15 de diciembre de 1996
Domingo, un nuevo día. Me despierto pensando en la promesa que le hice a Kya. Estoy dispuesta a ayudarla, pero es que ni siquiera sé por dónde empezar a buscar. Abatida por tantos pensamientos, resoplo y me lanzo sobre la almohada de nuevo, a ver si me consigo dormir. Pero de nuevo, me vuelven a estropear los planes.
-¡Kylie Hyde!
Abro el ojo castaño con el ceño fruncido y con cara de póquer. Es mi viejo, y no parece contento. Se ve que a los cincuenta es costumbre despertarse con el pie izquierdo.
-¿Qué tripa se te ha roto, Hyde? ¿No ves que estoy durmiendo?
-¡Los que duermen no hablan! ¡¿Se puede saber por qué me lo has ocultado?!
-¿Que Kya y yo nos cambiamos la cena anteayer?
-… No, eso no.
-¿Que Kya y yo tenemos un walkie-talkie para hablar a escondidas?
-… No, eso tampoco.
-¿Que Kya y yo…?
Mejor me callo ya, que voy a descubrir todas mis tretas sin acertar nada.
-¿Por qué no me cuentas qué es lo que te he ocultado?
-¡Lo del asesinato!
-Si te lo dije. Estabas con nosotras cuando lo descubrimos.
-¡No te hagas la sueca, jovencita! ¡Hablo de que ha habido otro en el piso de enfrente!
-¡Ooooh, eso! Es un pequeñísimo detalle que olvidé comentar durante la cena por los avatares de la vida…
-No me vengas con cuentos chinos, criaja.
-¿En qué quedamos, soy sueca o china? ¡Ni tú te aclaras!
-¡No me cambies de conversación!
-Además, ¿Por qué le das tanta importancia? Sí, es una casualidad un tanto peliaguda, pero…
-¿"Pero"? ¿Qué pasa si ese asesino loco se carga a otra persona? ¿Te gustaría ser la siguiente?
-¿A ti te gustaría?
-Aprecio mi vida, ¿Sabes?
-Me refiero a que yo fuera la víctima.
-¿Estás loca? ¡Pues claro que no me gustaría! ¡Y es por eso que te estoy echando la bronca! ¿No te parece?
-De verdad que me alegra que no quieras que sea la víctima de un destripador en serie, de verdad, me acabas de alegrar el día. Pero piénsalo, ¿Quién querría matarme? A parte de ti, claro.
-Nunca se sabe.
-Lo que te aseguro que no querrían es secuestrarme. En una semana ellos os pagarían para que les dejara en paz.
-¿De dónde te sacas tú eso?
-De Ed.
-¿Ed te dijo que…? Bah, mejor dejémoslo. Espero que esto haya quedado muy claro. ¡Olvídate de todo este lío! Te conozco, y sé que no te rendirás hasta averiguar lo que ha ocurrido, pero ¡Déjalo! Tienes 15 años, ¡Y no quiero sorpresas desagradables, no más!
-¿Qué quieres decir con eso?
-¡Las chicas normales de 15 años no juegan a los detectives! ¡Y no me vengas con la excusa de que tú no eres normal, esa ya no me la trago más veces!
-De acuerdo. ¿Puedo retirarme a desayunar?
-¡No me contes…! Espera, ¿No me vas a recriminar?
-¿Para qué? Tienes razón. Buenos días…
Salgo de la habitación con andar elegante y mi viejo se me queda mirando con cara extraña. Y yo sé que me voy a poner la placa imaginaria.
No lo hago para enfurruñar a mi viejo, es solo que no puedo evitarlo. Y si no, que no me hubiera transmitido el instinto. Teóricamente, él dijo "Las chicas de 15 años no juegan a los detectives". Y se ha olvidado que aún no tengo los 15. ¡Hay que saber lo que uno dice! Lo único malo es que tengo de plazo para encontrar al culpable hasta el día 24, sino está excusa no servirá de nada… Así que ya puedo mover mi perezoso trasero, darme prisa y empezar a investigar todo este tinglado con más detenimiento.
