Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
¡Hola chicos y chicas! Aquí les dejo el siguiente capítulo de esta historia.
Como siempre, espero que les guste y lo disfruten.
A Luzdeluna2012, nena, si estás leyendo esto te aviso que ya tengo la portada del fic, ¿a dónde tengo que mandarla?
A leer.
Capítulo 6: Celos y alcohol.
Si tan sólo hubiera descubierto hace tiempo
Las bendiciones de la inconsciencia
Entonces hubiera permitido a mi cuerpo descansar
Aunque sé que al día siguiente todo habrá desaparecido
Al igual que las olas en el mar.
Isabella se quejó ante la terrible resaca que tenía.
La noche anterior en la "cena" que más bien fue un plan para emborracharse Rosalie y ella se habían puesto a tomar como locas, habían ingerido el suficiente alcohol como para tumbar a un caballo.
Había llegado en taxi a su apartamento y su auto se lo habían enviado una hora más tarde del restaurante. Aún así no lamentaba nada. Por lo menos con lo borracha que estaba la noche anterior había caído profundamente dormida y no había tenido sueños o pesadillas. Se lo agradecía al cielo ya que la mayoría… trataban de él.
Empezó a beber de la taza de café caliente que tenía en la mano mientras que con la otra sostenía el teléfono por el que Rosalie le llamaba.
– ¡Acéptalo chica! ¡Te divertiste ayer!– exclamó su amiga.
Isabella forzó una sonrisa –No voy a decir que no me divertí– aclaró –Es sólo que… ahora tengo un terrible dolor de cabeza pero está bien. Pasará.
– ¿Cómo te sientes, querida?– de pronto la voz de Rosalie era increíblemente seria –No mientas que te conozco mejor que nadie. Ayer en el restaurante no te veías bien pero si no dije nada fue por no arruinar la noche, ahora quiero que me hables con la verdad.
Ella suspiró con pesar –A ti no puedo mentirte– dijo y entonces su voz se quebró –Me estoy muriendo, Rose.
– ¡Oh, cariño! ¿Quieres que vaya a verte? Ya sabes… podemos platicar y beber y comer hasta reventar. Lo que tú quieras.
–Eso sería genial– aceptó ella
–Entonces estaré allí a las ¿siete? Da igual la hora… llegaré pronto ¿ok?
–Sí, está bien.
–De acuerdo, bye.
Isabella terminó de tomar su café, luego lavó los pocos platos y vasos sucios que había en el fregadero. Recogió el departamento, cambió las cortinas y su ropa de cama, invirtiendo más tiempo del necesario en cada pequeña cosa. Así no tenía que pensar mucho, así todo le era un poco más sencillo.
Se metió a la ducha y se bañó a conciencia. Al salir se puso un lindo vestido en tono azul que lucía demasiado bien contra su piel clara. Unas sandalias doradas de tacón princesa y un poco de maquillaje. Se miró en el espejo y pensó que tal vez se había arreglado demasiado… pero bueno ¿qué importaba?
Cuando terminó eran ya las seis y media. Aún faltaba tiempo y empezó a sacudir de nuevo toda la sala y a arreglar los cojines.
Sin poder evitarlo comenzó a recordar el momento en que Edward y ella estaban adornando la casa en la que ellos vivirían. Su casa.
Isabella se pasó la mano por la frente para retirar el sudor.
Hizo un sonido de cansancio –Aún falta demasiado… ¿y si seguimos mañana?
Edward sonrió de nuevo mientras mojaba el rodillo en la pintura roja. Se alzó y acarició la mejilla de ella.
-Ve a descansar. Yo continuaré con la sala.
–No voy a dejarte solo. Me quedaré aquí contigo.
Entonces siguieron pintando la casa. Para la noche los dos se tiraron en el sofá, agotados y llenos de pintura.
– ¿Te imaginas cuando hayamos terminado de decorar y poner los muebles?–preguntó Edward
Isabella sonrió – ¿Por qué no dejaste que contratara a alguien para pintar la casa?
–Cuando era niño siempre soñé con decorar la casa en la que viviría el resto de mi vida. No iba a dejar que nadie se entrometiera.
–Entiendo– respondió simplemente.
Luego de un minuto Edward habló de nuevo.
-¿De qué color será el cuarto del bebé?
Isabella abrió los ojos con sorpresa – ¿Bebé?
Edward le miró – ¿No quieres niños?– su voz era desilusionada.
–No es eso… pero… ¿no te parece muy pronto? Es decir… ni siquiera nos hemos casado.
–En dos meses lo estaremos.
–Amor… tenemos todo el tiempo del mundo para tener niños– dijo ella besándolo en la comisura de los labios.
