"Destierro"

-De pie y sin hacer nada veía como un molesto Minho se iba desde lo obscuro de bosque hacia la Finca, ya no se sentía fría, y tenía total control de su cuerpo y acciones – Por qué nunca me contaste?

-Qué cosa?

-Esa mierda de que lo conocía desde antes…

-Me pediste cosas importantes.

-Y estuviste un mes sin darme ningún recuerdo.

-Eso es asunto tuyo!

-Cómo?

-Al final de todo lo comprenderás.

-Final de qué? – Silencio – Quiero que me des un recuerdo… con él.

-Bien, pero no te quejes si es repetido…

Con la promesa de Tem de que sabría acerca de su pasado con el asiático se recostó en el suelo y cerró los ojos esperando ver algo.

Se mantuvo en ese negro hasta que escuchó algo; pasos. Pudo distinguir que eran zapatos deportivos, de los comunes, pisaban sobre un suelo de cerámica, esos de hospital que producen un eco fantasmagórico. Consciente de que ya estaba en la visión abrió los ojos; la habitación era limpia y pulcra, de un blanco que podía cegarla, los pasos llegaron hasta la puerta, los golpes sobre esta sonaron tres veces antes de entrar, el chico asiático, fornido y de pelo corto hizo su aparición sentándose a los pies de la cama donde ella estaba recostada.

"Se ve exactamente igual". A la Hiems del "presente" le hacía gracia que la única diferencia en la apariencia del corredor fuera su edad, podría decir que se veía un año más joven.

-Realmente lo hiciste… – Incluso su voz sonaba igual.

-Si…

-Sabes que harán ahora?

-Por lo que me han dicho, seré una variable.

-En verdad… eso fue…

-Estúpido? – Su voz y la de él sonaban tristes, como si estuvieran conversando acerca de la muerte de alguien.

-… – No contestó.

-Estoy consciente de lo que hice, pero aún me queda un año para entrenar y prepararme, aunque será extraño sin ti.

-Me podrás ver por los monitores, sabes?

-Verte llorar como un bebé?

-No lloraré! – Se vio juguetonamente ofendido, en cierta forma le alegraba que dejaran de hablar de forma tan lúgubre.

-Júramelo – Se incorporó para quedar frente a frente con el asiático

-Hiems, te juro por mi vida que no lloraré.

-Ahora tienes dos cosas que cuidar.

-Puedo con eso – Rieron juntos, le sorprendió que alguna vez hubiese habido tanta confianza entre ellos – Realmente espero que le hayas guardado todo tu discurso a esos sujetos.

-Lo suficiente para que cooperen sin saber.

-Eso no cuenta cómo manipulación?

-Yo tampoco lo sabría – De nuevo una cálida risa acompañada de un sentimiento de nostalgia. Un individuo vestido con ropas quirúrgicas apareció en la puerta – Ya es hora.

-Hasta dentro de un año.

-Si… – Se acercaron un poco más.

Despertó con una especie de revolturas en el estómago, qué habían sido con Minho? No sacaba nada con preguntar. Qué horas eran? Salió del bosque para encontrarse con todos trabajando, debían ser las tres de la tarde.

No nos queda más solución que asaltar la cocina.

-Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas…

Con pleno sigilo se acercó al santuario de Sartén aprovechando que éste fue a las letrinas, se hizo un sándwich y arrancó una manzana del canasto en el que estaba, salió tan rápido como había entrado, pero se detuvo en la entrada del comedor cuando vio algo familiar tirado en el suelo, acercándose un poco más para recoger el objeto pudo reconocerlo; una extraña piedra negra brillante atada con un lienzo de cuero.

-El collar de Ben…

Después de guardar sus provisiones subió casi corriendo a la habitación del pelinegro, sin embargo al abrir bruscamente la puerta no vio a nadie – Shuck – Con la misma brusquedad abrió la entrada de al lado en donde se encontraban los Docs y la ojiazul en coma.

-Hiems, ocurre algo?

-Ben ha sido dado de alta?

