Epílogo

Historia beteada por Flor Carrizo

Bella Pov

—¡Carlie, mi amor! —Escuché el grito de mi esposo por la casa en busca de nuestra princesa de tres años. Ella era una niña preciosa de ojos tan verdes como los de su padre.

Vivíamos en Londres los cuatro y medio. Sonaba raro pero era así, mi hermoso esposo, Edward, mi hijo Anthony de ocho años, mi princesa Carlie de tres y yo que contaba por uno y medio, ya que en mi vientre crecía nuestro tercer hijo.

Aunque vivíamos en Londres, ya no estábamos en la casa de hacía años, teníamos una hermosa mansión a las afueras de la ciudad. Era un lugar muy bello, fue una locura aprender a vivir con todo lo que representaba Edward, su dinero, su fama y la prensa que quería comernos vivos. Tuvimos que pasar por mucho para por fin estar juntos.

Cuando la prensa supo que estaba embarazada los rumores corrieron como pólvora: El cotizado soltero de oro de Londres se casa porque embarazó a una de sus conquistas. Eso fue lo que más se vio en la mayoría de los periódicos y revistas.

En ese momento de nuestras vidas aún estábamos adaptándonos a ser una pareja y yo embarazada tenía las hormonas como locas, así que cuando vi eso casi tomé un vuelo de regreso a Estados Unidos, no quería ser la zorra que lo amarró con un niño. Pero él llegó a la casa, me abrazó, me arrulló en su pecho y me dijo que no creyera nada de lo que decían las revistas, él me amaba y no se imaginaba una vida sin mí. Cosas como esas me hacían amarlo cada día más.

La primera vez que nos tomaron una foto juntos fue en la gala que realizaba su empresa para Navidad, esa velada fue maravillosa, bailamos casi toda la noche y me presentó a su familia. De inmediato me hice amiga de sus hermanas, Alice y Rosalie, ambas casadas, Jasper el marido de Alice y Emmett el de Rose, amigos de mi apuesto esposo. Esa primera foto fue una locura, todos intentaban inventar una historia sobre nosotros, decían cosas como que el matrimonio fue arreglado o que yo quería sólo su dinero y que él quería un heredero.

Nueve años después, los chismes no cesaban, la prensa inventaba constantemente supuestos engaños de ambas partes. Yo escribí mi primer libro y en una de las reuniones para publicarlo me tuve que ver con James, el jefe de redacción de la editorial que lo publicaría, me vieron con él a las afueras de su empresa y casi me matan. Las fans de Edward me odiaron a muerte, hasta que ambos salimos a aclarar los hechos. Nunca lo habíamos hecho, pero las cosas se estaban saliendo de control y decidimos hacerlo para calmar las aguas.

Cuando nuestro pequeño Anthony tenía cuatro años quedamos embarazados de nuevo, esa vez de nuestra princesa Carlie y Edward estuvo más que feliz. Él amaba a nuestra pequeña.

Al pasar los años creíamos que sólo nos quedaríamos con esos dos, pero entonces nuestro tercer bebé apareció, el que crecía en mi interior. Tenía cinco meses de embarazo y estaba completamente feliz.

Mientras terminaba de escribir mi nuevo libro y cerraba la portada, entró mi cobrizo acompañado de mis dos niños.

—Hola, mon amour —dijo Edward con dulzura. Durante los años había aprendido un poco de ese idioma y me encantaba, era muy romántico.

—Hola, mi amor —respondí dejando un beso en sus labios.

Los niños rápidamente corrieron a la mesita con colores y hojas, mientras Edward me ayudaba a levantarme y tomaba el libro de la mesa.

—El príncipe de Londres —leyó en voz alta, yo sonreí. Mi primer libro había sido un best seller, se había llamado Ladrona de Oro y había sido algo así como una autobiografía hecha novela. Todos llamaban a Edward El soltero de oro antes de que nos casáramos, así que ese primer libro hablaba de mí cuando lo conocí y todo lo que pasamos.

—Es algo así como una segunda parte —dije con una sonrisa.

—¿De qué trata? —preguntó comenzando a hojear las primeras páginas.

—Es nuestra historia contada desde otra perspectiva —dije mirándolo dulcemente. Él llegó a las dedicatorias y una sonrisa se formó en sus labios.

—Yo también la amo, señora Cullen.

Sonreí y él me beso. En esa página decía:

Para mi hombre, él que se robó mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Te amo, mi cobrizo.

FIN