Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

¡Hola! Decidí subir dos capítulos de una vez,

Espero que les guste, dejen sus comentarios, alerts y favoritos.

A leer.

Capítulo 3: El día no puede ir peor.

La locura se ha convertido en la única forma

Que tengo para verte,

Aunque sé que me daño al hacerlo.

Haría lo que fuera por dejar de soñarte.

Edward estaba confundido como el infierno. Manejaba a una alta velocidad hacia la casa de sus padres, en busca de respuestas.

Se había topado con ella por segunda vez y ya no tenía duda. Esa chica le conocía.

Su cabeza empezó a doler. Hacia año y medio se había recuperado de su coma, pero nunca se su amnesia.

Estacionó el auto frente a la enorme y acogedora casa. Subió los dos escalones del porche y tocó el timbre hasta casi fundirlo.

Su mamá, una mujer de cabello color caramelo y ojos verdes de nombre Esme le abrió la puerta con una enorme sonrisa en el rostro.

-¡Cariño! ¡Qué sorpresa!- exclamó abriendo los brazos.

Pero él no respondió a su abrazo y se hizo paso dentro de la casa, pasándole a un lado.

-¿Qué tienes? ¿Qué pasa?- preguntó su madre mientras cerraba la puerta.

-Necesito respuestas, mamá- pidió -Y las necesito ahora.

Esme avanzó hasta él y con una mano le señaló que se sentara mientras ella también lo hacía.

-¿Qué quieres?- inquirió

-¿Yo conocía a una chica...?- Demonios... ni siquiera sé cómo se llama pensó -Es una chica de ojos color chocolate y cabello castaño, de piel muy clara, guapa, ¿Yo le conocía?

Su madre sonrió -No lo sé, quizás sí, quizás no. Vamos que no sé con cuantas chicas saliste antes. ¿Por qué? ¿Hay algo con ella?

-Mamá, ayúdame, tienes que conocerla, yo estoy casi seguro de que ella tenía algo que ver conmigo. Dime por favor.

Esme encogió los hombros -No tengo idea de quién hablas.

Edward apretó los dientes. Se paró del sillón y caminó hasta la puerta, abriéndola.

-De todos modos, gracias mamá- y se fue.

OoO

-No puedo hacer esto- dijo Isabella, negándose -Es muy doloroso para mí.

-Nunca vas a superar su muerte ¿verdad?- inquirió Andrew

-¿Es tú problema si lo hago o no?

-Desde luego que no

-Escucha- tomó su bolso -Gracias por atenderme, pero no estoy lista para una regresión del todo. Le pagaré la terapia a tu chica de recepción- corrió hasta la puerta y la azotó al salir.

Estaba desesperada y se sentía mal. No podía ser que aún no hubiera podido aceptar la muerte de él.

Luego de pagarle a la recepcionista y salir de la clínica se subió a su auto. El celular empezó a sonar.

-Diga- respondió

-¿En dónde estás? ¡No fuiste al almuerzo con los inversionistas!- era su asistente

Isabella cerró los ojos -Tuve un altercado muy grande y me fue imposible ir.

-¿Estás bien?

-Sí, lo estoy.

-Eso es bueno. El jefe te quiere ver ahora mismo, está enojadísimo.

-Hoy estoy preparada para todo Jane- dijo y colgó.

OoO

Jane le jaló del brazo cuando llegó a la empresa.

-¡Anda!- exclamó -Aro está sumamente furioso, te quiere ver ahora.

Isabella encogió los hombros.

-Tranquila- le dijo ella -El día no puede ir peor.

Se fue caminando hacia el ascensor para ir al piso de planta baja. Si, era raro que la oficina del dueño y jefe de la empresa estuviera en los pisos de abajo, se suponía que debía estar en el último piso, en lo más alto del edificio. Sin embargo, no era así. Aro tenía fobia a las alturas. Era un hombre extraño y con gustos raros.

