-Míralas, aquí llegan.
Es la voz de mi padre. Me imagino que mi madre ya habrá vuelto de trabajar, y estarán hablando sobre nuestra "travesura"
-¡Dios Santo Bendito! ¡Mira cómo venís!
-Más negras que el tizón, sí.
-¿Qué habéis hecho?
-¡No hemos hecho nada, mamá, solamente ese estúpido trasto ha explotado en nuestras narices y seguramente nos habrán puesto un cero como una catedral!
-¿Y por enchufarlo solo, habéis provocado semejante apagón? ¿Pero de cuántos voltios es eso?
Mi madre no puede parar de interrogarnos.
-Ni idea. Estoy segura de que nos lo han saboteado.
-Ay, Señor…. Si es que lo que no os pase, chicas….
-Lo sabemos. Todo nos ocurre a nosotras…-Admite Kya.
-¿Y qué? ¿Habéis averiguado quién es el asesino?
-¡No te rías de nosotras! No tener ninguna pista no es como para tirar cohetes.
-No os entrometáis en esto, hacedme caso.
-¿Cuándo te hemos hecho caso a ti, papá? ¡Nunca!
-¡Oye, tú! ¡Te recuerdo que sigues castigada!
-De acuerdo, me voy al rincón del pensamiento. Volveré a la hora de la cena.
Me voy con paso lento a mi habitación en busca de otra ropa que ponerme. Seguramente mi padre estará pensando que siempre consigo burlarme de él. Pues sí, y eso no es precisamente fácil. Lo bueno de no poder salir de mi cuarto es que no tengo que dar un palo al agua.
Kya también está en su cuarto. El reloj acaba de marcar las 18:00h. Aunque yo sé que aún quedan un par de personas que tienen que reírse de mí, porque me imagino que ya se habrán enterado.
-¡Kylie, te están llamando!-avisa mi madre.
Lo sabía, si es que lo sabía. Salgo de mi cuarto (¡He infringido las reglas!) y cojo el teléfono.
-¿Sí?
-¿Has cogido el teléfono y no han saltado los plomos? ¡Milagro! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
-Qué graciosa eres, tía Rochelle.
Mi tía. Suelo hablar con ella porque trabaja con mis viejos. Siempre me hace bromas de esta clase, y más cuando me pasa una de las cosas que, de entre todas las personas del mundo, solo me pueden pasar a mí.
-¡La que has liado, sobrinita! ¿Pero cómo se puede conectar un cacharro mal montado y casi incendiar el cole?
-¿Me estás llamando "paleta"? Vale, no se me dan bien las manualidades, pero esta vez lo habíamos montado bien. Creo que alguien me ha gastado una broma a mí, pero en cuanto me entere de quién ha sido, le va a caer un paquete ¡Bueno, bueno!
-Hacía tiempo que no te oía soltar esa frase tan tuya. ¿Así que le echas la culpa a otro?
-No soy una cobarde, pero es la verdad. Y hablando de todo un poco, ¿A que no sabes la última?
-Suerte que la cotilla era yo…
-Que no, que ha habido un asesinato en mi piso.
-¿Un asesinato? ¡Venga ya!
-Te lo juro.
-Algo me dice que me vaya preparando para volver a ser tu socia.
-Pues no ignores esa vocecita. Kya y yo nos hemos quedado de pasta de moniato.
-¿En serio? ¿Piensas investigar el asesinato?
-No lo sé, sospecho que alguna gorda se está cociendo aquí.
-Yo confío en tu instinto, créeme. Pero empiezas a darme miedo.
-¿Por el apagón?
-Por muchas cosas. Venga, piensa en el año pasado. ¡Una niña de tu edad suele estar más pendiente de modelitos y de chicos, pero tú te dedicas a investigar el pasado de los sitios! Sin ir más lejos, el año pasado seguiste la pista de un diamante, descubriste la verdad sobre el homicidio de tu abuelo y escapaste de estar encerrada en una habitación atada de pies y manos.
-Sí, doy bastante miedo, sinceramente.
-En fin, no descartaré la idea de tener que volver a buscar información para ti.
-Sí, gracias. Me vino muy bien tu ayuda.
-No me des las gracias. Te paso.
-¿Con quién?
