, un sonido que hasta al pelirrubio le irritaba, pero solo podía estar ahí esperando a que la fila avanzara, y eso serían los minutos más largos que debería sufrir el peliazul en ese día, pues la idea de estar encerrado con su hermano ya le era bastante aterradora, debía acoplarse también Masaki, alguien que no ha visto en unos cuantos años, seguro que se pondría a hablar de cosas que pasaron cuando no había nacido, mencionar la intriga de saber sobre las elecciones del futuro de ambos o peor aun….podría empezar con…

"¿Como están sus padres?"

Como esperaba… ¿Responder a esa pregunta? Que todo estaba "normal", no había cambios importantes. Su madre seguía siendo la mujer llena de viva y alegre que el conocía, debía responder que su padre seguía siendo todo un apasionado por su trabajo…tanto que de hecho ni siquiera pasaba las noches en la casa, a veces era un milagro verlo en la mesa. Y no podía olvidar hablar de su hermano… su querido y honrado nii san que desde los seis años ya no era capaz de mantener contacto visual por mas de 2 minutos, si todo eso y más por decirle a Masaki…simplemente no podría hacerlo, era innecesario que otro tercero, aun siendo un viejo amigo, supiera sobre las desgracias de la familia Morinaga, la cual parecía no darse cuenta de dichas fallas.

Por suerte la conversación rondó en otro rumbo, no podía explicarlo pero…a veces al ver el rostro de aquel pelirubio fuese capaz de trasmitir como se sentía, y este… entendía ese leve contacto visual. Recién acababa de pasar, empezaron hablando sobre las chicas del instituto, como era de esperarse nombraron a Hiroko, y este no deseaba mezclarla en la conversación, fijó por unos segundos su mirada verdosa al espejo retrovisor encontrándose con los ojos azules del mas alto, este al parecer comprendió su incomodidad y terminó cambiando de tema.

Masaki era así siempre, o al menos así lo recordaba el menor de los Morinaga, una persona atenta y…muy perceptiva, con solo mirarte ya descubría si estabas preocupado…triste…enojado.

¿Cómo era capaz de recordar todos sus atributos? Bueno fue alguien que le tomó mucho cariño, y disfrutaba ir de visita a su casa de niño, Masaki resultó ser demasiado importante para él, y recién se daba cuenta a estas alturas

La fila des autos de pronto empezó a avanzar, señal de que el trafico llegaba a su fin, el pelirubio apretó el acelerador de una forma que ambos hermanos terminaron golpeándose contra el asiento, no hubo tiempo a reclamar pues Masaki estaba muy concentrado en esquivar cada obstáculo que se atravesara en su camino, como si estuvieran dentro de un juego de carreras pero en la vida real, algo que dejaba preocupado al de cabellos castaños y que aferraba su portafolio contra su pecho, y no importaba cuantas veces reprochara al rubio este solo se reía y exponía que era por una buena causa el exceso de velocidad, este se volteó y miró la sonrisa compartida del peliazul quien solamente miraba por la ventana y esperaba que la atención del mayor se enfocara en el camino. El pelirubio sonrió con disimulo y continuo con su recorrido.

Al llegar ambos fueron disparados del coche, el cual desapareció de su vista tan pronto el querido amigo de la familia dio una pequeña despedida con su mano, y así sin más dejó a los hermanos Morinaga los cuales parecían que les pasó una corriente de viento por encima, tenían sus cabellos desarreglados y algunos botones abiertos de su uniforme. Ambos se pusieron a ordenar un poco su vestimenta, y mientras lo hacían uno de ellos vio con malos ojos al otro, el peliazul soltó un leve suspiro y expuso la incomodidad que le hacía sentir su hermano al enfocar su vista en él, algo extraño pues era algo de lo que se vivía quejando, sin embargo esos ojos no le gustaban, era la expresión que los padres echan a sus hijos cuando hicieron algo malo.

-Que ocurre Nii san…

-Nuestra madre me contó que un "extraño" entró a su cuarto, y que estaba molestándola… ¿Qué le dijiste ahora?

-… ¿Perdón? Molestándola … no recuerdo haber ocasionado "problemas" hoy…quizás solo esta confundiendo mas cosas…otra vez…

-Tetsuhiro no te hagas el tonto. Se que entiendes la situación y no puedo permitir que las cosas se descontrolen, si pasa algo con Oka san debes decirlo….