Tenía una obsesión con la limpieza, se lavaba las manos con jabón y gel anti-bacterial cada media hora. Le molestaba que hubiera polvo, y por si fuera poco, el hombre no salía de su casa sin antes haberse asegurado tres veces, de haber cerrado la puerta de su casa. Asegurarse tres veces de haber encendido el carro y antes de hablar, siempre tenía antes que tocarse la nariz. Tenía trastornos obsesivo-compulsivos. En fin... Aro era un espectáculo de ver.

-Niña, ven acá- le llamó cuando la vio llegar a su oficina.

Isabella tomó asiento y se cruzó de brazos.

-¿Puedes explicarme por qué no has ido al almuerzo?- Aro estaba muy enojado.

-Tuve...- se mordió el labio -Un problema- explicó

Ar pasó la lengua por sus dientes y se tocó la nariz-Tuviste otra vez tus...- señaló su cabeza -problemas psiquiátricos– no era una pregunta.

Isabella asintió lentamente.

-Mira... no es la primera vez que faltas a una reunión de trabajo por tus "problemas". Ese almuerzo era muy importante Bella, los inversionistas han sido comprensivos y gracias a Dios no quitarán su dinero de la empresa. Sin embargo... no puedes seguir así... tus asuntos, que entre otras cosas deberían de ser personales, están afectando tu rendimiento y el de la empresa también.

-¿Vas a despedirme?- inquirió con voz temblorosa. Le aterraba quedarse sin trabajo. ¿Qué haría ahora?

-No puedo prescindir de ti, cariño- sonrió -Pero... pienso que unas vacaciones te sentarían muy bien ahora mismo.

Isabella negó -No he tomado vacaciones en mucho tiempo y no quiero hacerlo ahora.

-Lo harás- ordenó -Desde ahora tienes dos semanas de vacaciones forzadas- susurró Aro para luego bajar la vista y volverse a sus asuntos.

Isabella quería protestar, pero sabía que sería una pérdida de tiempo, además de un seguro despido.

Aro era de carácter amable la mayoría de las veces, era cariñoso, pero cuando él decía algo tenía que hacerse... Después de todo… no era por nada que se había vuelto el presidente de una de las mejores empresas constructoras del país.

Isabella apachurró el botón del ascensor.

Al llegar a su oficina puso una caja en su escritorio y comenzó a guardar dentro todas sus cosas.

Jane entró corriendo.

-¿Te despidió?- preguntó asustada.

-No Jane- contestó -Me dio vacaciones.

-Te dije que era muy importante que asistieras a ese almuerzo.

-Ya lo sé... ya lo sé...- susurró -Pero da igual... creo que un descanso no me vendrá mal.

OoO

Se sentía extraño. No sabía si lo que hacía era correcto. Estaba en el auto, decidido a esperar a que ella saliera y de una vez por todas plantarle cara y preguntarle qué era lo que pasaba.

Edward se pasó la mano por el rostro. Le seguía doliendo la cabeza y sentía que en cualquier momento se iría de espaldas, pero quería hacerlo, necesitaba hablar con ella.

Estaba ahí... estacionado frente a la empresa donde ella trabajaba.

De pronto la vio salir por las puertas de cristal con una caja en las manos. De inmediato se preocupó por ella.

¿La habrán despedido? Agitó la cabeza. ¿A él qué demonios le importaba? Lo único que quería eran respuestas.

Salió del auto y azotó la puerta. Atravesó la calle y se plantó a sus espaldas.

Ella no se había percatado de que él estaba ahí, ya que estaba guardando las cosas en la cajuela. Al cerrarla sintió una electricidad extraña recorrer su espalda. Se giró y entonces le vio... a medio metro de distancia.

El mundo se detuvo para Isabella. Era como... la visión de algo que se sabía muerto.

Edward no se movió de su lugar, estaba esperando cualquier reacción de ella por más extraña que fuera.

-¿Edward?- inquirió ella con temor -¿Eres tú?

Él no contestó. No sabía que decir. No tenía idea de lo que estaba pasando en ese momento. Esa chica era tan extraña... se portaba tan extraña con él...

