Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
¡Hola chicas y chicos! Aquí el segundo capítulo. Espero que les guste y que resuelva sus dudas.
A leer.
Capítulo 2: Regresiones.
¿Por qué no simplemente puedo dejar que te vayas?
Cada vez me duele más recordarte.
Oh, pero no miento al decir que siento la muerte
Cuando trato de olvidarte.
Isabella abrió los ojos.
-Listo- dijo el doctor -Está hecho- y entonces de entre sus papeles sacó una foto de él, foto que Isabella le había dado -¿Quién es él?- preguntó
Ella negó con la cabeza -No lo sé...
Andrew se quitó los lentes -Perfecto. Puedes irte
Isabella se levantó de la silla y tomó su bolso. Salió de la oficina y fue a la recepción a pagar.
-No me diga cuánto es, sólo cobre- ordenó a la recepcionista.
Con la tarjeta de crédito de nuevo en sus manos se dio la vuelta y salió del edificio.
Subió a su auto. Un Chevrolet Aveo Sedán 2011 color vino.
Cuando se practica un lavado cerebral, el paciente al término de la sesión no recuerda nada, sin embargo aún sabe para qué fue a la terapia.
Mientras esperaba el siga debajo de un semáforo en rojo comenzó a pensar. Sentía algo en su corazón. Algo que no le dejaba descansar. Una zozobra... la falta de algo... el anhelo de algo que alguna vez se tuvo y se perdió.
Cansada llegó a su departamento ubicado en un buen edificio de Brooklyn. Era viernes por la noche sin embargo no saldría. Al día siguiente tenía que trabajar.
En los últimos casi diez años Isabella no había parado de trabajar. Los fines de semana y días festivos nunca faltaba y adelantaba el trabajo de tres días en uno. Aunque había veces que llegaba a su oficina y no había ya nada que hacer siempre encontraba algo. En todo el tiempo que había llevado en esa empresa jamás se había tomado unas vacaciones, excepto por aquella vez en la que Rosalie y Alice, su amigas, se la habían llevado a rastras a California a tomar el sol.
Abrió el refrigerador y se sirvió un poco de jugo de mandarina en un vaso, alcanzó el botecito naranja de pastillas que había en la despensa.
-Prozac- bufó leyendo la etiqueta
Una vez acabó con su ritual de medicación se dirigió al baño y se metió en la tina, disfrutando del agua caliente y del aroma del aceite de lavandas que entre otras cosas, le ayudaba excepcionalmente a dormir.
Su subconsciente empezó a tararear una canción antes de que ella se diera cuenta de que lo estaba haciendo.
-Na na na, na na na- con los ojos cerrados y sin ninguna imagen en su cabeza
Esa melodía le pareció extrañamente familiar. Es decir, todo el mundo sabía esa canción de cuna pero ella sentía una conexión especial que no supo descifrar.
Agotada por todas las emociones del día y con el cerebro en blanco Bella se fue a dormir.
OoO
En algún lugar de los edificios de Brooklyn...
-Sabes que puedes contarme lo que sea- le dijo Mike palmeándole la espalda -No te veo bien desde esta mañana.
Edward giró la cabeza -Ni siquiera yo sé lo que me pasa. Es todo demasiado raro- dijo -Yo jamás había visto a esa chica en mi vida y de pronto…- suspiró -Ella se me aparece en una cafetería viéndome con ojos asustados y yo simplemente no puedo dejar de pensar en ella.
Mike tenía una sonrisa bailándole en los labios.
-Así que amor a primera vista ¿eh?- le codeó.
Edward negó -No- susurró -Eso no pasa. Además yo ya pasé la etapa de enamoramiento. La mujer a la que yo le entregaría mi vida... ya no llegó- había un tono dolido en su voz.
-¿Y entonces qué hay de Samantha?- preguntó el chico confundido
-Ella ni siquiera es mi novia. Ella y yo a veces en la semana tenemos citas y sexo pero nada más. No es nada mío.
-¿Por eso la llevaste el año pasado a casa de tus padres en Navidad?- inquirió alzando una ceja.
