"Gally"
Tarareaba suavemente, de manera casi imperceptible, aquella melodía sin letra que recordaba desde que llegó. Miraba como todos estaban tapados con las mantas hasta la oreja, pero no lo necesitaban, la temperatura era igual que siempre, y no dormían, era imposible. Ella ni siquiera lo intentaba, sólo seguía sentada, tarareando la canción en un nulo intento de tranquilizarse. A su lado, Minho tampoco dormía. Se había sentado junto a ella, sin decir ninguna palabra, en una espera inminente. Al parecer él tampoco tenía intenciones de dormir. Tenía necesidad de decirle que tenía miedo, y que ya no soportaba tanta espera, pero ninguno se atrevía a pronunciar una palabra, pues la calma que existía, al ser la previa a la tormenta, se sentía frágil como el cristal, como si la más mínima anomalía fuera a romperla, por eso seguía tarareando la suave melodía; sentía que si dejaba de sonar, todo se acabaría.
Sin embargo esa ilusión era falsa, nada podía retrasar el desastre. Poco a poco empezó a escuchar aquel insoportable chirrido metálico provenir desde lejos, acercándose a vertiginosa velocidad. Newt se puso de pie, ante la vista de cualquier indicio de pánico. Los silenció a todos cuando ya no había nadie que no se diese cuenta que los Penitentes estaban ahí. Se encaminó lo más silencioso que pudo hacia la ventana parchada con maderos, donde lo acompañó Thomas, quien desistió después de un rato.
Se puso de pie, al igual que Minho, en un instinto de supervivencia que, obviamente no iría a funcionar. Ojalá hubiesen sido interminables esos minutos antes de sentir a la bestia penetrar con sus apéndices metálicos las paredes de madera del lugar. Todo el edificio se sacudía, aumentando el pánico silencioso de los Habitantes. Hiems se aferró a su cuchilla sin querer, como un acto reflejo. A medida que sentían a las bestias afuera acercarse, se arrinconaban más hacia la pared, alejándose lo más que podían hacia la ventana. Minho le tomó la mano, de la misma forma como había hecho la promesa de sobrevivir, como si se la recordara. Ella correspondió afirmando más ese agarre. Se acercó ligeramente a él – Tú también me prometiste que no morirías, aunque ya no te acuerdas.
No supo a qué vino aquello, pero poco y nada le importó. Quedaron, igual que todos expectantes. De pronto, el ruido se detuvo, dejando una tensión tal que se podía apostar de quién era cada respiración que se oía en el cuarto. Las luces afuera provenientes de aquellos apéndices metálicos no ayudaban, se sentía como si estuviese buscando víctimas.
Una puerta se abrió de golpe, sobresaltándolos a todos. Más aún cuando se dio cuenta quién era; no fue Alby arrepentido, ni Chuck asustado, ni siquiera un larcho inoportuno. Fue Gally.
Su ropa estaba hecha jirones a más no poder, a través de los cortes de ésta se podían apreciar distintas y variadas heridas. Pero lo que más le inquietó fue su mirada fúrica, casi al borde del asesinato. Hiems no lo creía, por primera vez en mucho tiempo sentía genuino miedo de Gally, desconociéndolo. Soltó la mano de Minho.
-Gally…
-¡Van a morir todos! ¡Los Penitentes los eliminarán uno por uno! – Newt intentó calmarlo, pero él se negaba a callar, como si quisiera que la bestia mentada allá afuera estuviese consciente de la presencia de los Habitantes dentro. Dentro de toda aquella histeria que armó de dirigió a golpear a Thomas – ¡Todo esto es tu culpa! – Le escupió, seguido de ello, y aprovechando que todos en esa sala no acababan de procesar que el antiguo encargado estuviese ahí dirigió recto y preciso hacia la ventana tapizada, forcejeando para sacar una de las tres maderas que la protegían. Newt fue el primero en atinar a actuar, tratando de detenerlo, pero justo en aquel momento el Constructor ya había logrado su cometido, golpeándolo con la misma tabla apenas éste se acercó, dejándolo inconsciente sobre la única cama de la sala, adornando el lecho con un hilo de sangre.
