Volvemos abajo por las escaleras hasta llegar al sótano. El pasillo está muy oscuro, y hay muchas puertas, una por cada piso que hay en el bloque.

-Vayamos al fondo. El 15 está al final del todo.

Seguimos andando. A medida que nos adentramos más y más, los pasos también crujen más y más. Por fin llegamos a nuestro destino, el trastero del 15º 1ª, donde vivía Kya antes de que mataran a sus padres.

-Hace mucho tiempo que no venía por aquí-declara Kya, nostálgicamente, al tiempo que enciende la luz.-Pero supongo que nuestras cosas le siguen dando esencia.

-Con "nuestras" te refieres a tus padres, ¿No?

-Así es. Les echo tantísimo de menos. Daría lo que fuera por poder hablar con ellos otra vez. Y despedirme, por lo menos.

-Lo siento, pero eso no es posible. Ojalá lo fuera, pero…

-No, si lo sé. No pasa nada, poco a poco lo superaré.

Lanzo un vistazo rápido a la estancia. Tiene varias cajas destartaladas en estanterías y en el suelo. También hay algunas sillas desvencijadas y cubiertas de polvo.

-Está todo tan triste…-suspira Kya.

-La verdad es que, en la penumbra, este sitio es bastante solitario.

-En fin, el vestido debe de estar por alguna de estas cajas.

Nos ponemos a abrir cajas, cada una por nuestra cuenta, y yo encuentro algo muy interesante.

-Eh, Kya, mira esto.

-Ah, sí, esa placa. Era la placa que llevaba mi padre cuando era policía.

-¿Aún la tiene?

-Al huir, no pudo devolverla.

-"Policía de Manhattan. Distrito 89."-leo.-Suena genial.

-¿Verdad?

Pausa. Kya cierra los ojos.

-Estoy segura de que era una de las posesiones más preciadas de mi difunto padre. Le traería a la mente muchos recuerdos de su mejor amigo.

-Seguro que sí…

-Bueno, este es el vestido.

Kya me enseña por encima un viejo vestido de tul, muy largo, también abultado (¡De color rosa, por supuesto!).

-A mi madre le sentaría muy bien…

-Estoy convencida de eso.

Lo dejo todo en su sitio para no mezclar nada. Cuando nos disponemos a irnos, me fijo en uno de los libros que hay en la estantería. No parece de lectura, ni una guía de teléfonos, ni un catálogo.

-Kya, ¿Qué es este libro?

-¿Ese? No lo sé, no tengo ni idea. No lo había visto nunca.

Kya se abre paso entre los muebles y selecciona el libro del estante. Sopla un poco para quitarle la manta de polvo que lo cubre.

-¡Es un anuario! Juraría que es de mi madre.

-¿Saldrá con sus antiguos compañeros de instituto?

-Supongo que sí.

-Abrámoslo. Me encantaría ver la cara de tu madre.

Nos ponemos a hojear el libro con toda la curiosidad que podríamos tener en un momento así. Llegamos a una página donde está la orla, un documento con las fotos de carné de todos los alumnos.

-Veamos… C…-Kya sigue el orden alfabético.

-¡Mira, es ella! ¡Kya Collingwood!

Encima del nombre de "Kya Collingwood" hay una foto de una mujer bastante hermosa de cabellos rubios y largos y unos ojos enormes de un azul cielo muy bonito.

-Es ella… ¿A que era muy guapa?-me pregunta Kya.

-Sí, claro. Tienes sus ojos, ¿Sabes?

-No eres la primera que me lo dice, aunque yo siempre he creído que me parecía más a mi padre.

Mi mirada no puede evitar fijarse en la foto que hay al lado, de un chaval con el pelo castaño y ojos grises de mirada cruel. Pone que es de un tal Ben Collins. Pero es clavado al vecino de abajo, Benjamin Collinton.

-Kya, mira este tío. ¡Es igual al padre de Sharon!

-¡Hala, tienes razón! Son extremadamente parecidos.

-Pero no será el mismo, ¿No? Es decir, no se llaman igual.

-Supongo que será solo parecido, y nada más.

-Claro, será solo eso. ¿Volvemos?

-…-Kya sigue aturdida por haber recordado a su madre de nuevo.

-Podemos llevarnos el anuario a casa.-intento animarla.

-De acuerdo. Vamos.

Cerramos la puerta con llave y volvemos a casa. Mi madre ya está de vuelta con las telas.

-¡Ya he llegado! Tengo un par de cosas que seguro que te gustan.

-Eso espero.-murmullo entre dientes.

-A ver, Kya, tesoro, enséñame el vestido de tu madre.

-Aquí está.

Mi amiga muestra triunfal el vestido de su difunta progenitora.

-¡Pero mira qué bonito! Seguro que con un par de retoques te sentará de maravilla.

-Estoy convencida…-dice Kya, sonriendo.