Entonces fue que Isabella rió sin gracia -Estoy soñando ¿verdad?- dijo -Tú en realidad no estás aquí... sigo en el consultorio del doctor Andrew y en cualquier momento despertaré y tú...- empezó a llorar y su voz se quebró -Te irás una vez más.

-Escucha- dijo él poniendo sus manos frente a ella -No sé de lo que estás hablando... no comprendo nada. ¿Me podrías decir qué pasa?

Bella se quedó con la boca abierta. ¡Dios mío! No estoy soñando... él en realidad está aquí...

-¿En verdad estás aquí?

-Si- contestó Edward -Aquí estoy- se sentía raro hablando así con ella

-Pero tú... estás muerto- dijo Isabella -No puede ser...

Un dolor punzante se instaló en la cabeza de Edward. ¿Acaso había escuchado bien? ¿Muerto?

-Yo... ¿muerto?- repitió. Entonces sintió miedo.

Bella rascó su cabeza, a punto de volver a llorar.

-Yo tampoco tengo idea de lo que está pasando aquí- explicó -Porque... tú estás muerto y no existes- las lágrimas brotaron -¡Dios!- gritó -Estoy loca ¿lo sabías?

Edward se acercó un paso a ella y entonces la rodeó con sus brazos, incapaz de hacer otra cosa. Esa chica se veía tan triste y rota... tan sola y confundida.

-Shh- susurró -Todo está bien

Isabella estaba rígida como una piedra. ¿A caso se había vuelto tan loca que hasta sentía su contacto y su calor?

Cerró los ojos y entonces ella también le rodeó con sus brazos, enterró su nariz en la chaqueta de él y aspiró el aroma. Justo el que ella recordaba.

-Dame una prueba de que esto es real- pidió -La necesito.

Edward se separó de ella. No sabía bien lo que haría, pero esa chica le hacía sentir casi feliz. Una extraña conexión que aún no entendía.

Guiado por sus instintos poco a poco bajó el rostro hasta quedar a la altura de ella y lentamente unió sus labios en un beso.

Isabella estaba a punto del desmayo... se quedó quieta sin saber lo que hacía. Edward movió sus labios contra los de ella y se dejó llevar por lo que sentía. Era un beso suave pero certero. Una vez más estuvo seguro de que esa chica en el pasado había sido algo suyo... no había duda.

Se separó de ella y la miró a los ojos.

-¿Eso lo prueba?- preguntó.

Isabella asintió débilmente aún sintiendo el aliento cálido de él en su boca. Supo que no se estaba imaginando nada, supo que él estaba ahí y estaba vivo. Lo supo al probar de nuevo el aliento fresco de Edward.

-Estás aquí- susurró -En verdad lo estás- tragó saliva. Elevó una mano hasta el rostro de él y la posó en su mejilla.

-¿Me puedes decir cómo te llamas, por favor?- pidió él.

Aquello había sido como un golpe seco y mortal al pecho de Isabella. ¿Mi nombre?

-Yo no... Entiendo- murmuró -¿Acaso no...me recuerdas?

-No- contestó -Lo siento.

Las náuseas invadieron su estómago. ¿El no tenía idea de quién era y aún así la había besado? ¿Cómo?

-Necesito que me des algunas respuestas- dijo Edward -No tengo ni idea de me pasado y tú... tú puedes decirme todo sobre mi vida.

Isabella bajó la vista y llevó una de sus manos a la frente. ¿Él tenía pérdida de memoria? ¿Eso significaba que no la recordaba en absoluto? ¿Que no se acordaba de el amor que él alguna vez sintió por ella? ¿Que no se acordaba de que alguna vez los dos estuvieron a punto de hacer una vida juntos?

Bella agitó la cabeza confundida.

-Yo... los siento... no puedo hacer esto- se dio la media vuelta y antes de que Edward le alcanzara se subió al auto y arrancó.

Él se quedó ahí en medio de la calle sin haber conseguido ninguna respuesta y estar más confundido que nunca.

Demonios... ni siquiera le pregunté su nombre...

