"Noche Infernal"

-Por qué hiciste eso?

-No lo sé, pediste ayuda.

-Estás loca – Se lo decía un picado? – Estamos locos… – Hubiesen conversado alegremente toda la noche de no ser porque un ruido metálico estridente los interrumpió – Un penitente…

-Hay que correr – Sin darle a tiempo a Ben para que entrara en pánico lo tomó de la muñeca obligándolo a huir en dirección contraria en la que venía el ruido, el muchacho estaba realmente débil en comparación con antes, de modo que resistirse no le hubiese servido de nada.

Agradecía su estoicismo, pues estaba aterrada, el saber que una noche debería luchar por sobrevivir en un laberinto lleno de monstruos capaz de llevar a la ruina a alguien. Sus piernas volaban, el miedo y la adrenalina hacía que corriera sin siquiera cansarse, es más iba cada vez más rápido, ya no escuchaba al penitente cerca, por qué corría entonces? Paró bruscamente, miró a su compañero, era seguro que tenía tanto o más miedo que Hiems, incluso temblaba – No podremos escabullirnos por siempre.

-Deberemos.

-Acaso eres estúpida? Esas cosas nos matarán! Y de la peor forma posible! No hay forma de escapar…

-Lo lograremos, Ben, te lo juro – Creía tan poco en esas palabras que le resultaron penosas.

-Aunque lo lográramos, yo no podría volver jamás – Apoyó su espalda contra una pared dejándose caer, escondió su cara entre sus manos, lamentándose – Si no fuese por él, yo… – Acaso se refería a Thomas? La tranquilidad en el lugar era mucha, y sabía que no duraría mucho, era tan malo tratar de sacarle información?

-Ben, qué viste? – Mostró su rostro airoso, le asustó la idea de que volvería a enloquecer, sin embargo se mantuvo sereno.

-Quieres saber? – Asintió, atenta a cualquier otro ruido. Escuchó el mecánico sonido de un escarabajo – Él hizo todo esto, el Laberinto, lo diseñó. No supe por qué, sólo vi que estaba consciente de que habría personas ahí, y que tú lo odiabas, a él y alguien más, una chica… – Iba a pedirle que se detuviera para procesar mejor todo, según lo que Ben decía, el nuevo era un creador, y estaba segura que la chica a quien se refería era la Última, de ser así, por qué se enviaron a ese lugar? – No me crees, cierto? – Podría decirlo? Realmente no, Ben siempre había sido de confianza para ella, y esta vez no iba a ser la excepción.

-Te creo.

-Qué piensas, entonces? – Otra pregunta complicada, ella no dudaba del relato de Ben, sin embargo no sospechaba, tanto, del nuevo, tal vez esperaba conservar esos conocimientos, pero salió algo mal, pero recordó…

-Te diré un secreto – Le sorprendió que Tem no se negara en absoluto – Puedo recordar cosas antes de llegar aquí, no recuerdo haber visto al nuevo – Se apresuró a responder la incógnita no formulada del pelinegro, que al parecer se decepcionó – Pero escuché su voz en mi cabeza, cuando dijo su nombre – Sus ojos brillaron apenas mencionó eso – La voz decía que "era hora de empezar el experimento".

-Se lo has dicho a alguien? – Tenía los ojos sumamente abiertos.

-Solo a ti – Escucharon ese sonido característico de los monstruos, muy lejano. Dejaron la charla a un lado y corrieron juntos, cada vez era más difícil eludirlos, pues se adentraban más en el laberinto y ninguno lo conocía, les era un problema tratar de averiguar dónde venía el ruido, y lo que era peor, del único del cual estaban seguros venía de detrás suyo, aún no los veía, pero estaba cerca, notó que un escarabajo los seguía, serían sus ojos, acaso?

Si así lo fuera no te recomiendo hacerles nada, llamarías la atención de más penitentes.

Era cierto, si habían penitentes que aún no notaban su presencia les llamaría la atención que uno de sus ojos desapareciera, y no quería exponer a más peligro a su compañero. Por qué hacía todo eso? Sentía que debía protegerlo, después de todo Ben fue uno de los pocos que la ayudó a integrarse con los constructores, y con los Habitantes en general, quien no la juzgó en absoluto y el primero que empezó a tratarla como una igual.

