Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Perdónenme por no actualizar antes. Tuve problemas de salud y me fue imposible. De todos modos, ya estoy aquí y os ofrezco una disculpa. Como recompensa actualizaré al doble.

Gracias a mi beta Beakis por corregir este cap. Un beso.

A leer.

Capítulo 8: Una oración de amor.

*Yo daría todo esto y el cielo también
Yo daría todo si sólo por un momento
Yo pudiera entender
El significado de la palabra que ves
Porque yo he estado siempre garabateando
Pero no tiene sentido para mí en absoluto

Todo esto y el cielo nunca podrán describir

Ni de cerca un sentimiento como el que

Yo estoy sintiendo.

Palabras que jamás serán útiles.

Porque estoy gritando en un lenguaje

Que nunca antes supe que existiera.

-Me gustas mucho- recalcó Edward.

Isabella se hizo para atrás. Aquello era lo mejor que había escuchado en años. En demasiados años, pero a pesar de eso… no podía rendirse. Ella lo amaba como a nadie en el mundo y él… él sólo sentía una atracción hacia ella. Una simple atracción.

-No lo creo- dijo entonces.

-¿Por qué?

-Me has dicho que no me recuerdas. Apenas me conoces y ya dices que te gusto.

-Sé que es demasiado rápido todo esto, pero digo la verdad. Anoche cuando nos besamos…

Isabella le enseñó las palmas de las manos indicando que parara.

-Me tengo que ir. No puedo escuchar esto- dijo ella poniéndose de pié en el acto.

¿Por qué vine Dios Mío? Esto está mal… está mal…

Caminó a toda prisa hasta la salida. Edward iba detrás de ella pero el hostess le detuvo.

-Tiene que pagar, señor.

OoO

Afuera hacía frío y la brisa del mar helado no ayudaba.

Isabella se abrazó a sí misma para entrar en calor. Caminaba por la orilla hasta el sitio más cercano para conseguir un taxi.

-¡Isabella, espera!- gritó una voz masculina demasiado cerca de ella.

Isabella apresuró el paso y se tragó el nudo que había en su garganta. Ahora no era momento para un débil llanto.

Pero Edward corría detrás de ella y la alcanzó fácilmente. La tomó por el hombro.

-No te vayas- pidió suplicante –Quédate conmigo.

Isabella se dio la vuelta.

-¿No lo entiendes? ¡No puedo! ¡Estar a tu lado me hace daño! ¡Tan sólo verte me hace daño!

Edward miró la cara de la chica. Triste y sombría como desde que la "conoció" por segunda vez.

-No es cierto- dijo determinante –No mientas. Victoria me lo ha dicho. Me amas.

Un gesto de puro horror se instaló en la cara de Isabella. ¿Puede haber cosa más humillante?

-¿Qué vas a hacer ahora?- preguntó ella -¿Burlarte de mí?

Edward sonrió brevemente y tomó la mano de Isabella y le haló hacia él, haciéndola chocar contra su pecho. La abrazó.

Ella cerró los ojos e incapaz de hacer otra cosa ella le rodeó con sus brazos por igual.

-No sé lo que me estás haciendo- susurró él –Pero cada que te veo… algo surge en mí. Sea lo que sea no lo detengas. No te detengas.

Inclinó la cabeza hacia ella y presionó sus labios contra los suyos. La boca de Isabella comenzó a picar. Sintió una corriente eléctrica.

Isabella soltó lágrimas silenciosas. Se separó.

-No- dijo ella –No puedo- dejó de abrazarlo.

-¿Por qué?- preguntó él con voz pesada –Anda. Abrázame.

Ella agitó la cabeza negativamente –Me hace daño- dijo con voz apagada.

Él sonrió –En cambio a mi me produce mucha paz- le atrajo de nuevo hacia él.

Isabella aspiró el aroma masculino e inconfundible.

-Bésame- pidió Edward.

Isabella lloró aún más.

-¿Vas a esfumarte?

-No.

-Es que…- ahora las lágrimas corrían libres por sus mejillas –Tengo miedo de que todo esto acabe y tú te vayas. Me moriría.

Edward cerró los ojos.

-No sabes cuánto lamento no recordarte. Daría lo que fuera por acordarme un solo segundo de nuestras vidas juntas.

-Mi vida no es vida desde que tú te fuiste- susurró ella.

-Entonces déjame recompensarte- respondió él con valentía.

-¿Cómo?- preguntó.

-Sólo cierra los ojos.

Isabella sabiendo lo que iba a hacer no pudo luchar más y su fuerza de voluntad y el escudo de su corazón yacían en el suelo. Hizo lo que él le dijo.

Sintió primero un ligero rose en su labio inferior y luego como él lo succionaba fuertemente. Entonces la besó por completo e Isabella abrió su boca dejando que Edward acariciara su lengua con la suya. Todo a su alrededor daba vueltas, estaba mareada y feliz. Su aliento tibio y con sabor a durazno aturdió todos sus sentidos y ahora ella sólo era emociones y amor.

