"¿Crees en los deseos?" Era la pregunta infantil que un compañero le hizo en la escuela elemental hace unos cuantos años, y ante esa cuestión el pequeño cabezón de ojos verdes asintió con total seguridad, eso es lo que se esperaba de un niño indefenso e inocente de 8 años pero aun habiendo crecido y estar en la etapa de la adolescencia esas ideas ilusorias de los deseos seguía latente en su ser, y que se podía esperar de un individuo carente de calor y cariño familiar, nadie sabía que gracias a esos "deseos" el hombre se mantenía en pie, pues tarde o temprano se convertiría en sueños que pronto serían alcanzados por quienes poseían una fuerte voluntad, y aquel niño que aseguraba sus ideales era de esas personas que no cederían tras la agobiante espera y los obstáculos destinados a aparecer, si eso significaba tener a cambio la felicidad …entonces no había mal que por bien provenga . Eso pensaba el joven de cabellos azules que metía un papel arrugado en los bolsillos vacíos de su uniforme.

"Que puedo decirle…como me presento… ¡Esto esta tan mal! Ya me puse nervioso…"

Era ridículo el pensar como saludar a un chico de su edad, más aun si existía la alta posibilidad de que este no le recordase ¿De verdad no podía ser más tonto este asunto? Alguien más lo hubiera dejado pasar, y que la corriente se lo llevase muy, muy lejos pero…él no lo hizo, es más se aferró a ese simple recuerdo, a esos ojos dorados que brillaban en lo más oscuro de sus sueños y todo para mantener viva su alma, estaba muy seguro que sin ese ser o su abuelo….no hubiera aprendido lo que es de verdad que te quieran, lo que es que se preocupen por ti, que …un prójimo ajeno a ti se acercara a ofrecer una mano, todo esos valores y sentimientos no lo aprendió de su familia, sino de esas personas que aparecieron en su vida y ambas…se fueron en un instante, bueno la diferencia ahora es que una de esas personitas estaba en su salón de clase….¡En su salón de clases!¡Eran compañeros ! Y no importaba cuantas veces se lo repitiese este cabecita de plumero aun no se lo creía, ya se había pellizcado para comprobar que esto no se trataba de un sueño pero sentía que no era necesario, era capaz de arrojarse a la fuente más cercana y empaparse el cuerpo entero con tal de verificar este suceso en su vida.

-¡Hey! ¡Morinaga kun! ¿Piensas saltarte el descanso también? Como puedes salir así como así de una clase ¡Apenas estamos empezando!

-Si lamento mi comportamiento…

La de cabellos castaño miraba sorprendida a ese muchacho que demostraba estar parado en otro universo que obviamente no era el suyo y eso le hizo enfadar aún más, pues no se molestó en venir a buscar a este peliazul para que le contestara vagamente y sin ninguna pizca de honestidad.

-¡NO ME ESTAS ESCUCHANDO! – decía elevando el tono de voz cerca de los oídos ajenos, los cuales temblaron ante la increíble frecuencia de ondas que aun se mantuvieron dentro de su cabeza haciendo que finalmente Tetsuhiro volviera de su viaje al mundo de las increíbles maravillas, este sacudiéndose un poco volteó hacia la chica y un tanto confundido sacó el interrogante sobre su presencia ya que con completa honestidad no la había sentido llegar, y eso último solo logró que los rizos de su compañera se inflaran hasta semejarse a la masa de los pasteles esponjosos antes de explotar dentro de un horno, el pobre Tetsuhiro sin comprender su rabieta este llevó su mano sobre la cabeza de la pequeña y sonriéndole manifestó su deseo de volver al salón antes de que empezara la segunda hora y sin más este partió hacia la dirección correcta pero esa conducta tranquila no era lo que extrañaba a la de ojos café, en realidad le tomó desprevenidamente esa mueca que se asemejaba a una curva en su cara, una sonrisa tan… cálida, quizás la sorpresa se debía a que aun no conocía a este niño sin embargo no debería asombrarse por algo tan simple como una expresión facial, casi le hizo sentir que un ángel estaba en frente de sus ojos, definitivamente algo andaba mal en su cabeza para tener ese pensamiento, pero ya no había lugar a interrupciones, enseguida marchó hacia donde estaba el peliazul para seguir caminado a su lado hasta el salón de clases.

En el trayecto a clases mencionó sobre le inconveniente que presenció el de ojos esmeralda ayer por la tarde, y estando un poco más tranquila esta manifestó sus más sinceras disculpas a Tetsuhiro, quien solamente lo daba como algo común entro los hermanos, quizás en lo personal las peleas que tenía con Kunihiro no eran tan intensas pero cada hermano tiene su forma de llevarse con el otro o eso interpretaba el peliazul, sin embargo la pequeña muchacho que miraba su caminar negó ante su compañero que ese tal Isogai no era su hermano, ante eso el menor de los Morinaga dejó que se escapara de sus labios el porque de esa negación tan cruel hacia esa persona.