Hiems corrió donde el Co-Líder, tratando de reanimarlo, mientras seguía sin entender el comportamiento de su antiguo encargado, quien iba ahora por la segunda madera, tratando de ser detenido por varios muchachos más.
"¿En verdad los creadores nos están haciendo esto?"
No le había tomado el peso hasta ese momento: los Creadores habían hecho de ese lugar una carnicería ¿Por qué? ¿Realmente querían ayudar, como lo vio en su recuerdo? ¿O era por simple morbo? Habían hecho de un chico amigable y dispuesto en un maniático. No había forma concebible de que quisiesen hacer un bien.
Ya no había nada que evitase que el Penitente traspasase la pared, por lo que éste, apenas entró, apuntó sus cuchillas a la muchacha. "Los Penitentes estaban programados para verte como una prioridad". La voz del Corredor resonó en su mente, como un presagio de lo que estaba sucediendo. Cerró los ojos con fuerza, con su corazón latiendo a más no poder. Iba a romper su promesa, pero el rubio a quien protegía era mucho más importante para el Área que ella, la voz de Gally se volvió a hacer escuchar - ¡Los Penitentes se llevarán a uno por noche! ¡No se irán hasta conseguirlo! – Abrió los ojos para verlo por última vez, pero no se esperó que, luego de intercambiar miradas, saltara hacia la repelente epidermis del monstruo, ofreciéndose él como el primer Habitante asesinado, de los que seguirían cada noche.
No acababa de comprender qué había sucedido, o por qué lo había hecho cuando tomó con la zurda el cuchillo que estaba en el cinturón de un inconsciente Newt, y sin pensarlo dos veces, armada con el par de armas blancas corrió detrás de la horda de bestias, que se retiraron apenas notaron que habían atrapado a alguien.
Corría lo más apresurada que podía, no había comido, no había dormido, pero aquella necesidad de ver qué sucedería con él, si se perdería para siempre en ese espejismo, o quedaría alguna esperanza, la motivaba a usar hasta el límite de sus fuerzas.
Pero lo que en verdad le daba energías fue ver que en verdad no estaba perdido, que a pesar de todo lo que sucedió Gally aún era el mismo.
Lo pudo ver.
Por eso los seguía de manera tan desesperada. Tenía la esperanza de poder liberarlo de alguna manera.
Sin embargo ese haz de luz murió apenas volteó en la última esquina que llevaba al Acantilado, al presenciar como la última babosa desparecía en la Fosa de los Penitentes. Fue ahí que entendió, no había esperanza, debería ver morir a sus compañeros uno por uno hasta que todo terminase de una u otra forma.
Cayó de rodillas a la orilla del precipicio apoyando sus manos en el suelo. Su vista se tornó nublosa, pero nada le importó. Se lamentaba de su suerte, y la de todos. Gimoteaba mientras sus lágrimas caían – ¿Por qué hacen esto?
-Porque ellos sólo buscan su beneficio…
Hiems sentía tristeza, pero ésta era prontamente opacada por la ira que sentía Tempestas – Nosotros no deberíamos estar aquí – Se levantó con el ceño fruncido, y tensión cerrada en sus puños – ¡Son ustedes! – Gritó – ¿Se puede saber qué mierda les hicimos? – Ella no preguntaba, se oía más bien como un reto.