El rostro de Clint empalideció – No…

-Entonces se escapó.

Su labor con ellos terminó, estaba segura que le avisarían a Alby, en cuanto a ella no esperó a que le contestaran para salir corriendo en busca del muchacho, sabía que algo no andaba bien, sentía cierta electricidad en el ambiente, dónde podría estar? Entonces recordó…

Él debería odiar a Thomas.

Buscó al larcho con la mirada, si mal no se equivocaba ese día le tocaba con los carniceros, sin embargo a esa hora estaban en descanso, de modo que no lo encontró ahí, su mente, que trabajaba a toda velocidad, hizo click en lo que había visto el día anterior; el castaño solía escaparse al bosque, luego de lanzarle un improperio por lo bajo por aprovecharse de SU espacio corrió lo más rápido que pudo hacia ese lugar, notó que no dejaba de apretar el collar del constructor. Antes de llegar alcanzó a escuchar un alarido proveniente de la obscuridad del bosque, corrió más rápido.

Sintió como su corazón daba un vuelco al ver la terrorífica escena: Ben sobre un Thomas herido y sangrante…

-Ben! – Llamó su atención rápidamente, dándole tiempo al novicio para que se apartara. Miró intensivamente a su compañero, su piel antes pálida, parecida a la de un enfermo, ahora parecía la de un cadáver, pegada sus huesos, venas verdes lo recorrían de pies a cabeza, su boca estaba abundante de baba espumosa, y los que hace un par de días era unos ojos alegres y comunicativos en ese momento estaban irritados e inyectados de sangre – Ben, detente – Le habló de forma suave, esperando a que así pudiese reaccionar.

-Hi, no lo odias? – Apuntó al asustado larcho, le era extraño que aún enloquecido la llamara por su apodo – Tú lo odiabas! Querías matarlo! Hazlo! Hazlo ahora o yo lo hare! – La poca calma con la que había respondido se fue de inmediato, escupía enormes cantidades de saliva cuando gritaba.

-Ben, por favor, él no sabe nada, es como nosotros – Pensó que sonaría más convincente si no fuera tan estoica.

-No lo es, él nos hizo esto, es malo – De la nada su comportamiento cambió, se alejó unos pasos y empezó a repetir la última palabra como si de un rezo se tratara, pero lo peor fue su posición, como un felino a punto de saltar – Es malo, malo, malo…

-Ben! – Esta vez fue la voz de Alby la que retumbó en los rincones del bosque, el enfermo lo miró con terror, pero no dejó su tarea.

-No hay que confiar en él, Alby, no es bueno para nosotros…

-Ben, si no te detienes me veré obligado a dispararte – Lo apuntó con el arco que traía, Hiems supo de inmediato que no era solo una amenaza – Deja al nuevo a la cuenta de tres. Uno…

-Es malo…

-Dos…

-Malo, malo, malo…

Antes de poder pronunciar el tres, Ben saltó en un ataque que bien pudo haber sido mortal, pero que nunca llegó…

– Ben! – Contra todo previsto la chica corrió hacia el cadáver del que había sido su compañero, en verdad estaba muerto? Ben estaba muerto? No lo creía, no podía creerlo, no quería creerlo. En un acto inútil lo por hacerlo reaccionar lo agitaba enérgicamente, hasta que una mano firme se posó en su hombro.

-Lo lamento, Hiems. Estas cosas pasan… – Alby le dio unas pocas palabras de ánimo antes de dirigirse hacia afuera del bosque, guiando a Thomas hacia la enfermería para vendar su herida. Al hacer un corto contacto visual pudo percibir el sentimiento de culpabilidad en él, más ella no pensó nunca que era su culpa, al menos no en esta vida. Volteó a ver el cadáver del constructor por última vez, le puso su collar, le arrancó la flecha de la cara – Tal vez en otra vida yo lo odiaría profundamente, pero en ésta no puedo. Lo siento – Y por último posó sus manos sobre su torso, a modo de un descanso más solemne, o eso le decía su memoria selectiva.

Aunque no muriera no le hubiese ido bien en el Área.