-Lo lamento no debería hacer esas preguntas.

-Esta bien, no es algo tan personal solo es lo que es, no es mi hermano…más bien es mi…hermanastro.

-¿Hermanastro? Bueno no me sorprende, no se notaba el parecido.

- Si somos muy diferentes, pero es tan molesto, va por la escuela presumiendo esto como si se esposara una celebridad, solo porque mi madre se casara con su padre no signifique que deba aprobar esta relación… No puedo verlo como un verdadero hermano…

-Eso es algo cruel Hiroko…

-Pero así me siento…

No tenía ninguna objeción a lo que decía su compañera, debía ser realmente difícil que de pronto unos desconocidos entraran en tu casa con el pretexto de que ahora eran una familia y por ende debían llevarse bien, en extrañas situaciones lo mismo le ocurrió cuando Mizuki apareció de repente en los brazos de su madre, sabía que la comparación era algo…turbia, para empezar Isogai y sus padres eran personas reales, seres de carne y hueso, con signos vitales y sangre fluyendo por verdaderas venas, pero la sensación de negación… inquietud, miedo, todo eso entendía pero ahora mismo no se le ocurría una forma de contener a la menor, solamente colocó su mano sobre su cabeza y le dedicó nuevamente esa sonrisa de amabilidad sincera, gesto que hizo temblar a la de cabellos rizados , sacó su mano y le hizo saber que eso no le gustaba, que alguien que apenas conocía se acercara a ella con tanta libertad, ese comentario solo empeoró la impotencia del pequeña Tetsuhiro pero lo que no sabía es que esta joven en el fondo apreciaba que estuviera ahí escuchándola, pues esta conversación no podía tenerla con su madre, quien estaba demasiado ocupada atendiendo a la casa y a su nueva familia. Era grato tener a alguien con quien hablar y hacerte olvidar de esas raras sensaciones de vacía, por supuesto no expondría esto al peliazul, tenía la vaga sensación de que si lo hacía este se volvería más molesto.

Su conversación tuvo fin cuando vieron la puerta de su salón semiabierta, al parecer eran los únicos que regresaron antes de que acabara el receso pero al empujar un poco más la puerta hacia dentro notaron la presencia de una persona, un sujeto que al mirarlo detenidamente Morinaga Tetsuhiro se quedó estático sin poder echar otro paso más. Su corazón parecía detenerse, a ratos volvía a la normalidad y otras veces provocaba sensaciones eléctricas que de una forma inexplicable circulaban por su cuerpo entero, debía haber una respuesta lógica a su comportamiento al a esta persona sin embargo no la hallaba, simplemente se quedaba mirándolo como si de un momento a otro fuera a desaparecer de nuevo , si lograba grabar su rostro claramente tal vez no se volvería a sentirse solo nunca más, por supuesto que estos, pensamientos tan baratos se mantenían escondidos.

Fue sacudido por Hiroko quien le empujaba para que dejara de estorbar en la puerta, pues se había quedado con la boca abierta desde hace unos molestos segundos y la chica castaña ya no tenía ganas de permanecer parada por más tiempo, así que por medio de un pellizco en la espalda de Morinaga hizo que este se moviera ruidosamente al frente, y nuevamente obteniendo otro golpe contra el escritorio del profesor.

-Hi…roko chan, porque me golpea… ¿Se hará un hábito?

-Te golpeaste contra el escritorio ha ha no me culpes a mi…mnn, hey-esta se acercó a Morinaga y le susurró en el oído mientras apuntaba disimuladamente al de lentes redondos que se encontraba sumergido en la lectura sin percatarse de que estos habían entrado- ¿Conoces a ese chico?

-Podría decirse que si…y no.

-Que clase de respuesta es esa…bueno si lo conoces debes saludar ¿No te enseñaron modales Morinaga kun?

La mirada en su compañera no le agradó para nada, es más hizo que unos escalofríos aparecieran de la nada y ocasionaran el profundo deseo de salir corriendo-Es…Espera Hiroko chan ¡Que haces!

-¡Ve!