-Mi madre me obligo. Dijo que empezaría a sospechar de mí si no le presentaba a una chica así que fue lo que hice. Como sea- agitó la cabeza dejando a un lado el tema -No sé lo que me pasa pero... estaré bien.
Mike encogió los hombros -Como digas.
-Es que es como...- hizo las manos en puños -Como si la conociera de toda la vida... no lo sé.
-¿No será que la conociste en una vida pasada?- dijo Mike susurrando para hacerse el interesante.
-¿Pero qué dices?
-Si- casi gritó -Dicen que hay personas que conociste en tu vida pasada y que fueron muy importantes para ti y que al morir y reencarnar vuelves a conocerlas y te sientes identificadas con ellas.
Mike esperó la risa y la actitud escéptica de Edward pero en vez de eso, él estaba meditando las palabras que él acababa de decir.
-Hey- le llamó el chico luego de un rato -Era una simple teoría, no para que te lo tomaras tan enserio.
-¿Y si eso es lo que me está pasando?- preguntó -Tú sabes lo que me pasó Mike, ¿qué tal si ella era algo mío?
El apretó la boca -¿Cómo saberlo viejo? Olvídalo ya... además ¿no crees que si ella te conociera te hubiera dicho algo al haberte visto?
-Supongo que sí- contestó derrotado.
-¿Lo ves? Todo es un malentendido. Vive el momento y nada más.
Edward sonrió y dio un ligero golpe en el hombro del chico
-¿Qué haría sin ti, amigo?- dijo en tono amigable.
OoO
Con ganas de sobra por ir a trabajar y distraerse se puso en pie.
En 20 minutos ya estaba lista. Falda de tubo color gris, blusa rosa con mangas asimétricas, zapatos de tacón alto, cabello suelto y ondulado, maquillaje y labios rosa fuerte y listo. El desayuno no estaba incluido. Desde hacía varios años ya, su única comida de la mañana era un café y a veces, cuando el hambre era mucha, una dona con chispas de su cafetería favorita.
Salió del edificio con el saco encima de los hombros. Se subió a su Sedán y arrancó poniéndose en el poco tráfico de un sábado por la mañana.
Cuatro cuadras después Isabella entró a la cafetería, había poca gente por lo que tuvo al instante su café americano en la mano.
Llegó a su oficina y de inmediato su asistente la abordó.
-Hoy tienes un almuerzo con el jefe y los inversionistas a las 2:00- dijo.
-Vale- contestó dando un sorbo a su café y poniendo su saco en el respaldo de su silla.
-¿Estás bien?- preguntó su asistente.
-Jane, estoy bien, ni que lo preguntes
La chica asintió -¿Hay algo en lo que necesites mi ayuda?
-Ehm... si- contestó y entonces le entregó un plano de construcción -Llévale esto a Maggie y dile que es el boceto de construcción para el centro comercial en Manhattan
La chica tomó el plano y se giró para irse.
Como cualquier otro día, Isabella empezó a trabajar.
Se sentó en su silla frente a un papel grande de trazado. De los cajones del escritorio sacó las escuadras, el compás, lápices y plumas.
Tiró más de cinco veces el papel a la basura para renovarlo por otro.
El diseño simplemente no le quedaba. Fallaba en la inclinación del techo, las medidas no eran proporcionales o no cuadraban... entre otras cosas con las que jamás había tenido problema.
Cuando al fin la estructura estaba saliendo bien dibujada Jane entró, interrumpiéndola.
-Isabella es tarde, es la 1:45 y tienes que estar en el restaurante a las 2:00.
Bella miró el reloj en su muñeca -¡Mierda!- siseó levantándose y tomando el saco y el bolso -Me voy.
-Maneja con cuidado- le dijo a la chica cuando la vio desaparecer por las puertas del ascensor.
Jane torció la boca. Estaba preocupada por su jefa, últimamente no se veía bien... Bueno, no es como si alguna vez Isabella hubiera estado realmente bien. Jane no entendía lo que le pasaba a Isabella. Isabella más que su jefa era su amiga.