Me encierro en el baño hasta que vuelvo a ser persona de nuevo. Cuando salgo, Kya está desayunando, ya preparada para ver qué nos depara el día. Le cuento la estratagema que he montado como excusa y nos escabullimos de casa con la causa de que vamos a pasear. (¡Tampoco he dicho que íbamos a salir del bloque! ¡Soy mala malísima, ja, ja, ja, ja!)
Bajamos las escaleras tranquilamente charlando de nuestras cosas. Llegamos a la cuarta planta, donde adivinamos la silueta de Mya. Pero a su lado hay otra, mucho más pomposa. Parece que es…
-¿Y de verdad de la buena no sabe nada?
-No, le prometo que no, señorita Princeton.
-¿Ni ningún sospechoso?
-Tampoco. Le aseguro que el caso me está resultando muy complicado.
-¡Fiuuu! O sea…. ¡Qué lástima! Lo lamento.
-Sin problema. Creo que iré a tomar el aire un rato, si me permite.
-¡Adelante, adelante, señorita Mya! ¡Súper-gracias por todo!
Mya baja las escaleras. ¿Me ha parecido que Butterfly se alegrara de que la investigación estuviera estancada?
-Butterfly oculta algo, lo intuyo…-asegura Kya.
-Vamos a hacerla hablar de una vez.
Nos acercamos a la individua que nos parece tan sospechosa.
-Oye, Butterfly, ¿Te molestaría que habláramos un poco?
-¡Sí! O sea… ¡No, para nada! ¡Decidme lo que queráis!
-¿Podrías contarnos con más detalle lo que ocurrió cuando oíste el ruido en el piso de Joyce?
-Hm… O sea, ¡Súper-claro! ¡Encantadita!
-¿Y bien…?-arranca Kya.
-Pues veréis, yo venía de pasear por la luz del sol de la calle, cuando pasé por aquí, y oí un ruidito muy fuerte. ¡Como un "plam"! Me quedé mirando a ver qué ocurría, pero no pasó nada más. Estuve un buen rato esperando, pero nada. Mya salió del piso de Meryl y se lo conté todo.
-¿No avisaste a nadie, a pesar de que pasaste tanto miedo?-pregunto, instintivamente.
-¡No! Es decir… ¡No pude, porque me quedé petrificada!
¿En serio fue por eso? Mi intuición me dice que algo está ocultando…
-¿Y no viste al asesino?-pregunta Kya.
-¡Por supuestísimo que no!-asegura potentemente Butterfly.
-Eso es extraño, porque para huir, hubiera usado la puerta, ¿No? Y eso tuvo que ser después de que Joyce cayera.-Deduce Kya orgullosamente.
-¡Con la ventana abierta uno puede huir por ahí! ¡Cuánta incultura!-Butterfly empieza a presentar una sombra irada.
-¿Cómo has dicho?
-¿Cómo puedes saber que la ventana estaba abierta en aquel momento? ¡No es posible saberlo!
-¡AAAAAAAAH!-grita Butterfly.- ¡BASTA! ¡Callaos ya las dos! ¡¿De qué vais, de detectives?!
-Cálmate, Butterfly, no hemos acusado a nadie de nada. Solo te estamos preguntando, ¡Pero tus respuestas no son convincentes!
-¡¿Cómo te atreves?!
-Con lo que nos has dicho, ¡Está claro que entraste dentro del piso!- presiona Kya.
-¡Eso es mentira! ¡MENTIRA! ¡Demostradlo!
-No podemos… Pero no podías saber lo de la ventana abierta. Y tuviste que ver al asesino salir, si estabas aquí, claro.-Declara Kya abiertamente.
-¡No! ¡No tuve por qué verlo! ¿Y si…?
-¿La ventana? Si se hubiera sujetado del marco para huir hubiera dejado huellas. ¡Pero Mya no encontró ninguna!
-¡Noooooo!
-Butterfly, ¿Qué clase de fregado estás ocultando? ¿Fuiste tú?
-¿Le diste boleto a Joyce?
-¡Pues claro que no! ¡Qué miedo!
-Si no fue así, ¡No ocultes nada!
-¡Yo no he hecho nada, lo juro, lo juro!-suplica Butterfly.
