23 de diciembre
De nuevo vuelvo a soñar con esa estrella maligna, que me persigue, incansable. Esta vez vuelvo a ver las siluetas, y la del medio, que está envuelta en color rojo, se desvanece dejando paso a la pérfida imagen del gusano llamado Ben Collins. Se ríe malévolamente y me dedica una viva imagen de desprecio.
Entonces, la estrella desaparece, quedando Collins en soledad, rodeado de oscuridad. Yo me quedo mirando, y aunque trato de llamar su atención, parece que no me ve. De la nada, aparece Kya, cuando tenía trece años, vestida tal y como la conocí en el hotel Dusk. Primero se la ve contenta, y veo que se quita su abrigo.
Cuando abandona su sobretodo, la silueta de Collins la coge, y la amenaza con su pistola. Le murmura algo, pero no acierto a oír la retahíla de palabras. Kya está muy asustada, luchando a duras penas por soltarse de su amordazador. De repente, una silueta de hombre aparece también. Un hombre rubio, alto y delgado. Es Bradley. Apenas puedo ver su cara, pero también empieza a participar. No oigo nada, las voces se nublan. Exactamente lo que sintió Kya aquél día.
-¡Kya!-grito.
No me oye. En un momento dado, Collins le propina el golpe con su pistola y Kya cae, como en el fatídico día.
-¡Kya!-repito.
-¡Kylie, despierta! ¡Por favor, despierta!
-¿Eh?
Kya me está gritando que me despierte. De golpe y porrazo, todo se desvanece y vuelvo al mundo real. Distingo una cara familiar que me está sacudiendo para que me despierte. Está todo bastante oscuro, por lo que intuyo que aún estamos en plena madrugada.
-¡Kylie, despierta, despierta!
Es Krypta. Sigue ataviada con su uniforme de canalizadora.
-¡Krypta! ¿Qué haces aquí?
-Me he cruzado con tu padre y me ha informado de lo de Kya. Sé que es tarde, pero he querido acercarme.
-No te lo tomes a mal, pero estás un poco chalada. Podrías haber venido mañana, mujer.
-Ya, pero tu padre me dijo que te quedabas a dormir…
-Bueno, mejor dejémoslo estar.
-¿Qué le ha pasado a la pobre Kya? ¿Se ha desmayado?
-Así es. A pesar de que intentan convencerme de lo contrario, sé que yo he sido la culpable.
-¿Y qué te hace pensar eso, Kylie?
-Es que… ¿Sabes esa investigación que Kya y yo llevábamos?
-Sí.
-Pues verás…
Aun estando muy cansada, saco fuerzas para contarle a Krypta lo del descubrimiento del asesino (así como el de sus padres adoptivos), la relación de las mujeres asesinadas con los vecinos, algo de la estrella de ocho puntas, el cómo resumí el incidente y el cómo Kya se lo tomó mal y reaccionó de esta manera.
-Comprendo… Pobre Kya…-lamenta Krypta.
-Eres muy amable viniendo aquí, pero no entiendo cómo has pasado desapercibida.
-He conseguido entrar cuando no miraba nadie, pero no te preocupes por mí, de verdad. Lo importante es que ahora Kya se recupere.
-Sí, ya, por eso estoy aquí. Para no quitarle el ojo de encima.-confieso.
-Una buena manera de que Kya supere la muerte de sus padres es que lo asuma.
-Ya, pero…
Debo de estar muy nublada, porque le pido a Krypta una auténtica barbaridad.
-¡Krypta, por favor! ¡Tienes que encauzar a su madre!
-¡¿Cómo?!
-¡Canaliza a la madre de Kya! ¡Podemos hacer que hablen y que lo supere!
-Kylie, ¿Y qué pasa si Kya piensa que es una broma? Eso le dolería más.
-¡Por favor, inténtalo! ¡Solo te pido eso, por favor! Además, Kya verá que te cambia la voz, ¿No?
Yo no creo mucho en todo esto del ocultismo, pero sigo en trance después de ver cómo a Krypta le cambiaba la voz.
-Por probar… Lo intentaré. Pero ya sabes, silencio.
-Tranquila.
