Son las cinco y media de la tarde. Llegamos al mismo hospital donde su madre fue asesinada (menos mal que no me ha oído decirlo). Los médicos atienden enseguida a mi amiga: la tumban en una camilla y la llevan a una habitación libre. Yo no paro de seguirla con semblante preocupado, a pesar de que su doctor me ha asegurado que no hay peligro alguno. Pero eso no pueden decirlo por mí.

-¿Qué le ha podido pasar?-pregunta ansiosa mamá.

-La verdad es que ha sido una cosa… Llegamos y la vimos en el suelo.-corrobora papá.

-Seguramente habrá sufrido un bajón de energía porque no ha comido mucho. Pasará la noche aquí, más que nada para estar seguros, pero no hay riesgo de nada.-asegura el doctor Alfred Ferguson.

-Entiendo… Pobre Kya…-masculla mamá.

Yo no digo nada, no tengo ni ganas de abrir la boca. Parece que los demás lo notan, incluso el doctor Ferguson.

-No te preocupes, muchacha, tu hermana se pondrá bien.

Nunca mejor dicho: mi hermana. No biológicamente, claro, pero Kya es como una hermana para mí. Nos parecemos más a dos hermanas que a dos amigas. Y aunque el médico me lo diga, no consigo estar tranquila.

Pero no puedo hacer nada, así que me pasaré la noche en vela vigilando a mi "hermana". El doctor Ferguson asegura que debe descansar lo máximo posible, y que si es así, todo irá bien. Pero aun así no pienso moverme de la habitación donde la han instalado. Y me lo pueden decir en inglés, francés, español, italiano, ruso o suajili, me da igual: me quedo con Kya.

Alrededor de las siete, tía Rochelle se pasa por allí. Me imagino que mi madre la habrá avisado.

-¿Sobrinita?

-…

-Lo suponía. Crees que ha sido tu culpa, ¿No?

-Sí.

-Pues no lo creas. Seguro que ha sido una bajada de azúcar, y…

-No.

-¿No? ¿Cómo que no?

-¡Te equivocas! ¡No ha sido ninguna bajada de azúcar!

-¿Ahora eres doctora o qué?

-No. Pudimos resolver el caso y me puse a resumirlo, con todo detalle, ¿Entiendes?

-Y por eso Kya se desmayó, por recordar cosas de su familia, ¿Verdad?

Asiento con la cabeza.

-Oye, eso no tiene nada que ver. Tú sólo lo hacías porque querías resolver el caso que tanta pesadumbre le traía a la pobre chica. No te diste cuenta, punto.

-Ese es el problema: no me di cuenta. Solo me preocupaba el maldito caso, no me acordé de que Kya lo pasa fatal con estas cosas. Soy la peor amiga del mundo.

-No, no seas tan cruel contigo misma. La misma Kya opinará como yo.

De repente, me viene un impulso de ir a casa. Necesito coger unas cosas.

-Tía Rochelle…

-¿Sí?

-Necesito ir a casa un segundo.

-Lo pillo. Ya me voy a entretener a tus viejos entre que vuelves.

-Eres un sol.

-¿Verdad que sí? Ojalá tu vieja pensara igual.

Sin mediar nada más, salgo corriendo hacia el ascensor y vuelvo a casa a pie. Entro en la estancia de Kya con una bolsa de plástico en la mano. En la bolsa voy metiendo todos sus peluches: el hada Mona, la perrita Lilly, el pingüino Rio, el delfín Sweet, la gatita Candy y la osita Mimi. También incluyo dentro de la bolsa su cajita de música, donde está escondida la Estrella Roja.

Parezco algo estúpida recitando los nombres de todos los peluches de mi amiga, pero es lo menos que puedo hacer para auto-convencerme de que aprecio a Kya como para memorizar el nombre de sus amigos de peluche. Además, quiero llegar a conseguir que Kya se sienta como en casa aunque esté en el hospital.

Rodeando las ocho de la noche, vuelvo al hospital, donde inmediatamente le pregunto a mi madre por Kya.

-¿Cómo está? ¿Hay novedades?

-Hija, pareces sacada de una película dramática.

-¡Mamá!

-Vale, lo siento. No, sigue dormida. Pero respira, tranquila.