Tem tenía razón, era mejor para él el haber muerto. Se deshizo de todos los pensamientos que rondaban alrededor del hecho y empezó a alejarse de la "escena del crimen". De pronto y sin aviso se turbó de una extraña paz, como si el mundo fuera más y más lento, aprovechando de captar todos los detalles, sin embargo sabía que era una falsa paz – Me estoy protegiendo? – No dejaba de pensar en los días anteriores, desde que empezó la agonía de Ben, en lo que él dijo, o si acaso tenía razón, Thomas había hecho todo eso? La idea de a poco empezó a sonarle menos descabellada, había una especie de patrón: primero, una chica que se adapta al ambiente, segundo, un chico al cual los pinchados recuerdan y por último otra chica que es la primera de los tres que representa un peligro real. Cuándo empezaría ella a ser una amenaza?

Pregúntaselo a Minho.

Definitivamente debía hablar con él después sobre todo lo que había pasado. Necesitaba descargarse con alguien, y últimamente había tomado bastante confianza con el asiático, después de todo había demostrado ser discreto y asertivo con respecto a sus confesiones.

Dieron las cinco de la tarde con la heterocroma ayudando a Chuck a limpiar el piso de la cocina por petición de éste, con tal de evitar el aburrimiento de ambos.

-Y dónde quedó el nuevo?

-No lo sé, se perdió por ahí. Después lo buscaré…

-Quiero hablar con él.

-Ehh… – El niño balbuceó un poco, como si estuviese decidiendo si decirle algo – Me pareció que quiere evitarte… qué le hiciste? – Quería evitarla? Se sintió ofendida, o tal vez culpable, pero no importaba, después conversarían.

-Nada, solo que ocurrió un… incidente.

-El ataque de Ben?

-…

-Los Embolsadores ya deben estar enterrándolo…

No hubo más palabras por parte de Hiems. Dejó al ojiazul comunicar todo lo que quisiera, ella no prestaba mucha atención, aunque a la vez le entretenía, animaba el ambiente en general sólo con su presencia, aunque nadie lo tomase en cuenta.

Pobre niño, este lugar sería más lúgubre sin él.

-Hiems! – Cuál era el gusto de todos de interrumpir sus pensamientos? Esta vez el responsable fue un chico pálido, pelirrojo, musculoso y unos pocos centímetros más alto que ella. Venía jadeando, y su cara combinaba con su cabello.

-Adam…

-Ben… no murió, está ahora en el Cuarto Oscuro.

-Qué? – Sintió como esa defensa de falsa paz se agrietaba.

-La flecha no le llegó al cerebro.

Se levantó rápidamente con destino hacia el norte de la Finca, en el que se encontraba la cárcel, esta vez se detuvo mínimamente ante la voz preocupada del niño – Estás bien? – Asintió sin pensar y caminó a paso firme hacia el encierro de su compañero. Mientras más se acercaba sentía como un nudo en su garganta se formaba, quería llorar? No, no podía ser eso.

-Ben? – Llamó con una voz tímida antes de asustarse al ver al susodicho, literalmente, lanzándose sobre los barrotes.

-Qué haces aquí, Hi? – Tenía una apariencia deprimente.

-Vine a ver cómo estabas.

-Ya me viste, ahora vete – Le dolía verlo así, como un rastrojo de ser humano, tan distante, le hacía creer que era una persona distinta.

-Quería hablar de lo que me dijiste.

-Lo del nuevo? Gally tenía razón, él es el culpable.

-No tiene sentido, él está igual de asustado que todos…

-Yo lo ví! Hi, yo lo vi! – Empezó a agitarse, se tomaba de los barrotes, como si pudiera romperlos – Pero a nadie le importa! Volveré al Laberinto! Me llevarán al Laberinto! – Estaba aterrada, qué estaba diciendo? Alcanzó a tomarla de la camiseta gritando incoherencias y escupiéndola hasta que alguien la jaló hacia atrás.

-Fin de la visita, es hora de irnos – Newt la llevaba de los hombros de vuelta al sur de la Finca mientras intentaba, en balde, que la chica no volteara.