La única que la había ayudado cuando a los quince años, Jane se vio a sí misma con problemas grandes a sus espaldas. Descubrió que estaba embarazada, sus padres la echaron de casa y como era de esperarse, el padre del niño salió corriendo cuando se enteró. Isabella la había acogido en su casa y estuvo con ella cuando fue el parto, le consiguió una beca para que ella pudiera estudiar y luego un trabajo como sus asistente personal, ganando lo suficiente como para poder mudarse a otro departamento junto con su hijo de ahora cinco años, Jason.
OoO
Isabella se subió a su auto y arrancó a toda velocidad sin esperar a que el motor se calentara del todo.
Apenas saliendo del estacionamiento tuvo que frenar en seco para no pasarse el alto. Entonces al frenar sintió un golpe en la parte trasera de su auto. Miró por el espejo retrovisor y exactamente, un auto gris estaba detrás de ella.
-¡Joder!- gritó furiosa mientras bajaba del auto.
-¡Oye tú! ¿Qué demonios te pasa?- exclamó tocando con los nudillos en la ventanilla del auto
El conductor se bajó y le hizo frente. Bella no podía creerlo, casi estuvo por caerse se espaldas.
Ahí... de frente a ella, a menos de medio metro estaba él...
Isabella se quedó sin respiración, levantó la vista y miró a su rostro.
-Eres tú- susurró bajo -No... Puede ser- dijo ella.
Edward se quedó de piedra mirando a aquella chica totalmente extraña para él.
Isabella elevó una mano y estuvo a punto de tocar su rostro... pero desistió. Bajó la vista para no llorar, luego se dio la vuelta y regresó corriendo al auto, yéndose.
-¡Espera!- le gritó él pero ya era tarde...
De la guantera Isabella sacó los Kleenex y tomó uno, se limpió las lágrimas. Quería llorar hasta gritar.
No siguió el camino hacia el restaurante. No. No podía ir en ese estado. En vez de eso giró a la derecha y comenzó el ya conocido recorrido hasta la clínica de psicología y psiquiatría de su doctor.
Llegó alterada, con el rímel corrido por las mejillas y llorando.
-¡Quiero ver al doctor ahora mismo!- gritó una vez más a la pobre chica asustada de recepción.
El doctor salió de su consultorio y miró a Isabella.
-¡Santo Dios! ¡Niña!- exclamó -¿Qué pasa?
Bella sólo sollozaba. El doctor Campbell pasó un brazo por los hombros de la chica y la metió en su consultorio.
-Gracias- gesticuló a la recepcionista, Liz.
La sentó en el sofá y acarició su cabeza.
-¿Qué pasa?
-El maldito lavado cerebral no sirve- gruñó.
-El tratamiento sirve, Isabella, pero tú no dejas que funcione.
-Eso no es verdad- contraatacó.
-Le has visto otra vez- no era una pregunta.
-Es imposible- dijo Isabella -No podía ser... yo creo que estoy loca.
-No lo estás, sólo estás confundida- dijo Andrew.
-¿Entonces cómo explicas que le haya visto de nuevo, si acabo de hacerme el lavado?
El doctor se levantó de sus asiento y empezó a caminar en círculos -Hay una única explicación- dijo y suspiró -Él no murió Isabella, el vive y le has visto.
Ella soltó una carcajada histérica – ¡Dios! ¡No digas tonterías!- entonces empezó a llorar de nuevo, bajó la cabeza -Él está muerto.
Andrew pasó la mano por su rostro, en un gesto de desesperación -Tú crees que ves muertos, entonces yo no soy con quien debes venir, debes ir con un exorcista o un brujo.
-Yo sé que él está muerto- murmuró Isabella -Yo vi su tumba.
-¿Y te aseguraste de que...- cerró la boca -...Tú viste su cuerpo dentro del ataúd?
-No- contestó seca -Pero aún así... no puede ser. Eso no quiere decir que no haya muerto.
-Tú lo que tienes que hacer Isabella, es perdonar y dejar de odiarlo a él.