Krypta suspira, se arrodilla en el suelo y se pone a repetir el proceso de canalización que usó cuando su madre adoptiva nos habló. En ese momento, se produce una especie de milagro. Kya se despierta lentamente.
-¿Ugh? ¿Ky-Kylie? ¿Eres tú? ¿Qué?
-¡Kya!
Me doy cuenta de que he de guardar silencio, así que rectifico.
-Después hablamos, ahora permanece en silencio un momento, por favor.-pido, señalando a Krypta.
-No entiendo nada, ¿Qué hace Krypta…?
Krypta para de golpe todo el proceso y se pone de pie. Parece serena, y tiene los dedos en la cabeza. ¿Habrá empezado ya todo esto?
-¿Krypta?-pregunta Kya.
-Krystal… Mi pequeña… Krystal…
-¡Ah!
¡La voz vuelve a ser distinta! ¡Y además está llamando "Krystal" a Kya! ¡Solo puede ser…!
-¿Eh?
-¡Kya, es tu madre!-grito, casi sin quererlo.
-¡¿Qué?!
Kya se queda en trance, y después se fija sin pestañear siquiera en Krypta, o en quien sea ahora mismo…
-¿Ma…Mamá?-murmura Kya, incrédula.
-¡Oh, mi niña! ¡Qué bonita eres! ¡Cómo has crecido desde que te vi!-dice "Krypta"
-¡Mamá!-esta es Kya, con los ojos abiertos de par en par.
-Hija, tranquila. No te asustes, no quiero que vuelvas a pasar por lo mismo. Soy yo, tu madre.
Es curioso. Ahora Krypta habla sin tartamudear.
-Sí, soy Kya, Kya Collingwood. Tu madre, Krystal.
A Kya no le gusta jugar con estas cosas.
-¡Demuéstralo!
-¿Eh?
-¡Demuestra que eres mi madre! ¡Dime algo que solo ella sabría!
-Muy bien. Veamos, ¿Qué puedo hacer para convencerte?
Es interesante ver que ahora Krypta no tartamudea.
-Háblame de papá.-pronuncia Kya, con mirada fría. Parece imposible que estuviera postrada en una camilla de hospital unos minutos atrás.
-¿De tu padre? Hm, de acuerdo. Veamos… Era muy alto, y tenía el pelo rubio y los ojos índigo. Para mí mi Brian siempre fue el mejor.
-Vale, pero otra cosa, algo que no sea su aspecto.
-¿Qué tal si te hablo del día que nos conocimos?
-Está bien.-farfulla Kya.
Me imagino que Kya sabrá la historia, y que así podrá ver si es verdad.
-Nos conocimos en una noche de invierno, el 24 de diciembre de 1980, justamente un año antes de nacer tú, mi princesa. Jamás me olvidaré de esa fecha, incluso en mi estado.-se refiere a que está muerta, me imagino.
Kya se queda algo perpleja, señal de que está en el cierto.
-Esa tarde un viejo amigo me llamó para tomar algo, y me dijo que tenía que decirme algo importante. Quedamos en un bar, y al entrar, vi a tu padre sentado allí, con su bebida. Un brandy, para ser exactos. Fue un verdadero flechazo. Él, al ver que entraba, primero me miró como si nada, pero después no apartó la vista de mí, al igual que yo de él.
-…
-Puedo decirte incluso cómo íbamos vestidos. Yo lucía un vestido negro largo, que me llegaba hasta los tobillos, y un mantón de seda fino de color rosado, tacones y melena suelta, algo maquillada. Tu padre llevaba un traje negro, una camisa blanca, una corbata negra y un abrigo marrón de tachones.
Kya está que trina. ¿Cómo es posible esto? No hay manera de que Krypta sepa todo esto, así que…
-Mi compañero no había llegado, así que, cautivada por tu padre, me acerqué a la barra y me senté en uno de esos asientos. No hablamos, pero sí que nos intercambiamos algunas miradas disimuladas. En el momento en que la camarera me sirvió mi brandy, apenas pude darle un sorbo hasta que un disparo pasó cerca de mí. Yo me alarmé, y miré hacia el origen de la bala. Un hombre con traje blanco y la cara cubierta con capucha y gafas de sol nos encañonaba con una pistola. Me lo quedé mirando, hasta que oí la voz de tu padre.
