Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Aquí vengo con el séptimo capítulo, como siempre, espero que sea de su agrado.

Gracias a mi beta Beakis, por corregir este cap.

A leer.

Capítulo 7: Cometiendo ¿errores?

*Te amaré hasta el fin de los tiempos,

Podría esperarte un millón de años.

Prométeme que recordarás que eres mío.

Bebé, ¿Qué no puedes ver a través de las lágrimas?

Te amo más que esas tontas de antes

Dime que lo recordarás,

Oh bebé, dime que lo recordarás.

Te amaré hasta el fin de los tiempos.

Su cabeza dolía horrores, se llevó una mano al cabello y dio un ligero masaje a su cuero cabelludo. Seguía acostada en su cama, eran las ocho de la mañana y aún tenía sueño. De pronto sintió como un brazo que le rodeaba por la cintura ejercía fuerza sobre ella y le halaba.

Se asustó. ¿Qué diantres está pasando? Cerró los ojos y se reprendió a sí misma mentalmente. Un flash de la noche anterior cruzó su mente. Alex…el alcohol…el aburrimiento…

¡Oh Dios Mío! Por favor… no…no… que no me haya acostado con él…no…no… rezaba mientras poco a poco se iba girando para verle la cara a su compañero de cama. Pero nada le preparó para aquello… absolutamente nada.

Como pudo se retiró el brazo de él de encima y se levantó de la cama dando tumbos. Edward se despertó bruscamente y se levantó de la cama trastabillando al hacerlo.

- ¿Pero qué moer…?

-¿Qué? ¿Qué paso?- preguntó confundido y con el cerebro un poco desconectado.

-¡¿Qué haces aquí?!- inquirió Isabella exaltada -¿Qué pasó?

Edward agitó la cabeza para poder centrarse en todo lo que estaba pasando.

-Llegaste borracha a tu departamento y no te podías mantener en pie- explicó –Tuve que cargarte y traerte hasta aquí.

Isabella se pasó una mano por el largo cabello.

-¿Qué… ¿Qué no se supone que tú estás en el hospital?- ante tanto estrés su cabeza estallaría.

-Ayer salí- dijo.

Isabella espabiló y respiró varias veces. Se miró primero a sí misma y luego a él… Los dos estaban vestidos, a excepción de los zapatos.

-¿Qué hicimos tú y yo?- preguntó temerosa de la respuesta. Le pedía al Señor con todas sus fuerzas que Edward y ella no hubieran hecho nada, porque de hacerlo… entonces todo el proceso de terapia se iría al infierno.

Edward pasó saliva –Nos besamos- dijo y Isabella se llevó una mano a la boca –Y luego me pediste que durmiera contigo- la boca de ella en ese momento formaba una gran "A" –Pero tranquila- continuó –No hicimos nada.

Isabella entornó los ojos -¿Dormimos juntos y no… hicimos nada?- preguntó temblorosa –No me lo creo.

-Pues tendrás que hacerlo- susurró él.

Isabella se pasó una mano por la cara y mordió su labio, pensando en lo que tenía que hacer. Se creía una cobarde en ese momento porque tenía unas ganas enormes de llorar. Cuando había ido al hospital a verlo; cuando había constatado que él estaba vivo se prometió no acercarse a él, se prometió que todo sería como siempre. Y ahora, todo parecía perdido. ¡Habían dormido juntos!

-Creo que…- hizo una pausa porque su voz era distorsionada por las lágrimas que no dejaba salir –Creo que lo mejor es que te vayas.

Edward asintió y no dijo nada más. Recogió sus zapatos y se puso su chaqueta al hombro. Salió de la habitación y abrió la puerta. Isabella le alcanzó en ese momento.

-¿Puedo preguntarte algo?- inquirió.

-Claro.

-Dijiste que llegué a mi departamento borracha- murmuró -¿Cómo sabes que llegué tomada? Es decir… tú ya estabas aquí cuando yo llegué ¿por qué?

Edward apretó la mandíbula. Por un momento creyó que ella no había captado ese detalle.

-Quería hablar contigo- explicó.

-¿Sobre qué?

Hizo un gesto –Eso ya no tiene importancia ahora- y con eso se marchó.

Isabella se quedó unos segundos más en la puerta, luego la cerró.