Y así fue como una ola propulsora empujó al desafortunado Tetsuhiro hacia los pupitres, la joven de rizos con solo una mano logró acercar exitosamente al de ojos verdes al lugar en donde estaba el de gafas, desafortunadamente esta ocupó más fuerza de lo que se requería y como resultado la barriguita del menor de los Morinaga sirvió como escudo para detener el forzado movimiento, claro esta el dolor y la falta de aire que provocó ese choque contra la madera, y sin poder evitarlo dejó descansar su cabeza, al igual que sus brazos, sobre el banco ajeno , sus rodillas cayeron al suelo y queriendo recuperar el aire este ignoró la presencia que estaba delante de él, pero no tardó mucho en recuperar la conciencia y caer en la realidad de que estaba en frente de aquel niño de su infancia, sus mejillas se tornaron rojas y enseguida volteó la mirada hacia la culpable de dar la cara ahora a su salvador misterioso, esta jovencita solo sonreía y se hacía la que se entretenía con el registro de asistencias, después hablaría con ella sobre este atrevimiento… ahora debía preocuparse más por el chico que aun mantenía la vista en su libro…¿Tan invisible era? ¿O simplemente no se dio cuenta de que estaba ahí? Estaba por hablar pero su lengua le traicionó, las palabras no salían ¡Porque debía pasar por eso! Este aun de rodillas dejó oír un gran suspiro, frustrado iba a retirarse, quizás en otro momento y con las oraciones ensayadas podría conversar con aquel muchacho, lamentablemente Hiroko no estaba conforme con lo que estaba pasando, así que agarrando un borrador este se lo arrojó a la nuca ocasionando una posible y grave contusión al de cabellos verdes, quien nuevamente cayó postrado ante el pupitre del platinado. Con lagrimas en los ojos miró a la chica quien le hacía señales de muerte sino empezaba a abrir esa tremenda boca, el de ojos verdes no supo explicarse como entendió ese perturbador mensaje pero si su vida peligraba entonces tomaría esta oportunidad que exigidamente le dieron, dándose la vuelta empezaría a hablar, primero el saludo, lo normal por supuesto pero este notó que unos orbes dorados ya le estaban observando con cierta extrañeza, ahora era el momento ¡Debía decir algo! ¿Pero que? Como dar inicio una conversación con alguien a quien no veía desde sus seis años de edad. Esto ya era muy complicado.

-¿Se te ofrece algo? –decía este muchacho de lentes que bajaba su libro y le dedicaba una mirada indiferente al que estaba frente suyo.

-Am yo…Quería darte la Bienvenida, bueno también soy nuevo así que, ayudémonos mutuamente- este sonrió con cierto nerviosismo en su cara, y a decir verdad no sabía de donde venía esas extrañas palabras.

-Bien…-este continuó con la lectura.

-¿He?...- este se rascó la nuca mirando casi aturdido al chico, y así se mantuvo hasta que oyó el sonido del timbre alertando que las clases se reanudaban-

-Ha…Hablamos después….

Este se levantó y rígidamente caminó hasta su pupitre en donde le esperaba Hiroko distrayéndose con el sonido de sus dedos sobre la superficie sólida, cuando notó que Tetsuhiro se dejó caer en su lugar esta le miró esperando alguna especie de reporte pero el del banco de atrás lo único que se dedicaba a hacer era el descansar su cabeza sobre la madera, podía verse como unas especies de burbujas salían de su cabeza y queriendo saber lo que ocurría esta se puso a reventar esas molestas trasparencias para capturar su atención, llamó una y otra vez al Morinaga sin embargo la maestra entró y dio inicio a su clase, esta chica solo se dio media vuelta y empezó con sus aplicados apuntes dejando al soñador con sus pensamientos.

Tetsuhiro en cambio, estaba demasiado perdido para concentrarse en clase, el entusiasmo que lo agobiaba era tan grande que se manifestaba de las formas mas raras posibles, en su mente gritaba como una fanática al ver su ídolo, repitiendo una y otra vez la frase "¡Me habló!, realmente me habló…" Y solamente fueron unas pocas palabras las que hicieron que se acongojara y su nerviosismo aumentara, deseó ser más valiente en ese momento, quizás no se animaría más tarde, era lo más esperado y encima con su hermano buscándolo en cada receso sería difícil el intentar otra vez alguna especie de movimiento…

Ahí se dio cuenta que le estaba dando muchas vueltas al asunto , era un chico común y corriente como él…bueno al menos podría ser capaz de ser su amigo, a decir verdad no sabía que quería de este joven con cabello platinado, el cual apreciaba que estaba un poco más largo , tal vez saber más de su vida, quienes conforman su familia, que clase de gustos tiene, cual es su comida favorita, si le gusta los paseos o es de esos que se quedan en casa leyendo un manga o jugando un videojuego, bueno eso era lo que un adolescente normal haría, pero existía otro grupo minúsculo que ocupaba su tiempo para otras cosas, en su caso se encerraba en su cuarto a leer, era lo única cosa que podía mantenerlo cuerdo y a la vez conectado al mundo real, así era él y hasta ahora ese verdadero yo que todos mencionan no salía a la luz, aun tenía mucho para conocer y aprender…y entre esos deseos estaba el ángel platinado, conocerlo ¿Por qué?¿Solo porque le salvó la vida? Ni el se encontraba respuesta a sus propios cuestionamientos, pero al menos tenía claro ese objetivo, volverse más cercano a él, lo cual sería un poco complicado, si mal no recordaba este niño ni siquiera le dio su nombre, a puras apariencia no parecía confiar en las personas con tanta facilidad pero bueno, eso solo hacía más divertido esto, de a poco cobraba esa valentía que se escondía muy, muy dentro de él.

