20 de diciembre
En teoría, hoy hubiéramos empezado las vacaciones en el colegio. Claro, eso si yo no estuviera allí para revolucionarlo todo, como de costumbre. Normalmente, en vacaciones me pego unas siestas enormes. Mi récord está en la una del mediodía.
Como es obvio, alguien está demasiado emocionado como para esperar a la una del mediodía, así que opta por la solución buena (para esa persona, no para mí, evidentemente): sacarme de mi trance a patadas.
-¡Despierta, vaga! ¿Ya te has olvidado de nuestra conversación de ayer?
Es mi madre, que me obliga a abrir los ojos al tiempo que descorre las cortinas para hacerse cómplice de la luz solar, de modo que ambos me saquen de la cama.
-¿Me refrescas la memoria? De verdad que me duele la cabeza…
Admito que es cierto. Normalmente los dolores de cabeza se me pasan después de dormir un poco, pero esta vez no es el caso. Madre mía…
-¡No me digas que ya no te acuerdas! Pues lo de la fiesta, mujer. ¿No recuerdas que teníamos que hacer las pruebas?
-Oh, eso… Vale, está bien. Pero te advierto que yo tardo mucho en volver a ser humana, ¿Entendido?
-Pues entonces empieza cuanto antes. ¡Vamos! Tu tía vendrá dentro de poco.
-No me digas que la tía Rochelle también se viene a las pruebas. Mamá, si tengo que hacer el ridículo, prefiero que sea solo una vez, ¿Sabes?
-¡Eres una pesimista! No vas a hacer el ridículo. Además de que una parte de las pruebas es el peinado, ¿Recuerdas?
-Oh, es verdad… Pufffff….
-Oye, ¿A qué viene esa cara tan larga? Me prometiste que harías un esfuerzo por esta fiesta. Porque ya sabes que significa mucho para mí, mi reina.
-Lo sé, lo sé… De acuerdo, intentaré no explotar, pero no me forcéis demasiado, ¿Trato hecho?
-Trato hecho. Venga, derechita a la ducha. ¡Y lávate el pelo!
-Síiiiiiiiiiiii….
Entro en el baño después de cerrar la puerta sin muchas ganas. Me miro al espejo y veo mi pelo tan desanimado como yo. Necesita un buen repaso a base de champú y mascarilla. Pero creo que necesitaré tres botes para que mi preciosa melena vuelva a relucir.
Mi cara no está mucho mejor. Necesito un poco de agua fría, a ver si se me quitan un poco las legañas y las ojeras. Estoy peor que una colegiala que se ha pasado toda la noche en la discoteca.
-Tía Rochelle tiene trabajo conmigo… *Suspiro*
En fin, dejo los remilgos a un lado y me meto en la bañera. Después de una terapia a base de mucha agua, jabón y más agua, me siento bastante mejor y renovada. Donde hay una buena ducha, que le quiten todo lo demás.
Kya me está esperando a la salida del baño, mientras yo salgo de ahí con una toalla en el pelo.
-Buenos días, Kylie.
-¿A ti también te han despertado? Lo siento…
-No, qué va. Me desperté yo. Pero sí que vino tu madre a hablar conmigo.
-Pues nada, pilla el relevo del cuarto de baño.
-Lo haré. No tardo nada.
-Por mí, como si tardas todo el día. ¿Te crees que me apetece lo más mínimo?
-Está bien, lo he pillado. Kya, expláyate todo lo que puedas.
-Eres un sol de amiga, Kya.
-Nada, mujer, no es nada.
Kya entra en el baño y cierra la puerta. Yo, de mientras, me voy a mi habitación a ponerme algo de ropa y dejar atrás el albornoz. En parte, porque de lo suave que es, corro el riesgo de volverme a quedar frita.
Para hacer tiempo, escojo uno de mis vinilos favoritos y lo coloco sobre mi tocadiscos. Jazz, un material musical estupendo. Mi género favorito.
Sin darme cuenta, empiezo con la segunda parte de mi recital de ayer. Si tuviera un saxo de verdad, tal vez haría menos el ridículo, pero es lo que hay. No hay saxo, no hay discreción.