Él… ¿quería hablar conmigo?... ¿Sobre qué?...¿Acaso quería… agitó su cabeza. No, eso no podía ser. ¡Céntrate de una vez por todas Isabella! ¡Todo acabó! ¡Él ya hizo su vida!

Pero lo más profundo de su ser… su conciencia, no pudo evitar soltar un grito enorme de emoción. ¡Él estuvo aquí!

OoO

En el apartamento de Edward…

Para él estaba claro que todo con Isabella estaba perdido. Ella -aparentemente- no quería saber nada más de él.

-¿Entonces se besaron?- preguntó Victoria dando un brinco -¡Qué genial!

Edward rodó los ojos –No Vicky, no fue genial. Al principio sí pero luego… ella no me soporta- dijo con rabia –No quiere verme- encogió los hombros –Y supongo que es lógico, después de todo ella ha sufrido demasiado.

Victoria torció los labios –Si… ella ha sufrido demasiado- dijo –Pero aún así ella no te odia. Ya te lo dije, te ama.

-¿Pero entonces cómo es qué…?

-¡Vamos! ¡Tú mismo lo has dicho! Ella está deprimida… triste… No pretendas que con que tú vayas a verla ella a la primera caerá rendida a tus brazos. Ella no es así. Tienes que ser paciente hermano, no te rindas. Ve con ella y dile que te gusta.

-¿Y si ella no se conforma con eso?- inquirió.

Victoria sonrió, se inclinó hacia adelante -¿Qué sientes por ella?

Edward suspiró sonoramente –Pues… me gusta.

Ella alzó una ceja -¿Sólo te gusta?- retó.

Él bajó la vista hacia sus manos –De acuerdo…- soltó el aire –Me… me fascina… me vuelve loco… no veo la hora de volver a besarla… abrazarla… tocarla.

Victoria se echó ligeramente hacia atrás -¿Ella y tú… hicisteis algo?

-¡Dios, no! Pero casi…

Su hermana se tapó la boca con ambas manos -¿Cómo que casi? ¿Ella que hizo? ¡Cuenta!- agitó los brazos.

-No voy a darte detalles- rió –Eres muy pequeña para eso. Confórmate con saber quecasi hicimos algo. Ella no se acuerda de eso debido a que estaba borracha y yo no le dije nada. Se volvió loca cuando le dije que nos habíamos besado- explicó triste.

-Entonces enamórala- dijo Victoria –Has confesado que ella te vuelve loco… que te fascina… estás a tan sólo unos pasos de amarla- musitó.

Edward sonrió, un poco más relajado.

-¿Tú crees?

Entonces Victoria empezó a retorcerse los dedos y miró a su hermano con ojos de borrego.

-Hay algo que no te he dicho.

-¿Qué pasa?

Se pasó la lengua por los dientes y se encogió en su asiento –Le dije a ella que tenías novia- confesó.

-¡¿Qué hiciste qué?!- gritó -¡Oh Santo Cielo Victoria!

-¡Tenía que hacerlo!

-¡Pero Samantha no es mi novia!

-Pero en Navidad…

-¡Sé lo que dije! ¡Mentí! ¡Sam no es nada! ¡Sólo una amiga!

-Creo que cometí un error ¿verdad?- a cada segundo su voz se volvía más delgada.

-Y uno muy grande.

-¿Qué harás entonces?- inquirió Vicky.

-Tengo que hablar con ella- dijo

-¿Qué vas a hacer para hablar con ella?

-Pues lo obvio- contestó simplemente.

OoO

En un acto de flagelación Isabella se tiró sobre la cama por última vez y aspiró el aroma que él había dejado en la almohada.

Hugo by Hugo Boss.

Luego con actitud decidida se puso en pié y retiró con brusquedad las sábanas y fundas, metiéndolas hechas bola en una bolsa para basura.

Tal vez esto sea extremo… enfermo quizás… pero no importa… no importa…

Aún no había desayunado pero aún así no tenía hambre. Se recogió el cabello en un moño desenfadado, se puso pants, una playera vieja y tenis para correr. Se guardó el Ipod en su bolsillo y se puso los audífonos poniendo la música al más alto volumen.

Salió a la calle y entonces empezó a correr sin calentar previamente. Ahora no tenía tiempo para esas cosas. La lista de reproducción que había escogido al azar empezó a sonar, no se fijó si quiera en la primera canción. La que sea está bien.

*Kiss me hard before you go/Bésame fuerte antes de que te vayas.