Ni falta que hace preguntar. Alguien más tiene ganas de reírse de mí un rato. Se ve que va bien para el estrés. Les estoy quitando negocio a los masajistas.
-¡Ay, qué miedo, tengo miedo de enchufar el microondas y apagar la ciudad! ¡Ja, ja, ja!
Es Ed, el jefe que se supone que ha madurado ya.
-Me lo imaginaba… ¿Tú también te has enterado?
-Todo el mundo se ha enterado ya, criaja.
-Suerte que el maduro eras tú.
-No me cambies de tema. ¿Se puede saber qué narices has hecho esta vez?
-¡Yo no tengo la culpa!
-Tú "nunca" tienes la culpa, niña. No sé cómo lo haces para caer en trampa tras trampa.
-A mí me lo dirás.
-Lo único que faltaba ya es un asesinato. ¿Qué…?
-¿Que qué rayos ha pasado? No lo sé seguro, solo sé que le han dado pasaporte a una mujer de mi bloque.
-¿No están los maderos investigando?
-Una tal Mya es la inspectora jefa, aunque es una novata. Pero por lo visto, no hay sospechosos, ni huellas.
-No sé qué pensar, creería que la habías matado a descargas eléctricas.
-Ríete de mí si te apetece.
-¿De verdad vas a ponerte a investigar? Si ese es el caso y se te vuelven a cruzar las neuronas, ándate con ojo. Tengo un mal presagio…
-Tú y tus presagios. Si me dieran un dólar por cada uno, me habría forrado hace siglos.
-¿Nos apostamos algo? Si no aguantas sin ponerte tu placa imaginaria, me das cinco pavos. ¿Trato?
-Trato hecho.
-Está bien… Y ahora vete a cumplir con tu castigo.
-Mi castigo es tener que escucharte descojonándote de mis dotes tecnológicas.
-No he podido evitarlo. No olvides la apuesta.
-No la olvidaré. Chao.
Cuelgo el auricular y vuelvo a mi cuarto. Como no puedo salir hasta nueva orden del sargento Hyde, me lo tomo con calma. Empiezo a escuchar música de mi tocadiscos, y rebusco en el cajón de la cómoda en busca de una chocolatina que me escondí, ejem, que me regalaron. Como hay cientos de miles de cosas, antes acabo encontrando un mini-cuaderno que tengo intacto, sin ninguna hoja escrita. No sé por qué, pero me viene el impulso de escribir lo que ha ocurrido hoy, así que lo hago.
Alrededor de las 20:00 llaman a la puerta.
-¿Sí?
-Soy yo.-Mi padre.
-¿Contraseña?-bromeo.
-Déjate de chorradas y abre la puerta.
-No puedo, estoy castigada. Sigo pensando en lo que he hecho para no hacerlo nunca más…-Empiezo a poner voz inocentona.
-¡Oye, vete a reírte de alguien que no sea yo! Te traigo la cena.
-¿Es una hamburguesa?
-No, sushi.
-Creo que paso…-Nunca he sido gran fan de los platos con pescado…
-Oye, no te pongas pesada. Te lo dejo aquí. Volveré en veinte minutos. Como te hayas dejado una sola miga, me vas a oír.
-¿Desde cuándo el sushi tiene migas, paleto?
-¡Sin pasarse, mocosa! ¡O vas a comer sushi un mes!
-¡Uuh, qué miedo! ¡Mami! ¡Bua, bua!
-Eres incorregible. Ale, lo dicho. Tú misma.
Se oyen pasos que se alejan de mi habitación. Al cabo de un par de minutos vuelven a llamar.
-¡Ni de broma han pasado los veinte minutos tan rápido, Hyde!
-Soy Kya. ¿Sigues enfadada por lo del proyecto?
Me levanto y abro la puerta. No puedo ignorar a Kya.
-¿Ocurre algo?
-He oído desde mi cuarto las protestas.
-Es lo que tiene dormir al lado, ¿No crees?
-Yo voy a cenar un bocadillo de jamón serrano y queso fundido. ¿Te lo cambio?
-¿En serio harías eso por mí?
-¡Pues claro! El sushi está muy rico.
-No si viene de las profundidades de un congelador industrial.
-¿Me lo cambias o no?
-Sí, sí, claro.