-Qué harán con Ben? – Una vez lejos de la prisión le preguntó, mirándolo firmemente a sus ojos, mientras él trataba de ordenar bien lo que iba a decir, su mano vaciló entre posarse en el brazo de la chica o no, finalmente la llevó a su nuca en señal de incomodidad mientras le decía la respuesta.

-Hicimos una asamblea de emergencia, era mejor que la flecha lo atravesara – Tomó aire antes de decir la frase final – Lo desterraremos en la noche.

Su tenacidad se había ido, bajó la mirada al suelo a la vez que asentía y se alejaba unos pasos, estaba perturbada, por qué? Si en un principio no era su culpa, por qué tenían que desterrarlo? Sintió ira, no contra Ben, el ser picado no era su culpa, los encargados? No, ellos solo hacían lo mejor para todos, hacia los penitentes? Esas cosas ni siquiera pensaban, según Minho.

Empuñó sus manos en una impotencia sofocante, quería darle una paliza a alguien, correr y buscar al culpable del sufrimiento de todos, quería librarse de todo, escapar.

-Sé que es difícil para ti, Hiem, pero él ya no es el Ben al cual tú conociste, está completamente fuera de sí, y, aunque pueda sonar cruel, no podemos hacer otra cosa. Lo siento – Newt trataba de consolarla, sin embargo, aunque apreciaba el gesto, no pudo tomar en cuenta ninguna palabra.

-Entiendo – Sin extender mucho la interacción se dirigió al bosque, todos debían ya estar comiendo a esa hora, así que aprovechó su falta de apetito para estar sola, quería reflexionar, pero, sobre todo, quería deshacerse de esa molestia en el pecho.

-No quiero llorar – Se repetía tratando de aguantar lo más que podía. Abrazaba sus rodillas, apoyada en un árbol. Ocultó su rostro cuando sintió los pasos de alguien detrás de ella, a pesar de haber reconocido el ritmo de estos.

Incluso su caminar es igual, no?

Tem trató en vano toda la tarde animarla.

Levantó la vista para ver al corredor sentado a su derecha, no dijo nada, no dijeron nada. Se quedaron en silencio hasta que la heterocroma decidió hablar – No sé por dónde comenzar…

-Por donde te sea más cómodo – Le agradaba que fuera tan comprensivo.

-No es justo hacerle eso a Ben.

-No había otra opción.

-Pero no era su culpa ser picado, no podían darle al menos una muerte más digna?

-…

-Él ya vivió el horror de un penitente, lo obligarán a vivirlo otra vez… – volteó hacia Minho esperando ver algo en él, sin embargo sólo miraba al suelo con una expresión vacía – Sólo quería decirlo, no te preocupes.

-No sabía que te afectaba tanto – Le respondió luego de un extenso silencio.

-Fue uno de los primeros que fue bueno conmigo.

-Lo entiendo…

Alguien está celoso…

Rodó los ojos para después recordar la visión de la mañana – Pude tener un recuerdo sobre… eso.

-Eso? – Se veía interesado.

-Sí… nos vi en una habitación blanca – La miraba fijamente – Era una despedida.

-Estás segura?

-Estábamos tristes.

-Qué éramos? – Lo miró, esperaba a que se tardara un poco en preguntar eso, al menos para darle tiempo en racionar.

-No lo sé – Parecía exigir una respuesta, así que hizo un esfuerzo – Teníamos mucha confianza.

-Cómo sabes eso?

-Recuerdo habernos reído juntos, y decir algo sobre entrenar, juntos, también – Se sentía un poco incómodo hablar con Minho sobre ellos, pero en un pasado, era extraño.

-Eso me parece utópico – Rio un poco.

-Qué cosa?

-El verte sonreír – Sintió la misma revoltura de estómago que en la mañana.

-No lo encuentro tan genial…

-A mí me gustaría verte reír – Hicieron un contacto visual que el moreno se negó a romper – Pienso que te verías… bonita.

