Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Me da gusto saber que esta historia ha tenido tan buena aceptación. Estoy muy feliz.

He decidido por eso subir este cuarto capítulo.

Espero que les guste.

A leer.

Capítulo 4: Verdades que matan.

Cuando la verdad sea dicha y tú quieras verme de nuevo,

Comprenderé perfectamente que será para explicarte

Lo que ha pasado en estos años.

Pero por favor, si no quieres hacerme daño,

No me hagas revivir

Aquellos momentos en lo que

Dejé a la felicidad surgir.

-Contéstame, por favor- pidió Edward con toda la paciencia que pudo luego de que habían pasado ya varios minutos y su madre no emitía sonido alguno.

Ella suspiró -¿Qué se supone que debo contestar?- susurró -No te voy a decir que no la conozco, porque es claro que si lo hago. Esta foto lo demuestra- señaló la imagen de la cena.

-Así como también la conoce mi papá y mis hermanos- expresó con enojo

-¿Y qué querías que hiciéramos?- Esme se sentó en el sofá -No podíamos hacer otra cosa. Tú despertaste de tu coma y estabas muy delicado, el mismo doctor dijo que no podíamos darte información así como así

Edward se pasó la mano por el cabello -Eso pasó hace año y medio. ¿No crees que ya era hora de que me contaran acerca de ella?

-¿Y para qué querías que te contara? ¿Acaso viste que ella estuvo ahí cuando despertaste? ¡No! Sólo estuvo tu familia ahí Edward, no ella. A nosotros nos importó tu salud. A ella no.

Golpe bajo. Era cierto. Edward reflexionó por unos segundos. ¿Por qué esa chica no había estado ahí cuando él despertó del coma? Espabiló. Tenía que concentrarse y no desviarse de la conversación original.

-¿Quién es ella?- preguntó

Esme se encogió de hombros -Una ex-novia

-¿Y?

-¿Qué hay con ella?- preguntó Esme

Edward vaciló unos instantes -La he visto- confesó

Ella abrió los ojos como platos -¿Cómo que la has visto? ¿Ella... te buscó o algo?- tenía un tono de temor en la voz

-Ha sido una coincidencia- explicó él -Pero ese no es el punto. Ella piensa que estoy muerto ¿Por qué demonios ella cree eso?

Esme se dio la vuelta, se llevó una mano al rostro y fingió llorar, tratando tontamente de que Edward se sintiera culpable y acabar con todo eso.

-Oh mamá, tus trucos no funcionan conmigo. Habla.

En ese momento, el patriarca de la familia apareció en la sala irrumpiendo la tención existente.

-¿Cariño, que pasa?- preguntó a su esposa.

-¡Oh, Carlisle! ¡Tu hijo se ha vuelto loco!

Carlisle, un hombre alto, rubio y guapo de apariencia fuerte se doblegaba ante el llanto de su esposa. Podía soportar todo menos eso. La amaba demasiado.

-¿Qué le has hecho a tu madre?

Edward rodó los ojos -Tu no te salvas de esto papá- dijo y le mostró la foto -¿Me podrían decir de una vez por todas qué paso con ella?

Carlisle no puso ocultar la sorpresa. Miró a su esposa, ella cerró los ojos y asintió lentamente.

-Tenemos que contarle- susurró Esme para que sólo él escuchara.

El hombre se giró hacia su hijo y le señaló con la mano el sofá.

-Siéntate.

A regañadientes Edward lo hizo.

-¿Y bien?- preguntó.

-Es una ex-novia tuya, se llama Isabella.

-Eso ya lo sé- contestó Edward -Lo que quiero que me digas es ¿por qué ella piensa que estoy muerto?

-Porque eso es lo que el ejército y nosotros le dijimos.

Hubo un choque neuronal en el cerebro de Edward. Se tocó la cabeza y trató de que sus padres no se dieran cuenta del intenso dolor que estaba sintiendo en ese momento.

-¿Ejército?- repitió.