-Morinaga… ¡Morinaga kun!- exaltó la joven quien agarraba las mejillas del peliazul.

-¡AH! ¡Cual es la pregunta!-dijo levantándose derecho y aparentando formalidad.

-Ninguna tonto, la clase ya acabo.

-Ya… ¿¡YA ACABO!?- el distraído observó rápidamente el salón notando que de verdad la segunda hora había acabado y todos…TODOS se habían ido.

-Pues claro ¿Dime en que andas pensando? No creo que seas de los que se distraen fácilmente, dime ese chico es especial o que.

-Mn…digamos, que me salvó la vida una vez…Por eso debo encontrarlo rápido…y agradecerle.

-¡Espera! ¿¡Como que te salvó la vida?! - discutió con el que ya había salido corriendo del salón- Ah… que raro- decía mientras apoyaba su mejilla sobre su mano y se recostaba en su pupitre observando la puerta en donde se encontraban algunas estudiantes que la miraban y la señalaban sin disimulo, pera esta volteó la cara y las ignoró o al menos eso intentó.

Corría por todo el pasillo, como era la segunda hora había un descanso de quince minutos y los de primero al no estar anotados a ningún club todavía podía utilizar ese espacio como más les gustase, algo problemático pues este platinado podía estar en cualquier sitio y no necesariamente en su salón de clases, el de pelos azules fijó su vista en la enfermería pero ni el personal se encontraba, después pasó por al lado de unos cuantos salones, tal vez tenía a un amigo en una clase diferente y fue a visitarlo, pero las puerta por las que espiaba no hallaba lo que buscaba, finalmente este llegó hasta la entrada, buscando sus zapatos los cambió por los uwabaki* y salió con total libertad, sinceramente aun no conocía del todo su nueva escuela, donde se llegaba a la azotea, o si había un patio interno para los estudiantes, y pensando en ello aquel chico debía pasar por lo mismo, así que no debía desviarse tanto del camino, este comenzó a rodear el establecimiento en la incansable búsqueda del platinado , sin embargo pasaban los minutos y no lo hallaba, ya estaba empezando a creer que una conversación a solas con él sería imposible, de pronto escuchó algunos murmullos, unas chicas de al parecer un año superior charlaban sobre el recién llegado al establecimiento, de cómo esa cabellera parecía de otro mundo, y sus gafas escondían lo que parecía ser un indiscutible dorado, este sin dudar se acercó a esas jovencitas y poniendo su mejor sonrisa este pidió amablemente la información sobre el tal desconocido del que hablaban, afortunadamente esas charladoras con sus mejillas sonrojadas le ofrecieron un dato importante a Tetsuhiro, y sin más este despidiéndose de las estudiantes fue corriendo en la dirección en que estas le señalaron.

Finalmente pudo verlo, quedaban aun aproximadamente 7 minutos antes de que tocara el timbre, sin embargo los estaba desperdiciando pues lo único que hacía era esconderse detrás de un muro y observar al peliplateado que seguía con ese condenado libro que ocupaba toda su atención, ah pero bien que disfrutaba la vista, es decir, apenas piso ese lugar su cuerpo nuevamente se congeló, admiraba en silencio al salvador de su infancia y solo se mantenía alejado, otro dato curioso era el latido de su corazón, este de la nada comenzó a comportarse extraño, yendo más y cada vez más acelerado, y no podía pasar por alto el funcionamiento de sus ojos, pues unos extraños brillos aparecieron alrededor de su compañero y le costó al de ojos verde espantar esos rasgos que se veían con normalidad en los mangas shojos, todo eso estaba sucediendo tan lentamente pero en realidad fue un corto minuto desperdiciado, este controló nuevamente la hora y ahogándose en un profundo suspiro decidió el dar, esta vez por su cuenta, el primer paso.

Un correcto saludo, una conversación normal ¡Podía hacerlo!

-Ho...Hola... ¿Puedo sentarme?

-Un…

-Gracias.

Ahora un dato curioso hizo que el menor de los Morinaga se pusiera más nervioso, y eso era que…simplemente no recordaba el nombre de este chico, en realidad hace nueve años no se lo dijo y ahora no logró escucharlo en su presentación, este con la autorización ajena se acomodó en las asientos hechos de concretos, la mesa era del mismo material y se veía algo desgastado, pareciera que ese pequeño patio no fue refaccionado desde que surgió la escuela, pero no era el momento para estar prestándole atención a algo tan aburrido, ahora podía observar de más cerca, notaba que al menos físicamente aquel sujeto no había cambiado en lo absoluto, las facciones de su rostro eran iguales a las de ese niño de nueve años que saltó sin pensar en su ayuda, el recuerdo estremeció su mente, este llevó su mano inconcientemente a su cuello, si su madre no hubiera realizado aberrante acto no hubiera escapado esa noche, no hubiera conocido al platinado, por lo tanto no hubiera experimentado la dulce sensación de ser el foco de atención por una persona, por eso debía "agradecerlo" a su madre, igual eso no justificaba el trauma y las pesadillas que tuvo por meses después de ese incidente. En todo caso…lo hubiera conocido ahora, con la diferencia que no tendría estos extraños sentimientos y deseos de verlo.