Entonces se dio cuenta que se había vuelto la voz interna, y Tem estaba libre, desquitando toda su ira hacia alguien inexistente – ¡Ustedes son los culpables de todo! – En un acto de suma precisión lanzó uno de los cuchillos que llevaba hacia el lugar aproximado de la Fosa, dejándole ensartado en la presumible orilla – ¡No quieren salvar a nadie! ¡Quieren salvar su maldito trasero! – Volteó para ver a un escarabajo apuntándola con aquel molesto escáner – ¡Sé que me están viendo! ¿Por qué no admiten su muerte de una vez? ¡Están condenados! ¡Cavaron su propia tumba! ¿Por qué nos arrastran a nosotros? ¿No ves que somos los fuertes aquí? ¡Ustedes son los que tienen que morir! ¡Nosotros sobreviviremos! – Apuntó amenazadoramente al aparato – Prepárense, porque saldremos de aquí, y si esa mierda que causaron no los mata… ¡Seré yo! ¡Y saben que no sería la primera vez que lo hago! – Pasó el cuchillo que tenía en la zurda a su mano derecha, lanzándolo un poco más arriba que la lagartija mecánica, y ésta, al tratar de evitarlo retrocediendo, quedó ensartada en la pared por el arma.
Su energía desapareció junto con la lucecilla roja. Se sentó en el piso, apoyando su cabeza sobre la pared en la cual, unos metros más arriba, estaba el único Escarabajo atrapado. Se sentía impotente. Ella los odiaba a más no poder, pero no podía hacer nada. Estaba igual que los demás, ni siquiera sabía si se terminaría todo después del Laberinto. Quiso llorar, gritar, pero no podía; era el apoyo de Him, no podía mostrarse débil, suficiente con que la viese así de patética. Escuchó unos pasos venir hacia ella por el mismo camino que había tomado. Apareciendo en aquella esquina el Encargado de los Corredores, quien la miró cuestionando por el cuchillo en la pared y, más aún, por el de la Fosa de los Penitentes, que destacaba en la negrura del espejismo.
-Hiems… – No se había dado cuenta. No tenía ninguna intención de hablar, por lo que fingió la clásica inexpresividad de la chica y evitó mirarlo a los ojos.
-¿Qué haces aquí, Minho? – Le costaba tanto mantenerse centrada. Dos nombres rondaban por su mente, a pesar de querer alejarlos de sí.
Gally… Nick…
Sentía a Hiems en su interior cuestionando quién era el segundo, más ella sólo la ignoraba, tratando de cambiar roles lo más pronto posible.
-Nada, venía de paseo cuando me encontré con una larcha suicida en mi ruta… – No supo qué responder. Golpeó suavemente su cabeza contra la hiedra de la pared, tratando de alejar sus pensamientos, y cerró los ojos – Levántate, hay que irnos antes de que nos extrañen – No necesitó dirigirle la mirada para percibir que se encontraba a unos metros justo delante suyo. Abrió los ojos con vista al cielo – Oye ¿Te apuras o quieres que te cargue?
No discutió nada, se levantó y empezó a caminar en dirección hacia el Área, no tardando en empezar a correr, dándose cuenta de lo cansada que estaba en realidad, y aún así el único pensamiento en su cabeza no la abandonaba.
Gally… Nick…
Los constantes escalofríos de los cuales estaba acostumbrada empezaron a desaparecer, dando cabida a la calidez propia de Hiems, quien continuó corriendo al lado del muchacho sin detenerse, preguntando sin cesar en su interior sobre el segundo nombre, a quién pertenecía, qué significaba para Tem y por qué lo había callado por tanto tiempo, pero su voz interna estaba ida, casi derrotada, lo que hacía palidecer a la heterocroma.
Sentía las constantes miradas del chico, cuestionándole qué le había sucedido, mas ella, quien no tenía respuesta, de devolvía una expresión de alivio, como si le dijese que no se preocupase en absoluto, un método que, por supuesto, no servía.
El intercambio de palabras, en relación con las preguntas que se tenían, fue nulo durante todo el cansado trayecto. Al doblar a la derecha en una esquina pudo apreciar que volvía por la Puerta Oeste, dándose cuenta lo fácil que pudo ubicarse dentro del Laberinto, sin siquiera dudar un momento hacia dónde ir. En el claro los recibieron Thomas y Newt, a quien se le notaba las ganas de asestarle un golpe a ambos. Los esperó de pie en la puerta, con los brazos cruzados.
