-Por fin hemos llegado…Otra vez…*Suspiro*-masculla Kya.
-Tranquila, te prometo que no tardaremos mucho. Veamos, era la 512, ¿Verdad? Usemos el ascensor para llegar.
Después de patearnos casi todo el recinto del hospital, llegamos a la habitación a la cual queríamos llegar. Sé muy bien lo que estoy buscando, así que no me andaré por las ramas.
-¿Y bien? Date prisa, que no sé si nos dejan estar aquí solas.
-Seré breve, Kya. Vamos a la mesilla donde tu madre escribió "Bradley".
-¿Crees que fue ella?-declara Kya, con tristeza.
-No, no, no lo creo en absoluto, precisamente por eso quiero comprobar algo.
Me acerco a la mesilla, corro un poco la sábana de modo que la pintada queda enfrente de mí.
-Pásame el Navixen, Kya, porfa.
-Aquí tienes.
Disperso Navixen por toda la pintada. Tal y como sospechaba, solo brilla alrededor de la mitad de la palabra, y por más que eche, la segunda mitad no reacciona. Lo sabía.
-¡Ostras! ¿Por qué brilla solamente en la mitad?
-Muy fácil. Alguien ha querido estancar la investigación… O echarle las culpas a tu padre. Pero ese alguien no contaba con nosotras.
-¡Hemos de saber lo que realmente pone! Veamos…
Kya se deja los ojos para tratar de averiguarlo…
-La "B" brilla completamente, así que es real. "-ra-"parece extraño… Si me fijo bien, parecen una "e" y una "n". Las demás no brillan.
-Entonces, con la sangre, realmente, se escribió "B-e-n". ¿Ben?
-¿Cómo que "Ben"? Ese nombre…
Me suena de haberlo oído en alguna parte. Estamos cerca, muy cerca, pero ahora no logro recordar dónde he oído ese nombre antes.
-Ben, Ben… ¿Quién se llamaba Ben?-pregunta Kya, ansiosa.
-Lo siento, no me acuerdo…*Suspiro*
-No te preocupes, faltaría más. Seguro que aparecerá tarde o temprano, no temas.-Me consuela Kya.
-Al menos hemos hecho un hallazgo muy importante. Es probable que ese Ben fuera el verdadero asesino. En cierto modo, ya podemos quitarnos definitivamente un peso de encima. No es que pensara que el culpable fuera tu padre, no me malinterpretes…
-Tranquila. ¿Estás bien? No haces más que disculparte conmigo, y eso no pega con tu modo de ser. ¿Te encuentras bien?
-No te preocupes. Debo de ser yo, que como te pusiste mal el otro día me quedé afectada y hago un esfuerzo más para no meter la pata, como de costumbre.
-Anda, no seas tan dura contigo misma.
-Lo siento… ¡Ay, lo siento, me estoy disculpando! ¡Lo siento…!
Estupendo. Me estoy disculpando por disculparme con otra disculpa. Soy un poco bastante imbécil, la verdad.
-¡Ja, ja, ja, ja, ja! Has inventado un nuevo trabalenguas, Kylie.
-Sí, tal vez. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
Nunca pensé que vería a Kya reír en un sitio como en el que estamos, y menos sabiendo que aquí murió su madre. ¿Qué estará pasando, que nos estamos volviendo locas?
-¡Oh, no!-exclama Kya.
-¿Qué? ¿Te has hecho daño?-pregunto.
-¡No, pero son las tres y cuarto! ¡Tus padres nos van a matar! Suponiendo que no hayan vuelto a trabajar ya…
-¡Verás el sermón que me va a soltar el viejo Hyde! ¡Vámonos pitando!
Salimos por patas del hospital y casi sin quererlo nos vamos corriendo a casa.
-A esta hora, lo más probable es que estén llegando a la oficina, eso si no están con los preparativos de la odiosa fiesta. ¡Solo de pensar en ella me pongo de mala leche!
-Tranquilízate. En este momento tenemos otras cosas en que pensar.
Abrimos la puerta de casa precipitadamente.
-¡Ya hemos llegado!-grita Kya.
No hay respuesta. El piso está desierto.
-Pues nada… La bronca tendrá que esperar… Ja, ja, ja….-río débilmente.
-Vaya…. Intuyo que nos hemos metido en un buen lío… Otra vez.-suspira Kya.
-Supongo. Pero antes de que me castiguen de por vida, voy a pasar mis apuntes de la investigación al cuaderno.
-Ojalá Ed se dé prisa con lo de esa estrella dichosa. Estoy en ascuas por saber cuál es el secreto que oculta. Y si tiene que ver con Nile, puede ser importante…-deduce Kya.
-Yo no lo habría resumido mejor…
Me acomodo en el sofá, que me recibe con los brazos abiertos. Otro amigo mío a la lista. Mis dedos izquierdos se mueven veloces sujetando el bolígrafo que garabatea por toda la agenda información sobre el caso representada por mi letra demoníaca. Me cuesta trabajo comprenderla después.
Kya, por su parte, ha cogido el dibujo de la estrella y, ocupando una butaca, piensa en un posible significado para semejante tinglado. Cuando se para a pensar fríamente, rara vez deja las cosas sin resolver, pero es que esto nos supera. Aun así, insistimos, e insistiremos hasta que la niebla que cubre todo este sombrío caso se disipe.