Era el momento, ya no soportaba quedarse callado, tenía que agradecerle, todos estos años rezando y aferrándose a ese deseo para que se cumpliera debía hacerlos valer y este era el momento por lo que parándose sorpresivamente de donde estaba se colocó bien en frente del muchacho que bajó su libro al sentir una presencia en frente de él, ahí notó como ese adolescente de ojos verdes se inclinaba y mantenía una mano presionada sobre su lado izquierdo. Al podía sacar todo a la luz.

-Ha pasado mucho tiempo, y debe ser muy repentino esto pero tal vez lo recuerdes, tú me rescataste hace mucho de una muerte segura, me ayudaste a vivir nuevamente…siempre…siempre quise decirte esto en persona y al fin puedo decírtelo-este se enderezó y aun con su mano en su pecho miró con una sonrisa a ese de gafas que se mostraba atento a sus palabras- Yo solo quiero decirte…-este respiró profundamente y nuevamente bajó la cabeza para expresarlo de la manera más forma y correcta posible- ¡Arigatou gozaimashita!*

"Al fin, pude…pude decírselo"

Su corazón se removió más de una vez de su lugar de pertenencia y sin saber como, sus labios pronunciaron las palabras de agradecimiento que tanto deseaba manifestar al otro, finalmente lo hizo, tal vez ahora si podía seguir sin ese hermoso peso en su pecho, todas las noches su conciencia le hacía acordar que no mostró gratitud por ese pelilargo y ahora, alguien de allá arriba le dio una oportunidad para reencontrarse con su ángel guardián. Graciosamente recordó la historia de Orihime y Kengyu, ellos fueron separados por el rey de los cielos pero finalmente podían volverse a ver una vez al año, lo mismo pasó con ellos, no en las mismas circunstancias, al menos los enamorados sabían que día se verían, en cambio el debió aguantar nueve largos años, pero la espera valió la pena, eso pensaba mientras salía de sus burbuja de felicidad, en realidad este fue obligado a pararse derecho pues el peliplateado ahora había dejado su sitio para estar a su altura, el de ojos verdes parpadeó un poco, evitando el excesivo contacto físico por parte de la otra persona, finamente esta removió sus labios para dejar oír su voz, ese sonido que con el pasar de los años no sufrió un cambio exagerado .

-…No puedo aceptar tus disculpas.

-Eh... ¿¡EH?! ¿¡Por… porque no!?

-No te conozco, tu rostro no me resulta conocido, jamás te he visto.

Eso era un buen punto, nunca se presentaron formalmente aquella vez, y si lo colocaba en un bloque de lógica racional ese evento para el platinado debió ser pasado por alto, una aventura infantil que perdió su valor conforme avanzaba su edad , en cambio para él… fue un evento que nunca dejaría pasar, el que lo ayudara significó mucho para Tetsuhiro, además como olvidar esa noche que sería el principio de sus desfortunas, como querer echar los recuerdos de ese jovencito empapado que estuvo con él hasta que se desmayó, estaba claro que para ambos esa noche de luna llena tenía diferentes significados y no era de esperarse que el de orbes dorados no lo recordase pero que se lo dijera en la cara y con una expresión de total indiferencia si que le hizo decepcionarse, podía escuchar como su corazoncito se estaba quebrando y lloraba en silencio dentro de su cuerpo, al fin y al cabo el valor utilizado fue en vano, si este joven con gafas no aceptaba su disculpas no había nada que hacer.

-Ah bueno perdóname por molestarte, yo…volveré a nuestro salón- era tan patético, todos estos años atesorando la imagen de aquel chico que no se percató de que solo era un sentimiento infantil que no quería abandonar, por ahora debía alejarse de aquel ser y poder manifestar sus verdaderas emociones, pero antes de dar un paso este fue interrumpido por la voz contraria.

-A decir verdad, no sé como llegue aquí, vamos al mismo lugar así que permitiré que camines a mi lado- expuso el de gafas quien agarraba su libro y avanzaba unos pasos más, dejando atrás a un peliazul inquieto y sorprendido, tal vez lo malinterpretó pero sentía que este nuevo compañero quiso…¿Acercarse a él?