-¿Y-y luego?-dice Kya, asombrada.
-Lo primero que oí de tu padre fue un taco. Después de decirlo, me cogió de un brazo y echó a correr hacia la salida. Los dos empezamos a correr por las eclipsadas calles de Los Ángeles. Estaba aterrada, porque no conocía al hombre que iba conmigo y porque me seguían los malos, pero admito que fue muy excitante.
Un instante de silencio.
-Corriendo y corriendo, llegamos al portal del edificio donde vives ahora, y donde vivía yo antes. Al principio nos creíamos que ya todo había pasado, e intercambiamos algunas palabras. No obstante, ese hombre volvió a la carga y para despistarle, cogí a tu padre y lo empujé hasta casa.
-…
-Allí hablamos, nos presentamos definitivamente y confirmamos de una vez por todas que estábamos enamorados profundamente. En ese momento, no dijimos nada, claro está. Le invité a tomar un trago para hacer tiempo mientras ese hombre se perdía definitivamente. Pronto, uno se convirtió en varios tragos de brandy, tantos que nos acabamos fundiendo la botella entera.
Kya está alucinada. Ahora sí que no tiene ninguna duda. No tarda en romper a llorar.
-Mamá…-suspira Kya entre lágrimas.
-Veo que ha servido para que te convenzas. Me alegro.
Kya se levanta de la cama y abraza el cuerpo de Krypta como si fuera su madre.
-No, no, no, no, no, mi niña, no te levantes, no hagas esfuerzos. Túmbate tranquila, y charlamos.
-¡Mamá! ¿Cómo puede ser esto? Tú… Tú te….
-Yo tampoco sé cómo, Krystal. Yo no creía en esto… No creía… Pero…
-¡Eso no importa! ¡Tenemos que hablar, el poder de Krypta se agotará y quiero decirte muchas cosas! Mamá…-murmura Kya, llorando más fuerte.
-Yo también te he echado mucho de menos, cariño.
-Tranquila, no te preocupes por mí.-dice Kya.-Papá me ha cuidado muy bien.
-Lo sé. No me preguntes cómo, pero lo sé.
-¿Eras feliz con él?
-Mucho, mi vida. Era… Mi hombre, en definitiva. Yo lo quería mucho. No tenía familia, pero él me ayudó a superarlo.
-Mamá…
-También he visto lo que has estado investigando, cariño. Lo has hecho muy bien, estoy muy orgullosa de lo que has hecho. Seguro que tu padre también lo está.
-Eso espero…-dice Kya, con una sonrisa.
-Y ese cielo de amiga que tienes… Me alegro de ver que no estás sola, que has encontrado una buena amiga.
Entonces, el espíritu de Kya Collingwood se me queda mirando y me sonríe, como dándome las gracias. Yo no puedo evitar sonreír tampoco.
-No ha sido nada. Kya es mi mejor amiga, y me alegro de que lo sea.
-Ya veo… Así que Kya…
-Sí, mamá. Sé que tú ya no llegaste a enterarte, pero papá me rebautizó en tu honor después de morir tú.
-Y yo llamándote Krystal… Lo siento.
-¡No lo sientas! Eso me demuestra que eres mi madre.
Kya Collingwood ríe.
-En fin, ¿Qué más puedo contarte que no hayas averiguado ya, mi pequeña detective?
-Hm…-Kya empieza a poner semblante triste.
-Sí, cariño. Fue Ben. Él me mató. Era mi compañero de colegio, ése con el que tenía que reunirme el día que conocí a tu padre.
-¡¿Qué?! ¡Es el del anuario!-grita Kya.
-Sí. Unos días más tarde de conocer a tu padre, quedé con él a solas, y fue cuando me pidió que saliera con él. Yo le dije que no, porque ya me había enamorado de tu padre. Él lo sabía. Y a pesar de que decía que no pasaba nada, acabó matándome.
-Mamá…
-No te preocupes por mí, tesoro.
-¿Mamá? ¿Puedo preguntarte una cosa del día del asesinato?
-Por supuesto, adelante.
-¿Qué pasó exactamente?
-Tu padre te llevó a la revisión, como seguramente ya te contó. Me quedé sola, mirando la foto que nos sacamos unos instantes antes y la lista de nombres, que ya has encontrado también. Oí un crujido de la ventana.