De la nada él se detuvo de golpe, tenía miedo? Miró hacia el frente, había un penitente, pero algo estaba mal, no se movía, estaba muerto? Poco a poco se fue acercando a pesar de las súplicas del constructor, era tan desagradable esa criatura, una babosa de dos metros de largo y uno de alto, no podría identificar cuál era su frente, de su viscosa piel salían distintos apéndices mecánicos que tenían en sus extremos distintos utensilios; tijeras, taladros, cuchillos, navajas parecidas a oses, todo con un propósito inquietantemente obvio, sin embargo lo que más le llamó la atención, y a la vez la aterrorizó, fue un gran instrumento metálico del diámetro de un puño que terminaba en una punta finísima y hueca, como la de una jeringa, supo de inmediato que aquel era el instrumento que más dolor les causaba a los larchos.

-Hiems – De un susurro el constructor la sacó de su análisis, la tomó de la muñeca y la condujo a en dirección a otro pasadizo, sin darle tiempo a preguntar le indicó que volteara; la criatura, de una forma difícil de describir, exhaló.

Iba a comentar sobre lo difícil que estaba siendo esa miertera noche cuando escucharon al penitente a sus espaldas, y lo peor, vieron uno al frente, emitía luces enceguedoras, y al parecer podían emerger espinas desde sus superficie. Sin pensar corrieron en dirección del segundo esperando alcanzar un pasillo lateral ahí presente antes de que ese monstruo lo hiciera. Por poco lo lograron, de nuevo el terror la inundó, estuvo a punto de concebir su muerte, aprovechaban las esquinas para perderlos, evitando correr en línea recta por mucho tiempo, empezó a desesperarse cuando Ben, al estar notoriamente más desgastado físicamente, comenzó a bajar el ritmo de su marcha, doblaron a la izquierda, una decisión de la cual los dos se arrepintieron en cuanto notaron su error.

Era un extenso callejón sin salida.

Al mirar hacia atrás veían el pasillo por el cual estaban corriendo hace unos minutos, siendo alumbrado por las multicolores luces de los penitentes, ya no había salida, si volvían se encontrarían de cara contra ellos, aun así caminó hacia el mortal encuentro, qué más podía hacer? Mientras se acercaba rápidamente Ben le preguntó – Hi, por qué entraste?

-Ya te dije, pediste ayuda.

-No pensé que alguien fuera a hacerlo.

-Te lo debía, fuiste el único que me ayudó con los demás. Y tú, por qué entraste, Ben? – Se arrepintió de inmediato de su pregunta al ver la expresión de horror de él.

-No quise entrar… Tenía miedo. De la nada sentí como algo me arrastró y cuando entré, estaba ese monstruo esperándome, fue como si lo hubiesen planeado…

-Eso es imposible – Estaba horrorizada, alguien había causado la ruina de Ben apropósito?

El muchacho se quitó la correa de cuero, con lo que pudo percibir que llevaba puesto su collar de siempre.

-Este collar… lo perdí cuando salí de la Finca…

-Te lo devolví, cuando estabas "muerto".

-Es de Hipatía – Lo miró, recordó algo acaso? Antes de poder preguntarle le entregó el collar – Hazme un favor, devuélveselo – Qué había dicho?

Tal parecía que los monstruos eran especialmente crueles, pues se habían quedado afuera esperando sin hacer ruido, sin alumbrar, como si quisieran darles a sus víctimas algo de esperanza. Uno metros más y saldrían a encararlos, sin embargo se detuvieron justo en la orilla – Adiós, Hi – Ben salió disparado hacia ellos, mientras la empujaba al otro lado del pasillo, sin poder evitarlo corrió a lo más que podían sus piernas, pero no lo suficientemente rápido para poder escapar del grito de agonía del chico.