Mi madre entra y vuelve a pillarme en mi solo de saxofón.
-¡Ja, ja, ja! ¡Mírala! Tú te aburres mucho, ¿Verdad?
Paro al instante. Mierda, qué corte…
-Tranquila, no se lo contaré a nadie, si es lo que ibas a preguntarme. ¿Bajamos ya? Quiero acabar antes de comer, y ya sabes que Ed no concede muchos días libres, y menos a dos de sus empleadas, ¿No crees?
-Ah, así que el viejo Hyde no se salva de la rutina, ¿Cierto?
-Kylie, ¿No te cansas de llamar así a tu padre?
-Es un mote cariñoso, mamá.
-Lo que tú digas, pero lo tuyo pasa de castaño oscuro, de verdad.
-¿Bajamos?
-Sí. Kya nos está esperando en el recibidor.
Nos reunimos con Kya y el ascensor tiene la amabilidad de conducirnos hasta la primera planta, desde donde salimos a la calle, damos unos escasos pasos y llegamos a la sala de fiestas. No tiene mucha gracia ir en plena luz del día, porque no merece mucho el título de "sala de fiestas".
-¡Buenos días por la mañana!-al contrario que su sobrina, tía Rochelle suele tener buen despertar.
-Hola…-saluda tímidamente Kya.
-¿Está todo listo, Rochelle?-pregunta mi madre, con tono de líder.
-La duda ofende, hermanita mayor. Pero sí, he traído todo lo que me dijiste. Me hablas como si no te fiaras de mí.
-Las dos sabemos que no me fío de ti.
-Vale, vale…-tía Rochelle empieza a poner cara de puchero a propósito- esta me la apunto, hermanita amargada.
-¿A estas alturas sigues llamándome "hermanita"? Lo que me faltaba ya… En fin, dejémoslo, que cuando empiezo contigo, no acabo. ¿Entramos?
-Está bien….-me rindo.
Entramos de nuevo en el local, tan grande como de costumbre. Estamos solas, para variar. Por mí, mejor. No me puedo hacer una idea de lo lleno que va a estar esto dentro de tres días…
-Muy bien, vamos por trabajo, que el tiempo no nos sobra. Yo voy a preparar unas cosas para la decoración. Rochelle, tú ponles los vestidos. ¡Y que no lo vean!-ordena mi madre.
-De acuerdo… Oye, hermanita, eres una mandona, ¿Lo sabías?
-¡Déjate de monsergas! Esta fiesta no se va a organizar sola, ¿Sabes?
-Que sí, que sí… Vamos, chicas, que si no mi hermana me va a crucificar viva.
No queremos ocasionar problemas entre hermanas, así que hacemos caso. Nos vamos a la salita donde me probé el vestido por primera vez.
-De acuerdo, vamos al grano. Poneos estas vendas, anda.
Tía Rochelle nos tiende dos vendas púrpura, una para cada una. Las aceptamos y nos las colocamos en los ojos. No veo tres en un burro, supongo que ese es el objetivo.
-Bien, chicas, ¿Me prometéis que no veis nada?
-Lo prometemos-jura Kya.
-Estupendo, ahora esperad un segundito. No os mováis a ver si os chocáis con una pared y tenemos una desgracia…
No muevo ni un músculo. Noto que tía Rochelle me cubre con una tela, me imagino que el vestido. Tiene pinta de ser bastante grande…
Supongo que habrá repetido el mecanismo con Kya y que después de un rato estaremos las dos listas.
-Ya estáis. ¡Quietas ahí!
-Ja, qué graciosa, tía Rochelle. Como si pudiéramos huir sin ver por dónde vamos.
-No me seas tan amargada como tu vieja, ¿Eh? Entre las dos me dais unos quebraderos de cabeza…
Oigo la puerta abrirse y al cabo de unos instantes, la voz de mi madre.
-¡Madre mía, qué preciosas! Creo que voy a llorar…-dice mi madre.
-¡Mamá, es que ni se te ocurra! ¿Podéis daros prisa? Por si no os acordáis, ¡No veo nada!-protesto.