–Nena… soy del ejército. Voy a la guerra, peleo, manejo armas, en cualquier momento puedo morir y… nunca tendré descendencia ni sabré lo que es el cariño de un niño que sea mío.
Isabella se incorporó y tomó la cara de Edward entre sus manos
–Nunca jamás vuelvas a decir eso. Tú no vas a morir, eres joven y te amo. Vamos a tener muchos niños corriendo por esta casa y serán tuyos… sólo tuyos.
– ¿Lo prometes?
–Lo juro– contestó ella
Los toques en la puerta la sacaron de sus recuerdos. Se levantó y abrió. Rosalie le abrazó con fuerza.
– Pasa– ofreció haciéndose a un lado
Rosalie pasó pero no se sentó. La miró de arriba hacia abajo.
– ¡Wow amiga! ¡Te ves espectacular!
– Gracias– se sonrojó
– Bueno… como parece que ya te has vestido, ¿qué te parece ir al antro?
– No creo que esté de humor para ir a bailar.
Una sonrisa pícara apareció en los labios de Rosalie – ¿Quién rayos habló de bailar?
Isabella le miró sin entender a qué se refería. Rosalie tomó sus manos.
– ¡Vamos amiga! ¡Tú lo que necesitas es a un chico guapo y fuerte que te saque de la cabeza a ese… tipo!
Isabella agachó la cabeza.
–No lo entiendes Rose. Yo no tengo ningún problema de despecho o alguna necesidad de darle celos a mi chico. Esto va más allá…
–Pues ahí está ¡Anda Bella! ¡Tienes que salir!
Con un suspiro Bella asintió. Tal vez era lo mejor. Edward tenía novia y estaba haciendo su vida, era hora de que ella hiciera la suya ¿no?
OoO
En el departamento de Edward…
-¿Estás seguro de esto?- inquirió Victoria mientras arreglaba el cuello de la camisa de su hermano.
-Si- contestó seco.
-¿Para qué quieres ir a verla?
Edward se giró y miró la cara de Victoria.
-Esa chica ha sufrido mucho Vicky. Necesito hablar con ella.
La chica entornó los ojos.
-Vamos Edward, no mientas que no soy tonta. Te sientes atraído por ella y lo sé.
Él suspiró.
-No sé lo que estoy haciendo. Es decir ¿y si ella ya tiene novio? Ella me gusta pero no quiero entrometerme en su vida.
-Hay hermanito…- resopló Vicky – O eres tonto o estás ciego.
-¡Hey!- exclamó él en respuesta -¿Por qué dices eso?
Ella rodó los ojos –Porque ya te dije que es obvio que ella está enamorada de ti…- miró hacia los lados temiendo que alguien pudiera descubrirla aunque estaban solos en el apartamento –Ella te ama.
Edward lo sabía. Su hermana le había contado eso pero… ¿era verdad?
–¿Crees que ella quiera algo conmigo?
Victoria ladeó la cabeza –Ella está enamorada de ti pero… ¿tú lo estás de ella? Quiero decir ¿Quieres una relación liberal o algo serio?
-Jamás me pasó por la cabeza tener una simple aventura con ella- respondió.
Victoria sonrió.
-Entonces ve- rezó.
OoO
Las luces de colores y la música a tan alto volúmen hacian retumbar el cerebro de Isabella. El humo le daba tos, la hacía sudar y no podía respirar del todo bien. Se sintió cohibida en ese espacio. Ya era un poco -muy- mayor para estar en un lugar como ese.
-¿Podemos ir a sentarnos?- le preguntó a Rosalie.
-Claro. Ven.
Rosalie la arrastró hasta una mesa.
-Voy por los tragos- anunció ella -¿Qué quieres que te pida?
Isabella vaciló unos segundos. Tenía demasiado tiempo sin tomar… demasiado tiempo sin salir. Estaba algo empolvada. La noche anterior no había bebido nada más que tequila y martinis.
-Humm…Un Collins- dijo al fin.
Rosalie se fué.
Isabella empezó a tamborilear los dedos en la mesa mientras que veía a las personas bailar en la pista. Alguien carraspeó detrás de ella. Asustada o esperanzada giró la vista, para encontrarse con un chico guapo y algo rubio.
Ella le sonrió por pura cortesía.
-¿Puedo hacerte compañía?- preguntó el chico.
Las alarmas en la cabeza de Isabella empezaron a sonar. Miró hacia los lados esperando porque Rosalie llegara pero se percató de que su amiga estaba demasiado entretenida con el barman. El chico seguía ahí de pie esperando por una respuesta.
Estuvo a punto de decirle que se largara, pero recordó que "los chicos" eran la razón por la que ella y su amiga habían ido a ese antro.
-Siéntate, por favor- dijo con una sonrisa.