Qué había pasado? Por qué no lo evitó? Por qué salió corriendo sin siquiera mirarlo? Sin darse cuenta empezó a llorar mientras corría, esa pequeña molestia en su pecho se hizo enorme, no quería dejar de correr, sin embargo su cuerpo estaba extenuado, como era inevitable, cayó. Tendida en el suelo, y sin fuerzas para levantarse se lamentó. Lloró por las veces en las que fue tratada como un bicho raro, cuando había recibido incluso amenazas de muerte, la muerte de Ben, y recordó, sus padres, si acaso eran ellos, ese hombre, sus manos llenas de sangre, se liberaba de todo gracias a sus lágrimas, entonces sus recuerdos fueron a otra dirección; esa mujer, que estaba en dos recuerdos, su cicatriz, ese hombre que estaba en, al parecer, su casa, el mundo exterior, ese pasillo de hospital, el tubo con el contenido rojo, los ojos de la chica nueva, Teresa, la primera persona que vio en esa vida, lo que dijo Thomas, lo de ser un error, Hipatía, y, sobre todo, Minho…

Había tantas cosas que quería saber…

-Tem…

-Him?

-Quiero sobrevivir esta noche.

Se levantó, sabía que los penitentes no tardarían, se puso el collar guardando de fuego el nombre de su original portador, "Hipatía". La noche estaba realmente obscura, boca de lobo, aún quedaba mucho tiempo antes de que amaneciera, caminó en cualquier dirección, de una u otra forma sabía que lo que menos debía hacer era quedarse estática. Le molestó que sus pasos resonaran tanto, delataban más fácil su presencia, de modo que se despojó de los tenis que llevaba, unos metros más allá pudo distinguir la luz de una de esas cosas, viró bruscamente y empezó la carrera, pues un escarabajo la había alumbrado, y, por ende, ya la había visto.

Mientras corría sintió una extraña sensación de livianez, como si no cargara con nada, miró la imponente pared a su derecha, estaba cubierta de fuertes lianas, de inmediato empezó a trepar.

Concéntrate en correr! Sabes que esto no servirá de nada!

Lo sabía, pero no lo hacía por escapar, era por curiosidad, quería ver a la bestia moverse. Esperó pacientemente hasta que apareció; al igual que una babosa normal, ésta se contraía y estiraba para avanzar, sólo que al contraerse unas púas hechas hueso, aparentemente, emergían de su piel, además de que emitían sonidos mecánicos y monótonos que, de no ser porque estuviesen perfectamente coordinados con el movimiento del "animal", no sabría de donde provenían, pues las paredes del Laberinto hacían numerosos y confusos ecos. El penitente pasó de largo por un momento, hasta que se quedó quieto y sin hacer nada, ni siquiera iluminaba, lo que ella aprovechó para lanzarse quedando unos metros más atrás de él, emitiendo un eco sordo, luego de un segundo el ruido y las luces volvieron, empezó a voltearse de una manera torpe, lo que ella aprovechó para escapar.

-Al menos ya sabemos que tienen un frente fijo…

Se movía con plena decisión a través de todos los pasillos, como si los conociera perfectamente. Tropezó un poco con una liana en el suelo, su corte limpio le indicó que había sido cortada apropósito, tal vez como una guía para los corredores, por lo que decidió dejarla ahí para guiarse en el caso de sobrevivir. Si es que acaso lo hacía, y es que luchaba para que el terror y el pánico no la consumieran, si dejaba que eso pasara la atraparían en unos minutos.

De la nada, un plan se creó en su mente.

Tomó una liana en el suelo, sabía que habría consecuencias, pero eso no la hizo retroceder, la anudó con otras más, de vez en cuando tenía que detenerse para completar su labor, eran segundos en donde sus niveles de estrés y adrenalina subían al tope. Por fin pudo terminar una red a tiempo de que entraba, sin querer, en otro callejón sin salida. Casi al final de éste quedó quieta, expectante a lo que vendría. Cuando el penitente hizo su aparición atacó de una forma inesperada; con las espinas afuera y echo una especie de esfera rodó rápidamente hacia Hiems, quien por un milagro de sus reflejos alcanzó a apartarse y lanzarle la red. Al ver el resultado de su plan, desde la pared en la cual escaló para salvarse del ataque, su mandíbula se relajó, el monstruo estaba enredado en la trampa, moviendo sus apéndices para cortarla. Sabía que no tenía más de un minuto, de modo que saltó y, en un movimiento rápido y demasiado peligroso, haciendo uso de su fuerza, arrancó uno de esos apéndices robóticos. La bestia emitió un aullido de dolor a través de una boca imperceptible, mientras se retorcía a la vez que brotaba una sustancia viscosa y pegajosa de color amarillo en la zona donde debería estar su brazo arrancado.