-Oh ahora te importa lo que me sucede…

-¡¿Qué quisiste decir?! No es forma de hablar a tu…

-Debo irme Nii san

-¡OI! ¡TETSUHIRO!

Se hecho a correr antes de que empezara una pelea familiar en la escuela. Eso era lo que faltaba para condimentar el platillo, que su hermano le trajera los problemas a la escuela ¿No bastaba lidiar con eso en la casa? Ahora tenia que soportar esos tipos de regaños fuera del ámbito "familiar". Porque no podía disfrutar de su adolescencia normalmente ¿O acaso todos tenían estos clases de problemas y era algo común para el resto? Era tanto pedir que sus padres se comportaran como dos adultos amorosos por sus hijos…. Tanto costaba… ¿Recibir una palmadita en la cabeza por parte de su padre o un abrazo sincero de su madre?… ser tratado con respeto ¿Era imposible? Estos cuestionamientos le resultaban tan repetitivos a pesar de llegar a la misma respuesta seguía preguntándose por tales cosas. A decir verdad deseaba poder vivir en una familia como la del resto, una en la que estuviera en la casa al regreso de la escuela, que preguntaran por su día, que le ofrecieran un bocadillo de media tarde, ser tratado con cariño y ser regañado por cosas sencillas como tirar la ropa al suelo o no limpiar su cuarto, eso sería algo grandioso…pero estaba lejos de ser cierto. Tendría que volver ha nacer en otro tiempo y en otra familia para ver ese sueño cumplido pero…Kami-sama le mandó a esta vida por una razón y solo quedaba aceptarla. Quizás las recompensas por todo vendrían con el tiempo, que la felicidad empezaría en el momento menos esperado, al menos…tenía esa esperanza.

Cuando se vio alejado lo suficiente de su hermano mayor este se detuvo en los pasillos de la planta baja, recostando su espalda sobre la pared este se dio el tiempo de recuperar un poco el aire que gasto en su carrera innecesaria adentro del instituto, pues ya la mayoría estaban en clase, y siendo uno de los nuevos solo quedaría marcado por otro profesor, y ya le bastaba con el pesado de Akahira sensei que seguro le haría caer mal en el resto de las clases que restaban, así que solo debía esperar hasta la hora del descanso, eso sería dentro de una hora así que tenía bastante tiempo libre. Si no tenía mala memoria recordaba que la biblioteca se encontraba por ese corredor, así que despegándose de la pared este caminó sigilosamente por ese lugar hasta llegar a su destino, sería interesante examinar los libros de dicho cuarto, hasta quizás llegaría a encontrar algo que pudiese traerlo consigo leerlo en su casa, era una buena idea para el peliazul sin embargo… algo cambiaría sus planes. Siguió el camino de los azulejos grises y con minúsculos agujeros en su superficie , se oía el sonido de sus pasos, armando una melodía rítmica de dos tiempos pero esta composición se alteró, pues los oídos del peliazul escucharon el acompañamiento de sus pies con otro sonido similar pero en una versión mas acelerada, paró por un momento y se volteó enseguida para ver quien era el gracioso que lo seguía a escondidas, sus ojos verdes buscaban a una persona pero no se hallaba nada delante de este. Continuó caminando pero a ratos se detenía, cuando empezaba a caminar esos pasos extras se oía, cuando paraba esos sonidos también se detenían, y no importaba cuanta veces este se diera la vuelta seguía sin ver nada ¿La locura de su madre se le estaba pegando? Cuando volteó la mirada hacia el otro lado para continuar con esa absurda caminata este se quedó congelado por la tétrica mirada sombría y tétrica en frente suyo, la que hizo que el peliazul retrocediera y cayera al suelo titubeando y señalando de forma molesta al que estaba ahí parado como si no hubiera hecho nada malo, es más se mostraba alegre y con una sonrisa que molestaba al que aun yacía en el suelo. Para cuando quiso recordar ese tipo loco se había abalanzado sobre él, logrando mover su cuerpo para que su rostro se restregara dolorosamente contra el piso y su espalda fuese sucumbida contra unas zapatillas calza treinta y ocho. El peliazul intentó reclamar dicho abuso de su cuerpo pero su boca fue cubierta por la mano del joven de sedosos cabellos rubios.