Ella se sorbió los mocos, en un gesto poco femenino, negó confundida -Pero yo no le odio- explicó.
El doctor sonrió débilmente -Lo haces- determinó -Le odias por haberse ido de tu vida cuando tú más le amabas, le odias porque su muerte te hizo llorar como nunca, le odias por haberte transformado en la sombría y triste chica que eres ahora- le señaló -Le odias porque tú crees que él no tenía derecho de irse y dejarte sola- susurró.
Los ojos de Bella expulsaban lágrimas silenciosas constantemente.
-Me dejó sola...- susurró -No podía... no tenía por qué- aceptó.
El psiquiatra cerró los ojos y asintió con entusiasmo -¿Qué tal si él no está muerto? ¿Qué harías?
Su corazón dejó de latir unos segundos -Yo... no lo sé. Eso no puede ser.
-A veces hasta lo más increíble pasa– Dijo él –Pero, si tú no crees en mi teoría y piensas que le estás alucinando y te estás volviendo loca...
– ¿Me hará otro lavado?
-¡Dios no!- gritó -Isabella, digas lo que digas, este es el momento para hacer una regresión, no te sigas negando. Si accedes a hacerte una regresión podrás perdonarlo y dejarlo ir... tienes que dejar que el chico descanse en paz.
Ella abrió la boca, sorprendida. ¿Olvidarse de Edward? ¿Dejarlo ir por siempre? -Supongo que es lo que debo hacer- dijo en un suspiro.
-Comencemos entonces- Andrew acomodó sus lentes y tomó su libreta de notas.
Sabiendo el procedimiento, Isabella se recostó en la Chaise Longue, respiró profundo y cerró los ojos.
-Concéntrate niña. Quiero que a partir de este instante tu mente me obedezca- murmuró entonces -Respira y exhala tres veces y sitúate en donde estabas hace diez años, cuando vivías con él; sitúate en el momento más feliz de ese tiempo...
Edward la besaba de una manera deliciosa sobre el sofá.
-Ahora no cariño- suplicó Isabella apartándolo de ella.
-¿Por qué no?- inquirió desesperado
-Mis amigos y los tuyos llegarán en cualquier momento.
Él suspiró y se pasó una mano por el pelo cobrizo -Esta me la cobro- advirtió.
Ella le sonrió tiernamente -Estoy ansiándolo ahora.
Se levantó y fue hasta la cocina, se hizo de puntillas y abrió las puertas de la alacena buscando la pasta que cocinaría.
Abrió el refrigerador y sacó la salsa y los condimentos. Cuando se volteó para poner todo en la encimera dio un brinco del susto. Edward estaba a sus espaldas viéndola con admiración.
Isabella sonrió y vio hacia los lados -¿Qué?- preguntó alzando las cejas.
Edward abrió las manos, con las palmas al techo -Cásate conmigo- pidió.
Bella se llevó una mano al pecho, creyó que moriría en cualquier momento.
-¿Qué?- preguntó incrédula
-Cásate conmigo- pidió de nuevo y esta vez avanzando hacia ella, se hincó en una de sus rodillas y sacó una cajita negra de terciopelo del bolsillo interno de su chaqueta -Te amo como a nadie en el mundo. Dame el honor de ser mía y reclamarte a cada segundo, para darte mi alma siempre. Cásate conmigo, por favor.
Ella se tapó la boca para no llorar, contemplando el hermoso y delicado anillo que tenía ante sus ojos. Sin hablar, asintió frenéticamente con la cabeza y extendió su mano izquierda, diciéndole muda, su respuesta.
Él sonrió como niño. Sacó el anillo y con todo el cuidado y la dulzura del mundo lo deslizó poco a poco por el dedo anular de su novia.
Se levantó del suelo, la miró desde su altura y se inclinó para besarla furiosamente y alzarla en brazos.
-Te amo- le dijo Isabella cerrando sus ojos ante la felicidad que experimentaba en aquel momento...
OoO
Espero que les haya gustado.
Un beso.
Amy W.