Summertime sadness/Tristeza de verano.

I just wanted you to know/Sólo te buscaba para decirte.

That baby you're the best/Que bebé eres el mejor.

Cerró los ojos y expulsó aire por la boca. Canción mejor no puede haber. Pero era ya demasiado tarde para cambiar de canción… no quería parar, no, quería seguir corriendo. Con pesadez siguió escuchando la canción, las lágrimas empezaron a salir, pero ahora no las contuvo. Estaba corriendo y se sentía libre de hacer lo que quisiera.

I think I'll miss you forever/ Creo que te extrañaré para siempre.

Like the stars miss the sun in the morning skies/ Como las estrellas extrañan al sol en los cielos de las mañanas.

Late is better than never/ Tarde es mejor que nunca.

Even if you're gone I'm gonna drive/ Incluso cuando te hayas ido yo seguiré conduciendo

Drive/ Conduciendo

La canción acabó e Isabella se sentía más liberada que nunca, pues jamás se había permitido llorar sin luego sentirse idiota por hacerlo. Había corrido al menos unas nueve manzanas y aún tenía energía.

En el momento en que hizo el alto para darse la vuelta y regresar a casa aprovechó para cambiar la música por otras de Eminem o Nicki Minaj.

OoO

Algunos días después…

-¿Y cómo te has sentido últimamente?- preguntó el psiquiatra.

-He podido sobrellevarlo- respondió simplemente.

-Pero no estás bien- afirmó el doctor.

-No puedo- dijo –Incluso creo… que ahora todo es más difícil- Isabella estaba recostada en la Chaise Lounge

El doctor alzó las cejas -¿Pero por qué? Si ya sabes que está vivo, deberías sentirte mejor.

-Lo sé, pero me di cuenta de que soy una persona terriblemente egoísta.

El psiquiatra guardó silencio en una invitación a continuar.

-Ahora que sé que él vive y que tiene novia, que ha hecho su vida… he deseado a veces que él en realidad estuviera muerto. No soporto la idea de imaginarle con otra persona.

-Es normal- dijo con tranquilidad el doctor –Le amas demasiado y es obvio que te afecte verle hacer su vida con otra mujer.

-Eso no justifica que desee que esté muerto.

Andrew encogió los hombros –Depende del punto de vista del que lo veas.

-No te sigo.

-Si- dijo él –Tu noviazgo con Edward ya era demasiado formal. Estaban comprometidos y la boda ya estaba totalmente planeada. Es obvio que sientas algún tipo de furia. ¿Entiendes el punto?

-Supongo- dijo ella –Pero creo que de todo esto salió algo bueno.

-¿El qué?

-Ya no tendré que hacerme más regresiones ni borrados de memoria.

-En eso te equivocas. Aunque quitemos los lavados cerebrales tendrás que seguir en terapia. Como dije antes, tú tienes que perdonar a ese chico, para que por fin tú puedas olvidarlo y hacer tu vida.

Isabella forzó una sonrisa que se limitó a ser un gesto con los labios –Me siento patética y tonta cada que vengo a verte, ¿sabes?

-¿Por qué?- inquirió.

-Hay personas con más problemas que yo. Personas que tienen que vivir para siempre postrados en una cama…o con algún problema de salud… o la muerte de un hijo, etc. Y yo…- suspiró –Yo tomo Prozac y vengo a ver a un loquero casi a diario sólo porque estoy deprimida y triste por la supuesta muerte del amor de mi vida. ¿Lo ves? Es patético.

-Afrontar la muerte de tu novio, próximo a ser tu esposo y que luego descubras que todo fue una conspiración en contra tuya hecha por tus mismos suegros y cuñados e incluso por el ejército británico con tal de que te alejaras de él no es patético. Al menos yo no lo creo.

-Tú lo haces sonar muy macabro- se mofó Isabella.

-Porque lo es.

-Creo que te estás tomando mis problemas de forma muy personal ¿no?

-Porque te quiero, niña y porque sé que en algún momento lograrás superar todo esto.

-Dios te escuche.

-¿Entonces qué? ¿Empezamos con la terapia?- preguntó el psiquiatra. Isabella asintió.

Como siempre, Andrew arregló su libreta de notas y se acomodó los lentes.

-Empecemos por los sentimientos. ¿Qué sientes exactamente por Edward?

