Bleach no me pertenece es propiedad de Tite Kubo. este es el final de la historia... lamento si a alguien no le agrado que matara a ichigo pero era necesario para la historia, lo siento. u.u espero les agrade este ultimo capitulo es algo asi como una pequeña recompensa para rukia...
Epilogo. Trecho.
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"La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación."
Félix Lope de vega.
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"Nuestro destino ejerce su influencia sobe nosotros incluso cuando todavía no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro dicta leyes de nuestra actualidad."
Friedrich Nietzsche
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No sabía por cuánto tiempo había estado en la misma postura, ciertamente ya no sentía los dedos de los pies; hacía días que quería ir a aquel lugar… sonaba algo absurdo pero estar ahí le traía tranquilidad y paz, no podía explicarlo; tal vez era el sonido del viento mecer las hojas de los arboles, cada uno de lo que había ahí… o quizás el sentirse a gusto con tan solo el rojizo cielo que ya amenazaba con cambiar a su enigmático color oscuro, las pequeñas estrellas apenas eran visibles ante los imponentes rayos que se empezaban a extinguir en el lejano horizonte.
Acarició la fría loza con sus dedos, estaba algo sucia y al parecer los efectos de la lluvia y el viento ya empezaban a surtir efecto pues ésta ya empezaba a desgastarse.
—Estos años no han sido nada fácil, algunas veces aun son así– levantó el recipiente que se encontraba a un lado, lo limpió y vertió un poco de agua en él —en verdad deseé ya no estar aquí… me dejé llevar por la situación, me abandoné a mi misma… todos aquellos que una vez conocí siguieron con sus vidas como si nada hubiera pasado, yo no pude…—
Se levantó con algo de dificultad pues las piernas le temblaban, sacudió su ropa y continuó.
—No fue solo lo acontecido lo que me impidió olvidarlo, claro que no… hubo algo más; y fue por ello que pude regresar a como era antes, al menos a la mitad de esa persona. Creo que me tomó bastante tiempo el poder venir a visitarte… no me mal entiendas… no es que no quisiera hacerlo, es solo que aun no me sentía preparada para ello —juntó sus pequeñas manos recitando una oración… con los ojos cerrados.
Era la única persona en aquel desolado lugar, una brisa fresca removió sus oscuros cabellos y de inmediato se abrazó a sí misma.
—Solo espero que un día volvamos a encontrarnos… en otra vida, tal vez… no lo sé, solo quiero una razón para creer que pueda ser así… ¿acaso es pedir demasiado?... si es así no me importa, me gustaría ser egoísta por una vez en la vida— una pequeña sonrisa se formó en sus labios —el hubiera ya no existe eso lo sé de sobra; solo me quedan los recuerdos del ayer, las sensaciones del ahora y las expectativas del mañana. Suena demasiado cursi lo sé… jamás he sido una persona de esas, pero desde que… no importa ya en realidad, carece ya de importancia—
— ¿Hablando sola de nuevo?... ¿sabes que he pensado seriamente internarte a un psiquiátrico?— la voz de una segunda persona se escuchó en aquel lugar.
—Si ya me lo has dicho muchas veces… pero hasta ahora no he visto resultados— la mujer aun seguía dándole la espalda al recién llegado.
—Aun no encuentro el lugar adecuado… es difícil encontrar uno barato y con buenos servicios, ¿o es que acaso quieres uno en donde te aten con una inmaculada camisa de fuerza?— se acercó a ella para tocarle el hombro —yo creo que no—
La pelinegra se volteó y se encontró con un joven hombre, mucho más alto que ella pues apenas le llegaba a la altura del pecho y debido a ello debía mirar hacia arriba para encontrarse con sus hermosos y enigmáticos ojos.
— ¿Qué haces aquí… no se suponía que llegabas hasta el día de mañana?...— miró al joven con unos ojos acusadores pues le había mentido acerca de su llegada, él de inmediato apartó la mirada un tanto nervioso ante esos hermosos ojos color violeta que justo en esos momentos tenían un tono oscuro que los hacían verse de un azul profundo, como el de la noche.
—Creí que te alegrarías de verme… hasta te compré un regalo… que no traje… y que te daré luego— no podía ante esa mirada, esa mujer siempre conseguía todo lo que quería con tan solo verlo a los ojos —está bien… terminé antes de lo planeado y creo que te extrañaba un poco… ¿estás feliz?— frunció el ceño mientras sus mejillas adoptaban un pequeño rubor.
—Akira…— le acarició una de las mejillas y de inmediato aquel joven le tomó la mano para acariciársela —no sabes cuán feliz me hace escuchar eso… te amo…— Rukia se puso de puntillas y depositó un tierno beso en la mejilla que antes estaba acariciando.
—También te amo… pero no me hagas repetirlo, es demasiado vergonzoso ¿sabes?— le dio un cálido abrazo a la pelinegra y le tomó la mano, ambos caminaron de regreso a la entrada del lugar.
Antes de subir al coche que se encontraba estacionado echó una última mirada, no recordaba cuando fue la última vez que había estado en ese lugar.