Ahí de nuevo estaba jugando con las ilusiones pasajeras, debía quitarse ese hábito pero…la idea de que pueda ser su amigo le resultaba muy gratificante, así que este recuperándose del fuerte golpe se levantó como si nada y fue a su lado, mirando al mismo tiempo y sin cansancio sus rasgos tan familiares que de a poco hacían que sus músculos oculares no dejaban de apreciar, pero en algún trayecto del camino el peliplateado se dio cuenta de ello y volteó hacia él exigiendo alguna respuesta por aquel atrevimiento, este callado solamente se dedicó a reír nerviosamente y trató de cambiar el tema o excusarse, sin embargo antes de decir una palabra más una joven de cabellos rizados se paró en frente de estos, era Hiroko quien se cruzaba de brazos y observaba con fijación a uno de cabellos azules que la había abandonado en pleno descanso, Tetsuhiro atinó a darse vuelta y atreverse a escapar, pero porque debía correr, eso era porque su instinto se lo estaba gritando a cada músculo de su cuerpo, por eso avanzó apresuradamente hasta la entrada por la cual habían ingresado recién con el peliplateado pero antes de alcanzar la salvación esta estiró su brazo como si de goma se tratase, en segundos arrastró al adolescente, por segunda vez, hacia el salón de clases.

Lo que no esperaba este chico mientras era tomado por fuerza que Hiroko montara una conversación con el que le estaba acompañando minutos atrás.

-Entonces ¿Te transfirieron aquí?

-Porque estaría aquí si no fuera por eso.

-Grosero, solo deseo conversar, ah soy Satô, Satô Hiroko, recuérdame tu nombre niño serio.

-Porque debería…

-¡Somos compañeros! Además Morinaga kun también quiere saber ¿No? Queremos ser amables, ¿Puedes intentar serlo con nosotros también?

-…Es Tatsumi, Souichi…

La niño miró al que llevaba a rastras y le guiño el ojo, pues el objetivo de la misión fue alcanzado, ahora sabían el nombre de la boca del nuevo, estaban conversando, en el fondo ella solo era otra chica más que deseaba hacer amigos, aunque sea formar una buena relación con sus compañeros ¿Era mucho pedir? A veces le resultaba imposible establecer relaciones con las demás personas, pero se estaba sintiendo a gusto con los que la rodeaban ahora, tenía un buen presentimiento por todo esto, así que solo quedaba seguir adelante, apenas estaban empezando las clases, sus vidas de estudiantes guardaban incontables secretos y sorpresas que al debido tiempo todo saldría a la luz, era emocionante…y aterrador a la vez.


El resto del día pasó volando, y eso se debía a la ausencia del querido profesor Akahira Toru quien habría presentado una justificación de ausencia para ese día, así estaba mejor, al parecer los de primer año escucharon los tenebrosos rumores sobre la dura personalidad del sensei y como este castigaba severamente a los alumnos que no los consideraba adecuados a su nivel académico, eso hizo que el de ojos verdes se pusiera aún mas nervioso pues ya tuvo un especie de golpe con aquel profesor y si este era mal visto por el mencionado su vida en la secundaria sería marcada y cruelmente arruinada, bueno eso no debería pensarlo, tal vez solo eran rumores, apenas si se estaba completando el segundo día ¡El segundo! Y ya se sentía abrumado por toda la tarea que debía terminar para el día siguiente, así que al ver la hora cumplida este tomó su mochila y esperó a que Hiroko guardara sus cosas, en ese momento desvió su mirar a un lado, para saber si el peliplateado ya se había ido, y efectivamente este ya no estaba en su asiento, era de esperarse, después de haber rechazado sus palabras solo continuó actuando como si nada, como extraños que eran, este dejó escuchar un suspiro , la chica de ojos café notó ese efecto deprimente del peliazul por lo que agarrando su nariz hizo que este reaccionara y vuelva de nuevo a su mundo, estos rieron entre ellos y sin perder tiempo salieron del salón de clases, por supuesto que se encontraron con todos los estudiantes de ese piso , todos salían animados, conversando con sus respectivos grupos, algunos se chocaban entre otros pero a pesar de eso seguían con su camino, entre toda esa multitud se hallaba un joven de quince años acompañado de una muchacha de cabellos cortos y ondulados, estos ignoraban la presencia del resto y se dedicaban a cruzar el campo de batalla sin ser aplastados, finalmente llegaron hasta la entrada, cada uno fue a su respectivos casilleros para cambiarse los zapatos y así seguir cada quien por su camino pero antes de despedirse el de ojos esmeralda detuvo el caminar de la chica, este quería agradecerle por haberlo ayudado a conversar con Tatsumi Souichi, también por interactuar un poco con él durante el segundo receso, Hiroko solamente se hacía la que no comprendía de lo que le hablaba, se justificó usando la excusa de aparentar buenos modales ante los nuevos y no podía dejar pasar la oportunidad de acercarse a un espécimen tan raro como lo era el recién llegado, eso hizo que le provocaran a Tetsuhiro unas ganas de reír ante el carácter orgulloso de su compañera, pero sin decir nada más este la despidió con un suave toque en su cabeza, admirando en el mismo momento el sedoso cabello castaño que esta joven poseía, ella en cambio dejó marcado su puño en el hombro ajeno, cariñosamente esa era su forma de saludar y despedirse pero en el fondo le daba vergüenza que aquel muchacho la tratara como si fuera una niña de 10 años, sin decirse nada más la joven bajó por las escaleras y cruzó los muros bajos de la escuela donde su imagen se perdió al doblar en la esquina.