-No es necesario que te lo diga, ya lo sabes- dijo ella.

-Dímelo de nuevo por favor- pidió.

Apretó los puños. ¿Cuántas veces más tendría que decir aquello?

-Lo amo- murmuró.

-Sé más específica por favor.

-Cuando lo veo siento mariposas en el estómago- me siento idiota –Siento que mi corazón va a estallar y sólo quiero besarlo y abrazarlo hasta morir.

El psiquiatra asintió.

-¿Cuáles fueron tus sensaciones cuando descubriste que él y tú habían dormido juntos?

-Pues la verdad… sentía que lo correcto era decirle que se fuera, que lo mejor era alejarme de él, pero más que nada quería decirle que se quedara conmigo y que no me dejara sola. No me atreví a pedirle eso, así que le dije que se marchara.

El doctor escribió algunas palabras en su libreta y luego alzó la vista.

-Voy a hacerte una pregunta y quiero que seas completamente sincera ¿ok?

-Sí.

-Si Edward te dijera que te ama y te pidiera que reanuden su relación e incluso si te pidiera que se casaran ¿tú aceptarías?

Un nudo se coló en su garganta e impidió que respiraran bien. Andrew seguía en espera de una respuesta.

-No lo sé- musitó –Por dignidad le diría que no, pero mi corazón me diría que si. No sabría qué hacer. Además…- rió –No veo el porqué de esta pregunta. Es obvio que eso nunca va a pasar.

-¿Quién dice?

-Esas cosas no pasan. Dejémosle los finales felices a los cuentos ¿vale?

Andrew movió la cabeza negativamente –Ay, Isabella. A veces hasta lo más increíble pasa, ya te lo había dicho.

-Ya. Pero yo no soy una niña de cinco años para creerme esas cosas.

OoO

Isabella estaba sentada en su sillón, recostada por completo sobre el respaldo con los ojos cerrados. La luz del sol de la tarde se filtraba por la ventana y caía sobre el suelo descomponiéndose en un montón de colores naranjas y ópalos.

Alice le había hablado hacía un par de minutos para pedirle que fuera una de sus damas de honor. No se había podido negar y había dicho que si.

Siempre la dama pero jamás la novia pensó cruelmente.

Hubo unos toques en la puerta. Isabella se levantó de su asiento y abrió la puerta pensando que era Rosalie que venía a visitarla como había hecho en los últimos días.

En vez de eso frente a la puerta estaba Edward, sosteniendo una gran rosa roja entre sus manos.

Oh Dios…

-¿Qué haces aquí?- preguntó con furia.

-¿Puedo pasar?- inquirió

-No.

-¿Por favor?

-¿Qué quieres?

-Hablar contigo.

-¿Sobre qué?

-Necesito pasar para decírtelo.

Incapaz de decirle que no una vez más, Isabella le concedió el paso.

Edward se sentó en el sofá.

-Es la tercera vez que estoy aquí- se arrepintió apenas lo dijo.

Isabella se cruzó de brazos y arrugó la frente -¿Qué no serían dos?

-Er… claro.

Ella suspiró -¿Qué quieres?

Edward miró la rosa entre sus manos y luego a ella. Se la extendió.

-Toma. La he comprado para ti. Espero que te guste.

El corazón de Isabella en ese momento era un estropajo, pues le vino de inmediato el recuerdo de cuando Edward llegaba a diario con una rosa entre las manos luego de un beso y un "te amo" Fingió indiferencia y sonrió apenas.

-Gracias- dijo dejando la flor en la barra de la cocina –Ahora, ¿qué quieres?

Edward la miró a los ojos con decisión, se puso de pie y avanzó dos pasos -¿Quieres salir conmigo?

Dio la impresión de que a Isabella estaba a punto de salírsele el corazón del pecho, así como en las caricaturas de Pepe Le Pew cada que veía a su amada.

Se aclaró la garganta -¿No se molestaría tu novia?- retó.

Edward negó –Victoria me dijo que te había dicho sobre mi "novia"- hizo comillas en el aire –Y quiero decirte… que no tengo novia, Samantha no es nada mío, es sólo una amiga, mi familia creyó que era mi novia pero no es así.

-Me da gusto- mintió -¿Y?

-¿Saldrás conmigo?

Isabella se moría por gritar ¡Sí! Pero se hizo la indiferente.

-¿Cuándo?