El chico se sentó a su lado.
-¿Cómo te llamas?- inquirió él.
-Isabella- contestó simplemente.
-Te hace justicia. Eres tan hermosa como lo indica tu nombre.- explicó.
-¿Y tú cómo te llamas?- inquirió sin tomar en cuenta el comentario anterior de él. No estaba acostumbrada a los halagos.
-Oh. Lo siento- dijo él y extendió una mano –Soy Alex. Alex Smith.
Ella asintió. Unos incómodos y largos momentos los dos se quedaron sin nada más que decir.
-Y… ¿vienes con alguien?- inquirió él.
-Si- contestó –Con una amiga pero… creo que ya encontró compañía. ¿Y tú? ¿Vienes sólo?
-No. Vine con unos amigos, pero ya sabes… encontraron a chicas y están haciendo cosas que en realidad no quiero ver. Tú entiendes.
-Oh. Si. Desde luego.
OoO
Edward tocó la puerta del departamento, pero nadie abrió. Tocó unas veces más pero nada.
Tal vez no está. Salió. Pensó.
Decidió esperarla. Se recargó contra la puerta y empezó a mirar el pasillo.
Diez minutos después miró su reloj. Once y media.
Es demasiado tarde… ¿en dónde puede estar?
Negó con la cabeza. ¿Qué le importaba en dónde estaba? Ella tenía derecho de llegar a la hora que quisiera a su apartamento.
Siguió esperándola. Después de todo. ¿Cuánto más podía tardar?
OoO
Alex la recargó contra la puerta del auto.
-¿Puedo pasar a tu departamento?- inquirió mientras le sonreía.
Isabella estaba muy tomada y a penas y podía mantenerse en pie y decir algunas palabras. No tenía conocimiento de todo lo que estaba pasando.
-Si- respondió con voz pastosa.
Alex pasó un brazo por su cintura y luego la alzó en brazos.
-Será mejor que te lleve así- dijo.
Con ella en brazos ambos subieron por el elevador, Isabella le indicó cuál era su apartamento y Alex la llevó hasta allá. De pronto, cuando doblaron por el pasillo, el chico tenía una cara de sorpresa y confusión.
-¿Tienes novio y no me dijiste?- inquirió aminorando el paso.
Isabella soltó una risita tonta.
-¿Pero qué dices?
-¿Entonces quién es el chico con cara de enojado que te está esperando en la puerta de tu apartamento?
Isabella agitó la cabeza aún sin entender lo que estaba pasando. Giró el rostro hacia un lado y cuando lo vio a lo lejos parpadeó dos veces para asegurarse de que lo que estaba viendo era real.
Edward estaba cruzado de brazos frente a la puerta, tenía mirada sombría y enfadada.
Isabella volvió a reír. No podía ser lo que estaba viendo. Todo –según ella- era producto del alcohol.
-Nah- contestó –Estás alucinando- acarició la cabeza de él y luego se recargó en su pecho perdiendo casi todo el conocimiento.
Alex levantó las cejas pero siguió caminando y llegó hasta la puerta a donde estaba aquel hombre.
-Disculpa, amigo- dijo Alex -¿Se te ofrece algo?
Edward echó la cabeza ligeramente hacia atrás. Un sentimiento que no supo identificar en ese instante lo invadió y le obligó a decir algo increíble.
-Es mi novia- murmuró –Así que… ¿te importaría soltarla?
Alex se sobresaltó –Oh- susurró –Claro, aquí tienes- extendió sus brazos ofreciéndole a la chica.
Edward con todo el cuidado del mundo la tomó en sus brazos.
-Abre la puerta- casi le ordenó en tono militar al chico.
-C-claro- respondió obedeciendo al instante.
Alex giró la perilla con ayuda de la llave que Isabella le había dado en el elevador.
-Ya está- susurró.
Edward puso un pie dentro de la estancia y luego se giró hacia él.
-¿Qué ha pasado?- preguntó con voz dura.
Alex tardó unos momentos en entender a lo que Edward se refería.
-Ah…er…- se rascó la cabeza –Bueno ella… estaba en un bar y ya sabes, se le pasaron los tragos- sonrió tratando de aligerar el ambiente.
-¿Y tú qué haces aquí, trayéndola a su casa?- preguntó. En esos momentos se sentía tan celoso y posesivo sobre ella que se creía capaz de todo.
Alex bufó –Bueno… pues…ehm…Ella fue con una amiga al antro pero desapareció así que yo me ofrecí a traerla- explicó.
Edward asintió lentamente.
-Ya vete- le dijo simplemente a Alex.
El chico asintió y se volteó para irse.
-Ah- llamó Edward –Y no vuelvas a acercarte a ella- advirtió con voz oscura.