El beso cada vez menos tierno y más carnal y primitivo. Edward la tomó por la cintura y la pegó a él. Se separó de ella jadeante y con los ojos cafés aún más oscuros.

-Vamos a mi departamento- dijo él.

Isabella sólo asintió tímida y dispuesta.

OoO

Edward cerró la puerta con el pié y luego empujó a Isabella sobre la madera dura. La besaba con pasión y con deseo. Ella correspondía con todo lo que tenía. Sus manos viajaron por el pecho de él y pararon en sus hombros empujando la chaqueta fuera del cuerpo de Edward, continuó desabrochando la camisa pero apenas pudo con los primeros tres botones ya que sintió la boca de Edward en su cuello succionando y mordiendo.

-Ah- gimió mientras le abrazaba por el cuello.

Las manos de él recorrieron el abdomen y los pechos de ella por encima del vestido.

-Eres hermosa- dijo besándola de nuevo.

Edward desabrochó su cinturón y bajó el cierre. Isabella lo vio pero se quedó quieta en su lugar, no quería arruinar el momento, quería que pasara.

-Envuelve tus piernas a mí alrededor- ordenó él mientras que la deslizaba hacia arriba por la puerta y la tomaba por la cintura.

Isabella hizo lo que le pidió y se afianzó alrededor de él con toda su fuerza.

Entonces sintió como poco a poco él entraba en ella y segundos después su miembro estaba completamente dentro de ella.

-¡Dios!- gimió él mientras que salía de ella y empujaba dentro de nuevo.

Isabella gimió alto mientras que le atraía a él por el cuello y lo abrazaba mientras que una y otra vez se hundía en ella. Edward besaba la clavícula de ella ahogando los gemidos que le producía.

-Oh, Edward- pronunció ella ante el exquisito roce.

-¿Te gusta?- jadeó él.

-Si… mucho.

Isabella perdió la cuenta de cuántas veces más Edward se sumergió en ella, pero no importaba. Un placentero orgasmo se formaba en su vientre a cada segundo. Las paredes de su vagina empezaron a contraerse haciendo prácticamente imposible que Edward se moviera dentro de ella.

-Oh… sí- gimió él mientras miraba el rostro de Isabella.

Segundos después Isabella lo apretó contra ella mientras su clímax llegaba y la azolaba dejándola temblando.

Edward siguió moviéndose dentro de ella haciendo que el orgasmo se prolongara. Se tensó unos momentos y luego estalló inminentemente.

Aún con sus cuerpos jadeantes y necesitados de aire para sus pulmones, Edward la cargó y la llevó hasta su cama, acostándola lentamente admirando su rostro.

-Creo que no he sido del todo caballero contigo- dijo él lamentándose.

-Está bien- contestó ella –No soy una damisela virgen que necesite sábanas blancas con encajes y ternura casi palpable.

-Para mí lo eres- dijo él –Y voy a hacerte lo que te mereces.

Con todo el cuidado del mundo deslizó hacia abajo el cierre del vestido y poco a poco lo sacó del cuerpo de Isabella. Que sólo quedó en ropa interior.

-Vuelvo a decirlo- dijo –Eres estupendamente hermosa.

Con rapidez y eficacia con una sola mano desabrochó el brassiere de su chica y lo colocó en el suelo. Se quedó mirando sus pechos cuyos pezones estaban endurecidos hasta el dolor.

Isabella admiraba como él la miraba.

Que esto no sea un sueño por favor Dios mío… por favor… que en realidad esté aquí con él… que él en realidad esté aquí a punto de hacerme el amor tiernamente… no dejes que se vaya…no dejes que se esfume… lo amo… lo amo…y él siente algo por mí… que no se detenga Señor… que no se detenga… quiero volver a ser feliz…

Edward se inclinó sobre ella y besó el valle de sus senos y luego sus senos. Isabella se removió ante el toque.

Él enganchó los dedos en el elástico de las bragas de ella y tiró hacia abajo, dejando su sexo desnudo.

Aspiró el aroma.

-Hueles a gloria ¿lo sabías?

Isabella inclinó la cabeza hacia un lado y sonrió.

Edward colocó sus manos en las rodillas de ella y separó sus piernas.

Luego dijo: -Ven- la ayudó a sentarse a la orilla de la cama y con las piernas aún abiertas.

Isabella estaba expectante.

-¿Qué quieres que te haga?- preguntó él.

Isabella suspiró -¿Por qué haces esto?

-Porque me fascinas. Me vuelves loco con tu aroma… con tu boca… porque siento algo que es enorme por ti, porque te deseo con desesperación… y porque quiero recompensarte de todos estos años que no estuve a tu lado.

Isabella se quedó en silencio mientras absorbía todas esas palabras.

Siento algo que es enorme por ti… se repitió mentalmente y dejando que una sonrisa se extendiera por su cara.

-Quiero que me beses- dijo ella.

-¿En dónde?- inquirió sugestivamente.

-En todos lados.

-Sé específica- retó.

Isabella jadeó y pasó saliva.

-Bésame aquí- tocó sus labios. Edward se inclinó hacia adelante y besó sus labios con ternura y anticipación.