-Vale, vale… A ver…
Mi madre empieza a hablar de posibles retoques finales: un poco más corto de aquí, un poco más de tela allá, unos abalorios por aquí, un collarcito muy mono por allá… Y bla, bla, bla, bla….
Kya aguanta sin rechistar. Yo, sinceramente, no soy capaz.
-¿Falta mucho?
-Ya está. Esperad, os quitamos el vestido y os volvéis a poner la ropa de antes, ¿De acuerdo?
Después de sacarnos el disfraz, guardarlo a escondidas y vestirnos nosotras, volvemos a salir a la sala principal. Está toda llena de adornos rosas, manteles elegantes y cosas por el estilo.
-¿Qué ha pasado aquí?-pregunta Kya.
-Esto parece una casita de muñecas…-rechisto.
-¿Ya estás otra vez?-suspira mi madre
Hago un rato de silencio.
-De acuerdo. Rochelle, anda, hazles alguna prueba del peinado que les vas a poner.
-¡A la orden, mi general!
Sin que nadie nos diga nada de manera directa, cogemos dos sillas que hay por ahí y ocupamos, cada una, una.
-De acuerdo, Kya, empiezo contigo, ¿Vale?
-Sí.
-No te muevas, ¿De acuerdo, encanto?
-No, no lo haré.
Mi madre sigue por ahí, poniendo cosas en todas partes. Y todas rosas, para mi desgracia.
-Eh, chicas, ¿Cómo vais con la investigación clandestina?-pregunta tía Rochelle tan bajito como puede al tiempo que le pasa el cepillo a Kya.
-Pues… Tirando…-reconoce Kya.
-Ed se está tomando su tiempo con lo de la estrella, ¿Sabes algo?
-¿Yo? Pues no, sobrinita, Ed no me ha dicho nada. Le preguntaré en cuanto lo vea y si eso te doy un toque, pero no me ha dicho nada.
-Comprendo…
De repente, mi tía se acerca a mí empuñando el cepillo como si fuera un arma blanca.
-Ahora te toca, pelirrojilla. Deshazte la coleta, que te cepillaré la melena.
Obedezco al mismo tiempo que continúo con las revelaciones.
-Oye, tía Rochelle, ¿sabes eso que te hice buscar de la tradición Malak?
-¿De esos que hablan con los muertos? Sí, me acuerdo. No me digas que hay algo relacionado en la investigación.
-Más o menos. Ayer presenciamos una canalización mística.-asegura Kya.
-¿Es una broma?
-Pues no parecía ninguna broma. Una vecina de unos trece años canalizó a su madre adoptiva, a la que mataron, y le cambió la voz.
-¿Te estás quedando conmigo, sobrina?
-No, te lo prometo. Además, escribió "Ben" con tinta mientras estaba "poseída"
-¿Ben? Vale, ¿Y qué?
-Cierto, tú no lo sabes. Pues agárrate que vienen curvas.
-Decidme.
-La principal pista que tenemos del hombre que asesinó a la madre de Kya es que el tipo se llamaba "Ben".
-¡Ostras! ¿En serio? ¿No es coña?
-Claro que no. El caso es que a las dos nos suena el nombre, pero ahora mismo no acabamos de acordarnos…-confiesa Kya.
-Vaya hombre, qué mala pata… Tranquilas, seguro que os acordáis y acabáis pillando a ese malnacido.
-¡Ya lo creo!-grita Kya.
Pasa un rato mientras que estamos en la peluquería. Empiezo a revisar todos mis datos, pero cuando se acerca mi madre, cierro mi agenda al instante.
-A ver qué tal.-dice la jefa, con tono severo.
Tía Rochelle nos ha hecho unos peinados muy monos. El de Kya es de estilo bohémico, medio liso medio ondulado, mientras que el mío tiene un recogido en la parte de arriba en forma de lazo, la mar de bonito. Me gusta.
-Estupendo, estáis magníficas las dos. Seguro que os sirve.
-¿Lo ves? Tu hermanita tiene talento.
-Ya, eso es lo malo.
Mi madre siempre me está dando la charla de que no me meta con mi viejo, pero ella es la primera en entrar al trapo con tía Rochelle.
