"-Habrá que hacer guardia por turnos, para evitar que algo pase"

Mientras Newt se encontraba cumpliendo su primer turno, Minho dormitaba al lado de La chica que no le había dirigido la palabra desde que el rubio los había mandado a dormir. Le incomodaba la idea de que ella estuviese resguardando la Abertura sola, no sólo porque si un habitante de tamaño grande quisiese cruzar la apartaría de inmediato por culpa de su condición, sino que además estaría a merced de los apéndices mecánicos de algún Penitente, que, por mucho que le doliese, era más que probable.

-Sé que estás despierta – Le habló despacio, aprovechando que estaba a su lado.

-… - Se dio vuelta, fingiendo no escuchar, sin embargo prosiguió.

-Puedo usar tu turno para que descanses, o podrías poner a Leo ahí.

-No gracias.

-Créeme, como estás ahora no podrás evitar que alguien salga.

-Al menos trataré, ahora déjame dormir – La frialdad de la chica ya no le era novedad, así que, como siempre trató de seguir con la conversación.

-¿Realmente quieres ser Corredora?

-¿Qué te hace pensar que no?

-Lo que viste en el Laberinto… - Ambos callaron, no supo cómo terminar la oración, o al menos terminarla de una manera suave – Es difícil… te arriesgas a esa clase de cosas todos los días…

-Quiero ayudarles – Volteó a mirarlo a la cara, por fin – No me acobardaré, confía en mí.

-No puedo.

-¿Por qué no?

-Porque no puedo confiar en alguien dependiente – Un atisbo de impresión se coló en su rostro, sabía que era cruel decírselo de esa manera, pero no podía ser de otra forma – No puedo confiar en alguien que no confía en sí misma.

-No es por eso.

-Deja eso de una vez…

-Minho, escondes algo.

-No eres la más adecuada a acusarme de eso – La miró fijo hasta que apartó la vista – Sólo duerme, ¿Bien?

-Pero yo te he contado mis secretos – La frase caló de lleno en su conciencia, retomando el diálogo – Y no te he dado la espalda por nada.

-No… – ¿Por cuál de las acusaciones empezaba? No le había dado la espalda por nada, pero en sí tampoco le había dado la espalda, y no quería decirle tampoco el por qué lo había hecho, ya que la razón en sí era mierteramente subjetiva.

-¿No me dirás?

-Aún no – Sentenció – Duerme luego, tu turno es el siguiente.

No prestó más atención que a sus pensamientos, se dio cuenta que se había vuelto un total antipático con Hiems, recién entonces pudo entender a los picados.

Se sentía idiota, por un simple sueño del cual no estaba seguro tiraba por la borda toda la relación que había formado con la heterocroma, pero prefería asegurarla, además, el último sueño que tuvo antes de ese episodio de insomnio… ¿No era verdad? ¿No era esa chica que le abrazaba igual a Hiems? ¿Aquella que le quitó el sueño una semana entera?

Se rió de tanta cursilería junta, a veces sentía repulsión por sí mismo, y todo por la muchachita a su lado.

¿Pero qué más iba a hacer? Si podía asegurar que ella estuviese bien, no le importaría nada, al igual que con todos los Habitantes, porque ese era su deber, como Encargado de los Corredores.

Su mente saltó a la Nueva.

La había visto dormida, y sin que nadie le dijese nada ya sabía que sus ojos eran profundamente azules. Lo sabía porque en aquel sueño la vio, la vio con intenciones de asesinar a la heterocroma.

"-No demorará nada en morir.

-No creas, Teresa, ella es fuerte.

-Por eso, no tardará en entrar al Laberinto, y me aseguraré que las Babosas la despedacen antes que a nadie.

-Si eso es lo que quieres…"

-Haré lo que sea para evitarlo…- Su propia voz lo despertó, miró a su lado para ver a Newt roncando profundamente. De seguro estaba cansadísimo, pues apenas dormía últimamente. Pasó por sobre él, tratando de no despertarlo, y se encaminó, sigiloso, hacia la Finca.

Mientras entraba notó como Hiems hablaba sola, o algo así, cosa que no le sorprendió a esas alturas.