-Ah Tetsuhiro Kun ¡Me alegra verte tan Temprado en el día de hoy!

-¡Mnh mng! ¿¡Imnshogaim?!

-¿Qué? Oh perdón he he, adelante habla ahora

-¡¿Qué estas haciendo?! ¡Ya quítate de encima!

-Ni que fuera tan pesado para romperte la espalda, no te enojes conmigo Tetsuhiro Kun, solo quería probar mis tácticas de "hermanomayorprotector" con alguien de confianza, tuviste miedo ¿A que no? ¡Nadie se meterá con Hiroko bajo mi cuidado!

-…..Isogai kun…

-¿Mn?

-¡QUITATE!

Se levantó del suelo y arrojó el pedazo de basura apodado "Isogai" contra el suelo, ahora él era el que se paraba sobre este y montaba una postura de victoria, sintiéndose como todo un luchador que acababa de ganar el primer round pero eso no duró mucho pues su pie fue jalado por dos astutas manos de tez bronceada y de una forma misteriosa logró colocar nuevamente al peliazul en el suelo, esta vez boca arriba y con el trasero pesado de Isogai sobre su abdomen, si buscó pelea fue con el rubio equivocado, tenía una asombrosa fuerza oculta y Tetsuhiro no sería el primero en ser testigo de ese gran poder. Hablando de cierto muchacho, este se hallaba pateando el suelo y golpeando la espalda del que al parecer le llevaba un año, trató de conseguir fuerza para removerlo y tirarle de una vez por la ventana, aunque eso ya era bastante exagerado, si hacía eso lo expulsarían y solo complicaría las cosas en casa, así que sacando de una forma irracional una bandera blanca de su bolsillo este la sacudió de un lado a otro exponiendo su rendición.

El de cabellos rubios al verlo solamente se echó a reír y se quitó de su estomago, ofreció su mano y este sin ningún tipo de vergüenza empezó a limpiar las manchas de tierra que adornaban el uniforme del chico de ojos verdes, quien se mostraba algo irritado y ofendido por lo que acababa de pasar, rápidamente el de rubios hizo una gracia con sus manos, e inclinándose se disculpó con el que se negaba a verle, quizás esta vez fue algo lejos pero al ver a Tetsuhiro simplemente le daban ganas de molestarlo, debía ser por esa cara de inocente y que reflejaba amabilidad pura, algo que no veías en el rostro de un chico muy a menudo pero tampoco estaría diciendo esas cosas en voz alta. Ahora solo le dio unas cuantas palmadas en la espalda y cuestionó su presencia en el corredor y no en el salón de clases, Tetsuhiro le miró de reojo y cruzándose de brazos también le hizo la misma pregunta, y como respuesta solo obtuvo una sonrisa y un silbido algo sospechoso, definitivamente estaba tramando algo pero no se quedaría para averiguarlo, era mejor estar fuera de la mente de ese loco.

Se dispuso a seguir su recorrido pero el pelirubio otra vez le detuvo ¡¿Ahora que quería?! Este giró en dirección al rubio para exigirle que lo dejara en paz pero sus palabras quedaron silenciadas por un papel arrugado que deslizaba Isogai delante de sus ojos, sonrojándose capturó el papel y lo guardó en sus bolsillos, esta vez se fue absolutamente de ese corredor.

Había olvidado que guardó aquel pedazo de papel en sus bolsillos, y descuidadamente este se le había caído mientras hacia esas tontas jugarretas con Isogai, quien había recogido su deseo del suelo y se lo devolvió….Solo esperaba que este no lo haya leído, no podría soportar estar continuamente siendo interrogado por el contenido de dicho papel y menos en frente de Hiroko… ese papel era muy importante, y guardaba sentimientos personales que eran incapaces de revelarse ante cualquiera.

Justo en el momento en que agarró el papel con sus manos sintió una paz llenar su cuerpo, algo que exigía todo el tiempo y ahora un papelito del tamaño de un borrado se lo provocaba.

En realidad no era el deseo escrito en el papel, fueron lo recuerdos de esa noche los que le ocasionaba esa paz, sin comprender porque este continuó examinando sus memorias y de la nada apareció una luna llena de tez blanca, iluminaba de una forma feroz sobre una pequeña persona cuya cabellera combinaba perfectamente con la luz neón, y su piel pura se adaptaba a la visión de ese oscuro lugar.