-Oye, ¿Es que me tienes manía?
-No, manía no, pero es que siempre la lías de algún modo. No sé cómo lo haces, en serio.
-Parad ya, por favor.-pide Kya, suavemente.
-Cierto, es verdad. Lo siento, es que últimamente estoy un poco tensa. Será por lo de la fiesta, me imagino.
-Claro, seguro que es eso.-corroboro.
-Los zapatos no están listos todavía, pero no os preocupéis, para la fiesta estarán listos, ¿Vale?-promete mi madre.
-Es que como tenéis que llevar dos pares de zapatos cada una… Los planos y los altos.
-Por cierto, antes de que se me vuelva a olvidar, ¿Has avisado a Richard?
-Sí….-dice mi tía en una vocecilla aguda, que siempre adopta cuando cuenta alguna mentirijilla.
-¡Me estás mintiendo! ¡No le has llamado!-grita mi madre.
-Vale, se me olvidó, pero es que ayer me quedé hasta las tantas a hacer horas extra, y se pasó. Perdona, ¿Vale? Le llamaré enseguida, nada más llegar a casa, te lo juro.
-Más te vale. Jolín, es que no puedo hacerlo todo yo sola. Estoy desbordada de preparativos, y es difícil compaginar todo esto con el trabajo…
Mi madre está más estresada que de costumbre. Las fiestas solo sirven para eso.
-Mamá, tranquilízate, por favor. Me estás poniendo a mí de los nervios.
-Cierto… Cierto, cierto, perdonadme, en serio. Estoy perdiendo los estribos, perdonadme.
-No pasa nada…-intenta tranquilizar Kya.
-Gracias, bonita. Tranquilas, se me pasará enseguida.
Mamá suspira profundamente. Está agotada.
-Mamá, creo que por hoy ya basta de preparativos, ¿De acuerdo? Solo consigues ponerte más nerviosa. ¿Por qué no subes a casa y te das un baño de espuma?
-Kylie…
Mi madre me mira con ojos conmovedores.
-Jolines, sobrinita, qué bien hablas.
-No empecemos, no soy ninguna magistrada. En serio, mamá, si te sientes fatigada, duerme un poco, ¿Vale? Nosotras iremos a…
Ni siquiera me da tiempo a acabar la frase. Mi madre se abalanza sobre mí y me da un gran abrazo. Ahora la conmovida soy yo.
-Gracias, hija mía. Me hace muy feliz que le hables así a tu madre…
-Venga ya, mamá, no ha sido nada.
-Creo que aceptaré tu oferta con mucho gusto, mi princesita.
Qué mal suena… Aj…. "Mi princesita", como si fuera un bebé.
-Claro… Y ya de paso, nosotras haremos un par de recados que tenemos pendientes, por ejemplo charlar con Cheryl… Charlar con nuestro amigo Ben…-suelto en un tono disimulado.
-¿Cómo que Ben?-dice tía Rochelle.
Le lanzo una mueca para que sepa que estoy hablando en clave. Da rabia cuando no te entienden a la primera.
-¡Ooh, sí, Ben, es cierto! Me lo presentasteis un día, ya ni me acordaba.
-¿Quieres que te acompañemos a casa, mamá?-intento ganar confianza con mi madre.
-No, muchas gracias, iré yo. Adelante, id con vuestros amigos, nos vemos a la hora de comer. ¿De acuerdo? Pero no lleguéis tarde, anda. Sabes que tu padre se pone muy tenso cada vez que llegáis tarde…-advierte mamá.
-Sí, sentimos lo del otro día…-se disculpa Kya.
-Tranquila, tesoro, ya está todo arreglado. Rochelle, ¿Me acompañas tú? Quiero que veas un par de cosas sobre la fiesta…
-Claro, sin problemas.
No sé por qué, pero me da por mirar al techo. Al hacerlo, acabo de tener una inspiración divina de las musas.
-Hasta luego, chicas.
-Adiós.-se despide Kya de mi madre y mi tía.
Las dos hermanas suben por el ascensor. Kya se dispone a subir por las escaleras, pero yo la detengo.