-Ahora- dijo Edward –Hoy, en este momento.

Isabella carraspeó. Le daría un ataque de asma.

-¿Y para qué quieres salir conmigo?

-Tengo que aclarar algunas cosas, además, quiero platicar contigo.

-Tu madre va a enojarse.

-Ella ya no me importa. Di que sí.

Suspiró –De acuerdo. Pero tengo que ir a cambiarme.

-Así estás perfecta- halagó él.

Tuvo que bajar el rostro para ocultar su sonrojo.

-No. Estoy terrible- dijo –Voy a cambiarme.

Y entró a su cuarto y cerró la puerta.

Se tapó la boca para no gritar, ni podía disimular la emoción que estaba sintiendo.

¡Me trajo una rosa! ¡Me trajo una rosa!

Abrió su clóset de par en par y empezó a mirar los vestidos, luego de veinte minutos escogió al fin uno. Era color azul marino, escote corazón y strapless, largo hasta dos dedos arriba de la rodilla y con falda suelta, escogió unos tacones negros de Jimmy Choo. Se soltó el cabello y lo cepilló, se pasó las tenazas e hizo ondas en puntas de cabello al azar. Se colocó un poco de polvo compacto, delineador, rímel y gloss.

Cuando terminó podía oír el "bum bum" de su corazón. Miró el reloj, sólo habían pasado cuarenta minutos.

Demasiado pronto… tengo que tardarme… no puedo verme tan desesperada.

Así que entonces comenzó a colgar cuidadosamente todas las prendas que estaban regadas en su cama dentro del clóset. Una por una y sacudiéndolas para alisar arrugas. Luego des tendió su cama y volvió a hacerla acomodando las almohadas para que se vieran mullidas.

Caminó hasta el tocador y acomodó su maquillaje dentro de la cosmetiquera. Fue hasta el baño y se cepilló los dientes por diez minutos, se pasó el hilo dental y luego el enjuage bucal. Se miró en el espejo y se retocó un poco.

Cuando terminó vio el reloj. Habían pasado cincuenta minutos. Hora y media en total.

Ahora sí…

Hizo ejercicios de respiración y entonces abrió la puerta. Edward estaba sentado esperando pacientemente. Se puso de pié cuando la vio salir.

-Ya podemos irnos- dijo ella.

-Te ves preciosa- musitó él.

Isabella no respondió, sólo inclinó la cabeza un poco como agradecimiento.

Bajaron hasta la entrada del edificio y luego Edward la dirigió hasta su auto. Un BMW negro al que Isabella no pudo distinguirle el modelo.

-¿A dónde vamos a ir?- preguntó cuando estaban en un alto.

-A un restaurante italiano. Dicen que la vista es fantástica.

No cruzaron ninguna otra palabra en el trayecto.

Llegaron al restaurante y hostess los acomodó en una mesa junto a la ventana.

-Mira. Te dije que la vista era fantástica- murmuró Edward.

La vista era del mar en plena noche con el reflejo de la luna llena sobre ellos.

-Es bonita- aceptó ella.

Ambos pidieron algo clásico y no muy ostentoso.

Isabella pidió risotto a la Carbonara y Edward raviolis en salsa de Blue Cheese.

-Traiga un Barolo del 2001, por favor- pidió él.

Sus platos llegaron. Edward sirvió vino.

-¿Gustas?- ofreció.

-No, gracias. He sufrido muy malas experiencias las últimas veces que he tomado- dijo Isabella.

Edward bajó la cabeza y torció la boca en un gesto de tristeza que no le pasó desapercibido a ella.

-Y bueno…- soltó ella -¿De qué quieres hablar conmigo?

-De nada en especial. Sólo quería estar a solas contigo.

Isabella apretó la boca y se inclinó hacia adelante.

-De acuerdo- dijo -¿Qué es lo que estás haciendo?

Edward frunció el ceño.

-No te entiendo.

-Ayer me esperaste enfrente de mi apartamento, dormiste conmigo, hoy me regalas una rosa, me invitas a cenar a uno de los mejores restaurantes de Brooklyn y ahora me dices que quieres estar a solas conmigo- su voz era cortante.

-Me… gustas- confesó él cerrando los ojos.

OoO

Canción 1: Blue Jeans

Artista: Lana Del Rey

Canción 2: Summertime Sadness

Artista: Lana Del Rey

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Un beso.

Amy W.