Tía Rochelle señala la caja enorme al tiempo que mi madre me indica que lo que hay dentro le perteneció. Antes de que pueda comprobar su contenido Kya exclama entusiasmada.

-¡Mi madre también tenía raíces hispanas! Mi abuela se llamaba Juana de la Rosa. Si no me han contado mal, claro…-confiesa tímidamente mi amiga.

-¡Eso es fantástico! Podéis celebrar la fiesta juntas.-manifiesta mi madre.

-¿Sobrina? ¿A qué esperas, a que llueva? ¡Vamos, mira qué hay dentro!

Abro la caja y saco de dentro un excéntrico vestido rosa abultado, que se parece más a un disfraz que a otra cosa. Empiezo a mostrar cara atemorizada.

-¿A que es precioso? Es de cuando yo hice mi fiesta de quinceañera. ¡Y lo llevarás tú en la tuya!

-¡¿Quéeeeeeee?! ¡¿Esto es una broma?!

-Claro que no. ¿Pero qué pasa? Si es precioso, y con ese pedazo de melena rojo encendido que tienes, te quedará divino.

-¡Mamá, no puedo ponerme esto! Digamos que no…Combina conmigo.

-Ya sé que no encaja con tu estilo, ¡Pero va a ser un día especial! Vendrá todo el mundo: tus abuelos, es decir, mis padres, la abuela Jeanie, tu tía, el tío Richard…

-¿El tío Richard? Hace siglos que no lo veo…

Mi madre tiene un tercer hermano, Richard, pero llevo unos cuantos años sin verle, porque vive en Carolina del Norte. Tengo dos primos de su parte, Nick y Dakota. También hace mucho que no los veo. Siempre que me preguntan por mi familia, casi siempre olvido mencionarles.

-Sí, viene de Carolina del Norte. Y Nick, Dakota y Nicky, su mujer, también vienen, por descontado.

-¡No sabía que tuvieras primos, Kylie! No me habías hablado de ellos…-masculla Kya

-Casi siempre me olvido de hablar de ellos…

-Tu madre ha pensado hasta invitar a Ed….-informa mi tía.

-Será una broma, ¿No? Y menos si tengo que llevar este disfraz.-Me niego en redondo a que Ed me vea vestida de princesita a los 15.

-No seas tan negativa, cariño. Y puedes invitar a tantos amigos como quieras. ¡Hey! Puedes avisar a tus antiguos vecinos, a Sue, a Tommy, a Amelie, Geneviève y Raphael… Y a Louise, que sé que es como una prima para ti. Y si ya quieres a algún compañero tuyo.

-¿Por ejemplo Brooke? No, gracias.-suelto mosqueada.

-Total, que todo el mundo estará allí.-concluye tía Rochelle.

-¿Y tú, Kya? ¿No tienes ningún primo, tío o familiar? Sería un placer invitarles…

-Gracias, pero no tengo a nadie más. Es una verdadera pena…

De repente, la cara de mi mejor amiga se vuelve un poco más amarga que de costumbre.

-Tranquila, te haremos un vestido para ti.-promete mi madre.

-Oh, creo que el de mi madre sigue en el sótano. Seguro que me vale…

Kya, como siempre, quiere evitar problemas. Pero yo no soy así.

-¡Vamos a probártelo!

-¿Esto?

-Allí al lado tienes una salita con un espejo. Dame un toque cuando acabes.

Obedezco sin muchas ganas. Suerte que mi padre está arriba y que el casero se ha marchado hace un rato, porque no sé si podría soportarlo. Cuando me veo con el regio vestido puesto, lanzo un suspiro en alto y me quedo de piedra.

-¡Ah!

La puerta se abre.

-Intuyo por el grito que has terminado. ¡Mírate, mi vida, estás preciosa! ¡Pareces una princesa!

-¡Ya, ése es precisamente el problema! ¡Es demasiado rosa para mi gusto!

-No digas memeces, encanto. Vas a arrasar.

-¡No quiero hacer esto! ¡Ni llevar esto, ni tanta elegancia, ni tanto exagerar! ¡Es una fiesta, y solo voy a cumplir un año más! ¿Por qué ha de ser diferente de siempre?

-Sé que no te gustan los cambios ni este tipo de cosas, pero a mí me hace mucha ilusión que celebres esta fiesta. Es un día…

-Muy especial, lo sé. El caso es que a mí todo esto no me va. ¡Odio que me agobien con cosas de estas!

