-Kya…
-¡Kylie!
Me acerco a ella, y nos damos un profundo abrazo. Intento calmarla como puedo, y lo consigo a medias.
-¿Has visto? Te juro que no sabía qué creerme. Pero era ella. Era tu madre, Kya.
-Sí. Muchas gracias por todo, Kylie. Eres una amiga estupenda, y una mejor persona. Eres mi mejor amiga, gracias por protegerme tanto.
-Eh, no hay de qué. Siempre estaré aquí para ayudarte en todo lo que haga falta. No me pienso ir a ninguna parte, quieras deshacerte de mí o no.
-Lo sé. Y te lo agradezco.
-Antes de charlas, ayudaré a Krypta. Tú descansa.
Me acerco a Krypta y la sacudo ligeramente. Al cabo de un rato se despierta.
-¿Dónde estoy? ¿Kylie? ¿Kya?
-Ha sido brillante, Krypta. Seguro que ha sido tu mejor encauzación. La madre de Kya hablaba sin tartamudear, bien hecho.
-¿En…En serio? Eso es muy extraño… Supongo que el nuevo entrenamiento de la maestra me ha sido muy útil.
-Sea como fuere, Kya ha podido hablar con su madre.
-Y he conseguido quedarme mucho más tranquila.-considera Kya, secándose las lágrimas.
-Ouch…-se queja Krypta.
-¿Qué te ocurre?-pregunto.
-Estoy muy cansada. Supongo que el hecho de haber ejecutado una encauzación tan ardua me ha dejado sin fuerzas. Será mejor que me vaya a casa a descansar un poco.
-Adelante, y muchas gracias por todo, Krypta.
-No hay de qué. Que te mejores, Kya.
Krypta se despide con semblante lastimero y parte hacia su casa. Decido que no voy a dormir más, así que me cambio de nuevo y me paso agua fría por la cara. Lo necesito. Kya está mucho mejor, pero el médico aún no ha venido a verla.
Cuando pasa una media hora, mis padres llegan puntuales.
-¿Kylie?-es mamá.
-Hola, buenas.-contesta Kya, desde la cama, con una sonrisa.
-¡Kya!-grita mi viejo.
-Papá, no se grita en un hospital.-riño.
-¡Kya, estás bien!-chilla mi madre, sin prestar atención a mi comentario y acercándose a la cama de Kya.
-Sí, estoy mejor, gracias. Siento haberos preocupado, pero…
-No digas tonterías. Nos alegramos mucho de que te sientas mejor. Ya tienes incluso mejor color.-anima mi viejo.
-Seguro que no comí lo suficiente por la mañana…-intuye Kya.
Antes de que acabemos la conversación el doctor Ferguson interrumpe en la escena.
-¡Vaya! Veo que la paciente se encuentra mucho mejor.-exclama Alfred fascinado.
-Así es, despertó un poco antes de que me despertara yo.-improviso.
-¿Cómo te encuentras, jovencita?-pregunta Ferguson a Kya.
-Bien, doctor, pero tengo hambre.-contesta Kya, con total sinceridad.
-Bien, el hecho de que tengas apetito es buena señal.
Ferguson le coloca un termómetro en la boca a Kya. Cuando responde, comprueba la temperatura de mi amiga.
-No obstante, aún tienes unas décimas de fiebre, pero tranquila, esto no suele ser nada serio. Le diré a la enfermera que te traiga tu desayuno. No comas demasiado rápido aunque tengas hambre, ¿Sí?
-Sí, doctor.-promete Kya.
-Si no respondes mal ni nada, te daré el alta por la tarde, ¿Entendido?
-De acuerdo, gracias.
-Cuídate, muchacha. Volveré más tarde.-se despide Ferguson al tiempo que sale por la puerta.
Kya está muy contenta, supongo que por el hecho de haber podido "hablar" con "su madre". Mis viejos se alegran de que todo haya ido bien. Al cabo de un rato, llega una mujer medio castaña medio rubia, de pelo largo, vestida de blanco y con zuecos, y una mirada risueña.