Asco.

No podía tener menos razón.

El artefacto era bastante delgado, a la vez que fuerte, tenía unos puntos de flexión que eran los mismos por los que se contraían, lo supo porque terminó en un largo de setenta centímetros, sin contar el instrumento en su extremo: un taladro.

Esa cosa servirá bastante.

De inmediato escapó del lugar, sabía que el grito atraería a más penitentes, así que se apuró bastante. Su nueva arma robada tenía "sangre" en la zona que estaría dentro de la piel de la criatura, de modo que Hiems la tomaba desde un poco más arriba.

Escuchó el mismo grito desde algún lugar del laberinto, la abordó una pequeña esperanza de que Ben pudiese estar vivo, que de inmediato desechó al darse cuenta que provenía de desde atrás suyo, la persecución volvió a empezar.

Cada vez más lenta por el cansancio, debía contrarrestar más veces los intentos de su persecutor por dañarla, creyó perderlo, haciendo un último esfuerzo, en unos pasajes en forma de "U". Dejó de correr, jadeando, con la esperanza de que el día empezara luego cuando la encaró esa asquerosa bestia al frente suyo.

Le había tendido una trampa.

Se resignó a morir, pero su cuerpo no cuando, al ver al penitente rodar hacia ella, se interpuso el arma robada. Reinó el silencio unos segundos en los cuales creyó haber muerto, abrió los ojos, que antes había cerrado debido al miedo, para ver la imagen más increíble de todas las que tenía en su mente: la bestia detenida sobre su marcha debido a ser atravesada por la vara de metal que, de una forma que no se pudo explicar en ese momento, se expandió.

Quitándola del viscoso cuerpo pudo apreciar que aún seguía vivo, pero tal vez recuperaba fuerzas, pues estaba igual que el otro que había visto, sólo que con esa sangre amarilla. Aprovechó para irse de ahí agradeciendo su suerte, notó húmeda su mano derecha, al mirarla vio que estaba agarrando el apéndice mecánico por esa parte que había rechazado antes.

Tal vez eso hace que permitan controlarla.

Comprobó su teoría cuando, al tomarla firmemente, pudo mover incluso las articulaciones a su voluntad. Pudo sentirse llena de energía de nuevo, tenía cada vez más posibilidades de sobrevivir.

Corrió, nada la estaba persiguiendo, pero sintió la necesidad de hacerlo, empuñaba su nueva arma mientras se concentraba en el más mínimo ruido a su alrededor, no sabía si era porque sus ojos empezaban a adaptarse o porque estaba amaneciendo que podía ver con más claridad su entorno, cuánto tiempo había pasado? No lo sabía, perdió por completo esa noción, tampoco se orientaba bien, el terror inicial evitó que se fijara en su entorno. Seguía huyendo de algo desconocido, pudo lograr una forma más silenciosa de andar.

Cuánto tiempo siguió luchando? Miró a sus espaldas para ver un escarabajo doblar y perderse. Exhaló en un alivio, no la había visto.

El cielo se tiñó de un color sosa anaranjado, el amanecer estaba cerca, había sobrevivido una noche infernal.

No cantes victoria tan rápido, hermana.

Supuso que debería hacer un último esfuerzo, caminaba silenciosamente a través del lugar, mirando en todas direcciones, atenta a cualquier movimiento o sonido, sin embargo toda esa concentración se fue por la borda en el momento en el que se encontró de cara con la salida del sol – El Área? – Pensó. De inmediato desechó esa falsa esperanza a darse cuenta que ese pasillo abierto terminaba en una caída vertical, acaso eso era el Acantilado? – Minho siempre me lo menciona.

-Te refieres a esas veces en que te amenazaba con lanzarte ahí?

-Y luego yo lo amenazaba con algo peor – Rio al recordar esa pequeña discusión provocada por la negativa de Hiems a comer sus espárragos.

-Es cruel amenazar a un hombre de esa forma – No sabía por qué Tem le reprochaba, siendo que ella le hubiese pateado en la entrepierna sin darse la molestia de avisar.