Ahora solo quedaba esperar a Masaki quien le había mandado un mensaje sobre su repentina tardanza de 10 minutos, bueno eso no era lo malo, lo que hacía que se volviese amarga la espera era el tener que esperar junto a su hermano a quien estuvo evitando todo el día, lo cual resultaba infantil pues en algún momento debería volver a hablarle, ya sea por asuntos de la escuela o de la casa pero simplemente ahora no quería, su humor estaba algo cambiante y abrumado para tener que estar lidiando con una absurda discusión…y más si se trataba de su madre.

Este se encaminó hasta uno de los muros que daban a la calle por la cual aparecería el amigo de la familia, sin embargo se llevó una sorpresa al notar la existencia de una persona más, justo a su lado estaba el misterioso Tatsumi Souichi, quien por tercera vez en el día lo encontraba con el mismo libro en las manos.

-Ah… ¿Vendrán a buscarte?

-Si pero mi madre no es muy buena con los horarios, estaré aquí un rato.

-Bueno, a mi también me vendrán a buscar tarde ¿Puedo hacerte compañía? dijo aquel muchacho como si necesitaba el permiso del otro para quedarse parado a su lado.

-Como tú quieras, pero quiero terminar este libro- fue lo último que dijo antes de acomodarse más contra la pared de cemento.

A Tetsuhiro solo le quedaba aceptar esos términos, ya que aún estaba en el intento de ser un compañero de clase, la palabra amigos se veía tan lejana que poco a poco hizo que se sintiera aún más frustrado con respecto a este chico, pero no era como si no estuviera feliz de verlo, era lo mejor que le había ocurrido hasta ahora, sabía bien que ese pensamiento se estaba volviendo demasiado repetitivo pero reencontrarse y más en la misma escuela hacía que creyese más en la fantasía de los deseos. Y si ahora… ¿Deseara otra cosa? ¿Que este muchacho de ojos dorados le recordase? Sería muy egoísta y tonto a la vez, que conseguiría con eso, tal vez que este volviese a llamarlo niño raro, o que su puño terminara en su cara como hace algunos años, sin darse cuenta todos esos recuerdos le hicieron cambiar su mueca de disgusto por otra mas agradable …casi linda por así decirlo, una sonrisa corriente que llamó atención del contrario, este bajó su libro y miró fijamente a ese tonto que solo hacía desastres en la clase y se desconcentraba con facilidad, si solo supiera que él era la fuente de distracción del pequeño Tetsuhiro…

El peliplateado al guardar su libro en la mochila tenía escondidas sus manos en sus bolsillos , no dejaba de mirar esa tonta cara que ponía su compañero, pero no solo era eso lo que molestaba, había algo en esa expresión que le hacía estremecer angustiosamente, como si se le estuviera escapando algo de las manos y no se daba cuenta que debía agarrarlo con fuerza para que no se fuera, repentinamente se acordó de las palabras que este chico le dijo, de cómo él…lo había…¿Salvado? A que se refería, seguro lo estaba confundiendo con otra persona, y sabiendo que no era de su cargo el saber el pasado de aquel chico realizó una pregunta que quizás debió hacerlo hace un rato.

Tetsuhiro volteó su rostro hacia el de pelos plateados, escuchando lo que este tenía para decirle.

-Oye, no me importa tu historia pero…hace un rato dijiste que te salve de una muerte segura… ¿A que te referías con eso?

-Bueno um…- este se mordió los labios como solía hacerlo en los momentos angustiosos en donde debía contar algo que no quería exponer, pero le sorprendió que repentinamente se le preguntara por ese evento, tal vez esté tratando de recordarlo, bueno era lo justo, si decía un poco de esa noche los recuerdos que ambos crearon en aquel lugar …volvería, la sonrisas, la reprimenda de no saber nadar, la conversación sobre el amor de las familias, todo eso volvería- Debería empezar desde el principio, solo puedo decirte que hace nueve años… en la fiesta de Tanabata yo me escapé de casa, había llegado muy lejos, pero no sabía adonde fui a parar, crucé un puente que en segundos se deshizo llevándome a mi consigo, estaba ahogándome, recuerdo que lo único que había frente a mi era la imagen distorsionada de la luna llena, pensaba que era mi final…pero de pronto alguien saltó al río por mi… y me sacó del agua antes de dar mi ultimo respiro, esa persona…eras tu…Tatsumi Souichi…tú me salvaste.

El viento sopló, cada uno miraba por su lado, el pequeño Tetsuhiro observaba como bailaban las ramas de los árboles de cerezos, Souichi en cambio trataba de tragar la información que se le estaba dando, hubo un momento de silencio pero en seguida este respondió ante lo dicho por el peliazul.