-¡Hola, preciosa!-saluda la mujer.
-¿Es usted la enfermera?-pregunto, cordialmente.
-Sí. Le traigo el desayuno a Kya. Un zumito de naranja, galletas maría, un bizcochito y una manzanita.
-Gracias, señora enfermera.-responde Kya.
-¡Puedes llamarme Akara!-manifiesta la enfermera alegremente.
-De acuerdo… Akara.
-Ahora me marcho. Avísame cuando hayas terminado, que te miraré el azúcar, ¿De acuerdo?
-De acuerdo. Adiós.
Extrañamente, mis viejos no participan en una conversación que suelen mantener los mayores. Akara se marcha sin mediar ninguna palabra más.
-¿Has oído, Kya? Si todo va bien, esta tarde ya podrás volver a casa…-anima mi madre.
-Sí, es estupendo, y casi al mismo tiempo que la fiesta. Es genial.-dice Kya
Kya desayuna todo lo que le han traído sin pausa pero sin prisa. Parece que después de desayunar se siente mucho mejor, y el resto del día lo pasa estable. A la hora de comer come lo que le toca, nada más ni nada menos, y la fiebre le va bajando. Se la ve mucho más animada.
Tía Rochelle vuelve a pasarse por allí, y también se alegra de que el susto haya pasado de una vez por todas. Ya que está ahí, aprovecho para contarle lo de la canalización y tal. También se añade a la lista de las personas que no se lo creen todavía.
-¿Seguro que no es una broma?
-Te lo juro. Yo me he quedado de piedra. Nunca he creído en esto, pero… Pero era ella. Era Kya Collingwood.
-Si tú lo dices… Oye, por cierto, ¿Y al final qué harás?
-¿Eh?
-Digo con lo del vecino destripador y tal. ¿Qué piensas hacer al respecto?
-Mañana es mi cumpleaños, y no me apetece pasarlo entre criminales, así que esta noche lo dejaré todo listo por mi cuenta y mañana a primera hora llamaré a Mya para que haga su trabajo.
-Curioso nombre el de tu amiga novata.
-¿Mya, mi amiga? Creo que exageras. Solo somos conocidas. Además de que me saca cinco años.
-¿Y qué? Yo me llevo 8 años con tu madre, y mira la relación tan bonita que tenemos.
-Eso lo dirás por ti, a mí me parece que discutís más que dos mocosos por un juguete nuevo.
-Ya, es cierto… Pero mira, es lo que hay.
-En fin… Espero que el médico le dé el alta a Kya ya mismo y que todo este asunto del hospital y el desmayo se acabe de una vez por todas.
-Ni que lo digas. Mira que me gustan poco los hospitales.-protesta tía Rochelle.
-¿A quién le gustan los hospitales?
-No lo sé, pero espero que a nadie. Yo me tengo que ir ya a recoger mi vestido de la tintorería para la fiesta de mañana, ¿Eh, sobri?
-Oh, eso…
-¿Cómo que "eso"? ¡Fiestón por todo lo alto, sobrinita! Y después me iré a por tu tío Richard y los abuelos y primos al aeropuerto.
-*Suspiro* Dakota…-resoplo
Nunca he tenido una relación agradable con mi prima Dakota. Siempre intenta estar por encima de todo el mundo y destacar. Y para colmo, su "talento especial" es el baile, y me apuesto la mitad de mis golosinas a que en mi fiesta vuelve a montar un espectáculo con tal de ser el centro de atención, en MI fiesta.
-Ah, claro, la prima… Otra vez pelea, ¿Verdad?
-Supongo. Cuando quiero que todo el mundo me deje tranquila… Aparece ella.
-Hombre, no os veis mucho, porque vive en la otra punta del país.
-Ya, pero la cansina sabe aprovechar las visitas.
-No pienses en eso, sobrinita. Ahora encárgate de vigilar bien a Kya, ¿De acuerdo? Y no pienses, Dakota está creciendo, madurará y dejaréis de pelearos por esas chorradas.