-Y Ben salió de ella.
-Me alarmé, y le pregunté. Él también me preguntó a mí un porqué, pero yo no contesté. Entonces, sacó su pistola. Me puse a gritarle que parara, pero…
-Pero disparó.-completa Kya.
-En ese instante, me manché el dedo con mi sangre y escribí "Ben". Se percató de esto y no podía dejar que nadie lo viera, así que se escondió debajo de mi cama, me imagino que para modificar la pintada. Justo entonces, llegó tu padre.
-Pero fue muy tarde…-sigue Kya, de nuevo triste.
-Él también me preguntó, y quise hablarle, pero no tenía fuerzas suficientes. Perdía la vista, y el oído. No morí al instante de milagro. Sacando mis últimas fuerzas, me impulsé y le besé con mi último aliento. Después de eso, me morí en sus brazos.
-Mamá…-repite Kya, llorando de nuevo.
-Pero Ben metió la pata al modificar la pintada.
-Es cierto, no usó sangre de verdad, y por eso le pillamos.-informo.
-Sí, encanto, pero no me refería solo a eso.
-¿Entonces?-pregunto educadamente, para variar.
-Él escribió "Bradley", como si lo hubiera escrito yo. Sin embargo, ¿No pensáis que si de verdad lo hubiera escrito yo hubiera puesto "Brian" y no "Bradley"?
-¡Es cierto!-grito.
Es increíble, un fantasma es más espabilado que yo.
-Vaya… Veo que aún conservas esa cajita de música.
-Sí, mamá. ¿Sabes lo que hay dentro de ella?
Kya, sin esperar respuesta, se descuelga la llave del cuello así como consigue otra llave para abrirla abriendo primero sus esclavas con dos llaves distintas, montando otra llave con los dos fragmentos que hay ahí custodiados, abriendo la cerradura principal y la cerradura interna con la llave del cuello. (Suena algo confuso porque Bradley guardó muy bien lo que hay dentro)
La Estrella Roja deja ver su brillo una vez más. Ese diamante es una fuente de problemas inimaginable, pero el muy condenado es más bonito que una mala cosa.
-La Estrella Roja…-pronuncia Kya Collingwood.
-¿La llegaste a ver, mamá?-pide Kya, sorprendida.
-Así es. La tuve en mis manos, incluso. Es un diamante precioso. Claro que, comparado contigo, es más feo que mi asesinato.
Kya sonríe otra vez, halagada.
-Tu padre me lo dejó ver después de contarme su relación con Nile. Por aquel entonces, yo ya estaba embarazada de ti. Él me hizo una promesa: me prometió que ese diamante simbolizaba lo mucho que nos quería a las dos, y por eso lo protegió mucho.
-Y por culpa de esa estúpida piedra papá murió también…-lamenta Kya, dando una pincelada de rabia a su carácter.
-Aunque sé que si se trataba de salvarte la vida, él hubiera renunciado a todo.-asegura la madre de Kya.
-Sí, porque renunció a su propia vida por mí. Y tú también. Pobre papá… Y tú igual, mamá. Me da mucha pena lo que te pasó.
-Que no te dé pena, cariño. Yo no me arrepiento de nada de lo que pasó. Si tuve que morir por conocer a tu padre, que así sea. A mí me ha valido la pena, solo por el hecho de conocerle. Y a ti también, preciosa.
-Te quiero mucho, mamá.
-Yo más, princesa.
Se vuelven a abrazar. Yo esbozo una sonrisa. Por la ventana el sol empieza a asomar tímidamente sus primeros rayos mañaneros. Y no puedo evitar fijarme en que Krypta va perdiendo facultades.
-Kya, lo siento… Tengo que volver…
-Mamá…-lamenta Kya.
-Por favor, no te preocupes por papá y por mí, te lo pido por favor. Sé muy feliz y alegre, con tu amiga y sus padres, que te quieren mucho también. Nosotros te estaremos vigilando desde el cielo, y siempre estaremos allí.
-Mamá… Te quiero…-repite Kya.
-Yo más, mi Kya- Krystal….
Después de esto, Krypta muestra semblante de dolor y se cae al suelo. Se acabó la canalización. Kya está llorando profundamente.