-¿Dónde está tu padre, Kylie?

-¿Quién, Hyde? Habrá ido a por la cena, me imagino.

-Oh, bueno. Entonces, iros a duchar de momento.

Mi madre es mi madre, y no aceptará un no por respuesta, así que no nos queda más remedio. Kya guarda el anuario de su madre en su cuarto y nos damos una buena ducha de agua caliente. Prefiero no dar demasiados detalles del segundo asesinato, al menos de momento. Pero se me va a ver el plumero, lo sé yo.

Mi padre llega al cabo de un rato con un par de pizzas. Esto ya me gusta más que el sushi de ayer. Durante la cena estamos las dos muy calladas, y eso hace sospechar.

-¿En qué pensáis tanto?-empieza mi viejo.

-En nada en particular…-me excuso.

-¿Crees que soy estúpido?-expone Hyde.

-¿He de responder a eso?-bromeo.

-Dejad ya vuestros jueguecitos infantiles. Sois peor que dos mocosos.-ríe mi madre.

-Ella es la mocosa.-sigue mi padre.

Kya me pasa una nota discretamente por debajo de la mesa.

"¿Se lo decimos?"

Afortunadamente, tengo un boli en el bolsillo para poder responder.

"¡No!"

La respuesta llega un poco más tarde.

"¿Pero por qué? Ni que fuéramos las asesinas :D"

Y sigo.

"Es que quiero investigar un poco por mi cuenta antes de hablar. ¡A Ed ni pío!"

Pero me parece que ya han descubierto nuestro código.

-¿Qué ocultáis? ¡Confiesa de una vez!-Huy, huy, huy, el viejo madero resurge de las cenizas.

-¡Cosas de chicas!-me invento, con voz de mimada. Al hacerlo, me acuerdo de Sharon.

Al final, todos optamos por que el silencio es la mejor alternativa. Damos las buenas noches y nos retiramos a dormir. Pero antes de eso, me voy al cuarto de Kya a volver a hojear el anuario de su madre. Su cuarto está pintado de un rosa peladilla muy mono, mucho más ordenado que el mío, con algún que otro póster y foto. Hay bastantes peluches, a Kya le encantan. Al lado de su favorito, la osita Mimi, está la caja de música que guarda la Estrella Roja, el diamante que su padre robó a Nile y que le costó la vida. Para Kya, es más que un tesoro.

-Volvamos a mirar ese libro…

Entre páginas están las calificaciones de Kya (la mayor, digo). No es fácil distinguirlas.

-¡Hala, las notas de mi madre! Vamos a verlas…

En ciencias, inglés, música y arte tiene sobresaliente, en deporte, matemáticas y español tiene un notable y en historia tiene un bien. Hasta mejor que las mías.

-¡Tu madre era una crack! Es incluso mejor que yo en el cole…

-¡Ja, ja, ja! Eso ha tenido gracia…-añade Kya.

-Oye, Kya, no sé mucho de tu madre. ¿Te importaría contarme sobre ella?-pido.

-¿De verdad? Bueno, solo sé lo que mi padre me contaba.

-¿Y qué te decía? Anda, cuéntame.

-Pues… Era muy hermosa, amable, jovial, generosa… En fin, lo típico. Era un poco confiada e inocente. O al menos, esa era la visión que papá tenía de ella…

-¿Por qué lo dices?

-Porque él siempre decía que nunca debería haberse enamorado de ella. Según papá, eso fue lo que la llevó a la perdición: el amor.

-Eso es una tontería. Si se querían, lo demás no importa.

-Ya, pero en el fondo se sentía culpable. Aun así, no podía remediarlo: estaba locamente enamorado de ella, y ella de él. Fue todo precioso… Mientras duró. *Suspiro*

-¿Y tu padre nunca intentó atrapar al culpable que se la jugó de esa manera?

-Sí, pero piensa que también tenía que cuidar de mí. A pesar de que lo intentó, fracasó. Si ahora estuviera aquí, podría decirnos quién lo mató. ¡Y juro que me vengaría!

Después de decir esto, Kya suspira de nuevo.

-Pero supongo que nunca atraparé a ese malnacido.

-¡Nunca digas nunca!-exclamo con una sonrisa.- ¡Te juro que tarde o temprano le atraparemos! ¡Y pagará por lo que hizo!

-Me reconforta saber que me ayudarás…-sonríe Kya.

-Ahora durmámonos ya. Tengo el presentimiento de que mañana será un día muy largo.

-De acuerdo. Buenas noches, Kylie.

-Buenas noches, Kya.

Salgo del cuarto de Kya y me instalo en el mío. Mi cabeza va imaginando un poco la imagen de Kya Collingwood. ¿Quién pudo hacerle eso a una pobre madre indefensa? Pero poco a poco, mi imaginación oscurece, así como mi vista. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy durmiendo.