-¿Qué dice Ed de unos líderes?
-Cada gema de estas representa un cabecilla. Además de que estoy segura de que esos colores son esos y están distribuidos así por algo.
-Pues otro misterio a la lista, pero primero, deshagámonos de las tarjetas. La de Louise está lista, y estoy a medias con la de June. He usado una verde, ¿Te parece bien?
-Desde luego que sí. Sigamos con la de June, aunque te advierto que tal vez ella solo entienda "O sea, supersí, vayámonos de shopping en pandi" o pijadas similares.
-Eres muy mala. ¡Ja, ja, ja, ja!
-De acuerdo, acaba la de June. Yo me pondré con la de Sue. Por ejemplo esta de color violeta debería servir.
Kya se concentra mucho y acaba la de June, y yo me pongo con la de Sue-Ellen. Le incluyo su segundo nombre en la tarjeta, porque sé que eso la hace rabiar. A pesar de que es una caradura, no es mala chica. El año pasado maduró bastante de golpe.
En cuanto a June… La verdad es que al principio no la consideraba exactamente mi amiga, pero después me mostró su amistad y tuve que aceptarla. La pobre chica tiene una madre bastante víbora, y no se llevan bien, pero sí que adora a su viejo. Se hace la diva a menudo, pero es muy frágil cuando quiere.
Y qué voy a decir de Louise… Nos conocemos desde los tres años (ella tenía tres, yo tenía cinco). Es una pilla allí donde las haya, no se está quieta y parece que lleve los cascos grapados al cuello. Su gran melena rizada me marea de vez en cuando. La verdad es que es una buena amiga, y siempre la he apreciado, aunque a veces me saque de quicio.
-June lista, ¿Qué tal va Sue?
-Preparada.
-Estupendo, faltan…-Kya cuenta con los dedos y se olvida de comprobar el papel- seis, creo.
-Sí, creo que son seis los que faltan.
-Yo iré con Tommy, ¿Vale? Creo que la tarjeta roja le gustará…
-Fantástico. Creo que empezaré con Amelie, la primera de los Jeunets. Usaré… La tarjeta blanca.
Al cabo de un cuarto de hora, ya tenemos las otras dos tarjetas. Es increíble lo tortugas que somos….
Tommy va a mi clase, y antes era vecino mío hasta que nos mudamos. Es un chaval muy agradable, siempre dispuesto a ayudar, aunque a veces no se suele dar cuenta de las cosas. A pesar de eso, es mucho más maduro y centrado que la atolondrada de su hermana Sue. Ve a las chicas como amigas, y no como "pareja". Aunque estuvo saliendo unos escasos días con Electra, pero el pobre se llevó el palo de su vida al saber que la granuja de Ely tenía otras cosas pensadas que no irse de picos pardos. A pesar de eso, siempre ha sido un amigo de confianza.
-Si ya hemos terminado con Tommy y tú con Amelie, continuemos con los Jeunets. Yo iré por Geneviève, y le escribiré en la postal rosada.
-Pues entonces a mí me toca Raphael, y creo que voy a pillar la postal ámbar.
Diez minutos más tarde, las postales de los Jeunets pueden darse por finiquitadas. Lo cierto es que esa pandilla de trillizos me ha llamado mucho la atención desde el principio.
Amelie es la mayor de todos (por minutos, vamos), y es la más recta de los tres, aunque a simple vista no pueda parecerlo. Escribe tragedia, y parece que es bastante buena en lo suyo. Siempre habla la primera de los tres (básicamente porque hablan uno detrás del otro). Tiene una colección entera de muñecos, y cada uno se parece a cada uno de sus amigos. Yo tengo también una muñeca de esas, que estará refugiada en algún rincón de su cuarto.
Geneviève es la más animadilla, aunque tampoco en exceso. Siempre lleva unas faldas la mar de dicharacheras a juego con las ondas de su pelo castaño. Ella colecciona gafas de sol de diversos colores y formas. Tiene por lo menos 60 distintas. Es una pasada. Ella, por su parte, cultiva el género teatral de la comedia. Habla la segunda en las conversaciones.
Y por último, el pequeño, Raphael. Siempre va dramáticamente curioso en torno a su modo de vestir, porque lleva unas camisas más barrocas que otra cosa. Es un chaval bastante majo, y nunca se ha quejado de ser el "único machito" del trío. Por su parte, él escribe drama. Su colección característica se basa en cristales místicos raros. También tiene cultivada una buena colección.
Esos tres no tienen alguien parecido en ningún recoveco del mundo. Nacidos de padre guionista y de madre pintora, continúan formándose en las Bellas Artes. A veces se meten en líos, pero el que no lo haga, que tire la primera piedra. También son buenos amigos desde la niñez.
-Y por último pero no menos importante…-anuncia Kya, como si fuera a anunciar el ganador de un Oscar.
Yo pillo dos lápices del lapicero y me pongo a hacer redoble contra la mesa.
-¡Ely y Regina!-chilla Kya, como si me siguiera la corriente.
-¡Efectivamente! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
Durante los próximos cinco minutos, estamos riendo a carcajadas. Cuando nos calmamos un poco, cada una elige destinataria y color de invitación.