Se sentía extrañamente intimidada, sin embargo tampoco no pensó en quedarse atrás, quería ver como respondía – Entonces ahora no soy bonita? – Sonrió entre tenaz y nervioso, era raro, una expresión extraña, pero le sentaba bien.

-Cómo se dice entre linda y bonita? – Rompió el puente entre sus ojos, no sabía cómo responder a eso, un "gracias" tal vez? O un "no mientas"? En todo el mes en el que había estado nunca pensó en recibir el alago de alguien, menos de Minho… que por cierto se veía divertido, estaba segura de que se estaba vengando por su broma, la buscaba con la mirada, como queriéndola acorralar y obligar a dar una respuesta – Qué pasa, Hiems? – Tenía el descaro de preguntar! Como lo odiaba…

-No soy bonita… – Trataba de sonar segura, esperando a que él dijera que había sido una broma o algo parecido.

-Segura? – Rodó los ojos sin responder – No seas amargada – Le revolvió los cabellos juguetonamente.

-No soy amargada…

-Claro… – Lo decía sarcásticamente, sin embargo sabía que no era verdad, se dio cuenta que ya no se sentía triste, era sorprendente como podía animarla. Notó que por primera vez desde que se conocieron se sentía totalmente cómoda. Se acercó más a Minho, hasta quedar brazo a brazo y recostó su cabeza en el hombro del muchacho, que se sorprendió bastante – Hiems, estás aquí cierto?

-Gracias… – Al parecer el corredor entró aún más en un shock, de modo que solo emitió unos sonidos equivalentes a preguntar qué estaba haciendo y por qué – Me siento mejor ahora – Cerró sus ojos, relajándose, sintió la cabeza de él apoyándose sobre la suya lentamente, en un gesto de acogida.

-Para eso son lo amigos, verdad? – Amigos? Alguna vez pensó en eso? Reflexionó, a pesar de haberse apegado a muchos Habitantes realmente sólo se expresaba como ella frente a él. No podía decir que no sentía confianza. Tal vez no se dio cuenta de la relación que tenían en ese momento… O quizás eran vestigios de la relación anterior?

-Si… – Respondió calmadamente a la vez que se decidía.

Sería genial quedarse así por siempre, pero era imposible.

Minho había llevado algo de comida en una bolsa de cuero, que convenció a Hiems de consumir, se mantuvieron un rato hablando hasta que Minho miró su reloj.

-Ya es hora, si quieres puedes quedarte aquí – No quería ver como el picado era expulsado hacia su muerte, sin embargo se sentiría mal si no fuera, como si le hubiese fallado.

-Iré, no te preocupes.

Se encontraban reunidos alrededor de la puerta Este, la misma donde sucedió el incidente. El nuevo estaba nervioso, sabía por qué, lo comprendía, a diferencia de Chuck, que estaba muy emocionado, por qué actuaba así? Se sentía feliz de que uno de ellos fuera a morir? Por primera vez desde que llegó sintió ganas de pegarle. Minho estaba al frente de los corredores, al ser un encargado sería uno de los que lo expulsarían, Gally igual; a leguas se notaba que estaba incómodo, al menos para ella, Ben igual lo hubiese notado.

-Tráiganlo afuera! – La voz imponente de Alby se hizo notar. Desde la parte posterior de la Finca tres muchachos llevaban a rastras al condenado; Adam, Demían y Leo, de los tres, Demían era el único más firme. En cuanto al cargado, se negaba a cooperar, podría pasar por un cadáver de no ser por sus ojos aterrados, sintió lástima por él, quería gritarle a los tres que lo llevaran con más cuidado. El Líder le dijo algo a Newt por lo bajo, quien se dirigió a la bodega que tenían para las herramientas, mientras tanto Ben ya estaba frente al moreno, mirando sus pies, derrotado – Tú te la buscaste, Ben – Quería golpearlo, no fue su culpa! Él no era el culpable de ser picado! Newt volvió con una vara de uno seis metros compuesta de unas más pequeñas, no le gustó la idea de que tuviese un collar de cuero en uno de sus extremos.