Apenas entraron al Área se detuvieron por un merecido descanso. Minho se inclinó, apoyando sus manos sobre sus rodillas, mientras que Hiems apoyaba su espalda en una pared, algo retirada del grupo – Sólo… quería… estar seguro… – Era notorio el cansancio del asiático.
-¿De qué? – Preguntó Newt – Hubiese sido fantástico que los llevaran con Gally… – La chaca agachó la cabeza, mientras el moreno se erguía, apoyando sus palmas en sus caderas.
-¡Basta! Sólo quería asegurarme si se dirigían al acantilad. A la fosa de los Penitentes – Levantó la mirada extrañada; él había llegado después de ella, cuando ya se habían llevado a Gally. Si en verdad ese era su propósito hubiesen corrido a la par, cosa que no percibió en ningún momento.
-¿Y? – Inquirió Thomas. Minho le dirigió una mirada, consciente de que en verdad la única que lo había visto fue Hiems. Asintió. No tenía fuerzas para hablar, su cuerpo le pedía urgente una comida y un descanso.
-No puedo creerlo… y ésta maldita noche aún no termina…
-¿Qué ibas a contarme? – Thomas lo interrumpió.
-Ah, eso… – Le respondió distraídamente – Aún se puede ver el fuego – Dijo mientras apuntaba a la sala de ésta salían columnas de Humo negro que obscurecían más el lugar, y lo impregnaban con un olor a madera quemada – Alguien quemó los baúles anoche – "¿Alguien?" cuestionó para sí misma – No quedó ninguno.
Su mirada de sospecha se cruzó con la de Newt y Minho, quienes se dirigieron a investigar el lugar, a la vez que ella fue a la Finca, en busca de un poco de alimento.
Tess la miró con notorio recelo cuando la encontró a punto de entrar a hurtadillas a la cocina, pero más no por lo que estaba haciendo sino que, al igual que muchos, la vio corriendo sin dudar detrás de los Penitentes. Le entregó un sándwich y una naranja, mientras le seguía dedicando esa, para su gusto, molesta mirada. Iba a alejarse cuando él le preguntó en un tono algo bajo - ¿Por qué saliste tras esas cosas? – Lo miró. Sabía que para la mayoría era un alivio que se hayan llevado a Gally primero, para así tener un día de vida asegurado, por lo que no entendían cómo alguien podía arriesgar su vida de esa manera. Se encogió de hombros y se alejó.
Mientras terminaba su merienda notó como Thomas corría desesperado a la Sala de Mapas, desde atrás de la Finca. Desde el cuarto obscuro.
Hubiese querido siquiera discutir con Tem en aquel momento, pero se sentía tan ausente que supo por un momento lo que era ser "normal". Se asomó con precaución a la pequeña prisión, tratando de ver a la muchacha allá adentro.
"Teresa"
Pensaba, sin embargo no lo decía. Se acercaba de manera sigilosa, pues el recuerdo de sus ojos mirándola la mantenían al margen. Temía que la mirara con aquellos ojos, y que hubiese sido el detonante apropósito… – ¿Thom? – Aquel grito sumado a la imagen que surgió de repente de la obscuridad la hicieron trastabillar hacia atrás, asustándola – Oh… Lo siento… – se notaba confundida, pues al parecer estuvo acostumbrada a ver sólo hombres en el pequeño lapsus que estuvo consciente y libre, por lo que era natural mirarla tan extraño – ¿Eres una chica? – La pregunta provocó una notoria mueca de reproche en el rostro de la heterocroma – Digo… Sé que eres una chica, pero no he visto a ninguna más aquí – Aclaró, tratando de arreglar la situación.
-Somos las únicas dos en el Área – Le dijo – Llegué un mes antes que Thomas y tú.
-¿Ah, sí? Creo haberte visto antes, pero no recuerdo cuando – Su corazón saltó, por un momento pensó que en verdad recordaba, sin embargo estaba actuando como un novicio. No más bien un novicio a la mitad del mes en el Área, pues no demostraba estar asustada o confundida sobre la situación.