Edward azotó la puerta con el pie. Se dirigió al cuarto de Isabella y la recostó sobre la cama. Ella se despertó entonces.
Él temió lo peor. Temió que ella se asustara, pero en vez de eso Isabella le sonrió despreocupadamente.
-Estás aquí- canturreó ella arrastrando las palabras. Entonces elevó los brazos hacia él y lo tomó por el cuello tirándolo sobre ella –Te extrañé tanto, cariño- susurró en su oído.
Edward no podía creerlo. No podía creer lo que pasaba.
-¡Vamos!- dijo ella alejándolo unos centímetros –Tengo mucho calor. Desvísteme- pidió alzando los brazos sobre su cabeza.
Edward se hizo para atrás.
-Yo… no puedo- contestó.
Isabella hizo una mueca pero no dijo nada.
-Entonces duerme conmigo- dijo Isabella mientras se quitaba los zapatos y se ponía a cuatro patas sobre la cama arrastrándose a retirar las cobijas. Se metió entre ellas. Palmeó el lugar a su lado.
-Anda- dijo –Ven conmigo.
Edward vio ante sus ojos una oferta que no podía negar. Se quitó la chaqueta de cuero y los zapatos, luego se tiró a su lado.
Isabella le sonrió y se abrazó a él pegándose demasiado al pecho de Edward. Él le correspondió el abrazo.
Ella alzó la vista y le miró eternos segundos. Edward también hacia lo mismo, hasta que entonces él se inclinó cada vez más y de pronto ¡Bum! Todo explotó cuando sus labios se unieron en un beso profundo y lleno de un sentimiento difícil de sentir por completo. Amor.
Isabella demasiado borracha para poder asimilarlo pero no tanto para no sentir se entregó al beso, Edward la ciñó por la cintura y la atrajo hacia él. Subió una mano y la paseó por su estómago y llegó a un pecho. Edward se separó de ella.
-No- dijo –No puedo hacerte esto- se quitó las sábana de encima y sacó los pies fuera de la cama.
Isabella aún sin aliento contempló como él hacia ademán de irse.
-¡No!- exclamó ella –No te vayas, quédate- su voz cada vez más grave a causa del alcohol y el sueño.
Él se rindió y volvió a acostarse a su lado. Isabella le abrazó de nuevo.
-No desaparezcas esta vez- pidió –No otra vez.
Edward sonrió triste.
-Nunca- dijo entonces.
OoO
En casa de los Cullen…
-¿Cómo que tu hermano fue a verla?- inquirió su madre caminando en círculos por toda la sala.
-¡Oh, mamá! ¡Déjalo ya!- pidió Victoria –A ti ya no te incumbe la vida de Edward.
-¡Es mi hijo!- gritó -¡Quiero lo mejor para él y tú…- le señaló –…no estás ayudando!
-Mamá, él le ama- musitó –Y ella a él, tienes que dejar que ellos sean felices. Lo merecen.
Su mamá puso los brazos en jarras.
-¿Sabes por qué me casé yo con tu padre?- inquirió.
Victoria asintió –Por amor- contestó.
-Eso es algo que surgió mucho tiempo después de habernos casado- explico Esme –En un principio yo me casé con tu padre porque sabía que él me daría un estatus y dinero. Y tuve razón. ¡Mírate! ¡Jamás en la vida les ha faltado nada ni a ti ni a tu hermano! ¡Siempre tuvieron de lo mejor! ¿Qué piensas que tu hermano va a obtener casándose con esa… sangre sucia?- escupió -¡Nada! ¡Ni siquiera tiene sangre irlandesa o galesa!
-¡Samantha tampoco lo es!- exclamó Victoria.
-¡Los abuelos de Samantha son ingleses!- recordó su madre -¡Ella tiene dinero! ¡Es perfecta para él!
Victoria negó, tomó su bolso y se lo colgó.
-¿Sabes algo mamá? Hasta hace poco te admiraba, pero ahora… eres mi más grande decepción.
Se dio la vuelta y se fue dejando a Esme sola con sus rencores.
OoO
Un niño de cabello negro y ojos verdes corría a lo largo del parque.
-¡Mamá!- gritó el pequeño afianzándose a las piernas de su madre para evitar caer.
-¡Hola mi cielo!- dijo ella en tono maternal -¿Te estás divirtiendo?
-Papá sabe jugad ben- contestó el bebé –Pello… cole muy bápido-agregó
Su madre acarició la cabeza de su pequeño y con la otra mano saludó a su marido tirado en la hierba.
-¿Qué te parece si yo juego contigo?- ofreció ella
El bebé sonrió -¡Si mami!
Tomados de la mano los dos corrieron al encuentro con el hombre de la familia.
OoO
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Un beso enorme.
Amy W.