Es increíble lo que hemos conseguido en tan poco tiempo. Butterfly se ha derrocado en nada. Ahora agacha la cabeza, y confiesa, con aire triste:
-De acuerdo, estaba dentro del piso en el momento del crimen…
-¡¿Qué!?-manifiesta Kya.
-Pero yo no hice nada malo, solo quería información.
-¿Información? Venga, habla de una vez. ¿Qué querías para allanar la morada de tu vecina?
-Su romance.
-¿Cómo dices?-cuestiona Kya.
-Sí, ¿No os habéis enterado? Joyce estaba saliendo con alguien, y corrían rumores de que era otro vecino.
-¿Otro vecino?
-Sí. Poco más tarde, rompieron abiertamente.
-¿Y no sabes quién es el novio en cuestión?
-No, pero cortaron poco antes del asesinato.
Muy, pero que muy interesante…. ¿Y si el asesino fuera…?
-¿Y sabéis otra cosa?
-¿Qué?-respondemos a coro.
-Meryl también discutió con un novio suyo antes de morir.
-¡Eso ya son palabras mayores! ¿Por qué te callaste algo así?-pide Kya.
-¡Porque entonces pensarían que fui yo la culpable!
-¡Butterfly, es muy importante! ¡Cuéntanos lo que de verdad viste en ese piso! ¡Puede que ambos casos estén relacionados si podemos saber quién asesinó a Joyce!
-Lo siento, pero no pude verle bien la cara. La luz estaba apagada, y por la ventana se veía nublado. No había mucha luz.
-¿Entonces?
-Sabía a qué hora volvía de comer, así que entré allí antes y me escondí para esperar a que viniera.
Lo cuenta con una vocecilla tan inocente que incluso parece que estuviera haciendo un servicio a la comunidad.
-Entonces oí la puerta, y me puse a mirar discretamente.
-No te ofendas, pero no llevas un aspecto que pase desapercibido fácilmente.
-¡Es que me puse mi traje espía para la ocasión!
-¿"Traje espía"?
-¡Peluca negra con mechas fucsia y un vestido de gala hecho de cota de malla!
La madre que la parió…. ¿Eso es ir discreta?
-En fin, al grano.-acorta Kya.
-Pues me puse a mirar, ¿Sí? Y empecé a oír a un hombre hablar con ella.
-¿Amenazas?-pregunta Kya.
-¡No! ¡Le pedía un besito! ¡Era todo precioso!
Sí, y tan precioso que acabó en sangre.
-Pero Joyce le dijo que en realidad no le gustaba. Fue cuando oí reírse a alguien. Creo que fue el hombre. Creí que estarían gastando alguna broma, y como me encantan, me asomé al salón a ver a qué jugaban.
Supongo que el juego lo prohibirían a menores, si eso conllevara un cuchillo.
-Entonces, me helé. El hombre cortó la risa en seco, ¡Y luego la cortó a ella! ¡Aaaaah! ¡Fue horrible! La pobrecita Joyce se cayó al suelo. ¡No le dio tiempo ni a gritar! Después, el hombre se marchó. Creo que llevaba guantes.
-¿Y a Joyce no le pareció sospechoso que llevara guantes?-considera Kya.
-Eran guantes de piel. Como últimamente hace frío…
-¿Te fijaste en algún detalle más?-pido, curiosa.
-La verdad… Joyce le cogió del hombro mientras ese tío se reía. Cuando la apuñaló, Joyce se llevó un jirón de su camisa, dejándole el hombro al descubierto.
-¿Y?
-Pues que en ese hombro tenía una cicatriz bastante fea. La herida le dolería bastante. Después de matarla, le cogió la tela de las manos y se largó. Yo ya no puedo decir nada más. Asustada, me largué cinco minutos después.
-Gracias, me alegro de que te sinceraras con nosotras.-agradece Kya.
-¡Oh, no fue nada! ¡Siento haberos mentido!
-Déjalo, mejor. Nosotras nos volvemos a casa, casi es la hora de comer.
-¿Qué? Oh, vale… Ji, ji, ji….
Vaya modo de reírse. Pero al menos ya hemos averiguado algo más sobre ese hombre misterioso asesino de mujeres. O de "novias", mejor dicho.