Carlisle suspiró -Hijo... tú eras militar en el ejército británico.

Aquello fue mucho para él. Sintió algo parecido a un intenso golpe en la nuca y luego nada... lo último que escuchó fue el grito de su madre.

-¡Mi vida!

OoO

Cinco de la mañana. Isabella decidió que no podía dormir más tiempo, el intenso dolor de cabeza y cuello se lo impedían. Raramente sentía la sensación de algo cálido a su alrededor. No tenía sueño, para su sorpresa se sentía descansada, por primera vez en mucho tiempo.

Se deshizo de las sábanas a su alrededor ¿quién la había cubierto? No se acordaba de haberse tapado por la noche. Su vista viajó por toda su habitación y se clavó en un punto en específico... las fotos que había en su mesita de noche no estaban.

Agitó la cabeza. Todo estaba muy raro.

Se fue al baño, recargó las manos en el lavabo y se miró en el espejo. Las ojeras estaban ahí. Pero había un brillo en sus ojos que la hacía verse diferente. Siempre había sido una chica bonita... sin embargo, luego de aquel fatal suceso... luego de aquel fatídico amor su belleza parecía irse apagando día con día.

Suspiró, había más arrugas en su rostro que antes. Era de esperarse, pero, para sus treinta y una años seguía viéndose de veinticinco. Tenía apenas veintidós años cuando pasó… todo eso.

Su aletargado cerebro pareció despertar al fin y como una barra demoledora, los recuerdos del día anterior llegaron a ella. Automáticamente sus manos comenzaron a temblar y sintió un frío recorrer sus espina dorsal. Se preguntó lo que se suponía que debía hacer. Todo apuntaba a que él estaba vivo. No quería imaginar que todo lo que había pasado ayer fuera un producto de su loca mente. Tocó sus labios y cerró los ojos. Edward la había besado... aún sentía esa sensación eléctrica sobre su boca.

Pero él no me recuerda...

Salió del baño y se dirigió al clóset. Trepó a la parte más alta de este y sacó una caja negra llena de polvo.

Se sentó en la cama y puso la caja en su regazo, quitó la tapa, dentro había infinidad de cosas que él le había dado. Cartas... tarjetas, detalles, llaveros, etc. pero había algo que dominaba y opacaba a todo lo demás. Una pequeña cajita negra con el anillo de compromiso dentro. Con nostalgia sacó el anillo de su recinto y lo deslizó por su dedo admirándolo eternos segundos.

Unos ligeros toques en la puerta la hicieron espabilar. Lo más rápido que pudo guardó todo dentro y lo regresó a su lugar.

Corrió a la puerta y la abrió. Pasó saliva, frente a ella estaba nada más y nada menos que Victoria, la pequeña hermana menor de Edward.

Ella le sonrió sinceramente, como si fueran las mejores amigas, como si no se hubieran dejado de ver por diez años.

-¿Qué haces aquí?- inquirió Isabella, osca.

-¿Puedo pasar?- preguntó ella afianzando su bolso a su hombro

Isabella no tuvo otra alternativa. Victoria pasó al departamento y ella cerró la puerta.

-Casi diez años sin verte- dijo la chica suspirando -¿Suenan como una eternidad no?

-¿Qué quieres?- preguntó Isabella -¿Vienes a lastimarme de nuevo? ¿A decirme que me aleje de tu hermano?

-Así que ya lo sabes... mamá me dijo que te habías encontrado con Edward- Victoria merodeaba la sala tocando aquí y allá.

Isabella sonrió sarcástica -¿Esme sigue viva?- inquirió con malicia.

-No estoy aquí para pelear contigo- explicó la chica.

-¿Entonces? Si, ya sé que él está vivo, que por alguna razón tú y tu maldita familia me mintieron y sobre todo sé que él no me recuerda.

-Sabes que yo nunca estuve de acuerdo con que te alejaras de nosotros cuando Ed murió.

Isabella suspiró -No me interesa hablar de eso, ¿qué haces aquí? Dime de una vez por todas, no es grato para mí que un Cullen esté en mi casa.