-Eso espero…*Suspiro*
-En fin, me tengo que ir, que llego tarde. Un besazo, y nos vemos mañana, ¿Vale? Pienso ir más guapa que tú y llegaré antes para sabotearte el peinado. *Risa malvada*
-No tienes agallas.-desafío.
-No me pruebes. Total, que me voy. Chao. Despídete de tus padres por mí.
-Descuida.
Me despido de tía Rochelle y se marcha hacia la tintorería. Entro de nuevo en el cuarto de Kya, quien está en el baño vistiéndose más coquetamente con una muda que le han traído mis padres. También se pasa parsimoniosamente el peine por su melena rubia para arreglarlo y darle un poco de lustre y buen aspecto.
El doctor Ferguson no tarda en llegar.
-Muy bien, Kya, ya estás lista. A partir de ahora, procura comer más por la mañana y no hagas cosas que requieran mucho esfuerzo sin haber comido antes, ¿Eh?
-Sí, señor Ferguson. Muchas gracias por su ayuda.-agradece Kya educadamente.
-Gracias por todo, doctor.-agradece también mamá.
-Adiós.
El señor Ferguson desaparece después de darle el alta a Kya. Charlando durante todo el camino, Kya y yo nos entretenemos entre que nuestro coche llega a casa, por fin.
-Menos mal que ya estoy de vuelta…-confiesa Kya, mirando el edificio desde fuera.
-Sí, espero no tener que llevarme otro susto de este calibre…-manifiesta mi viejo.
-Papá, me tienes a mí. Sabes de sobras que habrá un "próximo susto de este calibre".
-Qué razón tienes…-corrobora papá.
-Pues hoy a dormir temprano, que necesitáis reponer fuerzas para la súper-fiesta de mañana, ¿De acuerdo, princesas?
-Sí, mamá. No me llames "princesa", no lo soy, hazme el favor.
-Lo siento, es que estoy muy ilusionada.
Sin añadir más preámbulos, volvemos a casa y yo me doy una buena ducha reflexionando sobre todo lo que ha sucedido: después de mucho esfuerzo, hemos logrado resolver el caso. Pero de por medio, han aparecido varias incógnitas que aún no he podido resolver: la dichosa estrella de ocho puntas de Nile, sus gemas y sus líderes representativos. Para colmo, la técnica Malak tiene ganas de bailar también. No creo en el ocultismo o como se llame eso, pero es que realmente esas canalizaciones de Krypta parecen auténticas, y ya no sé si todo esto será verdad.
Tampoco puedo sacarme la fiesta de la cabeza, aunque esto no es exactamente un enigma. Todos mis amigos estarán aquí mañana, viéndome vestida de princesa. Y quien dice "mis amigos", dice mis abuelos maternos, mis tíos, mis primos, mi abuela paterna… Y Ed, para colmo. Espero no tener que rajarme al último minuto.
Salgo de la ducha, me pongo un pijama y me recojo el pelo en dos coletas bajitas para dormir: estoy reventada, no me apetece ni cenar, pero cedo a tragarme un yogur para que mi viejo no tenga que sufrir "otro susto de este calibre". Nada más terminar, me encierro en mi cuarto y me tumbo en la cama, pensando en todas estas ideas, que me desquician.
Mi objetivo, así como el de Kya, era encontrar la verdad sobre el asesinato de sus padres, y lo hemos conseguido, y los temas secundarios no deberían importarme demasiado. Pero es que no consigo aislarlos, siguen ahí apesadumbrándome. Maldita sea… Justo lo que me faltaba ya para tener una vida redonda.
Comprobando todos mis datos para poder informar bien a Mya al día siguiente para cerrar este fatídico incidente, mis pestañas empiezan a pesar y a pesar. Y cada vez más, y cada vez más… Hasta que acabo por guardar todos mis apuntes en el cajón de cualquier manera y abandonarme al dulce sueño. No sabía que me despertaría en medio de la noche para vivir una experiencia un poco bastante desagradable…
