14 de diciembre de 1996
Otra mañana soleada del montón. Abro ligeramente los ojos para ver toda mi habitación bañada en rayos dorados que irradia la ventana. Ya que mi padre es tan tacaño, podría ahorrarse el poner cortinas, ya puestos, no sirven para nada. Mis ojos pelean por mantenerse abiertos, pero es inútil. La diosa Vagancia vuelve a ganar. Pero la diosa propiamente dicha tiene un obstáculo importante…
-¡Buenos días, perezosilla!
Mi madre, que abre la puerta y me "invita" a empezar un nuevo día.
-¿Has visto qué buen día hace hoy?
-¿Qué quieres tan temprano?
-Conque la señorita tiene mal despertar, ¿Eh? Anda, desperézate, que he de llevarte a un sitio.
-Créeme, los internados no funcionan conmigo.
-Déjate de chistes malos y vístete. ¡Corre!
Demasiado entusiasmada la veo. ¿A dónde querrá llevarme?
Mi madre es mi madre, y no puedo discutir con ella, entre otras cosas porque siempre gana. Me levanto y me voy a la ducha, procurando que mi viejo no note que sigo castigada. A lo mejor ya se le ha olvidado. Por mi bien, espero que así sea.
Una buena ducha es justo lo que necesitaba para despertarme. Me pongo alguna ropa de mi estilo habitual y después de desayunar mi madre me lleva al local que hay al lado del edificio. Se llama 'Sweet 15 Candles', un nombre muy acertado teniendo en cuenta el motivo por el que mi madre me ha traído y que yo descubriría más tarde.
El casero nos estaba esperando a la entrada. Se ve que el garito-sala de fiestas es propiedad suya, aunque nunca he entendido por qué le ha llamado así al sitio. Se llama Patrick Moore, y es el padre de April, la chiquilla con la que Kya y yo hablamos ayer sobre el homicidio. Es un hombre rubio con gafas de unos cuarenta años, más o menos. Suele ser bastante agradable con los vecinos.
-Señor Moore, gracias por venir. ¿Le hemos hecho esperar mucho?
-No, no, acabo de llegar. Adelante, por favor.
-¿De qué va esto?-cuestiono.
-Enseguida te lo explicaré.
-Esto es muy extraño, ¿No te parece?-me pregunta Kya.
-Sin duda.
-Su hermana llegó hace un rato, y está esperando dentro.-informa el señor Moore.
-Oh, estupendo.-se alegra mi madre.
-¿Ha venido la tía Rochelle?
-Sí, venga, entremos.
Nada, esto es muy extraño y por mucho que me esfuerzo en obtener respuesta, no la tengo. Tal y como los mayores habían prometido, mi tía está dentro sentada en una mesa en la que hay una caja gigante.
-¡Por fin llegáis!
-¿Qué ocurre aquí?-pregunta Kya en tono divertido. Se cree que es una broma.
-¿Aún no se lo has explicado, Rachel?
-Quería que fuera una sorpresa.
-¿Qué sorpresa ni qué niño muerto? ¿Me queréis explicar qué pasa?
-Hija, pronto cumplirás 15, y…
-Ah, por ahí va la cosa. Sí, cumpliré 15, pero podrías hacerme una fiesta sorpresa, como el año pasado, y no decírnoslo.
-Es que este año es especial, ¿Sabes? Cumplir 15 simboliza dejar de ser una niña de una vez por todas y madurar.
-Mamá, yo no maduraré jamás, quieras o no.
-Pues piensa en madurar "físicamente".-Aclara mi tía.
-Bueno, vale, ¿Y qué tiene que ver todo este ritual místico?
-Pues eso, te lo estoy diciendo. ¡Vamos a hacerte la fiesta de la quinceañera!
-¿Eso que sale en las películas de montar un fiestón de lo lindo, el ritual de las zapatillas, la fuente de chocolate y tal?
-Pero, un segundo, creía que eso era una tradición de las familias hispanoamericanas.-duda Kya.
-Ya, pero nosotras tenemos raíces hispanas.-responde mi tía.
-¿Desde cuándo? ¡No tenía ni idea!
-Pues desde siempre, claro. ¿O es que no sabes que el abuelo se llama Pablo Martínez?
-¡Venga ya! ¡Si le llamáis "Paul"! ¡Nunca me habría imaginado que tu apellido de soltera fuera "Martínez"!
-Pues así es. Le llamamos Paul porque hicimos traducción.-se excusa mi tía.
-¡Pues no tienen aspecto de ser hispanas!-se sorprende Kya.
-No, parece que salimos a nuestra madre. Ella sí es norteamericana.
-Vale, tenéis orígenes hispanos, ¿Y? ¡Al grano!
-Creo que ya ha quedado claro. Que vamos a celebrar tu decimoquinto cumpleaños por todo lo alto.-declara mi madre.
-Y por eso tu tía te ha traído esto.