-Listo- anunció.

-También aquí- murmuró ella tocando su cuello.

Edward besó su cuello y lamió apenas.

-Aquí- señaló sus pezones.

Edward la abrazó por la espalda y besó sus pezones lentamente.

-Hmm…- suspiró de placer.

Con un beso casto él finalizó su tarea.

-¿En dónde más?

-Bésame aquí- Isabella tocó su ombligo.

Edward se inclinó y penetró él ombligo de ella con su lengua haciendo círculos.

-Oh.

Una vez terminó Isabella estaba a punto del colapso.

-Y por último, aquí- abrió aún más sus piernas y señaló su sexo.

-Con mucho gusto- contestó él tirando a Isabella en la cama y bajando hasta el destino indicado.

Isabella sintió como él dejaba un beso casto sobre su clítoris y luego sobre sus labios. Elevó las caderas ante la sensación.

Luego Edward sumergió su lengua en su vagina y literalmente la besó. Movía su boca como si fueran los labios de Isabella.

-Oh. Así- elevó sus manos a su cabeza y se dedicó a disfrutar de la sensación.

La habitación estaba en silencio. No existía más ruido que el que Edward producía con su boca y los gemidos bajos de Isabella.

-Oh- dijo ella cuando sintió una sensación quemante extenderse por su espina dorsal y golpear en todos los lugares de su cuerpo –Para- pidió –Para que…

-Eso es lo que quiero- la mirada de Edward era oscura y demoledora.

-Humm.

Isabella tomó a Edward del espeso cabello negro y lo atrajo aún más hacia ella. En ese momento su orgasmo llegó y se vino en la boca de él.

Succionó cualquier rastro del placer que ella había tenido y luego se puso de pie trepando en la cama y yendo hasta sus labios. La beso.

-Sabes estupendo- dijo.

-Ahora es tu turno- dijo Isabella mientras que terminaba de desabrochar la camisa de él y la aventaba al suelo. Terminó de quitar sus pantalones y Edward se deshizo de los zapatos. Quedó solo en bóxer.

Con lentitud Isabella bajó poco a poco la ropa interior liberando la enorme erección que había surgido en él.

En un movimiento que Edward no supo anticipar Isabella los giró sobre el colchón quedando ella arriba.

-Whoa- se limitó a decir.

Isabella se inclinó hacia su rostro, lo beso en la comisura de sus labios y luego mordió su lóbulo.

-Te amo- susurró ella.

Él sonrió –Creo…creo que yo también- dijo tímido.

Un sentimiento cálido surgió en el pecho de Isabella, un sentimiento que hizo temblar a su corazón.

Con manos valientes Isabella lo tomó y deslizó su mano hacia arriba y hacia abajo, haciéndolo gemir. Lo hizo de nuevo.

-Oh por favor, Isabella- dijo él.

Ella sonrió traviesa. Luego se hizo hacia arriba y se dejó caer en él. Echó la cabeza hacia atrás.

-¡Ah!

Él la tomó por las caderas y empezó a elevarse para llegar más profundo en ella. Los pechos de Isabella se movían continuamente por el movimiento lento.

Él tomó sus senos con las manos y comenzó a masajearlos y amasarlos.

-Son suaves- murmuró –Y perfectos.

Edward los giró una vez más y él quedó encima hundiéndola con su peso en la cama.

Las embestidas eran acompasadas y lentas… gloriosas. Una… dos…tres…diez…

Entrelazaron las manos y las colocaron a los lados. Isabella elevó las piernas y lo envolvió entre ellas.

La penetración cada vez más profunda y certera.

-Eres…maravillosa- jadeó –Y fantástica.

Isabella abrió la boca y dejó a los gemidos salir. Gritaba y jadeaba sonoramente.

-Muévete… más- imploró ella.

Incrementó la velocidad hasta ser casi demencial.

-No- dijo Isabella –Más lento… más lento…

Aminoró ligeramente el ritmo. El orgasmo los alcanzaba a los dos al mismo tiempo.

-Vente…ah…vente conmigo- ordenó Edward –Ahora.

Y ambos estallaron, sin acallar ningún grito, dejando salir todo.

En ese momento el tiempo se detuvo para ambos, que yacían en ese momento entre las sábanas, con los brazos entrelazados y con la promesa muda de que nunca nadie los volvería a separar, con el propósito de que nunca nadie jamás volvería a acabar con su amor que al estar en su apogeo era maravilloso.

-Había olvidado lo maravilloso que era hacer el amor contigo- confesó ella.

-En cambió yo… olvidé todo- se lamentó –Pero estoy seguro que era el paraíso.

Y entonces una vez más, como toda una pareja que acaba de volverse a enamorar, que se ha vuelto a encontrar venciendo los confines del tiempo y del espacio. De los prejuicios y el orgullo de la sociedad en la que vivían, volvieron a hacer el amor como dos locos.

Y él la besa, le recuerda su amor, la abraza, la embiste, la coge, le da su alma entera.

OoO

Canción: All This And Heaven Too

Artista: Florence And The Machine

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Un beso.

Amy W.