Kya y yo nos cambiamos la cena a escondidas. Mola esto de tener cómplices.
-Vigila que tu padre no pase muy cerca. El sushi no cruje.
-Este sí, te lo aseguro.
-¡Ja, ja, ja! ¡Buen provecho!
-Igualmente.
Volvemos cada una a nuestro cuarto y me zampo el bocadillo en diez minutos. El pescado no es mi fuerte, pero el queso me encanta. Qué rico… Creo que le echaría queso a las patatas fritas.
*Toc, toc*
-Adelante.
Tal y como me esperaba, vuelve el carcelero a ver si la reclusa-yo-se ha terminado la cena.
-¿Has terminado?
-Ni una "miga".
-Así me gusta. ¿Ves como no está tan malo?
-No, no, estaba bien…-Suelto una risilla.
-Ahora vete a dormir.
-¿Sin lavarme los dientes? ¿Así me estás educando? "¡Prohibido lavarte los dientes, que si lo haces has de salir de tu cuarto!"
-Me estás empezando a dar dolor de cabeza.
-¿Ahora empieza?
-Anda, ve. ¡Pero aún no te he levantado el castigo, que conste!
Me escabullo al baño a darme una ducha y a lavarme los dientes. Después, vuelvo a mi cuarto a dormir. Le he preguntado al carcamal de mi viejo si puedo ir a charlar un rato con Kya, pero por lo visto, los castigos te lo impiden. ¿Acaso en el manual de los castigos hay un artículo que prohíbe hablar con Kya? Pues vaya…
-Ja, no soy tan estúpida como para encajar un no…
Busco en otro cajón un walkie-talkie. ¿Adivináis quién tiene el otro?
-Kya, soy yo, ¿Me recibes?
La respuesta tarda un poco en llegar.
-Alto y claro, Kylie. ¿Qué pasa?
-Nada, le he preguntado a mi padre si podíamos charlar un rato…
-Y no te ha dejado por el castigo, ¿No?
-Oye, no hago nada malo. Él me dijo, "Ni hablar. Vete a tu cuarto a dormir. Ni se te ocurra escabullirte al de Kya". Me dijo que no entrara en tu cuarto, y, teóricamente, no estoy en tu cuarto.
-Mira que llegas a ser malvada.
-A mí me lo vas a decir.
-¿Y de qué querías hablar conmigo?
-De nada en especial, para matar el tiempo.
-¿Me estás proponiendo que juguemos al veo-veo por los walkie-talkie?
-¿Por qué no? Tú empiezas.
-¿Me estás hablando en serio?
-Completamente.
-Vale. Veo, veo, una cosita… Negra.
-Tu ropa de hoy.
-Correcto. Te toca.
-Muy bien.-Se me pone una voz rabiosa-Veo, veo, una cosita… Puñetera.
-El proyecto.
-Premio. Siguiente ronda.
-Veo, veo, una cosita… Algo enfurruñada.
-*Zumbido* Error, no me estás viendo. Ronda anulada.
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!
Empezamos a reír sonoramente, hasta que me doy cuenta de que igual un poco demasiado sonoramente.
-¿Kylie? ¿Se puede saber de qué te ríes?
-¡Kya, que me pilla Hyde! ¡Cambio y corto!
-Recibido.
Apago el walkie-talkie y lo escondo de nuevo en el cajón. Mi padre entra en mi habitación, otra vez.
-¿De qué te ríes?
-¿Qué es esto, un interrogatorio?
-No aguantarías uno de mis interrogatorios sin confesar.
-No me pruebes.
-Venga, a dormir ya, que decir que has tenido un día duro es quedarse corto.
-¿Tú, comprendiéndome? ¡Venga ya, no me lo trago! ¡Échame el aliento!
-¿De qué me acusas exactamente?
-Déjalo, estoy reventada.
-¿Incluso para reírte de tu viejo? A ver si vas a estar incubando algo…
-Sí, el virus tropical Notemetasconhyde.
-Buenas noches….
Cojo mi edredón y me tapo hasta el cuello. Mi padre se va de la habitación después de cerrar la luz y la puerta. Intento destaparme y coger de nuevo el walkie-talkie, pero el calor de la manta hace que mis párpados empiecen a pesar y pesar, como si estuvieran hechos de plomo…