"Porque te estoy recordando tanto este día…mi pequeño ángel guardián…"

Ciertamente tenía a ese chico constantemente en sus pensamientos, si eso seguía de esa manera llegaría un momento en que este construyera un altar para él, donde tendría completa devoción a ese papel. Se hizo la idea, su armario ocupado por una pequeña mesa de madera, donde estaría su deseo en un recuadro y a su lado velas encendidas. Bueno…ahora que lo pensaba eso se vía algo extraño pero le causó un poco de gracia también, decir que ese niño era un ángel que cayó del manto oscuro de la noche y estiró sus alas en su dirección para rescatarlo de una caída devastadora… pensar en eso le hacía ver como una persona extraña…o "rara" como fue llamado por aquel platinado en ese día…

Bien excavando piezas del pasado no beneficiaban a su caminar, hacia que sus pies se arrastrasen lentamente y produjeran un sonido irritante que hacía salir al encargado de cada curso para ver de donde venía semejante chirrido pero claro…este peliazul no escuchaba las quejas de los estudiantes, mantenía la mirada en el suelo y una mano en el bolsillo, asegurando su deseo para que este no se escapase de nuevo. Pero esa mano fue sacada de su escondite por una más pequeña y femenina, el peliazul volteó para ver la mirada furiosa de su compañera de clases, esta exigía la presencia del de cabellos azulados en su asiento, donde debería haber estado desde que llegó, este no quería y se soltó delicadamente de la mano de Hiroko, algo que no debió haber hecho, pues la joven de ojos café tenía su propio carácter y cuando se trataba de la disciplina entre compañeros ella era la indicaba para volverlos rectos y cumplidores, eso era un dato…que quizás el menor de los Morinaga debió haber recibido antes.

Ahora el de ojos verdes solo tenía de vista el oscuro y borroso techo del corredor, el cual parecía multiplicarse infinitas veces, su cuerpo era llevado con tanta facilidad por la chica de rizos que le hizo creer que su físico se podía comparar con el de una muñeca hecha de telas viejas y rotas, en realidad parecía como una, Hiroko se tomó la delicadeza de no dañar su rostro, pero al igual que su hermano esta supo como manejarlo y hacer que el peliazul se rindiera fácilmente, y así podía arrastrarlo como un saco de papas por todo el pasillo, los que miraban se intimidaban por la escena, era como en un programa de crímenes policiales en donde la dulce chica de cabellos castaños estuviera deshaciéndose de un cadáver, pero a diferencia de los lunáticos que mostraban en esos canales esta lo hacía a la vista de todos, exponiendo al pobre joven que parecía ido con su alma saliendo de su gran boca, se dejaba totalmente domesticado por su compañera quien solo se mostraba indiferente a todas las miradas y a los quejidos de su irresponsable compañero, esta volteó levemente y se acercó a romper la burbuja saliente de su boca, esto hizo que el peliazul reaccionara y mirara a la joven que seguía sosteniendo su tobillo, intentó liberarse y tener los pies en el piso en vez de su espalda pero

antes de reclamar algo la chica de una patada abrió la puerta de su salón y lo arrastró con más fuerza para adentrarse a ese lugar repleto de bombas, algunas contenían risas, otras susurros sospechosos y otras burlas por lo bajo pero era más incomodo la expresión de la profesora que dejó caer la tiza y observaba desorientada esa escena que solo encontrarías en un manga, ver a una mujer entrar calmadamente con su mano ocupada por el pie de un chico, supuestamente más pesado que ella y no lograría mover dicho organismo un centímetro pero ahí estaba la realidad chocando con la fantasía, Hiroko de un movimiento recostó el cuerpo desecho de Tetsuhiro sobre el banco de madera, este se acomodó para sentarse normalmente , aunque eso no importaba, ya todos se fijaban en él y hacia que sus orejas se cubrieran de un rojo fuerte y caliente, nada como ser el centro de atención en el aula, no sabes donde colocar tu maldito rostro y solo deseas enterrarte bajo el suelo y no salir hasta fin del año.