-Yo le mandaré la tarjeta a Regina, y me quedo con la dorada.-informa Kya.
-Pues yo usaré la tarjeta plateada para invitar a Electra.
-Oye, ahora que lo pienso, ¿Qué ponemos? ¿Ely y Regina, o Electra y Unununa?
-Tú pon Unununa-Regina, y problema resuelto. Menos mal que tú tienes a Regina, porque te juro que no sé deletrear su nombre real.
-¡Ja, ja, ja!
-En serio, ¿Cuántas "u" tiene? ¿Y "n"? Qué mareo, por Dios.
-Es cierto que no es un nombre muy corriente, la verdad. En fin, pongámonos por trabajo.
Kya vuelve a concentrarse, y yo también. Detrás del sobre pongo Electra-Ely. No sé cuál prefiere, y como ponga el equivocado, me mata.
No estoy completamente segura, pero podría apostar a que Electra es la melliza mayor. Sus ojos azul eléctrico intimidan a cualquiera, y es el único detalle que permite diferenciarla a simple vista de Unununa. Casi siempre viste de oscuro, y lleva gafas de sol aunque esté lloviendo. Su pelo negro le cae desordenado hasta los hombros. Es una tía fría que trabaja mejor en solitario que acompañada, y es capaz de mucho para lograr sus objetivos.
Regina, por su parte, es algo más pacífica, o eso creo. Luce el pelo algo más largo, y los ojos algo más oscuros que los de su hermana. Su nombre real se basa en "Unununio", un elemento de la tabla periódica. Por lo visto, la madre de ambas era científica, y las bautizó con esos nombres. Desgraciadamente, esa científica sin identidad pertenece a Nile. Precisamente por ese motivo su padre las volvió a bautizar con otros nombres. No sé con certeza si saben el nombre de su madre.
Las dos parecen bastante pesadas cuando se entrometen en algo, pero al final pueden llegar a serte útiles y todo. Saben ayudar a alguien que realmente se lo merece y saben guardar un secreto. Kya y yo tenemos con ellas una bonita relación de "Ami-enemigas"
-Pues ya está, ya están todos.
Sin darme cuenta, he ido pensando en todos ellos, uno por uno, detalle por detalle. Será que realmente me importan muchísimo, y si fuera como cuando era pequeña, eso no sería así.
-¿Hola? ¿Te ocurre algo? ¿En qué piensas?-pregunta Kya, preocupada.
-En nada, perdona. Estaba… En la Luna, como de costumbre. ¿Sabes que tengo ahí un chalé? Un día te lo enseño.
-Estupendo. Oye, ahora que me fijo, has colgado el dibujo en la puerta, por lo que veo.
-Sí. No sé, un impulso.
-¿Puedo hacerte una pregunta? Espero que no te enfades si te lo pregunto…
-Te lo juro. Adelante.
-¿Te dibujas seria por lo que yo creo?
-…
Me callo un rato. Kya lo ha adivinado, otra vez.
-Sí. Desde siempre.
Otra pausa.
-¿Estás bien?
-Pues… Sí, supongo. No es más que una tontería, como siempre, también.
-No son tonterías. Eso te ha afectado desde pequeña, ¿Verdad? Oye, no me gusta verte sufrir por esto constantemente.
-Es posible, pero lo último que quiero es hacerme la blandengue delante de mi viejo. Yo no soy blandengue.-pronuncio firmemente.
-Claro que no lo eres. Aunque, si quieres mi humilde opinión, a tu padre no le importa cómo seas. Aparte de que él sabe mejor que nadie tu forma de ser.
-Ya. Pero a veces le entran tales rebotes que me dan ganas de que se me trague la tierra.
-Kylie… ¿Quieres que te cuente su pasado?
-Sí. Pero parece una misión imposible. Llevo años intentándolo sin resultado. Estoy a punto de darme por vencida…
-¡No digas eso! Seguro que lo llegas a saber todo tarde o temprano.
-Eso es lo que llevo oyendo 15 largos años, Kya. 15 años. Me estoy hartando de esperar. Y mucho…
Creo que ese maldito asunto tiene la culpa de que haya sido tan borde durante casi toda la niñez. Me sentía inferior a los demás, y no podía soportarlo. Pero no podía mostrar debilidad, no quería sentirme más inferior… Suspiro al recordar muchas cosas…
La puerta se abre de improviso.
-¿Chicas?
Es mi viejo. Últimamente se escaquea hasta de llamar a la puerta.
-¿Qué pasa ahora?-le respondo. Seguramente el hecho de que sigo afligida repercute en tal respuesta.
-Vengo a traeros la merienda.
-Vaya, gracias. Justo ahora acabábamos de terminar las tarjetas.
-Dáselas a mamá para que las envíe. –pido.
-Oh, está bien.-Mi padre me coge los sobres de las manos y deja las galletas sobre el escritorio.- Veo que estáis ocupadas, os dejo tranquilas.
Sin que podamos devolver la respuesta, mi viejo sale de mi cuarto dejándonos solas de nuevo.