Tuvo dudas. Todo parecía indicar que ella había sido su pareja en el pasado. ¿Por eso ella se comportaba así con él?

Corrió hasta su auto y lo encendió. La seguiría. No podía dejarla ir así... ella tenía las respuestas que su madre jamás le querría contestar.

OoO

Isabella lloraba desesperadamente en el auto mientras conducía. Sus ojos no veían bien a causa de las lágrimas. Gemía ante el dolor que sentía su corazón.

Llegó a su edificio y subió corriendo las escaleras de la entrada. Subió por el elevador y corrió hasta su departamento. Pescó las llaves de su bolso y con manos temblorosas abrió la puerta.

Se tiró en el sillón y enterró el rostro contra una almohada y gritó en ella con todas sus fuerzas hasta casi quedarse ronca. Creía morir. Creía que el mundo se acabaría en un segundo para ella.

Caminó hasta el baño y abrió el compartimento que había atrás del espejo. Tomó dos aspirinas y las tragó en seco. Tenía un dolor de cabeza insoportable.

Fue hasta su cuarto y se dejó caer en la cama. Abrazó una almohada y cerró los ojos mientras respiraba profundamente para dejar que el llanto se fuera. Trataba de no pensar en nada pero le era imposible. El rostro hermoso de Edward llegaba una y otra vez a su cabeza.

Todo era tan confuso... Si él estaba vivo... ¿por qué le habían dicho a ella nueve años atrás que él había muerto? ¿Por qué el no la recordaba? Y lo más importante ¿Por qué él aparecía de nuevo en su vida? ¿Por qué aparecía justo en el momento en que ella ya había aceptado la idea de que él estaba muerto? ¿Por qué ahora que ella ya se había hecho al pensamiento de que él jamás volvería?

Y empezó a llorar de nuevo... como hacía mucho tiempo no lo hacía... sin reprimirse de nada. Gritaba hasta quedarse ronca... lloraba hasta que sus ojos se secaban, sacando de una vez por todas todos los sentimientos que la embargaban en ese momento y dejando a un lado la estúpida fuerza emocional que se había construido hacía ya nueve años. ¡A la porra todo! ¿Qué importaba ya?

Entre hipos y contracciones de pecho Isabella quedó profundamente dormida, a las casi dos de la mañana.

OoO

Edward por fin, luego de mucho tiempo de estar parado frente al elevador se decidió a entrar en él. Había visto el apartamento en el que se alojaba aquella chica, estaba decidido a acabar de una vez por todas con la incertidumbre. Pero al llegar, jamás se hubiera esperado lo que encontró.

La puerta estaba abierta... por lo que sin tocar entró. Todo parecía normal, hasta que dio vuelta y entró en la habitación de ella... estaba tirada en la cama... con una caja de Kleenex a lado de ella, con los ojos hinchados, aún hipando y recostada en la cama hecha un ovillo.

Edward se preocupó por ella. No se le veía bien. Fue hasta donde ella estaba y se sentó a su lado, obligado por una fuerza extraña, empezó a pasar su mano a lo largo de la espalda de la chica en un intento de reconfortarla aunque claramente la chica estaba dormida.

Ella empezó a despertar... poco a poco abrió los ojos y le vio. No se asustó, no se levantó abruptamente de la cama. Ella pensaba que todo era un sueño.

Bella le jaló por el brazo y lo acostó a su lado. Edward se quedó quieto. Ella pasó su mano por encima de él y le abrazo lo más fuerte que pudo apoyando su cabeza en su pecho.

-Te amo- susurró ella aún medio dormida.

Edward se sobresaltó. ¿Había escuchado bien?

-Ya no te vayas- murmuró Bella -Te extraño.

Un sentimiento de nostalgia que invadía la habitación orilló a Edward a corresponderle a aquella extraña en el abrazo.

No sabía si lo que hacía era correcto... incluso le resultaba raro pero le parecía necesario.

Al parecer Isabella se había vuelto a dormir. Su rostro era relajado y su respiración había dejado de ser irregular.