Se acercó al borde de ese precipicio, al mirar hacia abajo podría decirse que no tenía fondo, parecía obscuramente infinito, hasta la pared del laberinto que lo delimitaba se desvanecía de apoco mientras más ahondaba al fondo de todo eso. Se sentó viendo como el astro rey asomaba desde una superficie indistinguible en el horizonte. Sus piernas colgaban y se balanceaban al son de la única melodía que sabía, lo que le recordó – Tem, tú dijiste que era sólo un recuerdo por noche, y en verdad fue una mentira – Reía.

-Al final hubo un cambio de planes.

-No me tomaré la molestia de preguntarte.

-Haces bien, Him!– Se arrepintió de conversar en voz alta cuando escuchó los ruidos metálicos de los penitentes, cuántos eran? No podía distinguirlo, eran demasiados. Se incorporó rápidamente dirigiéndose al pasadizo por el que su oído le dictara, quien afortunadamente no se equivocó, sin embargo no huyó, sólo se escondió cerca.

Him, qué haces? Corre o te verán!

Hizo caso omiso, le daba curiosidad que tantos llegaran al mismo punto, durante la noche la habían alumbrado escarabajos, y, aun así, sólo la persiguieron, máximo, tres simultáneamente, es más, los que se dirigían al acantilado ni siquiera iban a la velocidad de una persecución, al asomarse sutilmente por una esquina pudo ver que andaban algo lentos, torpes, como si estuviesen "cansados".

Ya viste suficiente, deja eso!

Era consciente de que Tem tenía mejor idea de la situación que ella, sin embargo su curiosidad era aún más fuerte que su miedo, que el dolor de perder a Ben y el deseo de volver a encontrarse con Minho. Tuvo que morderse la lengua para evitar dar un alarido de impresión; una de las babosas rodó rápidamente hacia el Acantilado dejándose caer al vacío, la siguieron otras, eran en total unas dieciséis de las cuales cinco ya se habían lanzado al aparente vacío, aparente porque pasado un punto desaparecían de repente, como si la obscuridad las envolviera y se las tragara.

-Hay algo allí, un portal.

Última advertencia, corre.

Los monstruos que quedaban en ese punto eran unos cuatro, que de inmediato reaccionaron a su reflexión en voz alta, en cuanto a ella no dudó en, esta vez, hacer caso a las advertencias de su amiga, así que sin siquiera verificar que la escucharon corrió lo más rápido que pudo. No había avanzado unos veinte metros cuando pudo oírlos detrás de sí, aunque esta vez notoriamente más… "Agotados". La velocidad de éstos era mucho más reducida que en la noche – Tienen que descansar – El pensamiento fugaz tomó mucho sentido en su mente, considerando que eran parte biológicos, e incluso, aunque fueran mayoritariamente máquinas la energía se les acabaría alguna vez, sin embargo le produjo otra duda, por qué preferían acabar sus reservas antes de evitar matarla? Aprovechó la cercanía de uno para quitarle una extremidad, casi siendo herida, esta vez era una tijera del mismo largo de su cara – Espeluznante – Fue lo primero que su mente concibió al ver el instrumento, de inmediato hirió a los otros penitentes con lo que ganó una ventaja considerable, lo suficiente para perderlos y, un poco más tarde, escucharlos alejarse.

El sol asomaba entre el estrecho cielo formado por los muros, Hiems quería volver al Área, había sobrevivido, sin embargo su cuerpo había sido sobre exigido, tenía varios cortes por todos lados, moretones causados por las caídas y choques, tenía sed, hambre, y, para rematar, escuchó en sus recuerdos el grito claro de su compañero sacrificándose por ella, con la esperanza de cumplir su encargo.

-Lo siento Ben… no puedo…

Sus piernas flaquearon antes de poder terminar la oración, sentía impotencia, moriría, no por su avecinante desmayo, sino porque sabría que despertaría de noche. Y, aun cuando tuviese fuerzas, estaba segura que no llegaría a la salida por sí sola.

No le dolió el impacto de su cuerpo contra el suelo de piedra.

Him!