-¿No recuerdas nada antes de llegar? – Le inquirió.
-Recordaba, pero se me esfumó casi todo, es algo extraño, como si fuese muy lejano… – Le sorprendía que le dijese todo tan fácil. La sentía como alguien… transparente.
-¿Y de cuando llegaste? – La ojiazul inclinó un poco la cabeza, mientras frunció el ceño ligeramente, como si le preguntara de qué hablaba – Cuando llegaste dijiste algo de que todo iba a cambiar, luego te desmayaste y caíste en coma.
-Qué extraño – Dijo mientras que se llevaba la mano izquierda a la mejilla – En verdad no me acuerdo de nada de eso…
-Yo estaba ahí – Le mencionó rápidamente – En primera fila. Tal vez por eso sientes que me recuerdas – Trataba de justificarlo con eso, y no en base a lo que pudo haber pasado antes de llegar.
-¿Y cómo te llamas? – Preguntó de repente, cambiando drásticamente la dirección de la conversación.
-Hiems – Respondió – ¿Y tú? – La pregunta era casi por cortesía, pues ya sabía perfectamente su nombre, sin embargo no quería revelarle aún que tenía recuerdos de su vida pasada.
-Teresa – le sonrió – Tu nombre es muy bonito ¿Significa algo?
El comentario le devolvió al recuerdo en el que el asiático, con unos siete años aproximadamente, le hacía la misma pregunta, mucho más brusco e intimidante, por supuesto. Negó con la cabeza.
-¿Viniste a sacarme información o algo así? – Era extraña, en cualquier otra persona esa pregunta se escucharía como una acusación hostil, pero en el tono de ella se sentía como una pregunta normal. La chica le parecía cada vez más agradable, incluso más que Thomas.
-Sí. Era para asegurarme que no activaste El Final apropósito.
-¿Cómo sabes tú del Final?
-Minho me lo contó – Mintió.
-¿Quién es Minho?
-El chico asiático.
-No lo he visto.
-Estábamos en el Laberinto cuando despertaste.
-¿Puedes entrar al Laberinto? – Exclamó, como si estuviese preocupada, cosa que no supo si le agradó o le incomodó.
-Los corredores podemos. Minho lo es, y el garlopo de Thomas igual.
-¿Garlopo?
-Es una especie de insulto en éste lugar.
-Thom había averiguado algo sobre el Laberinto recién, pero no me dijo y sólo salió corriendo. Ni siquiera me dijo qué sucedió, o por qué estaba tan agitado.
-Lo vi, iba a la Sala de Mapas. Allí guardaban todos los mapas que hacían de las secciones del Laberinto.
-¿Guardaban?
-Alguien los quemó – La cara de la pecosa la asustó a más no poder, preocupándola – ¿Qué pasa?
-Thom quería usarlos. Se le ocurrió una idea cuando le dije que el Laberinto es un código… – La chica estaba hablando sola, hasta que se percató que la heterocroma estaba frente a ella – Es uno de los recuerdos que tuve – Le aclaró – Se lo dije a él antes de que se me olvidara. Parecía importante.
-Ya veo… – Iba a comentarle una idea cuando sintió la voz de tres muchachos a unos metros suyo, lejos del alcance visual de Teresa.
-¿Quiénes son? – Le preguntó.
-Thomas, Minho y Newt.
-¿Newt es el moreno de cabeza rapada?
-No, es el rubio alto – Se quedaron en silencio, a cada lado de la puerta de metal, escuchando la conversación que sostenían.
-Por favor, sólo abre la puerta y déjala ir
-¿Cómo podemos confiar en ella? Hasta admitió haber activado algo.
-Eso es cierto.
-Podemos confiar el ella. Cada vez que hemos hablado ha sido con algo relacionado con escapar. Llegó igual que todos nosotros, es estúpido pensar que es la responsable de todo.