— ¿No le guardas rencor?... ciertamente no tengo nada en su contra pero… de alguna manera te hizo daño…— Akira tenía la mirada en la carretera por lo que no pudo ver como el rostro de Rukia se ponía triste.
—No puedo…— el joven le miró de reojo pero de inmediato regresó la vista a la carretera —no me mires de esa manera… ¿acaso tu si?...— esa duda rondaba en la cabeza de Rukia desde hacía algún tiempo, después de que le contara su historia.
—No te puedo decir con exactitud… ya que no lo conocí; pero oír aquella historia de tus propios labios, bueno… tal vez al principio sí—
— ¿y ahora… que es lo que sientes?—
Akira detuvo en coche y lo estacionó a la orilla de la carretera, se viró para mirar a Rukia a la cara, con la expresión más seria que tenia.
—Te vi sufrir en ocasiones por su culpa, y créeme que eso me partía el corazón, aun lo hace en ocasiones… eres lo más importante que tengo; y justo por eso es que en ocasiones desearía que jamás lo hubieses conocido, es una sombra que te impide ser feliz…-
—No digas eso… también eres lo más importante que tengo, gracias a ti fue que salí adelante, me diste la fuerza para levantarme; sin ti tal vez yo…—
—Ni siquiera lo menciones… no quiero ni pensar en eso— Akira le besó una mano a Rukia mientras este encendía de nuevo el motor del coche retomando su camino —no tienes por qué sentirte sola… tienes a muchas personas que te aman, Renji… Byakuya; el señor Ukitake y a mi… no olvides que yo te amo… mamá…— esas palabras sin duda se instalaron en el pecho de la pelinegra.
—Lo sé, y es por ello que no puedo odiarlo… si no le hubiese conocido jamás te hubiese tenido a ti; creo que es suficiente razón para no olvidarlo del todo. Cuando te veo a ti, lo veo a él— el muchacho frunció el ceño, ciertamente no le gustaba que lo comparecen con él — incluso justo ahora me recuerdas mucho a él, siempre tenía esa expresión cuando algo no le agradaba—
Akira Kuchiki era un joven de 17 años de edad, estudiante de medicina… aun vivía con su madre pues no le agradaba la idea de dejarla sola.
Rukia miró a su hijo; cabello oscuro igual al suyo… lo llevaba desordenado y parecia que nunca lo peinaba, cosa que no era cierta porque sí que lo hacía, pero éste simplemente se negaba a permanecer así, había heredado los ojos profundos de su padre y el color de piel, además de que su rostro era casi idéntico al de él, era por así decirlo una copia de él… inclusive en el ceño tan característico que traía la mayoría de las veces. Lo único que había heredado de ella era el color de cabello y su carácter.
Unos meses después de la muerte de Ichigo, Rukia descubrió que estaba embarazada, los síntomas que presentaba no eran simplemente por el cansancio y la depresión en la que se sumió tras su pérdida, aquella noticia la llenó de felicidad pero también de miedo… ¿Cómo reaccionaría su hermano ante semejante revelación?, la respuesta fue tal como se la imaginó; Byakuya se opuso al nacimiento de aquel ser, alegando que era una aberración el traerlo al mundo "no puedes dar a luz al hijo de un asesino… es aberrante la sola idea, simplemente no lo harás. Mañana mismo te programaremos una cirugía para extraerlo", esas palabras le hicieron llenarse de indignación, ¿quién era él para decidir la vida de su hijo?... de inmediato rechazó la oferta de su hermano, se marchó del departamento y encontró un nuevo trabajo. El tiempo pasó y a Rukia ciertamente ya le costaba realizar su trabajo, pues el embarazo estaba algo avanzado, afortunadamente fue Byakuya quien la contacto… durante el tiempo que se había marchado comprendió que aquello que él había propuesto era todavía más aberrante. Le ofreció ayuda a Rukia y aceptó a la criatura una vez que éste nació.
Conforme pasaba el tiempo las cosas tomaron su lugar, Akira se llevaba mejor con Byakuya que incluso llegó a considerarlo como un padre, tras saber de su origen lo aceptó, aun así no perdonaba del todo a su verdadero padre, sabía que las circunstancias lo habían llevado por aquel camino, pero lo que había hecho sufrir a su madre, eso no se lo perdonaría.
—Llegamos…— la voz de Akira sacó a Rukia de sus pensamientos, la ayudó a bajar del auto mientras sacaba sus maletas del mismo, vio a su madre observar el cielo nocturno — ¿Qué tanto miras, no piensas entrar?—
La pelinegra le dedicó una tierna sonrisa —adelántate, iré en un minuto— el muchacho le hizo caso y entró al departamento… Rukia miró la calle, no había nadie más en ella, la noche era oscura y algo fría, le recordó a aquella noche cuando lo conoció, no pudo evitar suspirar ante el recuerdo — solo espera un poco más…—
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FIN.
fue algo corto lo se, en fin, nos vemos a la proxima =) espero poder leer sus reviews para saber que les parecio la historia ;)