"-Y bien, cómo planeas hacerme todo más difícil? – Su actitud altanera y teatral cumplía muy bien su función; alterar a su contrincante.

-Realmente quieres probar, Hiems? – Suspiró, le exasperaba que después de tanto tiempo aun no supiese quién era ella – O quien seas, lo de los antagonistas número uno es sólo el comienzo – La voz con quien discutía estaba realmente irritada.

-No te preocupes, prometimos, por tu muerte, que no lo haríamos nosotras – Le agradaba ver los efectos que su actitud lograban en ella"

-Him, levántate! Ya va a caer la noche de nuevo! – Despertó confundida, alguien la agitaba inútilmente, no tenía que abrir los ojos para saber que se trataba de Tem.

-Estoy soñando…

-Despierta, entonces! Hay que salir, yo sé cómo, yo te ayudaré, pero por favor levántate! – Era tan raro escucharla así de desesperada, la hizo compadecer, sin embargo siguió acostada en su sueño – Vamos, Him, acaso no querías sobrevivir? Rápido! Hay que levantarse y correr.

Se sentía cruel, el estar corriendo toda la noche no le había dado tiempo de entristecerse, sin embargo apenas escapó de los últimos penitentes pudo darse cuenta de lo que realmente pasaba a su alrededor; Ben había muerto. No, Ben había sido asesinado, aunque le costara admitirlo, por ella. Todas las imágenes de los asesinatos recordados cruzaron por su mente, quitándole energía – Lo siento, Tem.

-Tienes que cumplir su encargo, Him.

-Tú sólo quieres que viva para cumplir tu venganza – No hacía falta mucho ingenio para saber que Tem tenía asuntos pendientes con alguien, ni siquiera lo negó.

-Era nuestra venganza – Le hubiese pedido respuestas, sin embargo no tenía fuerzas ni ánimos para nada más – Ya no queda tiempo – un último intento de persuasión de su amiga, Hiems sabía que no había caso en tratar de volver, después de todo, si ellos en verdad eran un experimento que debía terminar luego, y siendo que no habían cambiado nada en dos años podría decir que eran un experimento fallido – Ya te dije que fui yo la que hizo todo eso… incluyendo que escaparas de Ben! – Era inútil, y al parecer ella lo entendió – Te has esforzado mucho – Su voz cambió por completo, ahora era suave y comprensiva, se levantó determinada – No te preocupes, descansa, yo me encargaré de que llegues sana y salva al Área, así tenga que pasar la noche! – Dijo llevándose el pulgar al pecho mientras le dedicaba una sonrisa de seguridad. Hiems realmente agradecía su fortaleza, le dedicó una sonrisa culpable mientras Tem desaparecía de la obscuridad de su subconsciente.

Despertó con el escalofrío, propio de sí, recorriendo su espalda, se levantó nuevamente, una nueva noche en ese laberinto. Miró a su alrededor y, como supuso, la imponente muralla a su derecha había cambiado de posición, le agradó confirmar que estaba perfectamente ubicada. El lugar por el cual los penitentes salían estaba relativamente cerca, por lo que se apresuró a correr, pues aún era bastante temprano, tenía mucho chance de escapar.

Se cuidaba de los escarabajos, algo que le resultaba mucho más difícil, de igual forma lo era estar cerca de las puertas, pues en ese lugar había más penitentes aguardando, se veía obligada a andar por los lugares más alejados. Al saber evitarlos mejor, y, sobre todo, conocer bien el laberinto su noche fue relativamente más tranquila que la pasada, aunque no dejaba de correr evitando ser vista.

Justo cuando empezó a adaptarse al ritmo de la acción topó con un grupo de unos cinco monstruos en una esquina del complejo, tres de ellos salieron en una dirección contraria, como si persiguieran algo, los otros dos prefirieron salir tras ella, que se escabulló rápidamente tratando de perderlos, con la mente puesta en lo que habían perseguido los demás.

Es imposible que esté alguien aquí, aparte de nosotras.