Subió por la endeble escalera en forma de caracol para entrar, silencioso, a la habitación en donde la nueva dormía…

Su nombre era Teresa, estaba seguro. Su actitud, cuando despertase, sería orgullosa, no al punto de Tempestas, pero sí para que sea notoria. Su actitud con Hiems…

No sabía si iba a ser tosca con ella, tal vez la recordaría, después de todo, la heterocroma la recordaba levemente. En cuanto al asiático, sólo la iba a tener vigilada.

-Thomas… – Era la única palabra que pronunciaba claramente… Lo hacía sospechar… ¿Y si ellos en verdad los habían puesto en aquel infierno? ¿Y si en verdad ambos recuerdan? No creía mucho en aquello último, pues en verdad el Nuevo parecía transparente, lo veía en sus ojos.

Pensando en aquello salió del edificio cuando vio algo que le heló la sangre a más no poder: Hiems se encontraba quieta y apegada a la pared, mientras un apéndice de cuchilla se asomaba por la maldita Abertura. Corrió hacia ella en una curva, asegurándose que la repulsiva bestia no lo viese. Una vez llegó lo primero que hizo fue tomarle el brazo a la chica para tratar de sacarla del lugar – ¿Qué mierteros haces aquí? Vámonos antes de que te atrape – Le habló por lo bajo.

-No puedo moverme, alguien debe quedarse aquí, y no puedo huir muy rápido. Además, si nos ve podría atraer a más, es mejor quedarnos escondidos aquí.

-No vamos a durar mucho… – Dijo antes de jalar a la chica lejos del alcance del escáner de un Escarabajo que pasó por ahí. Algo que aprendió junto a Thomas en el Laberinto fue que aquellas cosas actúan como los ojos de aquellas bestias.

Allí se quedaron con la espalda apegada de lleno a la pared, mudos y muertos de miedo, esperando que el maldito penitente no los detectara.

Pero no, seguía allí, moviendo su apéndice mecánico de un lado a otro, como si de una cruel tortura se tratase.

No quería admitirlo, pero tenía miedo, no tanto como en el Laberinto, pero sí lo suficiente como para que el corazón se le saliera del pecho cada vez que veía la luz rojiza proveniente de un escarabajo. O que sudara frío cuando la hoja afilada rozara su mejilla, o la de la chica a su lado. O que temblara con sólo pensar que esa bestia podía entrar al Área y despedazarlos a todos.

Sí, tenía miedo, pero no iba a comportarse como un cobarde, lo juró cuando salió del Laberinto esa noche; No se acobardaría nunca más, no volvería a huir como una gallina, ahora enfrentaría el peligro, así tuviese que lanzarse él mismo como carne de cañón para alejar la amenaza de los Habitantes…

Se convenció a sí mismo, no era un mal plan después de todo… conocía perfectamente el entramado de pasillos allá afuera, podría perderlo fácilmente para luego volver a salvo.

Se sonrió, dándose ánimos…

En aquel momento el arma se retiró, dándoles un tiempo para esperanzarse, tiempo que duró sólo un par de segundos cuando de la Abertura brotó un brazo robótico, ésta vez con el temido aguijón cargado de veneno.

Era obvio, sabía que estaban ahí, seguramente predeciría su plan, tal vez su muerte sea en vano y esa cosa vuelva. Recordó su labor ahí, correr en círculos todos los días, no encontrar nada nuevo, pero, a pesar de todo, no quería morir, él nunca haría algo como…

-¿Vamos a morir? – La voz temblorosa de Hiems lo devolvió a la realidad – Cuando esa puerta de abra… – Cualquier rastro de duda se evaporó en un instante. Ya no temía por su vida y su propósito, temía por el de los demás.

-No.

-Si tuviese mis armas aquí podría haberle hecho frente – Dijo refiriéndose a los Brazos de Penitente.

-No es necesario – Ella lo miró, con un deje de preocupación que lo enardeció aún más – Quiero que cuando empiece a amanecer, y si esa cosa aún no se va, vayas lo más callada y oculta que puedas hacia ese montón de plantas de ahí – Dijo señalando un cúmulo de enredaderas – Te escondas y cuando ya no escuches nada, vayas donde Newt y le informes ¿Está bien?