-…

-Anda, vamos a la planta baja a cenar.

-¡No quiero cenar!-grito.

-¡Kylie, basta! ¡Sé que estás preocupada, pero basta ya! ¿No te hemos dicho que no va a pasar nada? ¡Pues ya está! El doctor Ferguson cuidará de ella durante una media horita, mientras que vamos a cenar, ¿Me oyes?

-…

-¿Me has oído?

-Sí.

-Bien. Anda, vamos, no quiero enfadarme. Tu padre ya está abajo, y tía Rochelle volverá dentro de poco.

Sigo sin contestar. No necesito decir nada más.

Bajamos a la cafetería que hay en la planta baja. En una de las mesas está mi viejo, bastante metido en sus pensamientos. Sin decir nada, me siento en una de las sillas libres.

-¿Kylie?-me llama mi viejo.

-…

-¿Qué le pasa ahora?-le pregunta papá a mamá.

-Nada, que está un poco impactada por lo de Kya y está preocupada de que le pueda pasar algo.

-…

-Vamos, Kylie, no seas tontona. Anímate.-me dice mi madre con una sonrisa.

No puedo obedecer. No tengo fuerzas ni para sonreír.

Tía Rochelle llega al cabo de poco rato.

-Mira, ya has llegado. ¿Has encontrado lo que buscabas en casa?

Digo que sí con la cabeza.

-¿Sí? Estupendo….

Al verme con esta cara de vinagre que traigo, tía Rochelle tampoco está tan risueña y divertida como de costumbre.

-He llamado a Ed. No puede pasarse porque tiene mucho que hacer, pero me ha pedido que lo mantenga informado.-dice tía Rochelle.

-Ajá.-asiente mamá.

-¿Pero se puede saber qué ha pasado? Desde que llegué no he estado al corriente de nada.

Mis padres se reparten la tarea de contarle a tía Rochelle todo lo sucedido con pelos y señales.

-Entiendo…

-Está anocheciendo ya, Rochelle. Vas a volver a casa en mitad de la noche.

-Tranqui, hermanita, sé volver a casa yo solita, ¿Sabes?

De repente, bajo la mirada y me pongo a mirarme las manos, como toda una bobalicona. A veces me quedo quieta mirándome las manos y pensando lo complejas que llegamos a ser las personas. No hay nadie más idiota que yo.

-¿Kylie? ¿Kylie?

Mi madre tiene que llamarme varias veces para que atienda.

-¿Eh?

-Oh, menos mal, creía que te habías quedado de piedra.

-¿Qué pasa?

-Nada, nada, es que me ha chocado un poco que te quedaras medio congelada. ¿Estás bien?

-Sí, sí, mejor.

-Me alegro mucho. ¿Has terminado?-pide mi madre.

-Sí.

-Vamos a ver a Kya a ver si el doctor Ferguson tiene alguna novedad.-propone mi padre.

Francamente, no suelo obedecerle al pie de la letra, pero esta vez acepto sin rechistar.

Subimos por el ascensor. Es la primera vez que mi viejo se pasea por el hospital, pero yo sé orientarme, ya que ya he estado aquí.

-Y ahora por…

-¡Hacia la izquierda, Hyde!-grito.

-Vale, vale, no te pongas pesadita. Y no grites, que esto es un hospital, no un concierto.

-Ahora estoy yo como para guardar silencio…-confieso, bajando el volumen de mi tono.

Después de hacer de brújula para Hyde conseguimos llegar a la habitación de Kya. Suerte que solo íbamos a cenar en media horita, porque se nos han hecho las 22:30h de la noche…

-¿Doctor?

-Oh, es usted, señor Hyde.-reconoce Ferguson.

-¿Qué tal está Kya?-pregunta mi padre sin saludar. También está nervioso.

-Su respiración vuelve a ser normal, pero aún no se ha despertado. Estará reponiendo fuerzas.

-Eso espero…-pronuncia Hyde débilmente.

-Quiero ir a verla.-digo inescrutable, con cara sombría.

-Kylie, ¿No escuchas? El doctor ha dicho que está durmiendo, y…-Contraataca mi viejo.

-¡Por favor! No haré ruido, lo prometo.

