17 de diciembre de 1996
Martes por la mañana. Intuyo que será otro día de pesquisas. Tal vez tenga razón o tal vez no la tenga. Pero aun así, el crimen puede esperar media hora más. Cojo la colcha y me cubro virulentamente con ella.
Me parece que pasan unos diez minutos desde que me tapo hasta que suena el teléfono de mi habitación. ¿Quién diablos será? Maldigo para mis adentros mientras escabullo un brazo fuera de mi manta.
-¿Diga….?
-¿Se puede saber a qué viene esa voz? ¿Es que la marquesa estaba tumbada a la bartola?
-¿Quién es…?
Debería haberlo sabido al instante.
-¡Oye, soy yo! ¡¿Quieres levantar tu trasero perezoso de la cama de una vez?! ¡Son las 11, criaja!
-¡Ed!
-Así que estabas frita, ¿Cierto?
-Sí, bueno, lo estaba.
Pero cualquiera sigue en su trance matinal después de oír su vozarrón, señor Vincent.
-Ya veo. Eso sí que es tomarse una investigación en serio, mocosa.
-¿Eso es que has encontrado algo?
-No exactamente, pero tu tía quiere hablar contigo.
-Oh, de acuerdo.
-Pero antes… Oye, ¿Kya anda por ahí?
-Pues…
Me alejo el auricular un momento y grito "¡Kya!". El escándalo se pierde por todo el piso y no hay respuesta alguna. Habrá salido a despejarse, aunque no me gusta que salga sola.
-No, no está, mala suerte.
-Necesito que me hable sobre todos los detalles del crimen de su viejo.
-Intenté que me lo contara, pero se empezó a sentir mal, y dejé descansar a la pobre. Ya te contaré algo si lo averiguo, ¿De acuerdo?
-Está bien. Te paso.
…
-¡Buenos días, perezosilla!
-Sí, "buenos" días…
-¿Y ese sarcasmo? Sí que estás malhumorada…
-Déjalo, mejor. Es que anoche me acosté con dolor de cabeza.
-¿No te habrás ido de fiesta…Sin avisarme primero?
-No, claro que no. Estuve pensando en todo lo que pasó, hasta que me cogió el sueño.
-Pues te ha costado librarte de él, muchacha.
-¿Para qué me has llamado?
-Era porque estuve indagando un poco más sobre esos casos… Y tengo la fecha exacta de cada uno, por si te sirve de algo…
-Sí, claro que puede ser útil. Espera, que cojo para escribir.
Sujeto el cuaderno con la mano derecha y voy escribiendo todas las fechas que me dicta tía Rochelle. Es bueno tener tanta precisión en los datos de la investigación.
-Estupendo, me servirán.
-Oye, ¿Sabes algo? Me enterado de una cosa realmente horrible sobre esos casos…
-Algo me dice que no me va a gustar…
-¿El qué te lo ha dicho, mi tono o la palabra "horrible", Einstein? Bah, déjalo. ¿Sabes ese asesino que parece común en todos?
-Sí.
-La policía creía que Nile estaba implicado de alguna manera.
-¿Nile? ¡Venga ya! ¡¿Es que nunca me puedo librar de ese maldito nombre?!
-Eso parece.
Un segundo… Si Nile estuviera implicado, parece que habría más posibilidades de que fuera el mismo que mató a los padres de Kya.
-¿Qué piensas tanto?
-Nada, es que… Nile…
-Que tiene que ver con Kya, ¿Verdad? Por eso mismo te digo que es horrible. ¿Crees que…?
-Sí, supongo que sí. Tal vez vaya siendo hora de que Nile empiece a dejar de tocarme tanto las narices.
-¿Y qué mejor manera que vayan a por ti después de que desenmascares a uno de sus asesinos en serie?
-Ya, supongo que sí. Pero si la poli resulta tener razón… ¿Lo pillas?
-Sí, tranquila.
-Tía Rochelle, tengo que pedirte un favor.
-Dime.
-Busca todo lo que encuentres sobre Nile. Todo. Cualquier cosa vale. La cuestión es tener investigado al enemigo, y saber en qué consiste su modus operandi.
-Vaya, hablas como toda una profesional. De acuerdo, veré qué encuentro. Chao.
-Chao…
Cuelgo el teléfono. He de acorarme de decirle a Kya que Ed la busca. Esperando a que vuelva, me arreglo un poco y me tomo un vaso de leche. Encima de la mesa está el dibujo mío que hice ayer, mío con el vestido y una cara seria. Me lo llevo a mi cuarto y lo cuelgo de la puerta. Cuando lo hago, me viene a la mente la razón por la que siempre me represento seria. Mi diario.
Es un diario que escribí hace tiempo ya, pero en él hablo básicamente sobre mi mayor deseo: conocer, en cierto modo, a mi padre, porque no sé mucho de su pasado, y me gustaría saberlo, como hija suya que soy. En todo caso, esto siempre me ha puesto muy triste, aunque a primera vista no se manifiesta, y me enfurecía conmigo misma. Bueno, eso de mi padre y el hecho de que la mayor parte de la gente se cachondeara de mí por ser rara como soy.
Total, que por eso me dibujo seria, desde siempre, y así lo sigo haciendo. Tal vez algún día cambie la cosa, nadie lo sabe…
En ese momento en el que yo estoy taciturna la puerta se oye, y con ella la alegre voz de mi amiga.