-¿Qué planeas hacer? – Se conmovió de su actitud, más que nada el saber que en verdad no lo detestaba tanto como lo había demostrado.

-Sólo alejaré al Penitente del Área, cuando vuelva quiero un plato de carne con puré de papas.

-No te voy a dejar – Lo interrumpió – Es peligroso – Se compadeció, ella había visto morir a Ben, sabía que el sentido de culpa aún no la dejaba, y sabía que lo que estaba a punto de hacer no le ayudaría mucho en eso.

-No lo suficiente para mí – Le sonrió – Y si te atreves a hacer algo estúpido, buscaré a Gally para que te dé ese castigo al estilo militar – Ella no habló más, por lo que se dio el lujo de seguir parloteando – De seguro me ayudarías de no ser por tu pierna, y esa herida te la hiciste salvándome, así que te pagaré el favor.

-El favor se lo Debes a Tem…

-Entonces me debes un favor.

No se habló más ya que sobre ellos el cielo empezaba a tornarse celeste, el asiático miró su reloj; sólo faltaban treinta minutos para que las puertas se abriesen, y el Penitente seguía en el lugar. Le indicó a la morena que empezara a evadirse mientras el Corredor elongaba como podía.

En eso notó que le faltaban sólo quince minutos. Tomó aire preparándose psicológicamente para la carrera que estaba a punto de ejercer. Ahora estaba frente a la puerta, asegurándose de que la babosa lo viese, mientras el apéndice con el aguijón trataba de alcanzarlo. De reojo vio a la chica escondida, si su plan funcionaba, ni siquiera la detectaría.

Cinco minutos. Rezaba a lo que fuese que rezara la gente en sus recuerdos para que Newt no se despertase y fuese a ver qué sucedía, ya que de por sí sería extraño no encontrarlos a los dos por la mañana.

Un minuto. A esa hora los larchos ya empezaban a levantarse, o al menos unos pocos, por eso Minho estaba frente a él, acaparando toda su atención.

Treinta segundos. Un calentamiento rápido y posición para salir. Confiaba en sí mismo, sabía que saldría en una pieza de la situación.

El momento llegó. Viéndolo todo en cámara lenta, por la adrenalina que surcaba cada vena de su cuerpo, tomó con ambas manos el aguijón del Penitente, alejándolo de su cuerpo. Salió disparado cual flecha dentro del pasillo principal, no sin antes recibir una cortada menor en el brazo, y al doblar en la última esquina que había en éste, se percató que, como lo había planeado, esa cosa estaba siguiéndolo.

Bien, ya tenía la primera parte de su plan, y la más importante, cumplida, ahora debía asegurarse de sobrevivir y regresar.

En esa persecución pudo notar como la falta de sueño, e inclusive de desayuno, lo estaba afectando demasiado, le costaba mantenerse corriendo de manera rápida y constante, se veía obligado a usar curvas rápidas para tratar de perderlo, y aún así, sentía las afiladas hojas sobre su espalda. Más cicatrices para su colección.

Estuvo así por un par de horas, hasta que por fin dejó de sentir el ruido de la maquinaria, aún así siguió trotando, mientras buscaba ubicarse, sabía que si dejaba de correr caería desmayado de inmediato. Observando los pasillos supo que estaba en la zona exterior de la sección cinco, de modo que, dando un giro de 180 grados, se dirigió a paso apresurado al Área.

A diferencia de esa noche en el Laberinto, en la que volvieron caminando luego de unos quince minutos, el moreno había quedado mucho más alejado de las puertas, por lo que, corriendo, se demoraría cerca de una hora… "Por lo menos Sartén tendrá tiempo de preparar mi pedido" sonreía casi muerto de cansancio.

Luego de lo que le pareció una eternidad puso el pie derecho en el Área, desmayándose inmediatamente después.

-¡Minho!

(Fin del capítulo 14,5)

Qué les dije? Tengo una racha sensualona de inspiración –w–

No tengo mucho más que decir, ya que esto lo estoy escribiendo el lunes.

Me despido.

Bye.

Megi.