Victoria suspiró -¿Tanto nos odias?

-¿Tú qué crees?

La chica vaciló unos segundos -Mi mamá me prohibió que viniera a verte. Ella no sabe que estoy aquí, pero yo te quiero y por eso voy a decirte esto...

Isabella no habló ni expresó algún otro comentario de sarcasmo. Estaba ahora, atenta a todo.

-Edward está en el hospital. Está enterado de... casi todo.

-Él ya... ¿sabe que tus padres...?

Victoria asintió -Ayer mi papá le dijo.

-¿Por qué está en el hospital?- inquirió alarmada Isabella.

-Han pasado muchas cosas en estos años- respondió la chica -Es mejor que él mismo te explique todo

El latido de su corazón se paró para luego latir desbocadamente.

-¿Yo... hablar con él?

Victoria movió la cabeza frenéticamente en un sí -Para eso estoy aquí- explicó -Edward quiere verte y me pidió a mí que viniera por ti. Él sabe que mamá se interpondrá a todo esto, pero a él no le importa, quiere saber la verdad. Por favor Isabella- imploró Victoria -Si alguna vez tuviste buenos sentimientos hacia mí, si alguna vez amaste a mi hermano... hazlo por favor.

Isabella no pudo negarse ante a aquella tentadora propuesta. Verlo a él, hablar con él... Edward la recordaba. ¿No?

Espera… ¿Cómo es que él sabe dónde vivo?

Se metió a su cuarto buscando que ponerse aún con la duda latente en su cabeza de cómo Edward había averiguado su dirección. Mientras Victoria aguardaba en la sala.

Sacó vestidos, faldas, blusas, zapatos de tacón, etc. Pero su subconsciente le jugó una mala pasada.

Él quiere que vayas a verlo para platicar contigo... no para reanudar su relación...Él no recuerda que te ama y tal vez no lo haga de nuevo...

Abatida, Isabella se metió en unos vaqueros sencillos, una blusa rosa fuerte de mangas largas y unas bailarinas negras. Recogió su cabello en una coleta y se lavó la cara... nada más.

-Ya podemos irnos- anunció a Victoria cuando estuvo lista

OoO

Las dos mujeres llegaron al hospital. Los tacones de Victoria resonaban en el suelo mientras que Isabella se frotaba las manos, de pronto tenía mucho frío.

Caminaron un largo tramo y luego, en las sillas del hospital estaban sentados ellos. Los padres de Edward.

Esme se levantó de su asiento y miró a Isabella y luego a Victoria, con furia.

-¿Qué hace ella aquí?- exclamó

Carlisle se levantó y miró a Isabella con sorpresa. Él, al contrario de su esposa era más tranquilo, suspiró.

-Vicky... ¿qué hace ella aquí?

Isabella veía a ambos con rostro alzado y con cara de "Me importan una mierda"

Ella respiró -Edward me dijo que quería hablar con ella

-¡Tu hermano está muy delicado!- gritó Esme -¿Acaso quieres matarlo?

-Es necesario, mamá- contestó Victoria -¡Por Dios! ¡Deja que mi hermano sepa la verdad de su vida!- gritó. Luego se giró hacia Isabella

-Ehm... entra- señaló la puerta de la habitación 105 -Él te estará esperando

Esme y Carlisle se quedaron estupefactos ante la escena e incapaces de hablar. Isabella tomó una bocanada de aire, giró la perilla y se hizo dentro de la habitación.

OoO

Edward estaba sentado en la camilla, con el suero conectado en la mano y tapado hasta la cadera con las mantas. Él le sonrió suavemente al verla entrar.

Para Isabella era como si el día hubiera salido... como luego de un largo y amargo eclipse por fin el Sol se dignaba a salir para ella.

Recuerda por qué estás aquí Bella... no te desvíes...

Ella recompuso el gesto, se sentó en la silla que había ahí y le hizo frente.