La chica de ojos color café se acomodaba adelante del peliazul y seguía con una actitud corriente, haciendo sus apuntes y diciéndole a la profesora que podía continuar con la clase, ante ese reclamo de la estudiante la mujer de cabellos recogidos y lentes enormes respondió de forma nerviosa y asintió ante la niña de rizos, se dio la vuelta y continuó anotando en el pizarrón el cuestionario que deberían de resolver para la siguiente hora pero antes de seguir en la novena pregunta esta debió para por segunda vez su escritura, el sonido de la puerta la llamaba y dejando por un momento el salón este se llenó de bullicios y risas extravagantes sobre lo que acababa de pasar, por supuesto Tetsuhiro solo se resguardaba bajo el libro de la materia y por lo bajo hacía leves pucheros en reclamo por lo que Hiroko Chan acababa de hacer, ella solamente se volteó y apoyó la punta de su lápiz en la nariz del chico, exponiendo una sonrisa contestó que debía aceptar las consecuencias de sus intentos de faltar a clase los primeros días, y que no tendría ningún problema de hacerlo nuevamente. Suspiró hondamente y rió un poco, admiró la fuerza de la chica y permaneció recostado sobre la superficie de su banco, cerró los ojos haciendo de cuentas que no oía nada pero la verdad es que escuchaba todo, la voz de los demás hablando sobre tonterías, la de Hiroko tratando de hacer resonar en su cabeza para que le prestara atención, el sonido proveniente de afuera…incluso escuchaba la conversación que la maestra tenía afuera del salón, pero sus sentidos auditivos percibieron otra voz, extrañamente hicieron que sus oídos se esforzaran a percibir con más claridad esa frecuencia, se concentró solamente en eso, alejó a los demás, incluso a Hiroko que era la persona que más cerca estaba y así se hizo conocedor de una voz gruesa pero suave, no sabía como explicarlo, era mejor definir que esa onda estaba en un punto medio y era armonioso para escuchar . Pero aquí lo importante resaltar es que…ese sonido hizo latir su corazón de una forma tan repentina que incluso debió apoyar su mano y hacer presión sobre esa zona para calmar el dolor que estaba padeciendo.

¿Qué era eso? Quizás uno de las tantas arrastradas que tuvo en la mañana llegó a desacomodar su corazón y ahora necesitaba unos cuantos golpes más, para su suerte recibiría uno justo ahora, y no necesariamente hablando literal, esto era algo más metafórico, algo que involucraba sus sentimientos…sus memorias.

Cuando la maestra de tez blanca exigió tímidamente silencio a la clase dio la noticia esperada por todos, menos para el que seguía escondido bajo su libro y con la mano sujetando exageradamente una porción de su chaqueta negra, la noticia que todos esperaban recibir era…

-Clase, espero sean cordiales con su nuevo compañero de clases ¿Podrías presentarte?

-Supongo…Mi nombres es Tatsumi Souchi, tengo 15 años y detesto a los inútiles…

-Ah bueno… ¡Bienvenido Tatsumi san! Por favor toma asiento…

Esa voz…tan conocida, pero sin lograr descifrarla aun, costaba tanto saber de cual de todos sus recuerdos provenía esa sencilla melodía, de algo estaba seguro…su corazón se inquietaba cada vez más, perjudicaba su respirar y hacia que sus pies también se inquietaran, se enderezó y dejando el libro sobre su pupitre alzó la mano para pedir ir al baño y tranquilizarse un poco pero al posar sus ojos en frente detuvo cada movimiento de su cuerpo.

Congelado este sufría el primer golpe al corazón, no…no solo su corazón, en realidad el golpe lo recibió cada parte de su ser, se quedó como un idiota viendo el movimiento de esa criatura hasta su pupitre y acomodarse para llevar apunte al resto de la clase, un ser tranquilo…calmado, y con una expresión tan reservada... ¿Estaba soñando? Su corazón se detuvo por unos segundos y luego volvió a la normalidad para permitirle al peliazul seguir admirando a ese chico. Titubeo en lo bajo pero la chica que lo observaba se dio cuenta del repentino cambio en la conducta del muchacho, soltó el comentario de que parecía que había visto un fantasma, a lo que este le respondía con un simple no, la jovencita solo se encogió de brazos y le dio la espalda para continuar escribiendo, el en cambio enfocaba sus enormes ojos verdes en quien se había sentado en la fila de al lado, a tan solo unos dos bancos mas adelante. No se trataba de un fantasma, sino de un ángel… uno que volvió a él después de tantos años de pensar en su existencia, se hacía presente con ese cabello plateado y antes de que este se sentara en su pupitre alcanzó a descubrir el color de sus ojos… no olvidaría ese fuerte dorado que inútilmente se trataban de escapar detrás de un par de gafas redondas.