-Ya lo sé Him, pero me preocupa – Siguió huyendo, en cierta forma agradecía a lo que sea que los haya distraído, pues no la habían visto, y si lo hubiesen hecho era seguro que irían hacia ella como prioridad, todo por culpa de… – Tch! Maldita perra…

La persecución era acalorada, de no ser por los apéndices que Him robó ya la habrían herido hace tiempo. Tomó bastante ventaja, aún sin perderlos cuando chocó con algo que no debería estar ahí. Cayeron al suelo y se levantó de inmediato asustada de lo que podía ser, aunque ese susto cambió de inmediato por asombro – Minho?

-Tú? – En su cabeza de inmediato floreció un comentario sarcástico sobre lo cortés que había sido al reconocerla, pero nunca lo dijo, ya que el asiático la tomó de la muñeca y la obligó a correr por otro pasillo – Pensé que estabas muerta.

-Estás feliz de verme? – Nunca era tarde para bromear. Dejó de sostener su muñeca en el momento en el que se dio cuenta que corrían a la misma velocidad.

-Tal vez. Tengo que encontrar a Thomas, se me ocurrió un plan.

-El nuevo está aquí? Entiendo que hayas querido suicidarte por mi muerte, pero él?... – El moreno rodó los ojos mientras corrían, ahí le hizo saber que los tres penitentes que la habían ignorado habían visto al castaño primero, y que lo estaba persiguiendo otro más, doblaron en un callejón particularmente angosto; ambos sabían dónde encontrarían al nuevo.

-Lindos juguetes – Minho recién había notado los brazos de penitentes cuando Tem los usó para contrarrestar unos de los intentos de las babosas para cortarla varios metros más atrás.

-Envidia?

-No lo creo – Esta vez él evadió un ataque hábilmente con un cuchillo bastante largo a la vez que doblaban encontrándose a Thomas corriendo a su derecha de penitentes que se acercaban por la izquierda – Bueno, tenemos seis Penitentes tras nosotros, podré con eso – Se acercó a toda velocidad hacia el nuevo, tomándolo de los hombros, obligándolo a escapar en la misma dirección sin darle tiempo a gritar – Vi lo que hiciste, tengo un plan.

-Ahora a dónde, señor se me ocurren ideas geniales de la nada? – El castaño la miró con ojos como platos, después de todo era obvio que la habían dado por muerta en el Área, o tal vez era por los brazos mecánicos que sostenía.

-Al acantilado – Le pareció una idea suicida, sin embargo no dijo nada, al llegar estaba amaneciendo, habían tomado mucha ventaja. Thomas pareció ilusionarse un poco, aunque de inmediato volvió a tierra por culpa de Minho. Tomaron posición al borde del Acantilado, y ella entendió perfectamente qué quería hacer.

Pasó menos de un tenso minuto cuando las bestias quedaron cara a cara contra ellos, en el inicio del pasillo. El primero rodó con intenciones de atacar a Tem, quien se movió a la derecha chocando con Minho y evadiéndolo, haciéndolo caer al aparente precipicio. Lo mismo pasó con los demás, cuya mayoría se decidía por atacar a la chica. El último quedó tambaleante en el borde, cayendo después con la "ayuda" de Thomas y Minho.

Agotados se sentaron cada uno por su lado; ella, como en el amanecer pasado, con las piernas colgando en el borde, el asiático a su mano derecha y el nuevo a su mano izquierda, en posición fetal. Miró las caras de ambos, el último estaba llorando, no lo culpaba, no lo había visto llorar desde que había llegado al Área y algún día debería hacerlo.

Luego de una media hora en la que se dedicó a recibir el sol con los ojos cerrados escuchó por fin la voz de alguien – No puedo creer que estemos vivos – no recibió respuesta, al menos no audible – Habrá más o los matamos a todos?

-Dos cosas, niño – Se apresuró a responder, aunque se notaba que él era mayor. La miró desconcertado, no estaba acostumbrado a verla actuar así – Uno; son cerca de dieciséis, y dos; no han matado a ninguno – Siguió un silencio.

-A qué te refieres? – Minho la volteó por el hombro, obligándola a mirarlo.

-No notaste nada raro?

-El que desaparecieran… – Nuevamente, Thomas tomaba la palabra, esta vez de una forma ausente, aunque de inmediato reacciono al notar, sobre todo, la potente mirada del asiático – Los Penitentes, parecía que desaparecieran después del borde – Dijo algo tímido, como si estuviese siendo intimidado por ellos.