-Tu hermana me dijo que querías hablar conmigo

-¿Está vez no vas a actuar extraña o te irás corriendo?- medio bromeó él

Isabella se sonrojó -No esta vez, y lo siento por eso

-Quiero que me digas todo, absolutamente todo

Ella cerró sus ojos -¿Por dónde empezar? ¿No recuerdas nada?

Edward negó.

Ella respiró profundo -Tú y yo éramos... ya sabes... novios- prometidos en realidad quiso decir -Nos enamoramos y ya

Isabella no quería meterse demasiado en el tema.

-No me estás diciendo nada que no sepa ya- contestó Edward -Necesito todo, en verdad

Ella negó -No quiero tocar esos temas ¿sabes? Aún son muy dolorosos- aceptó apenada

-¿En realidad pensabas que estaba muerto?

-Eso es lo que todo el mundo me hizo creer

Isabella vio la cara de Edward, él no estaría satisfecho hasta que le contara TODO. Se pasó una mano por la cara.

-Te contaré- se rindió -Pero... es una historia larga y... él que estés aquí conmigo, luego de tanto tiempo pensándote muerto, no me facilita en nada las cosas

-Tómate tu tiempo, tranquila- susurró él mientras alcanzaba la mano de ella y la acariciaba. Isabella retiró la mano de ese toque rápidamente. No, no podía salirse de control.

-Lo siento- se disculpó él

-No... No es nada- titubeó ella -¿Estás seguro de que... si te cuento todo esto... no te pasará nada, es decir tu salud?

Edward negó -Eso no será problema, comienza por favor

Isabella cruzó las piernas y empezó a hablar -Yo estaba estudiando para fotógrafa, me encontraba en un viaje por Florencia buscando paisajes ideales, entonces, un día, en el Ponte Vecchio...- ella rió -Arruinaste mi foto, te atravesaste justo en el momento en que disparé el flash... corrí a reclamarte pero tú estabas como... distraído o fuera de este mundo. Seguí con mi tarea de tomar fotos y entonces la gente empezó a gritar; trataste de suicidarte lanzándote al agua pero yo llegué y te convencí de que no lo hicieras, te invité un café, me hablaste de tú y luego te pregunté el por qué te habías querido lanzar al agua, me respondiste algo que nunca olvidaré...- hizo una pausa, Edward estaba expectante ante la historia de su propia vida -Dijiste que no habías tratado de suicidarte, que ni siquiera habías contemplado alguna vez la posibilidad de morir... dijiste que sólo querías experimentar por unos instantes la libertad de ser tú mismo, de sentirte libre de ataduras, querías simplemente contemplar el paisaje del río... yo me reí y te dije que si querías experimentar la libertad bastaba con que te subieras a una moto y condujeras a toda velocidad, que no había sido necesario que hicieras todo eso, pero entonces mencionaste esa frase... dijiste que en la vida iba a encontrar muchas cosas que me parecerían inútiles de hacer e incluso tontas y absurdas, pero que de cualquier modo era necesario hacerlas. Ese día me diste una lección de vida- volvió a sonreír y se sonrojó -Luego de eso... me miraste a los ojos y me dijiste que era bonita.

-¿Y luego?- preguntó Edward -¿Qué? ¿Nos hicimos novios?

-Si- contestó ella -Luego de eso cada vez nos frecuentábamos más, un día me pediste que fuera tu novia y te dije que si- suspiró. Aquello estaba siendo demasiado para ella -Un día en mi departamento me confesaste que estabas en Italia porque estabas de vacaciones en una especie de retiro temporal y que eras militar del ejército de Inglaterra.

Edward suspiró -¿Aún lo soy?- inquirió

Isabella se encogió de hombros -Ni idea- contestó

Él inclinó la cabeza hacia una lado -¿Por qué empezó todo este conflicto? Eso es lo que quiero saber, ¿qué demonios pasó?