*¡Ring-ring!*
Es el teléfono, que empieza a sonar bruscamente sacándonos a las dos a patadas de nuestro trance detectivesco, en el que nos sumimos muy frecuentemente.
-Esto no me gusta…-me advierte Kya con una sonrisilla irónica.
-Ve preparando un audífono, ¿Quieres?
-De acuerdo, iré haciendo un par de llamadas desde el otro teléfono...-ríe Kya.
Suspiro para mis adentros, lista para que me castiguen eternamente, mientras descuelgo y me coloco el auricular en el oído izquierdo, tan suavemente como puedo. Intento hacer vocecilla de corderito, a ver si así por lo menos tendré derecho a una llamada…
-¿Diga?
Caballeros, abróchense los cinturones, que vienen turbulencias…
-¡¿Cómo que "diga"?! ¡¿Esa es tu mejor excusa, mocosa?!
-Oye, no me grites, no estoy sorda…
-¡¿Se puede saber dónde estabais?!
-Nos apetecía dar un voltio por ahí, y se nos ha hecho tarde. No había ninguna cabina, así que echamos a correr hacia casa, pero ya os habíais ido.
-¡Maldita sea! ¡¿Es que lo que queréis es matarme a disgustos?!
-Claro que no. Oye, no imites a Ed, ¿Quieres? Esto le podía haber pasado a cualquiera. El otro día, por ejemplo, te retrasaste media hora. Y yo no me puse a gritarte a la primera de cambio.
-¿No estarás hablando en serio? ¡Creo que yo ya soy lo bastante mayorcito como para apañármelas solito! ¿No te parece?
-Oye, Hyde, te recuerdo que el año pasado me escapé de una habitación cuando estaba atada de pies y manos, ¿Y no crees que sepa volver a casa solita, que tengo que echar miguitas de pan para no perderme, como Hansel y Gretel?
-Kylie, no sé cómo te las apañas, pero naciste con el don de tenerme preocupado para toda la eternidad.
-Eso tiene un nombre: paternidad. Y ya puestos a contarnos confidencias, yo tengo una pregunta para ti…
-Otra de muchas.
-¿Por qué estás tan raro últimamente?
-¿Eh? Pues… No sé, ¿Crees que estoy más raro aún? Pues ni idea, supongo que…
Me callo un rato. Todo empezaba muy bien, hasta que…
-¿Pero qué hago contándote mi vida? ¡Si te estaba regañando! Pues eso, lo dicho: Como vuelvas a hacer algo así… Te juro que no vuelves a salir de tu habitación, ¿Está claro?
No me queda más remedio que hacer una pausa. No sé por qué.
-Eres…. Eres demasiado previsible. Sabía exactamente que me ibas a decir eso, y que me ibas a levantar la voz. Y no me encanta precisamente, ¿Sabes?
-Y yo también me estoy imaginando la cara que estarás poniendo ahora mismo. Te conozco bien.
Tiene razón. Se me está poniendo mi típica cara de vinagre, al tiempo que me pongo a pensar en el motivo por el que me dibujo seria.
-Oye, mejor déjalo, ¿Vale? Lo dejamos en una simple bronca y ya está, ¿De acuerdo? Pero no me des más sustos, hazme el favor.
-Sí…
-Chao.
-Chao…
Mirando hacia el suelo, cuelgo el teléfono, al tiempo que me quedo parada, con el pelo cayéndome por la cara, como siempre que miro abajo.
-¿Estás bien, Kylie? Parece que hayas visto un fantasma…
-No es nada, de verdad. Es… Pues lo de siempre…
-No soportas reñirte así con tu padre, ¿Verdad?
-No es por la bronca que me pueda echar, es de la manera en cómo se pone. Pero yo sé muy bien que no lo hace a posta.
-Claro, no le des importancia. Tu padre te quiere mucho, créeme.
-Te creo. Pero no sé quién es.
-Kylie… Algún día sabrás todo lo que quieras saber. ¿No te lo prometió? Y tu padre cumple sus promesas. Por favor, no te entristezcas de nuevo por ese tema…
-Tienes razón. Sé que me hago unos cacaos mentales que son demasiado, de verdad. Por eso odio los sentimientos o todo lo que tenga que ver con ellos.
-¿Te encuentras mejor?
-Sí, no temas. ¿Sabes? Tanto hablar de mi viejo me ha hecho pensar en el correo. Hace semanas que no lo miramos, ¿Verdad?
-Oh… Sí, lo mismo de siempre, ¿No? Se ve que a vosotros los Hyde no os entusiasma el correo….
-Pues no, mira. Somos así y así seremos. Desde siempre y para siempre.
-Entonces vayamos a recoger las cartas. Total, no tenemos nada mejor que hacer. Y me imagino que no te entusiasmará la idea de volver a salir para que pase lo mismo, ¿No?
-Ni hablar del peluquín. Vamos a por ese correo.
Sin más dilaciones, Kya y yo nos montamos en el ascensor y bajamos hasta la primera planta. En la puerta están un abrigado Benjamin Collinton y una coqueta Sharon.