Lo comprendo, ustedes dan miedo.

Rio por lo bajo mientras le respondía – Que sorpresa, eres listo – Al parecer se enfadó un poco. El moreno carraspeó un poco llamando la atención de ambos, lanzó una piedra al Acantilado que se perdió gradualmente.

-No sé qué habrá sido eso, pero no se repitió.

-Entonces qué crees que pasó?

-No lo sé, tal vez magia, me duele la cabeza para pensar – La chica dejó escapar una corta risa, de ser por ella le hubiese mostrado su error, sin embargo no quería perder el tiempo.

-Hay que volver, las puertas abrirán pronto – Minho la miró, sabía que encontraba sospechoso que se envolviese tan bien en el Laberinto.

-Hay que ir por Alby – Thomas dijo de repente.

-Alby también? Me perdí de algo?

El asiático se apresuró a responder – Fue picado ayer, encontré un penitente que estaba "muerto", pero cuando lo fuimos a buscar de la nada revivió y huyó picándolo – De inmediato recordó el penitente inconsciente que encontró la noche pasada con Ben – Ya es tarde, es imposible que esté vivo.

-Cómo puedes estar seguro? Vamos ya – Thomas empezó a renguear hacia el final del pasillo.

-Porque nadie lo logró nunca – El castaño iba a reponer algo cuando la heterocroma lo interrumpió.

-Hasta hace dos días era imposible que alguien sobreviviera una noche en el laberinto – Le respondió con un deje de molestia.

-No entiendes, cuando a algún larcho lo picaban y no llegaba para recibir el suero lo encontraban muerto.

-Te das cuenta de lo estúpido que suena? Ellos murieron por los penitentes, no por el pinchazo – Le molestó que el asiático tuviese una mente tan cerrada.

-Ah, sí? Tú cómo mierteros sabes eso? – Quedó en silencio, sin querer había soltado más información de la que debía – Y cómo sabes que los penitentes no están muertos? – Odiaba sentirse así de acorralada, pero no iba a ceder.

-Como si te importara, garlopo!…

-Me importa, miertera, quiero que me digas que mierda pasa.

-Acaso piensas que voy a saber?

-Deja de negarlo!

-Cuando aprendas a ser malditamente oportuno!

-Dime!

-Sólo te diré que si nos quedamos más tiempo aquí vendrán el resto de Penitentes! – Como si los hubiese invocado un sonido estremecedor rebotó en los pasillos del laberinto – Hay que irnos.

Sin más preámbulo corrieron a todo lo que daban sus cuerpos a la salida. Para su desgracia su única opción era pasar por un extenso pasillo, ya que los penitentes se oían del otro lado, fue peor cuando un par había alcanzado a verlos, por lo que la persecución empezó de una manera tortuosa para los chicos, quienes, de una manera un poco extraña, habían pasado por más dificultades en la noche. Una intersección con forma de "T" seguía más adelante, el camino a la derecha servía para llegar a la salida, sin embargo al ritmo que iba de seguro los alcanzarían.

Ellos doblaron donde correspondían mientras la chica se quedó de pie en ese cruce de manera sigilosa, esperando a que los penitentes la vieran. Asomaron por la esquina donde venían, debía esperar lo suficiente para que los larchos se alejaran y ella pudiese distraerlos. Como si no quisieran asesinarla en vez de esos dos…

Ya casi llegaba el momento cuando la voz estresada de Minho retumbó en sus oídos, Thomas había avanzado un poco más – Hiems!

Ya había llegado el momento – Mi nombre es Tempestas, maldito Shank Miertero!

Dicho esto corrió en dirección contraria, con los dos penitentes detrás suyo, perdiéndose en uno de los surcos.

(fin del capítulo 10)

Ok, creo que con la pequeña historia del capítulo pasado maté mi inspiración, pero volvió en forma de fichas! Ok, no, pero volvió :'3

No tengo mucho que decir la verdad, así que me despediré esperando que les haya gustado este estúpido y sensual capítulo ;3

Eso es todo

Bye

Megi.

Pd: It'sFramzanaa, si lees esto quiero que sepas que te amodio "corazón""algúngestogrosero""corazón"