Era él…la persona que invocaba con su deseo, con la que anhelaba un segundo rencuentro, sin duda esto era el destino y mira adonde los hizo volver a verse, en el mimo salón de clases…misma escuela…misma ciudad…Esto… ¿No era un sueño? Tal vez estaba dormido todavía, no habrá sonado su alarma y seguía perdido en sus tontos sueños, pero…todo se veía tan normal, bajó la mirada y recostando su frente sobre el pupitre comenzó la sesión de pellizcos, dos en el brazo, una en cada pierna y finalmente dos en cada lado d su mejilla, por supuesto que este contuvo sus quejidos y el lloriqueo producido por sus propios dedos, a pesar del dolor este se sentía… feliz porque no estaba sucediendo en su cabeza todo esto, de verdad lo volvió a ver…se emoción era tan grande que debió colocar sus manos sobre su rostro y golpear su frente contra la mesa para evitar gritar como un fan al ver a su ídolo.

Levantó un poco la mirada y se encontró con la incomoda situación de ser observado por sus compañeros, este se levantó de la mesa y pidiendo para r al baño dejó corriendo el salón.

"No puede ser… ¡Es él de verdad es él! Dios…que me pasa estoy tan…tan emocionado… ¡Siento que puedo dar mil vueltas por toda la escuela!... Al fin…mis rezos ¿Están empezando a ser oídos?

Me pregunto…si…él me recordará…"

Detuvo a sus pies cansados y aun llenos de energía, este se deslizó por el primer soporte sólido que encontró y ahí se puso a descansar no solo su cuerpo sino también su corazón, y de golpe todos los recuerdos de esa noche aparecieron delante de él, su madre en el cuarto convirtiéndose en el monstruo de sus pesadillas, cuando escapó de su casa por aquella bestia y como consecuencia de tal acto este cayó de un puente destrozado…Y justó en ese momento… la figura del niño de cabellos platinados y de tez pálida se hacía presente, su figura salvadora la cual le golpeó y regañó por cometer una estupidez como la de huir de su casa en pijama y de noche, tantas veces se repetía esa escena que ya tenía grabado hasta la conversación que tuvo con el niño en el corto tiempo que estuvo conciente, y ahora…ahora ese niño ya había crecido, anteriormente no pudo observarlo detenidamente como hubiese querido pero a primera vista se notaba un cierto cambio en su apariencia, esperaba que su personalidad tampoco haya sido afectada, esperaba que le viera de esa forma ruda y preocupada como hace nueve años atrás. La verdad su corazón estaba armándose de tantas ilusiones sin embargo ignoraba las consecuencias de eso…Lo tenía en frente de sus ojos ¿Qué más podía pedir?

Sacó el papel arrugado de su bolsillo y lo extendió a lo alto para contemplarlo con una enorme sonrisa, dentro suyo agradecía que este deseo se haya cumplido, el deseo…de poder ver nuevamente al niño de ojos color miel.

"… Sintiéndome así de inquieto… ¿Solo por él?...creó que si hay algo malo en mí….pero…de verdad estoy… ¿Feliz? …"

Sumergido en sus pensamientos este no se dio por enterado cuando el timbre se hizo escuchar, el pasillo se llenó de estudiantes tan rápido que ya no era capaz de ver por la ventana que estaba en frente suyo, de todas formas no se quedaría ahí a ser pisoteado, este despidiéndose de la pared se puso en marcha hacia su salón, esperando hallar a ese chico, al cual…vergonzosamente no sabía su nombre, si tan solo hubiera prestado atención cuando se presentó, es que la voz del mismo había logrado perderlo en su gran cabezota y como cruel consecuencia perseguía a una persona sin tener la menor idea sobre su nombre o apellido.

El día aun no acababa, estaba dispuesto a conversar con él, a contarle tantas cosas…y sobre todo…a darle las gracias apropiadamente. Después de todo al parecer…si sería un buen día.