-Es... ¡Mentira! No lo recuerdo… ¡¿Cómo sabes que soy esa persona que dices?!

-Estoy seguro de ello, te recuerdo muy bien, y a pesar de que has crecido aun mantienes algunas cosas como…tu cabello, esa persona tenía una melena plateada, es un color algo inusual, también tus …ojos.

-¿¡AH!? ¡Que tienen mis ojos!- este ya estaba adquiriendo un color carmesí en sus mejillas, que un chico le estuviera diciendo ese tipo de cosas hacía que se descolocara de su tranquilidad, no podía reaccionar ante ese ser que solamente se reía y se atrevía a seguir hablando.

-Es que…recuerdo bien el brillo de sus ojos, dorados como el oro, es el mismo espectáculo de tonalidades, Tatsumi kun es esa persona - decía acercándose a este para sacarle los lentes, y así contemplar con seguridad que eran los mismos orbes que lo miraron con precaución esa noche, en ese momento su corazón nuevamente palpitó con fuerza, fue tan doloroso que este debió retroceder un paso para no perder el equilibrio, en seguida se dio cuenta de lo que había hecho, algo tan vergonzoso para ambos, sobretodo para el peliplateado quien con la boca abierta tartamudeaba y trataba de responder ante lo que estaba sucediendo, pero nada parecía funcionarle bien.

Este saliendo de su shock agarró sus gafas con brusquedad, y agarrando del cuello al de ojos esmeralda hizo que retrocediera de su espacio personal, se colocó los lentes y le dio la espalda, en ese momento la bocina de un auto se detuvo a su misma altura, sin decir otra palabra este muchacho de ojos color miel se metió al vehiculo el cual avanzó enseguida para seguir su destino, al acomodarse en la parte trasera este miró hacia atrás al quien había dejado atrás, pudo ver la expresión de sorpresa por su reacción, tuvo suerte de que no lo golpeara pero simplemente no pudo, pues al momento de soltar su puño ese crío le estaba mostrando nuevamente esa mueca rara y sonriente, ese brillo de ojos verdosos detuvo el movimiento de sus brazos, por lo que solo le dio un leve empujón para poder sacárselo de encima. Trataba de comprender lo que le habían dicho, que el supuestamente se convirtió un héroe con solo seis años de edad… sin embargo no lo recordaba, de verdad trataba de buscar más allá de sus memorias algún evento relacionado a lo que le dijo ese tal Morinaga, pero no encontraba nada de utilidad en su cabeza… ¿De verdad el lo salvó? ¿Realmente se arriesgó de ese modo por alguien que no conocía? No dudaba de que si se le presentara alguna situación así saltaría al peligro por defender a la persona en cuestión pero le resultaba extraño que no lo recordara, estaba en aprietos, esto parecía muy importante para ese chico, y su discurso fue dado con tanta seguridad que casi le creía… Debía hacer algo, pues presentía que esto no podía pasar por alto, el no sabría que esa misma noche estaría rodando por todo su cuarto, hasta obtener alguna respuesta de su olvidadizo cerebro.

En cuanto al peliazul este permaneció en aquel lugar boquiabierto, no por el empujón, sino por la conducta extraña que realizaba su cuerpo sin su consentimiento, no evitó el contacto visual, fue inevitable ¡Que acaba de hacer! Se sentía tan avergonzado que las lagrimas quería aparecer, lo peor de todo era que probablemente asustó a su compañero, quien salió disparado del lugar, huyendo en el vehiculo que vio perderse a lo lejos, eso era todo por hoy, mañana se disculparía… mañana lo vería de nuevo, y ahí nuevamente se contemplaba la sonrisa boba de un adolescente que caía al suelo y juntaba sus piernas para apoyarlas en su pecho, todo esto parecía un sueño…

"No lo recuerdo…"

Eso no lo detendría, por su puesto que no, haría que recordase y comprendiera la importancia de sus acciones, si ese ser no hubiera aparecido él…seguramente estaría con su querido abuelo, pero no era su momento, aun debía vivir tantas cosas, esto recién empezaba, lograría su objetivo, el como aun no era relevante pero hallaría la forma de hacerlo. Si tan solo este joven se pusiera a interpretar aquellos descabellados y confusos pensamientos…

-¡Tetsuhiro! Ya deja de esconderte.

-Ah…Nissan… - este se levantó del suelo y cambió su sonriente mirada por una dura seriedad- Que pasa…

-Ahora me vas a escuchar…

Otra vez el silencio se apoderó de la calle…solo estaban dos jóvenes esperando a ser recogidos, sin embargo en vez de ser una agradable espera … el tiempo se volvió horriblemente lento para uno de ojos verdes…de verdad, estas conversaciones ya …no le resultaban gratificantes. Su hermano cada día se volvía más y más en su propia contra.