-¿Entonces qué mierda quiso decir con eso de que había activado algo?
-Quién sabe… su mente se comportó de manera extraña al despertar, tal vez todos nosotros pasamos por lo mismo en ese ascensor… Vamos ¿Qué puede hacer? ¿Salir con un cuchillo y matarnos a todos?
-Está bien, libera a esa estúpida chica de una vez.
-¡Yo no soy estúpida! – Se habían mantenido en silencio, pero la irritación de la nueva ante escuchar cómo hablaban de ella había aflorado - ¡Y además puedo escuchar cada palabra que está diciendo, garlopos!
Al parecer el insulto propio del Área, pronunciado por la muchacha los extrañó lo suficiente como para que corriesen a ver qué sucedía, y grande fue su sorpresa al notar a la heterocroma riendo por lo bajo ante la frase de la chica – Hiems ¿Quién te autorizó a enseñarle a la larcha la jerga? – Le reprochó el asiático mientras el rubio abría la puerta.
-Vamos, ya estás libre – La ojiazul salió dedicándole una sonrisa desafiante a Newt y Minho, dejándola de lado para mirar a Hiems y quedándose al lado de Thomas.
-Bien, ahora empiecen a cantar – Sentenció Minho.
Básicamente Thomas indicaba que eran necesarios los mapas para poder analizar el Laberinto de una manera diferente, ya que, como decía Teresa, el Laberinto podía ser un código y no un camino – Por eso tenía la esperanza de que hubiesen podido rescatar algo…
El intercambio de miradas entre los tres fue bastante notorio como para que el castaño les reprochara – ¿Me están escondiendo algo?
-Rescatamos los mapas, Tommy.
Los guiaron al sótano, en el cual estaban todos los mapas sin excepción. Pero, a punto de entrar, Newt jaló al asiático y a la heterocroma – Ustedes planeen bien qué harán, yo tengo que hablar algo con el par de larchos.
-Pero…
-¡Será corto! – Dijo antes de alejarlos del lugar, y llevarlos a la misma depresión entre el Muro y la Finca, en el cual Hiems conoció al rengo.
-¿No te pudiste esperar hasta más tarde, Shank?
-No – Contestó cortante, volteando hacia Hiems – ¿Éste garlopo te contó lo que…?
-Sí le conté lo del sueño – Lo interrumpió.
-Bien, quiero saber qué piensa esa larcha de ti ahora.
-Apenas me recuerda – Contestó – Me dijo que sentía que me conocía, pero nada más.
-¿Cómo se comportó contigo? – Minho esta vez la cuestionó.
-Es agradable – Las miradas de los chicos se cruzaron, como si no le creyeran – Es verdad, no quiero encubrirla, ni nada por el estilo.
-Lo que nos preocupa es lo que dijo, aquello de los Penitentes…
-No se ha demostrado nada, aparte de esa vez en el Laberinto.
-¿Y lo de la Finca?
-Era una presa fácil, te hubiese llevado a ti, sino… – Newt rugió por lo bajo, la morena tenía razón, hasta ese momento sólo tenían un hecho que respaldaba la teoría de Minho.
-En verdad me costará confiar en esa larcha…
-A mi también, de hecho sigo sin confiar en Thomas… – Confesó la heterocroma – Pero en verdad son como todos, no recuerdan nada… De hecho, yo soy el bicho raro aquí… – Reflexionó en voz alta al juzgar bajo aquel criterio.
-No digas eso, garlopa – Le dijo Newt mientras se ponía de pie desordenándole el maltratado cabello y empezaba a caminar hacia el salón donde los esperaban el par de Nuevos. Minho hizo lo mismo tomando la delantera, lo que el rubio aprovechó para un corto intercambio de palabras.
-Supongo que no puedo preguntarte de nuevo sobre el mundo exterior ¿No?
-Apenas pienso en responder, me duele la cabeza, Newt.
-Entiendo…
-¿Newt?
-Dime.
-¿Conoces a alguien llamado Nick?