-Ya, pero…

-¡Y lo de invitar a tanta gente! ¡Van a venir unos primos con los que apenas me relaciono, la abuela desde Nueva Jersey…! ¡Y para colmo, Ed! ¡Eso sí que ya ha sido el remate final!

-Kylie…

-Mira, lo siento, seguro que te encantaría que a tu hija le gustaran las fiestas cursis, pero yo no soy así. Lo siento, mamá, pero te he tocado yo. ¡Y no puedes cambiarme!

-¡Si lo hago por ti! Para que tengas una fiesta como la mía…

Mi madre empieza a preocuparse, pero no puedo callarme delante de esto.

-¡Y encima el vestido! ¡Todo rosado, de niña pomposa! ¡Yo no soy así! ¿No lo ves? ¡No…No estoy cómoda con esto! ¡Así que paso!

-¡Kylie!

Me desabrocho el vestido con todo el cuidado que mi manifestada ira me permite y me pongo la camiseta y la corbata (no me he quitado los pantalones). Dejo el disfraz de nuevo en la caja.

-¡Ale!

Salgo velozmente de la sala dejando allí a mi madre con la cabeza gacha. Yo voy tirando hacia casa, a pesar de que Kya y mi tía empiezan a preguntarme. No respondo, solo vuelvo. Me imagino que mi madre estará la mar de triste, y ese no era mi plan, era solo que viese que esta fiesta no va conmigo, eso es todo.

Subo por las escaleras y abro la puerta de mi casa.

-Eh, ¿Ya está todo? ¿Qué tal…?

Es mi padre, que se cree que ya se han acabado los preparativos. Yo no respondo a ninguna pregunta, solo me encierro en mi cuarto tras un violento portazo.

Al cabo de unos minutos, mi padre llama a la puerta. Quiere ver lo que me ha ocurrido, porque me imagino que Kya, mi madre y mi tía habrán subido a ver qué tal me lo he tomado. No respondo -otra vez-, pero aun así irrumpe en mi habitación sin preguntar.

-Es por el vestido, ¿Verdad?

Parece que ya ha visto el disfraz con antelación. Intento tranquilizarme y contestar.

-No es solo el vestido, es que yo no me veo con cuerpo para fiestas así…

-Seguro que ya te han dicho que querían invitar a Ed.

-Otra cosa igual. ¿Te crees que va a venir el tío Richard, después de tantos años?

-Ya, pero tu madre lo hace por ti, para que tengas una fiesta como ella.

-Ya, me lo ha contado.

-¿No podrías hacer un esfuerzo por tu madre?

-¡Eso es fácil decirlo! A ti no te va a obligar a ponerte ese vestido pomposo tan, tan… ¡Rosa!

-¿Ese es el problema, el vestido rosa? ¡Piensa que parecerás el Conejito Rosa!

-Si te crees que me ayudas, me parece que vas listo.

-De acuerdo, hablaré con tu madre. Intentaré que te deje estilizar un poco el vestido a tu gusto, ¿Vale?

-A ver…

Mi padre me da una palmada en la espalda y sale del cuarto. Espero que funcione. Y parece que sí, porque un rato después, es mi madre quien entra en mi habitación.

-He hablado con tu padre. ¿Te sentirías mejor si te dejo retocar mi vestido un poco?

Asiento débilmente.

-Si lo haces, ¿No dejarás de lado la fiesta?

-Mamá, yo…

-Sé que no querías hacerme sentir mal. Y te entiendo. Sé que no te gustan estas cosas. Pero si pudieras hacer un esfuerzo por tu madre, te lo agradecería…

-De acuerdo, está bien. Arreglemos el vestido y llamemos a todo el mundo. Pero no exageréis demasiado, por favor.

-¡Hecho! Verás cómo te va a gustar al final.

Mi madre esboza una de sus radiantes sonrisas. Espero no tener que arrepentirme de esto.

-Pues venga, arreglemos el vestido a tu estilo, pero antes, vamos a comer algo, ¿Te apetece? Son ya las dos y media.

-Está bien…

Después de aclarar el asunto, mi madre prepara unos filetes rusos y una pequeña ensalada para cada uno. A las cuatro hemos terminado todos.