¿Qué estoy haciendo aquí? No la conozco y sin embargo la estoy abrazando... debo estar loco... pensó Edward.

Luego de un rato él pensó que no sería correcto pasar toda la noche ahí... Así que con cuidado se deshizo del abrazo de ella y se levantó poco a poco de la cama.

Cuando estuvo completamente en pie se le hizo raro ver que en la mesita de noche que había al costado derecho de la habitación había dos marcos de retratos con la foto hacia las mesas... tiradas.

Se dirigió a uno de ellos y enderezó la foto... por poco se cae de espaldas.

La foto era de ella y él... ambos estaban sentados sobre el césped de un parque sonriendo y él tenía el brazo extendido para tomar la fotografía. Luego, en la otra... los dos estaban en... no... No podía ser... En esa segunda foto estaban ella y él con una copa de champaña en las manos y abrazados, alguien más había tomado al foto... lo impresionante era que detrás de ellos estaba Esme... poniendo la mesa en lo que parecía ser una cena de Navidad y... abrazándolos a ambos estaba Victoria, su pequeña hermana.

Edward parpadeó varias veces para probar si aquello no era una alucinación... con movimientos rápidos quitó las partes de atrás de ambas fotos y las sacó del marco, ambas guardándolas en el bolsillo de sus vaqueros.

Dio un último vistazo hacia Isabella y salió de ahí.

Afuera hacía frío. Mientras bajaba las escaleras de la entrada del edificio se percató de eso. Ajustó la chamarra a su alrededor y atravesó la calle corriendo. Se subió al auto y se tomó unos momentos para tranquilizarse.

Su cabeza dolía, pero era algo que podía controlar. Sacó las fotos de sus vaqueros y las miró una vez más, esta vez les dio la vuelta. Atrás de las fotos había una letra manuscrita escrita con bolígrafo y adornada con corazones. En una de ellas, en la del parque, decía:

Edward e Isabella. Giardino degli Iris*. 8 de Mayo de 2002.

En la segunda, en la de la cena, estaba:

Edward e Isabella. Casa de los padres de Edward, cena de Navidad. 25 de Diciembre de 2002.

.-Se llama Isabella...- murmuró para sí mismo dando vuelta a las fotos viendo la imagen de ella y él.

Ella y yo éramos...novios... pensó. Se asustó al imaginar que ellos tal vez hasta pudieron estar casados, desechó la idea rápidamente. No, eso no...

Volvió a guardar las fotos. Estaba enojado como el infierno con su madre... con su padre... ¡con sus hermanos! Esas fotos demostraban que su familia sabía de la existencia de esa chica y sin embargo jamás nadie le contó nada acerca de ella.

Giró la llave del auto y arrancó.

En menos de cuarenta minutos llegó a la casa de sus padres. Subió las escaleras del porche y tocó en la puerta furiosamente.

Algunas gotas de sudor bajaban por su nuca. Sudor frío. Estaba furioso y ansioso por saber... estaba entendiendo más o menos la actitud de esa chica para con él.

Su madre, con bata de dormir y pantuflas le abrió.

-¡Cariño! ¿Estás bien? ¿Qué pasa?

Él no respondió y pasó a la gran sala. Su madre cerró la puerta.

-¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí a estas horas?- preguntó Esme, siguiéndolo hasta la sala.

Edward respiró varias veces. Tenía que contenerse. Tal vez había una buena explicación para todo lo que estaba pasando. Tal vez.

Sacó las fotos de su bolsillo y las puso frente a la cara de su madre. Quien estaba confundida y se vio obligada a entornar los ojos para ver mejor.

-¿Qué es eso?- inquirió Esme.

-¿No lo ves? Esta chica- señaló con su dedo -¿No le reconoces?

OoO

*Giardino degli Iris: Jardín ubicado en Florencia, Italia en el cual durante el mes de mayo florecen varios tipos de lirios. Las flores símbolo de Florencia.

Espero que les haya gustado.

Actualizaré pronto, lo prometo.

Un beso enorme.

Amy W.