-Para empezar, tus padres nunca estuvieron de acuerdo con nuestra relación, luego de eso, al cabo de un año el ejército te llamó porque necesitaba que regresaras al campo de batalla...- Su voz se volvió más delgada y aguda, estaba a punto de llorar -Me dijiste que regresarías pronto y luego te fuiste...-resopló -Al poco tiempo de que te fuiste, me llegó una carta del coronel, dándome las más sinceras condolencias porque, me dijeron que habías muerto. Tú madre estaba al parecer devastada al igual que toda tu familia. La única explicación que hubo fue que una bomba te había explotado cerca. Fui a tu funeral, el ataúd estuvo cerrado todo el tiempo... todo fue una engaño para mi

-También lo fue para mí. Verás...- empezó a hablar él -Estuve en coma y al despertar no recordaba a nadie de mi pasado. Nadie jamás me contó de ti y tú...jamás apareciste

Isabella bajó la mirada -¿Cómo querías que lo hiciera si me dijeron que habías muerto? Me fui de inmediato de Italia cuando me enteré de todo y vine para Brooklyn, traté de olvidar todo, absolutamente todo- pero fracasé.

-¿Puedo preguntarte algo?- dijo ella. Edward asintió -¿Cómo averiguaste dónde vivía?

Edward tardó en contestar.

-Anoche te seguí- aceptó.

Isabella asintió, perpleja. ¿Qué otra cosa podía decirle?

-¿Cómo era nuestra relación?- preguntó él.

Isabella se puso de pié, no quería ir allí.

-Eso ya no tiene importancia- respondió -Es mejor que me vaya- caminó hasta la puerta y giró el pomo.

-¿Estábamos muy... enamorados?- inquirió tímido.

Bella suspiró, volteó a verlo -Demasiado- y dicho eso se fue.

OoO

Bella se limpió las lágrimas que habían alcanzado a salir de sus ojos. Al salir de la habitación de Edward, Esme la abordó con actitud agresiva.

-¡Más te vale que no le hayas metido ideas en la cabeza a mi hijo!- le gritó

Bella recompuso su fuerza. No se dejaría de nuevo humillar por la familia de él.

-Me dijo que le contara todo y eso es lo que he hecho- dijo con burla -Oh, Esme, tú tienes la culpa de todo esto. Si tan sólo nunca hubieras mentido- dio un paso al frente -Si tan sólo nunca me hubieras dicho que él estaba muerto cuando todos sabían que no era así

Carlisle abrazó a su esposa, tratando de protegerla -Es mejor que te vayas de aquí- dijo él -Ya es suficiente

Victoria fue hasta sus padres y los encaró -¡No papá! ¡Ella tiene todo el derecho de estar enojada! ¡Dios Santo! ¡Ustedes le dieron la espalda cuando mi hermano supuestamente murió! ¡Todo el mundo la dejó sola! Incluso yo...- dijo lo último con vergüenza

Bella contempló la escena familiar. Esme con la boca abierta, Carlisle parpadeando varias veces ante la visión de la pequeña y siempre dulce Victoria gritando por primera vez.

Se dio la vuelta y empezó a caminar lejos de ellos... esas personas eran parte de un pasado que ella aún no superaba.

Victoria le alcanzó y le tomó por el brazo.

-¿Ya te vas?

Isabella rodó los ojos -No soy bienvenida aquí, tus padres me odian y sinceramente, me quiero ir, no soporto estar un segundo más aquí

-Déjame invitarte un café, quiero hablar contigo- pidió la chica -Quiero explicarte

-¿Y qué me vas a decir? Déjalo ya Victoria... digas lo que digas jamás voy a volver a confiar en ti

-Sólo te pido eso... vamos a tomar un café a la cafetería, sólo eso

Ella suspiró. Un lado de ella no quería ir, pero el otro si... estaba ansiosa por saber ¿qué había pasado? ¿Por qué de repente se desmoronó todo?

Lentamente asintió con la cabeza.

Victoria sonrió y la arrastró hacia la cafetería del hospital.

OoO

Espero que les haya gustado.

Actualizo pronto.

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Amy W.