-Supongo que no pasará nada porque la veas un segundo.-cede Alfred.

¿Quién le ha dicho a usted que voy a estar "un segundo"? Pienso dormir en el sofá que hay en la habitación.

Accedo lentamente a la habitación de Kya. Ella está tumbada en la cama, tapada hasta el pecho, con los brazos descubiertos. Respira, pero parece que no se mueve nada.

-¿Kya?-murmuro.

-Kylie, no puede oírte.

-¡Papá!

-¿Qué, qué he dicho? Es cierto, está dormida. ¿Tú me oyes cuando estás dormida?

Me callo y miro hacia abajo con el rabillo del ojo. Pero no tardo en reincorporarme y empezar a colocar todos los peluches de Kya por la habitación. La Estrella Roja-es decir, su caja de música- la coloco en una de las mesillas, de modo que esté cerca de ella. Es una tontería, pero significa mucho.

Es inútil. Haga lo que haga, mi mirada acaba dirigida al cuerpo inconsciente de mi amiga. Para mí es demasiado verla postrada de esa manera.

-Kylie, creo que será mejor que vayamos a casa.

-¿Estás de broma? Yo me quedo.

-Ni de coña. Oye, ¿Cuántas veces he repetírtelo? Kya está bien.

-¡Me importa un bledo! ¡He dicho que me quedo!

-¡Basta ya! No seas cría, ¿Quieres?

-Mira, vete a casa con mamá si quieres, pero yo voy a dormir aquí.

-Ni hablar. Tú te vienes a casa, y te duermes en tu cama. Mañana a primera hora te despierto y nos volvemos a venir, ¿Entendido?

-No. Me quedo. Punto.

-¡¿Es que estás sorda?!

-¡No estoy sorda! ¡Papá, Kya es mi amiga, y no voy a poder irme a casa sabiendo que aún no se ha despertado!

-¡Pero…!

-Nada de peros.

Ahora parezco yo la madre.

-He dicho que me quedo. Punto final. Vamos, no va a pasar nada. Ni que este hospital estuviera encantado.

Mejor no digo nada, a ver si va a volver a pasar otra de mis "rarezas"…

-*Suspiro*…-protesta mi viejo a su manera.

-Mi decisión es firme. Finito.

-Prométeme que no harás de las tuyas…-empieza mi padre.

-Lo prometo. Además, ¿Te crees que estando así Kya estoy pensando en hacer trastadas? Menuda fe ciega tienes en mí, de verdad…

-Venga, no seas así. Yo ahora me voy a casa y te traeré un pijama, ¿Vale? No te vayas a dormir muy tarde, y ni se te ocurra salir de aquí, ¿Me oyes?

-Te oigo…

-*Suspiro* Enseguida volveré.

Mi viejo sale de la habitación y se va a casa a buscarme un pijama y a contarle a mi madre que hoy no dormiré en casa. Entre que llega a casa, coge el pijama y vuelve, ya dan las 23:50.

-Toma. Pórtate bien, ¿Vale? De parte de tu madre, el mismo mensaje.

-Pues vale. Y dile a mamá que "vale". No te preocupes, no va a pasar nada.

-Eso es lo que te estoy diciendo yo desde hace rato.

-Sigo sin cambiar de idea, si era eso lo que ibas a preguntarme.

-Pues en realidad, no. Te entiendo. Solo que no me gusta la idea de que pases la noche sola, fuera de casa, eso es todo.

-Estaré bien. Tengo casi 15 años, soy mayorcita.

-Buenas noches, Kylie.

-Buenas noches… Hyde.

-Otra vez… Llevas con llamarme "Hyde" desde que aprendiste a hablar.

-Las viejas costumbres nunca se pierden. En fin, dile a mamá lo mismo, que pase buenas noches.

-Se lo diré. Cuídate.

Mi padre vuelve a acariciarme el pelo y se va por donde ha venido. Después de meterme en el baño y cambiarme, me paso un rato vigilando a Kya. Durante un instante movió un poco los músculos de la cara, por lo que me sorprendí. No obstante, después volvió a su estado normal. Me resigno a tumbarme en el sofá que va a ser mi cama provisional y no tardo en sucumbirme al sueño.