Más bien parece una correa para perros. No podían tener peor gusto.

Una vez ésta estuvo posicionada alrededor de su cuello por fin levantó la cabeza, sus ojos vidriosos y nariz goteante la conmovieron, realmente era él, quería ayudarlo, pero no podía – Alby, por favor – Sintió un impulso de correr a apoyarlo – Te juro que estaba enfermo de la cabeza por la Transformación, jamás lo hubiese matado. Por favor, te lo suplico – Sin embargo ni siquiera fue tomado en cuenta, haciendo manejo del Mástil fue expuesto a la multitud, se veía patético, pero aún le quedaba algo de humanidad, lo que hacía del espectáculo más triste si acaso se podía. Ben se negó a mirar a los ojos a cualquier otro Habitante que no fuera Hiems, después de todo ella fue la única que demostró preocupación por el pelinegro. Alby decía unas palabras que no se molestó en escuchar, de forma inconsciente alzó un poco su brazo, como tratando de alcanzarlo y sacarlo de esa situación – Encargados, tomen su lugar junto al Poste de Destierro.

Entre todos éstos tomaron el poste a dos manos, como si necesitaran mucha fuerza, miró a Gally, quien se negaba a hacer contacto visual con el desterrado, Minho era igual con ella. Ben terminó mirando de lleno hacia su muerte.

Empezaron a empujar.

-Por favor! Alguien! Ayúdenme! No me hagan esto! – La rugiente voz de Alby callándolo no hizo nada en los oídos de Hiems como la voz del constructor, quien además miró atrás buscando a alguien que hiciese caso a sus gritos de ayuda desesperados, pero los demás solo apartaron la mirada – Que alguien los detenga! – Cada súplica perforaba sus oídos, sólo por el dolor que cargaban éstas – Socorro! – No podía con eso, cómo hacían los demás para verse tan estoicos? – Auxilio! – Su alarido fue interrumpido por un rugido de ultratumba; la puerta empezaba a moverse y él estaba ya totalmente dentro del laberinto – No! Por favor! No! – Cada aullido era más desgarrador que el anterior, una sucesión de ellos siguieron hasta que, después de torcer fuertemente el cuello, cuando el camino de las puestas estaba a la mitad, pudo mirar a la cara a los Habitantes, estaba totalmente derrotado, vencido, entregado a la muerte, ya ni hacía un esfuerzo por luchar, sólo una única palabra que nadie, sólo Hiems escuchó, y fue la más terrible de todas – Por favor…

Cómo podría describir la secuencia de coincidencias? El que la mayoría de los Habitantes apartara la vista, los encargados estaban ocupados en ese poste y Alby, el único atento, no estaba lo suficientemente cerca, cómo pudo coincidir todo para que cuando sin pensar decidiera partir como una flecha al laberinto sin que nadie la detuviera?

-Hiems!

El grito de varios se vio interrumpido por la imponente pared que se interpuso entre los Habitantes y ellos dos.

-Por qué hiciste eso? – La voz de su compañero sonaba igual que antes, solo que un poco más sorprendido.

-No lo sé, pediste ayuda.

El cielo ya estaba obscuro, las paredes cubiertas de hiedra se veían mucho más hermosas desde dentro.

(fin del capítulo 9)

Les contaré una historia:

Había una vez una niña que, un sábado por la noche, en vez de hacer vida social, se dedicaba a escribir. Debía tener listo el capítulo nueve de su historia para el domingo, pero le gustó tanto que se dijo: - Sube el capítulo hoy.

Y se respondió: - Por qué?

Y se volvió a responder: - Por qué no?

Y dijo: -Cierto.

Así que la niña sin vida social subió su capítulo un sábado por la noche, mientras escribía la misma cosa que escribía al final de cada capítulo:

"Y eso fue el capítulo nueve, espero que les haya gustado :3

Si tienen alguna crítica háganmela saber, pues me ayudan a mejorar.

Y sin nada más que decir, me despido

Bye

Megi"

Después de eso se cayó y se murió, fin.